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Hubo o no genocidio en América

Demetrio Ramos

Nos habla acerca de las falsedades históricas y las verdaderas causas de la mortandad de los pobladores americanos.

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Demetrio Ramos, “Hubo o no genocidio en América,” accessed September 19, 2019, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/2366.

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Title

Hubo o no genocidio en América

Subject

Especial quinto centenario del descubrimiento de América

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Nos habla acerca de las falsedades históricas y las verdaderas causas de la mortandad de los pobladores americanos.

Creator

Demetrio Ramos

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Nueva Revista 025 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

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es

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¿HUBO O NO GENOCIDIO EN AMERICA? Por Demetrio Ramos A historia del supuesto genocidio tiene capitanía del peruano José Matos Mar. Eran los valga la redundancia una larga histodías de la dictadura militar de Velasco Alvarado, ria, que arranca de la explotación antiesen los cuales incluso se pensó que la enseñanza 1 pañola de los hechos pintados por el se diera, en el Perú, en quechua. L~ 1 padre Las Casas en su Brevísima relación de ¡a destrucción de las Indias publicada en Sevilla en 1552, y por el interés del Consejo de Indias para combatir a los levantiscos encomenderos del Falsedad histórica Perú. Pero fue Teodoro de Bry quien, al ¡lustrar con intencionalísimos grabados la edición hecha en Hubo algún tratadista, como Mario Villarán, Francfort en 1597, promovió el afianzamiento de la que llegó a afirmar que la obra de difusión cultuCon WMÍóh del XXXIX difusión de las más disparatadas crueldades atribuiral llevada a cabo por los españoles supuso «un Congro» j¡ ¿memodas a los españoles. Estos dibujos fueron reprodubárbaro proceso de deshumanización»; como niito», celebrado on ciéndose, intencionada o ingenuamente, como ilusotros, con el pretexto de la antropología social, Lima on ol moído aqottración de los hechos una y otra vez. Así se converorientaba el futuro bajo el señuelo maoista. Al to. 10 lanió la gran tía en verdad lo que era un increíble disparate. En el amparo del principio de que los símbolos étnicos (nmpaña «obro ol siglo XVIII, Roberson, en su Historia de América, son los que proporcionan la identidad nacional, gonoridio. que ho ido insertaba conceptos tan increíbles como el de que roda la crítica hacia el pasado hispánico se convirrebotando haitn hoy «los caciques que caían en manos de los españoles tió en doctrina de fe, como se apoyó la tesis genoeran condenados... a los suplicios más crueles y cidioetnocidio para contar con un punto de partimás infames...», sin más ni más. da de la situación de injusticia en las actuales patrias. Pero fue hace un par de décadas tan solo, en Como prueba fundamental del genocidio se ha 1970, cuando con ocasión del XXXiX Congreso de ofrecido siempre, sin la menor preocupación por Americanistas, celebrado en Lima en el mes de la realidad, el caso de los indios tainos de ¡a Espaagosto, se lanzó la gran campaña sobre el genociñola, que llegaron a su total extinción poco más dio, que ha ido rebotando hasta hoy. Concretade mediado el siglo XVI. Pero no se tiene en cuenmente recordamos un Simposio especial que se ta, por ejemplo, que también se extinguieron los dedicó a acumular argumentos sobre el genociindios de las pequeñas Antillas, donde los espadio, en el que además llegó a proponerse la matiñoles nunca llegaron a establecerse, ¿Quién fue zación de sustituir ese término por el de etnocidio, entonces el que aplicó el genocidio en estas islas? a) sostenerse que se trató de un enfrenta miento La realidad de lo sucedido en la Española tamracial. Los representantes de varios Institutos Indipoco tiene nada que ver en general con las cruelgenistas se sumaron a sus conclusiones, bajo la Indio peruano del dades de encomenderos ni con la maldad de los Amazonas. españoles que allí fueron llegando. Por añadidura, el primer núcleo extinguido no fue indio, sino español: los pobladores de la Navidad, dejados por Colón, en enero de 1493, de los que no pudo encontrar ni uno a su regreso en el segundo viaje. Por lo pronto, esta catástrofe de una pequeña colectividad tenía que haber servido para demostrar que los indios benéficos y pacíficos descritos por Colón en su Diario, no eran tan bondadosos como les pintó ingenuamente. Pero de los llegados en el segundo viaje de Colón, que según su hijo don Hernando Colón alcanzaban el número de 1.500 personas, poco a poco sucedió una mortandad continua. Las Casas nos dice, refiriéndose al mes de marzo de 1494, El primor nóiloo oxtlnque «de muertos e enfermos pocos se escapaban, guido no fut indio, sino y los que del todo estaban