Nueva Revista 135 > Una reforma inaplazable

Una reforma inaplazable

Francisco López Rupérez

La reforma de la formación profesional en España, por mor de
las exigencias del nuevo contexto económico, se ha convertido
en una cuestión inaplazable. Las altas y crecientes tasas de
desempleo juvenil —que alcanzan, con un 45,7%, el valor más
alto de la Unión Europea y duplican con creces su valor medio
del 20,5%— constituyen la señal de alarma más notoria; señal
que alerta a los poderes públicos, y a la sociedad en general,
sobre la urgencia de concebir y aplicar medidas efectivas orientadas
a invertir la tendencia y a preparar un mejor futuro para
todos.

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Referencia

Francisco López Rupérez, “Una reforma inaplazable,” accessed October 16, 2018, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/3621.

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Title

Una reforma inaplazable

Alternative Title

La formación profesional

Description

La reforma de la formación profesional en España, por mor de
las exigencias del nuevo contexto económico, se ha convertido
en una cuestión inaplazable. Las altas y crecientes tasas de
desempleo juvenil —que alcanzan, con un 45,7%, el valor más
alto de la Unión Europea y duplican con creces su valor medio
del 20,5%— constituyen la señal de alarma más notoria; señal
que alerta a los poderes públicos, y a la sociedad en general,
sobre la urgencia de concebir y aplicar medidas efectivas orientadas
a invertir la tendencia y a preparar un mejor futuro para
todos.

Creator

Francisco López Rupérez

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Nueva Revista 135 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

