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Manuel Azaña. La conmemoración y el personaje

Javier Tusell

Nos habla de la conmemoración del cincuentenario de la muerte de Manuel Azaña, la vida española más interesante del siglo XX, y de su personaje.

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Javier Tusell, “Manuel Azaña. La conmemoración y el personaje,” accessed July 14, 2020, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/2086.

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Manuel Azaña. La conmemoración y el personaje

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Nos habla de la conmemoración del cincuentenario de la muerte de Manuel Azaña, la vida española más interesante del siglo XX, y de su personaje.

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Javier Tusell

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Nueva Revista 013 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

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Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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nuncia, sino que se adentró en La celebración del cincuentenario de la muerte de la vida pública, como él mismo Manuel Azana ha tenido una altura considerable y, por diría, «por exigencia de la sensibilidad». Pero esto, que era una supuesto, merecida. Ha constituido toda una exigencia moral, hacía que Azasatisfacción visitar la exposición a él dedicada en el ña sintiera con frecuencia la nePalacio de Cristal del Retiro y leer los libros que Santos cesidad de librarse de la polítiJulia y José María Marco le han dedicado. ca. Como ha escrito Santos Juliá, la vocación política del inteEs una lástima que a estas alturas no haya sido posible lectual alcataíno era vacilante; aún el acceso a sus papeles inéditos, de los que sólo una él mismo contó que se sentía, porción mínima ha sido publicada por Enrique Rivas; ante la práctica de la política, «disminuido y disperso»; eso exla serie televisiva a él dedicada ha estado, por otro plica los desfallecimientos a los lado, lejos de la mínima calidad exigible. que se abandonó en algunas Pero, en general, creo que se ha cumplido con esa ocasiones. La condición de inteobligación irrenunciable que eTa contribuir al mejor lectual dedicado a ¡a política supone también un peligro: el de conocimiento de un personaje crucial para la no medir las consecuencias de comprensión de nuestra Historia. las propias acciones. Lo que piensa o escribe un intelectual influye, pero lo que un político hace repercute más directamente sobre la vida de los contemporáneos. Eso exige la previsión MANUEL AZAÑA de las consecuencias de las acciones y posiciones propias. La conmemoración Dictadura de Primo y el personaje de Rivera El momento en que Manuel Por Javier Tusell Azaña entró en política con personalidad propia fue durante la Dictadura de Primo de Rivera; A de Azaña es, sin duda lismo y los socialistas identifisu presencia en el Partido Realguna, la vida española cándolo con la «modernizaformista no reviste ninguna camás interesante del siglo ción») y, sobre todo, exceso de racterística que le individualice. XX. Lo es, en primer lugar, por «impecabilidad», como si Azaña En cambio, en los años de la esa doble condición de intelecno hubiera cometido error alguLa condición de intelectual Dictadura su posición sí tuvo tual y de político, pero sobre no a través de su trayectoria poesa característica. Su condena dedicado a la política todo por el carácter eminente lítica. Y eso que, lamentabledel régimen fue taxativa: era el que tuvo en ambas dedicaciomente, se ha dado incluso en alsupone también un peligro: «apostolado de la barbarie», a nes, Es muy difícil encontrar un gunos de los libros citados conel de no medir las pesar de que intelectuales tan intelectual de talla semejante en cluye por hacer incomprensible consecuencias de las relevantes como Ortega estaban su época y, menos aún, un polía un protagonista de la Historia propias acciones. Lo que dispuestos a tratar de adoctrinar tico que ocupara un papel más y convierte en ahistórica toda a Primo de Rivera. piensa o escribe un relevante en el momento de la una conmemoración. El objeto tragedia española; la combinade este artículo es tratar de haPara Azaña, en cambio, su intelectual influye, pero lo