sanos... tantos más otpoñol: loi pobladocaian enfermos y morían, cuanto los manteniroí do 1« Havidad, mientos eran menos y las raciones dellos más deldojado» por Colón, on gadas». Así «morían muchos con grande impaonoro do 1493. do lo» ciencia y alo que se teme, totalmente desesperaquo no pudo omontrar dos». Era el efecto del trópico, del que habló con ni uno a ni rogroio on gran competencia uno de los testigos, el doctor Chanca, al explicar que bajo los efectos del clima, ol togundo viajo al que no estaban habituados «a genfe ha adolecido en cuatro o cinco dias al tercio della». Si contabilizamos cuantos de los 1.500 hombres que llevó Colón, en ese segundo viaje, llegaron a salvar sus vidas, quedaríamos asombrados, pues cuando Antonio de Torres regresó, informó a los Reyes en Medina del Campo, en marzo de 1494, que quedaban vivos en la isla tan solo 900 hombres. | Causas de la mortandad Pues bien, si sabemos que todos ellos eran gente moza y sana, llenos de vigor cuando partieron de España y que transportaban víveres y lo necesario para producirlos, ¿qué explicación cabría dar? ¿Sería lícito decir que habían sido víctimas de un genocidio? Hacerlo así, sería, efectivamente, injusto. Hubo muertes a manos de los indios, claro es, pero la mayoría de los que sucumbieron en esa hecatombe fueron víctimas de las fiebres tropicales, de la que sobrevivieron los más vigorosos, pero tan debilitados, que el hambre arrasó con muchos y los que no, perecieron, porque enfermos se vieron forzados a trabajar o a caminar, desesperados, enloquecidos. comunmente no trabajaban ni querían tener más comida de la que habían para sí», con lo que se nos desmiente la fácil entrega de víveres. El hecho es que así se pasó a una situación de hostilidad que se manifestó en distintas modalidades, pues«dallos se iban y absentaban, escondéndose,..; dellos disimulaban, porque por la mucha gente cristiana y los caballos... no se atrevían ni curaban de resistirles...», hasta que«comenzaron a tomar por sí venganza y hacer justicia los reyes y caciques, cada uno en su tierra y distrito, y así mandaban matar a cuantos cristianos pudiesen». De esta forma los que morían de hambre y enfermedad se unían los que los indios mataban a la menor oportunidad. Y que conste que las frases que utilizamos son del propio Las Casas, quien incluso nos había de un cacique que «mandó matar diez cristianos que pudo haber, y envió secretamente a poner fuego a una casa de paja donde había ciertos enfermos». Hubo, como consecuencia, una acción represiva, en la que se llama batalla de ta Vega Real, pero donde no pudo haber el número de muertos que nos dice el dominico, ya que los que llevó Colón para realizar tal castigo, ni podían ser más alia de 100 ó 150 hombres, ni estos podían tener el vigor JA miM como para realizar una verdadera matanza, durante las horas que habrían necesitado. Eso, contando con que los naturales no hubieran huido. Los hechiceros indígenas apelaron entonces a un nuevo mecanismo de castigo contra aquellos huéspedes que veían que no se retiraban de la isla. Era la aplicación del sistema habitual con el que se defendían de los invasores caribes, quienes llegaban a sus costas sin trasladar impedimenta ni vituallas, pues sus canoas no permitían el transporte. Por eso los tainos les imponían el reembarque por hambre, quemando sus propios campos de cultivo y retirándose a las montañas. Así también, frente a los españoles decidieron «no sembrar ni hacer Fragmento del Mapa de Igualmente es lógico que otro tanto, aunque en labranzas de sus conucos, para que no se cogiese Nueva Galicia. Siglo XVI sentido inverso, se produjo entre los indios, pues fruto alguno en la tierra, y ellos [los indios] recoante los efectos del hambre, los españoles se viegerse a los montes donde hay ciertas y muchas y ron obligados a buscar alimentos de los que cosebuenas raices». chaban los naturales, ya que no lograban que el trigo o los demás cultivos que ensayaron produjeran ninguna cosecha. Como los indios carecían de senDesnutrición y enfermedades tido previsor y no tenían ningún depósito de acumulación, las demandas de los españoles les resulPero el hecho es que con los españoles no dio taron intolerables, desmintiéndose asi también el resultado este ardid, pues mse fueron ni se muriesupuesto colombino inicial de que daban con faciron, aunque algunos no pocos morían». Mas tamlidad de aquello que tenían. Estos son los «robos», bién, en paralelo, los indios se vieron obligados a de los que había Las Casas, pues «los indios huir de una parte a otra con sus mujeres e hijos, les, perfectamente comparables con los contactos muertos igualmente de hambre y enfermos«portas trasoceánicos. humedades de los montes y de los ríos». Es la priEn México, como en Perú, se produjeron parecimera enfermedad que registra Las Casas como dos efectos en la población indígena, aunque en padecida por los nativos y que ellos se provocavolúmenes muy inferiores, por eso en