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document/pdf

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es

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Aun cuando el incremento del número de jóvenes cualificados
no constituye la condición suficiente para la reducción
de las cifras de desempleo juvenil es, desde luego,
su condición necesaria. El ajuste óptimo entre ambos
indicadores dependerá, obviamente, de la calidad efectiva
de la formación, de las actitudes de los jóvenes frente al
empleo y de la adecuación entre la formación y las necesidades del sistema productivo; pero, en todo caso, la inexorable
reorientación del sistema económico que están
protagonizando los países desarrollados exige un incremento
de la cualificación de los futuros empleados.
En el pasado mes de julio la secretaria de Estado
de Empleo del Gobierno de España —María Luz Rodríguez—
hizo pública una información estremecedora:
unos 900.000 jóvenes en paro no reúnen las condiciones
ni para incorporarse al mercado laboral ni para acceder a
la formación profesional, ya que tampoco disponen de las
herramientas básicas para desenvolverse en el aprendizaje.
Son, según la apreciación de la citada secretaria de Estado,
los «hijos del modelo económico que acabamos de
vivir», basado en la construcción y por el que muchas personas
dejaron los estudios de forma prematura para dedicarse
al «ladrillo».
Es este tipo de diagnósticos —que elude cualquier responsabilidad
relativa a la naturaleza de la estructura del
sistema educativo, a su grado de eficacia, a sus rigideces,
a su falta de incentivos inteligentes y a su enorme inercia
a la hora de adaptarse con rapidez a los cambios— lo
que más ha contribuido a la degradación de un sistema
de formación incapaz de adecuarse al nuevo contexto y de
preverlo. Cuando novecientos mil jóvenes se encuentran
en una situación tan dramática, recurrir al «ladrillo» como
único factor causal de esta desgracia colectiva resulta de
una simplicidad intelectual que, aun cuando ofende, estimula
la necesaria búsqueda de políticas eficaces en materia
de educación y formación.
REMOVER LOS OBSTÁCULOS HACIA LA FP
Un primer análisis de los males de nuestro sistema de formación
permite identificar dos factores sustantivos: unas
cifras muy elevadas de abandono educativo temprano (porcentaje
de la población de entre 18 y 24 años que abandona
el sistema escolar antes de terminar la Enseñanza
Secundaria Obligatoria o que, en el caso de graduarse en
la ESO, no completa el nivel de educación secundaria superior)
y un patrón de distribución de la población joven
por niveles de formación anómalo con respecto al de los
países más desarrollados.
En cuanto al primer factor, que es sinónimo de infracualificación,
la última cifra disponible (año 2010) alude
a una tasa del 28%, el doble que la del conjunto de los
países de la Unión Europea. Análisis rigurosos indican
que el «efecto inmigración» explica solo tres puntos porcentuales
y que la caída de actividad a consecuencia de la
crisis económica no ha reducido en más de cuatro puntos
dicho indicador. Hay pues causas más profundas de esta
severa disfunción estructural del sistema educativo.
En relación con el segundo factor, se observa que la
distribución de la población joven por niveles de formación
—elemental, medio y superior— presenta un patrón
en forma de V, frente al de V invertida que es característico
de los países avanzados1. Es decir, carecemos de una
población joven, suficientemente numerosa, poseedora de
un nivel formativo intermedio; y ese déficit es atribuible,
casi en exclusiva, a una falta de presencia en la formación
profesional de grado medio. A partir de las anteriores evidencias,
el cuadro resulta bastante claro: el sistema educativo español, por su rigidez, ha sido incapaz de retener
en la formación reglada a aquellos jóvenes que probablemente
optarían por una formación profesional. Sin embargo,
los sistemas educativos europeos que reconocen
diferentes vías de éxito, distintas formas de excelencia, y
que ofrecen a sus alumnos oportunidades formativas diferenciadas
antes de los 16 años presentan, por lo general,
cifras de abandono educativo temprano inferiores o bastante
inferiores a la media; es decir, son capaces de retenerlos
y cualificarlos con mayor eficacia dentro del sistema
reglado2.
DESPLAZAR LOS INCENTIVOS AL INTERIOR DEL SISTEMA REGLADO
Uno de los defectos que ha arrastrado durante décadas
nuestro sistema de educación y formación consiste en una
falta notoria de conciliación entre el mundo de la formación
y el mundo del empleo. Así, en lo que concierne a la
Secundaria postobligatoria, y en particular a la Formación
Profesional, cabe recordar que ya en 1999 solo un 4% de
los alumnos españoles entre los 15 y los 19 años combinaba
trabajo con estudios reglados, frente al 50% en Austria,
Holanda, Suiza y Dinamarca y lejos del 16% de la
media de los países de la OCDE3. Esa circunstancia, típicamente
española, eleva el coste de oportunidad de proseguir
los estudios y facilita el abandono escolar.
Es, pues, a causa de las deficiencias estructurales del
sistema que el «efecto ladrillo» se ha dejado sentir con
todo su vigor. Así, mientras los obstáculos, debidos a las rigideces
del propio sistema educativo, dificultaban el avance de los alumnos de conformidad con sus aptitudes e intereses,
los incentivos —en especial los económicos—, al
situarse fuera de la formación reglada, se sumaban a los
obstáculos y promovían el abandono educativo en los alumnos
con menores apoyos familiares. Se trata ahora, por
tanto, de ordenar las reformas educativas de tal modo que
se eliminen esos obstáculos innecesarios y, además, se
desplacen los incentivos del exterior al interior del sistema
reglado, incorporando en su seno los necesarios estímulos
económicos mediante fórmulas retributivas vinculadas
a contratos de aprendizaje o similares4 como parte,
en todo caso, de la formación profesional.
INCREMENTAR EL PROTAGONISMO DE NUESTRAS EMPRESAS
La formación en cualquier profesión requiere mucho más
que un mero conocimiento teórico. Para que logre la mayor
eficacia posible ha de desarrollarse en el marco del llamado
«aprendizaje por entrenamiento»5, en el cual se facilita
al aprendiz la integración entre la base teórica y buena
parte de los rasgos del contexto o situación en la que habrá
de desarrollar posteriormente su práctica profesional.
Pero, además, los rápidos cambios tecnológicos pueden
dejar pronto obsoleta cualquier formación profesional que
no esté vinculada directamente a las empresas; por ello
estas se convierten, en las actuales circunstancias, en los
lugares más apropiados donde aprender una profesión.
De acuerdo con todo lo anterior, tanto por los requerimientos
de un sistema de incentivos que retenga a los
alumnos en el sistema reglado, como por las exigencias de una formación de calidad, adaptada en todo momento a
las necesidades del sistema productivo, resulta imprescindible
hacer evolucionar nuestra formación profesional hacia
un modelo compuesto, o integrado, escuela-empresa
que beneficiará a los alumnos, a los centros de formación
profesional y a las propias empresas. El sistema dual, o en
alternancia, característico de los países del área de influencia
alemana, constituye el ejemplo más conocido y exigente
de ese modelo integrado de formación profesional.
Recientemente la Comunidad de Madrid ha pasado de
las palabras a los hechos, y ha puesto en marcha para el
curso que comienza una experiencia piloto dirigida, por
el momento, a la formación profesional de grado superior
con el fin de implantar, con carácter experimental, el modelo
alemán en su ámbito de competencia. El acuerdo
suscrito con seis grandes empresas comportará un reparto
del tiempo de formación en la proporción de dos tercios
en el medio empresarial y un tercio en el medio escolar.
Además, las empresas dispondrán de flexibilidad a la hora
de organizar el tiempo lectivo que les corresponde, definirán
los objetivos de formación y tendrán capacidad para establecer
los criterios y procedimientos para la selección de
los alumnos (idioma, expediente, entrevista personal, etc.).
Cada alumno recibirá una retribución de 450 euros al
mes bajo la fórmula de «beca-salario». Al cabo de dos cursos
podrá obtener el título oficial de técnico superior en
la especialidad correspondiente y, al terminar los estudios,
dispondrá de posibilidades fundadas de incorporarse
a la plantilla de la empresa. De este modo, las empresas
consiguen orientar la formación de acuerdo con sus necesidades, facilitan sus procedimientos de selección y evitan,
en buena medida, los procesos de formación interna para
los nuevos contratados. Por su parte, los centros se beneficiarán
de un nuevo dinamismo derivado de su contacto
directo con la realidad puntera del sistema productivo. Se
trata, pues, de una experiencia pionera en España de la
que todas las partes salen ganando y de la que, por extensión,
la sociedad en su conjunto resultará beneficiada.
Es posible que las características del tejido empresarial
de otras comunidades autónomas requieran una aplicación
adaptada del citado principio de integración escuelaempresa,
mediante la definición de diferentes fórmulas o
modalidades de propósito equivalente; pero lo que parece
evidente es que este es el camino de una formación profesional
moderna, que abra la puerta, para alumnos y familias,
a un mayor atractivo de la formación profesional
y a una mejora sustantiva de la calidad de la formación;
camino cuyo recorrido hace años España debería haber
iniciado. 

N O TA S
1 Consejo Escolar de la Comunidad de Madrid (2010), Informe 2010 sobre la
situación en la enseñanza no universitaria en la Comunidad de Madrid, Madrid,
www.madrid.org/consejo_escolar
2 López Rupérez, F. (2006), El legado de la LOGSE, Gota a Gota, Madrid.
3 OCDE (2001), Education at a glance, OECD Indicators 2001, OECD, París.
4 López Rupérez, F. (2009), «La reforma de la educación escolar», en Ideas
para salir de la crisis, FAES, Madrid.
5 Hargreaves, D. H. (2000), «La production, le transfert et l’utilisation des connaissances
professionnells chez les enseignants et les médecins: une analyse
comparative», en Société du savoir et gestion des connaissances, OCDE, París.