ción de estas dos realidades excer ese juicio desde criterios de pretensión de «gobernar sin poque un político hace plican la atracción que, desde historia política. Por supuesto, lítica» era una necedad equivarepercute más una óptica actual, se siente por no se trata de convertirlo en cullente a «andar echado o dormir directamente sobre la vida el personaje. Pero ésta, a su pable, pero tampoco de partir despierto». Su propuesta no de los contemporáneos vez, puede nublar el juicio acerde la presunción de que su acconcluyó, sin embargo, en la ca de su trayectoria, y de eso se tuación fue siempre la mejor pura crítica del régimen militar, ha pecado en la conmemoración imaginable. como fue el caso de Unamuno, cincuentenaría. Ha habido en sino que incluyó un programa. Hay que partir de su formaella exceso de apropiación por Se trataba de liquidar a sus últición y de esa doble condición de parte de las fuerzas políticas (los mas consecuencias el liberalismo intelectual y político. Su generanuevos conservadores conviroligárquico, proclive a la cesión, ción, a diferencia de la finisecutiéndolo en símbolo del liberaque caracterizó a la Restauralar, no practicó tan sólo la depor «la paz en los espíritus» se responde a sí mismo con un rotundo «No la queremos». Ahí radica el punto más criticable de la gestión de Azaña como gobernante durante el primer bienio republicano. El reproche que a él puede hacerse no reside en su condición de liberal, sino en no serlo suficientemente; no en ser demócrata, sino en resultar jacobino. Es cierto, como ha escrito Santos Juliá, que Azaña era más jacobino si miraba al pasado que si se proyectaba hacia el futuro, y más cuando hablaba que cuando actuaba. Pero los inconvenientes de ese jacobinismo resultaron patentes para un régimen democrático recién fundado. Partía Azaña de un exceso de confianza en el Estado como instrumento de transformación de la sociedad («A mí lo que me interesa es el Estado soberano y legislador»), pero sobre todo hacía a ese Estado ejercer de instrumento de un régimen «militante y docente» en un conjunto de «operaciones quirúrgicas» que podían no ser aceptables a una proporción considerable de la sociedad española. La democión por la democracia. Esta decracia no era para él un campo agraria, que será una cuestión Matute! Azaña bería, además, tener un proyecde convivencia entre opciones crucial en los años treinta. Tan to preciso, el que Azaña diseñó sociales distintas, sino un proes así que Azaña se limitó a posen su Apelación a la República. grama, con lo que de modo inetular que se pidiera a la UGT y Pero en ese texto, con toda la al PSOE un elenco de medidas vitable quedaban excluidos de lucidez que tiene en ¡a crítica al en este terreno para pactar un ella los que no lo aceptaran. sistema dictatorial, se perciben programa con ellas. también fragilidades que luego No hay que mínusvalorar se harían bien patentes en la dos grandes triunfos de Propósito reformista Ambivalencia etapa republicana. Azaña en materias En primer lugar, la democraespinosas y en las que, si De este rasgo básico de Azacia ha de ser —nos dice AzaLa sensación de ambivalencia el acierto no fue total, al ña deriva el balance de su gesña— «militante y docente»; eso de que dan cuenta estos planteatión como gobernante durante menos el balance fue equivale a indicar que no sólo mientos se repite cuando, en el primer bienio republicano. crea un marco de convivencia, 1930 y 1931, Azaña se lanza a la netamente positivo; me Hay que partir del reconocisino que presupone unas realizapropaganda política. Algunas de refiero a la cuestión militar miento de la ambición de su ciones concretas con las que se sus intervenciones merecen ser y a la catalana propósito reformista, que no transforma la entraña misma de recordadas por la belleza del sólo fue muy superior al de cualla sociedad española. De ahí al concepto, muy por encima de quier otro político español del jacobinismo hay tan sólo un cualquier dirigente republicano siglo XX, sino también estuvo paso. Por otro lado. Azaña de(asi cuando recuerda que la limuy por encima de la media de muestra en el momento de la rebertad no hace necesariamente los regímenes democráticos nadacción de ese texto una extraña felices a los hombres, sino que cidos en la Europa de entreguecarencia de programa social. Sus los