ningún caso ron, que creemos califica el dominio demasiado se llegó a repetir lo sucedido en las Antillas. Hubo ligeramente, pues sin duda se trataba de una pricatástrofes demográficas, como la que se dio en los mera epidemia, que se propagó de unos a otros en últimos días de resistencia de Tenochtitlan, donde aquella convivencia de los refugios de montaña. Por había llegado a introducirse el cólera, contagiado Las Cuta» ln<lu»o itoi eso dice que «vino sobre ellos tanta enfermedad, por algunos de los hombres parece que fue un habla d> un cadquo muerte y miseria, de que murieron infelicemente de negro de los llegados con Pánfilo de Narvaez, lo UI «mandó matar padres y madres y hijos infinitos». Y este morir «infique se agravó por el sitio al que se vio sometida la nitos» no pueden ser más que una enfermedad concapital azteca. diaz irlttiaaoi giro tagiosa, favorecida por el hambre y la mayor frespodo habar, y »avió Se repitieron golpes negativos sobre la poblacura de la montaña. ¿Sería la tuberculosis? $otrotamonto a poaar ción indígena a consecuencia de las epidemias, como lo registra Mendieta en su Historia EclesiástiLas Casas se permite un batanee tras esta segunhago a ano tata da ca Indiana, quien trató de identificar la causa de ese da tragedia la primera fue el vencimiento de la paa dolida habia thr• «azote de los indios»en una decisión que nada tenía Vega Real, que valúa bien rotundamente, al decir fot aafarmos» que ver con los españoles, sino con un castigo divique «no quedaron de las multitudes que en esta no. ¿Cómo podía explicar que a mediados de siglo isla de gentes habia desde el año 94 hasta el de hubiera disminuido la población indígena casi a la 1506, según se creía, la tercera parte de todas mitad? Pero en ningún caso pensó en el trauma de ellas». Así pues, antes de que pudieran tener efecla conquista, sino precisamente en el tránsito de una tos perniciosos la implantación de la famosa encoedad «dorada», la que llega a incluir la época del mienda, ya habían muerto las dos terceras partes Virrey Mendoza, a una edad que llamó de«hierro» de los indios, según lo confiesa el padre Las Casas, con las grandes pestes de las décadas de 1540 y por las causas dichas. 15761579y también 15951596, a impulso siempre Si a esto unimos el que los indios supervivientes de la disminución del poder mendicante. tuvieron forzosamente que quedar afectados por En al <aso pantano la En el caso peruano la realidad se atenúa, pues la esa desnutrición y enfermedades, frente a los que nulidad «a atanuaf disminución ya era un hecho incluso anterior a la no tenían defensa orgánica alguna, es lógico que, al puot la disminución ya guerra civil entre Atahualpa y Huascar, ya que el implantarse la encomienda, fuera su capacidad de ara un haiho lailuio Inca Viejo murió precisamente como consecuencia trabajo mínima y que el encomendero, que descoantarlor a la gworra de una epidemia, quizá determinada por el primer nocía totalmente esos efectos de debilidad, creyera civil ontro Atahualpa y recorrido de naves pizarristas hasta la costa tumbeque se tratara de vagancia y de resistencia, lo que Huastar, ya quo ol laca cina. Y ello se agravó con ocasión de la lucha cuztrataría de vencer, con la consecuencia del agravaViajo murió proiliaqueña contra los ejércitos quiteños, para registrarse miento físico y de las enfermedades contagiadas. monto tomo loimmnnuevos efectos negativos tras el levantamiento de Esto es, además, lo que nos demuestra la aparición, cjg do una opidomia Manco. Siempre pues, en relación con circunstanen recientes excavaciones, de cementerios improcias que nada tienen que ver con los supuestos visados, que no pueden ser consecuencia de malos genocidios, sin que quiera decirse que los traslados, tratos, sino de enfermedades generalizadas. emigraciones y concentraciones de pueblos no Esto que parece tan sencillo, es lo que no se ha tuvieran también calamitosas consecuencias, como acertado a ver, para admitir, en cambio, la incolos casos de malos tratos que pudieran darse, en gruencia de que eí encomendero, que se veía favoAmérica como en la propia Europa se dieron. Y recido por la disposición de mano de obra indígecomo se siguen dando en los auténticos genocidios na, se hubiera dedicado a extinguirla, en perjuicio que todos conocemos. propio. Las conclusiones a las que pudo llegar La historia tiene su lógica y su realidad, del misWillian H. McNeill en «Plagues and Peoples«, viemo modo que su leyenda y la vestimenta pasional, nen a demostrar que el hecho no era nada nuevo, que desde nuestro siglo científico hay que ir sustitupues en la misma Eurasia se habían podido identiyendo por las realidades contrastadas. Que no son ficar los efectos de la confluencia de culturas, con la las de Teodoro de Bry, • propagación de enfermedades, como pudo demostrar con los balances de los efectos de morDemetrio Ramos es miembro de la Real Academia de la Historia. bilidad resultantes de la expansión de los mongo