Nueva Revista 135 > Foco estratégico en la economía real

Foco estratégico en la economía real

Arturo Moreno Garcerán

El espíritu emprendedor constituye uno de los factores más importantes
del desarrollo económico y unos de los revulsivos
para hacer frente a situaciones de crisis económica. Concentrar
todo el esfuerzo nacional en aquellas áreas de negocio que son
más propicias para el país, como las exportaciones, el posicionamiento
de pequeñas y medianas empresas en los mercados
exteriores y el compromiso nacional entre empresas privadas y
Gobierno, puede ser la base para una acción eficaz que permita
a España impulsar la competitividad y su crecimiento.

File: nuevarevista135 197-204.pdf

Referencia

Arturo Moreno Garcerán, “Foco estratégico en la economía real,” accessed February 18, 2018, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/3630.

Dublin Core

Title

Foco estratégico en la economía real

Subject

Sectores estratégicos

Description

El espíritu emprendedor constituye uno de los factores más importantes
del desarrollo económico y unos de los revulsivos
para hacer frente a situaciones de crisis económica. Concentrar
todo el esfuerzo nacional en aquellas áreas de negocio que son
más propicias para el país, como las exportaciones, el posicionamiento
de pequeñas y medianas empresas en los mercados
exteriores y el compromiso nacional entre empresas privadas y
Gobierno, puede ser la base para una acción eficaz que permita
a España impulsar la competitividad y su crecimiento.

Creator

Arturo Moreno Garcerán

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Nueva Revista 135 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