hace simplemente hombres). Tras. preocupaciones fundamentales Pero hay también otro Azaña radican, por ejemplo, en el proque insiste en los aspectos preNo hay que minusvalorar dos grama de política educativa, tendidamente revolucionarios grandes triunfos de Azaña en pero en absoluto en la reforma de la República y al preguntarse materias espinosas y en las que. otra cosa, como él mismo admisulta inaceptable que pretendiesi el acierto no fue total, al mera lanzarle a las tinieblas extetió en el citado discurso, es nos el balance fue netamente riores de la ortodoxia republicaprohibir la enseñanza a las órdepositivo: me refiero a la cuestión na. El viejo dirigente, cuya acnes religiosas. La otra gran debimilitar y a la catalana. Pero al tuación tiene muy poco de ejemlidad de Azaña residió en su aulado de estos aciertos tampoco plar en muchos aspectos, nunca sencia de preocupación por el deben olvidarse los fracasos, detrató a Azaña de la manera problema de la reforma agraria: rivados en buena medida de los como éste lo hizo con él. no le dedicó tiempo ni intervino mismos planteamientos. Es cierAzaña erró radicalmente sobre él en las Cortes; incluso to, como ha escrito Juliá, que A lo largo del segundo bienio fue consciente de que tenía un Azaña profesó respeto a la intirepublicano también es posible en sus relaciones con ministro de Agricultura, Marcemidad religiosa y mostró sensiencontrar en Azaña posturas Lerroux: es injustificable lino Domingo, que «no hará bilidad ante la estética de ta lique, no siendo coherentes con que dijera que«lo que a mí nada útil» y que después de haturgia. Es más: su «España ha los principios de la democracia, me espanta es que la ber ofendido a buena parte de dejado de ser católica» adquiere no contribuyeron en nada a esla sociedad española no satisfasentido en el contexto del disRepública se corrompa» o tabilizar el régimen republicano. ría tampoco a otro sector. En curso en que fue pronunciado y Es injustificable que pidiera la que la República «se había suma, el caso de Azaña es un no deja de tener su fundamento. disolución de las Cortes cuando acabado» después de su testimonio de que la condición Pero en su planteamiento del fue derrotado en tas elecciones abandono del poder de reformista no basta para emiproblema religioso hubo, en pripor las derechas y que pretentir un juicio positivo sobre un mer lugar, un error político, que diera que éstas no podían accegobernante; hay que saberlo supuso enajenar a la República der al poder, También lo es su ser, y Azaña, que acertó en el el apoyo de una porción imporactitud ante la conspiración de propósito esencial, erró a la tante de la sociedad española, y, octubre de 1934. Frente a la hora de tratar de llevarlo a la sobre todo, una carencia de veracusación que luego las derepráctica en el orden de tas priodadero espíritu liberal, pues no chas hicieron en su contra, lo Alejandro Lerroux ridades y en el modo de llevarlas cierto es que no colaboró en a la práctica. nada con la sublevación; por el contrario, hizo todo lo posible por disuadir de ella a quienes la protagonizaron. Sin embargo, Sublevación de 1934 en pura ortodoxia democrática, era todavía más lo que resultaba Hay otro aspecto que debe ser exigible a un político del régitenido muy en cuenta por su inmen como él. Debió alzar su voz fluencia respecto de los restanen público contra los conspirates agentes del juego político. dores y haber denunciado ante Se trata de la reacción de Azaña el Gobierno legítimo lo que esen el momento en que arreciataba sucediendo y de ninguna ron las dificultades conUa su manera debía haber abandonaproyecto gubernamental. Es do el Parlamento tras la derrota cierto, como asegura Santos Jude la conspiración. En este senliá, que sus opositores, al apoyarse en el presidente de la Retido, resulta plenamente acertapública, testimoniaban a veces da la crítica que le hicieron unos modos de actuación polítimiembros de su propio partido, ca basados en las prácticas de como Emilio González López y otros tiempos, mientras que Claudio Sánchez Albornoz, que Azaña se apoyaba tan sólo en la permanecieron en sus escaños. fuerza de sus votos parlamentarios, testimoniando así un comportamiento mucho más acorde con los principios de la demoGuerra civil cracia. Sin embargo, no cabe la menor duda de que Azaña erró De