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es

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Un emprendedor es alguien que tiene una idea (creatividad)
y decide articularla empresarialmente (iniciativa y rigor)
sometiendo su proyecto al juicio del mercado que
dictaminará a través de la demanda generada la viabilidad
del mismo. Sin espíritu emprendedor no puede haber desarrollo
económico, por ello, dentro de un contexto de economía
globalizada impulsada por el cambio tecnológico
se debe estimular y favorecer su función económica y social cial, no limitando su capacidad de actuación. El fomento
de la cultura emprendedora pasa por ir creando en la
escuela una mentalidad orientada hacia la iniciativa, ejercitándola
en los hábitos precisos para que posteriormente
en la universidad se induzca a que cristalice en proyectos
concretos.
Los gobiernos tienen también el deber de implantar favorecedores
marcos institucionales, ya sea a través de acertadas
y valientes reformas o de la eliminación de barreras
burocráticas (garantizando siempre la unidad de mercado),
que permitan a las empresas adaptarse a un entorno competitivo
global. La acción del Gobierno en la aplicación de
las políticas públicas no es por lo tanto inocua en la obtención
de los resultados precisos para la mejora de la competitividad
de un país. Da igual que hablemos del marco laboral
necesario, del nivel impositivo soportado, del gasto
social asumible, así como de la mejora de su gestión, de las
políticas educativas o del desarrollo del transporte de mercancías
en el eje Mediterráneo o Atlántico para hacer más
competitivas las exportaciones. El buen sentido de la acción
del Gobierno, las decisiones razonables y solventes amplían
las oportunidades y la posición de las empresas en los
mercados.
En un contexto de crisis acuciante y de evidentes pérdidas
de productividad y competitividad en determinados
sectores económicos, la colaboración y apoyo de la Administración
con la iniciativa privada se antoja decisiva. Para
ello, es vital el peso político y el prestigio internacional
del Gobierno, la activación de una potente diplomacia
económica y la máxima profesionalización de los organismos mos públicos que deben estar al servicio del país y por lo
tanto contribuyendo a asesorar e impulsar la acción de la
iniciativa empresarial con la que deben trabajar codo con
codo. Así es imprescindible la aportación del ICEX (por
ejemplo, en la apertura y conocimiento de los mercados o
en la presencia y en la organización de ferias internacionales,
etc.). España no debería perder contratos internacionales
importantes por la carencia de alguno de los factores
descritos, mientras otros países dan pruebas de su
fortaleza en base a una eficaz acción concertada y conjunta
entre el Gobierno y las empresas.
Asimismo, para impulsar la competitividad es importante
coadyuvar a alianzas entre grandes empresas como puede
ser para compartir los costes de investigación, aumentando
la eficacia y la eficiencia de las estrategias públicas
y privadas en las dispersas ayudas para I+D. En ese sentido
cabe destacar la reciente alianza de las grandes empresas
españolas con intereses energéticos para homogeneizar
y rentabilizar las políticas de investigación.
No debemos olvidar tampoco en el análisis, porque se
trata de una debilidad estructural sobre la que hay que
trabajar, que la pequeña y mediana empresa española,
que representa el 90% de nuestro tejido productivo, está
aquejada de localismo y por lo tanto de falta de presencia
internacional. Además, aparece muy condicionada por su
muy reducido tamaño que hay que paliar con fusiones y
alianzas entre compañías con objeto de ganar músculo financiero,
incrementar la inversión en I+D o ampliar la
presencia exterior. El tamaño de nuestra empresa explica
una parte de la diferencia de productividad entre España y la Unión Europea, otros factores pueden estar referidos
a las carencias tecnológicas o educativas.
Es necesario un verdadero compromiso nacional, la
crítica situación de España lo demanda para incrementar
la modernización y expansión exterior de nuestra economía
y para ello parece imprescindible, que tanto la Administración
como las grandes empresas arrastren a las pequeñas
y medianas empresas competitivas a situarse en
los mercados exteriores. Por todo ello sería muy positivo
canalizar las iniciativas de los emprendedores a través del
capital riesgo, como el proyecto de Telefónica en el campo
de las Start-Up, a través del programa Wayra o del programa
Innvierte, primer fondo público-privado suscrito entre
el Ministerio de Ciencia e Innovación y Telefónica dotado
con 100 millones de euros para financiar pymes dedicadas
a las tecnologías de la información y de la innovación.
En los tiempos de bonanza de la economía española
hasta el año 2007, el consumo doméstico representó el 80%
de nuestro crecimiento, evidenciando una mucho mayor dependencia
del mismo que otros países de nuestro entorno
donde las exportaciones eran más relevantes. Diezmado
ahora nuestro mercado nacional por el paro y el endeudamiento,
la evolución de los datos de ventas minoristas no
puede ser peor, es por lo que se debería intensificar el esfuerzo
exterior atendiendo a la demanda global. No debemos
tampoco obviar, porque afectará a nuestra actividad
económica y a nuestro sistema de pensiones, los preocupantes
datos del INE que nos indican con claridad una cambio
de tendencia demográfico en los seis primeros meses
del 2011. Este se sustancia con una pérdida de población como consecuencia del aumento de la emigración (inmigrantes
que regresan a sus países de origen) y que supera
a la nueva inmigración. Además continúa el descenso de
la natalidad. Estos síntomas nos alertan de la urgente necesidad
de reconstruir económicamente España sobre unas
nuevas bases, para impedir que se agudice la caída.
Existe un grado de coincidencia notable entre los especialistas
económicos de que el turismo y las exportaciones
deben ser ejes de la recuperación. Independientemente
de las coyunturas favorables, derivadas de los efectos de
las revueltas árabes, España es una gran potencia turística
solo comparable a Francia y a EEUU, aunque con un peso
en el PIB algo por encima del 10%, muy superior al impacto
del mismo sobre la economía de los otros dos países.
Nuestra privilegiada situación geográfica, nuestro rico patrimonio
cultural y el grado de desarrollo nacional e internacional
de nuestras infraestructuras no debe impedir la
reflexión y la actuación sobre un sector necesitado tanto de
mejorar su productividad como de incrementar el valor de
nuestra oferta con mayor calidad. Urge desarrollar un plan
estratégico entre la Administración y las empresas del
sector para impulsar un crecimiento inteligente del turismo
adaptándonos a las necesidades de la demanda. Asimismo
se debe priorizar la estrategia comercial de captación
de turistas asiáticos (especialmente en China) ya
que por el auge de las clases medias va a crecer exponencialmente
la demanda. Se calcula que en el año 2020 viajaran
fuera de su territorio cien millones de ciudadanos
chinos. La escasez de vuelos directos entre China y España
es un hándicap que habría que solucionar, así como el de aumentar y agilizar la tramitación de visados, al mismo
tiempo que se profundiza en el análisis de una oferta turística
competitiva a estos países que no demandan sol,
sino otro tipo de alicientes.
Por lo que respecta a las exportaciones, estas hasta ahora
se han dirigido básicamente a Europa, como corrobora
el dato de que España por primera vez en el primer semestre
del 2011 vende a la UE más de lo que importa. Pero
estratégicamente en este momento debemos dirigir nuestro
esfuerzo hacia Asia y los países emergentes que es donde
se va a producir el 50% del crecimiento mundial en los
próximos diez años según el BVVA.
La globalización llevará a una eclosión del comercio
mundial. Los datos de la OMC muestran que mientras el
crecimiento económico mundial fue de un 5% en el 2010
las exportaciones triplicaron el crecimiento del PIB. España
en ese sentido tiene que elevar sus exportaciones incrementando
su valor añadido, con estrategias de diferenciación
de productos de alto contenido tecnológico (maquinaria
industrial, bienes de equipo, etc.). Debemos también
tener en cuenta para definir nuestra estrategia competitiva
que con el elevado crecimiento de la economía en el
mundo, diametralmente asimétrica con el de los países
periféricos de Europa, es difícil que se vuelva a producir
un periodo continuado de petróleo barato, más bien lo
contrario, por lo que nuestra dependencia energética penalizará
nuestra competitividad y aumentará nuestro déficit
comercial. En este sentido, debemos recordar que
nuestro déficit energético representa el 85% del déficit
comercial total.
La recuperación del sector exterior que vive nuestra
economía (equivalente al 18% del PIB) tiene sin embargo
como contrapunto, el que las exportaciones no son intensivas
en creación de empleo, ya que las empresas exportadoras
suelen estar en los sectores más productivos y de
más capacidad tecnológica. Por eso, parece necesario ampliar
la base de empresas exportadoras españolas que en
la actualidad son 100.000 de un total de 3,2 millones de
empresas activas. Hay mucho terreno para avanzar, el valor
de las exportaciones de Alemania hacia China o a la
India son diez veces superiores a las españolas.
Por otro lado, es notorio que el peso de la industria en
relación al PIB es cada vez más limitado y son los servicios
el eje del sistema productivo y de la creación de empleo.
La gran inversión española, sobre todo en Latinoamérica,
debería ir asociada ahora a la actividad comercial donde
hay grandes posibilidades de crecimiento.
El informe de Fedea y McKinsey, titulado «Una agenda
de crecimiento para España», cifra en tres millones de
puestos de trabajo los que se pueden crear en nuestro país.
A grandes rasgos se asignan 500.000 empleos al sector del
turismo y al de las exportaciones, otorgando un potencial
de 2,5 millones al sector servicios. Distinguiendo entre
servicios locales (comercio, sector financiero, servicios personales)
y sobre todo los servicios empresariales (tecnologías
de la información o todo tipo de servicios para la empresa
como los jurídicos, auditoría, consultoría, formación,
ingeniería, etc.). Aquí también parece conveniente una estrategia
de internacionalización en países de fuerte crecimiento,
especialmente en Latinoamérica, donde las sinergias son evidentes, en muchas ocasiones en alianza con
grupos locales.
En definitiva, España debería saber dosificar y focalizar
el esfuerzo nacional en aquellas áreas de negocio que
por sus características y fortaleza le son más propicias,
evitando disiparse en empeños baldíos. La modernización
de España en estos años de democracia nos deja también
unas infraestructuras envidiables, incluso con una sobredotación
en algunos casos y de excesos en otros tantos,
pero que en cualquier caso son muy útiles en el diseño de
la estrategia competitiva de España.