nuevo durante la campaña radicalmente en sus relaciones de 1936 recuperó Azaña toda la con Lerroux: es injustificable convicción y la belleza de su paque dijera que «lo que a mí eslabra, y eso explica en gran mepanta es que la República se codida su victoria electoral (pues rrompa» o que la República «se fue suya sobre todo). Pero, tras había acabado» después de su ese momento estelar, de nuevo abandono del poder. Por mucho su ejecutoria política se torna que le resultara poco respetable muy criticable. La destitución la personalidad de Lerroux, rede Alcalá Zamora fue no sólo cluir un discurso en plena guerra civil con una invocación a la «paz, piedad y perdón» es todo un acto de valentía. Pero hay elementos también para una posible crítica al Azaña del periodo bélico. Supo de las limitaciones de Largo Caballero, pero, en cambio, no tuvo suficientemente presentes las de Negrín, y, sobre todo, dio en algún momento la sensación de estar invadido por esa misma tentación de permanecer en la pasividad que le había caracterizado en el momento final de la convivencia pacífica. También es posible en este caso que nada hubiera conseguido, pero cabe algún resquicio de que, a fines de 1938, hubiera podido lograr con su intervención (y el paralelo desplazamiento de Negrín) esa paz por mediación que hiciera posible su propósito: «Una República liberal donde todos puedan votar». El Azaña final de nuevo muestra una espléndida lucidez en toda su melancolía. Su diagnóstico acerca de la derrota resulta ejemplar y no está exento, sobre todo en sus papeles más íntimos, de una conciencia de la propia culpabilidad, aun por omisión. El supo, en las semaNiceto AlcaláZamora con Frángese inconstitucional, sino profundadiagnóstico perfectamente lúciMaciá nas postreras de su vida, que el mente irresponsable, en especial do de la situación. régimen de Franco duraría y teniendo en cuenta que a Rivas Cuando estalló la guerra civil que, además, en el futuro la liCherif le hizo mención de su hubo gentes, en los dos bandos, bertad volvería mediante «solu«placer estético» por esta operaque se mostraron satisfechas; ciones intermedias». Pero toda ción política. Su actitud vital en poca alabanza merecen. La esa lucidez no puede hacer olvilos últimos meses de República reacción dramática de Azaña dar algo de lo que Azaña debía roza a veces la frivolidad, o por demuestra su altura moral. DesLa destitución de Alcalá ser consciente, es decir, que halo menos demuestra una pasivicribió el momento como «el más Zamora fue no sólo biendo tenido un protagonismo dad de la que no es fácil declalúgubre, desesperado, angustiotan acusado en los acontecirarle exento de culpa. Su mismo so, insoportable», y, a pesar de inconstitucional, sino mientos, aunque a él le corresacceso a la Presidencia de la Reello, no pensó ni siquiera por un profundamente pondiera una porción muy infepública testimonió ese deseo de momento en el abandono, por irresponsable, en especial rior de responsabilidad en comlibrarse del peso de una actuadimisión, de sus altas responsateniendo en cuenta que a paración con otros en el trágico ción más decidida. Cuando uno bilidades. Fue, además, lúcido, Rivas Cherif le hizo desenlace, tampoco se le puede preside un país en trance de descomo casi siempre, en la apredeclarar exento radicalmente de trucción de su democracia, no ciación de las circunstancias pomención de su«placer culpa por éste último. Pero eso, puede decir, como él hizo a Rilíticas: se daba cuenta de que estético» por esta por desgracia, no ha sido tenido vas Cherif: «Lo mejor será depara que la República sobrevioperación política en cuenta a la hora de la conmejarse ir y que pase lo que quieviera había que llegar a una paz moración del cincuentenario de ra». Es muy posible que si su acmediante la transacción y con la su muerte • titud hubiera sido otra el resulmediación exterior. Sus durísitado final fuera el mismo, pero, mos juicios respecto de Largo de todos los modos, una posiCaballero parecen justificados. Juvkrr Tustlt, historiador, es catedrático ción como la descrita resulta inSu palabra fue, de nuevo, la más de la Universidad de Educación a Disjustificable, en especial teniendo bella y la éticamente más digna tancia y director de la Fundación Humaen cuenta que era capaz de un durante toda la contienda. Connsmo v Democracia.