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Latín, Ilustración y Liberalismo:una revisión de las humanidades

Francisco García Jurado

Sobre el gran cambio que experimenta la enseñanza del latín desde finales de siglo XVIII hasta el cuarto decenio de XIX.

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Francisco García Jurado, “Latín, Ilustración y Liberalismo:una revisión de las humanidades,” accessed January 20, 2022, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/1946.

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Latín, Ilustración y Liberalismo:una revisión de las humanidades

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Releer a los clásicos

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Sobre el gran cambio que experimenta la enseñanza del latín desde finales de siglo XVIII hasta el cuarto decenio de XIX.

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Francisco García Jurado

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Nueva Revista 126 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

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Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

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RELEER A LOS CLÁSICOSLatín, Ilustración y Liberalismo:una revisión de las humanidadesFRANCISCOGARCÍAJURADOPROFESORDEFILOLOGÍALATINADELAUNIVERSIDADCOMPLUTENSELa educación es un fiel reflejo de lo que ocurre en la Historia, tanto de lade ayer como la de hoy. Es así como los grandes hechos históricos y políticos han dejado su huella en el casi invisible mundo de las humanidades. El profundo cambio que experimenta la enseñanza del latín desde finales del siglo XVIIIhasta el cuarto decenio del XIXnos servirá para ilustraresta huella de la Historia en la enseñanza. De hecho, el latín dejó entonces de ser una lengua de comunicación para convertirse tan sólo en unalengua clásica, en una llave para conocer el pasado. Se daba así un pasodecisivo para la transmisión del conocimiento por medio de las lenguasmodernas. Dos figuras representativas, el erudito ilustrado Juan Semperey Guarinos (17541830) y el político liberal Antonio Gil de Zárate (17961861), nos servirán de hilo conductor a través de este complejo cambio.Asimismo, el testimonio de un latinista, Luis de Mata i Araujo (hacia 17851846), será fiel reflejo de la profunda transición.Cuando Sempere y Guarinos tradujo libremente las Reflexiones sobreel buen gusto en las ciencias y en las artesde Ludovio Antonio Muratori(Madrid, 1782), aprovechó la oportunidad para añadir su propio Discurso sobre el gusto actual de los españoles en la literatura. Allí expuso unainteresante reflexión acerca de la necesaria reforma de los planes de estudio en España, con sorprendentes reflexiones sobre las lenguas antiguas y las modernas. Tales reflexiones parten de la conocida preferenciade Benito Feijoo por la lengua francesa, como vemos en el texto del propio Guarinos:140NUEVA REVISTA 126«Esto mismo dio motivo para quese fuera extendiendo el estudio deDesde finales del siglo XVIIIel latínla lengua francesa, y con ella el codejó entonces de ser una lengua denocimiento de los buenos libroscomunicación para convertirse tancon que aquella sabia nación hasólo en una lengua clásica, en unaadelantado la literatura. Aunque alllave para conocer el pasado.principio muchos la despreciaban,o por el desafecto a los franceses, opor la falsa persuasión en que estaban nuestros nacionales de que nohabía más que descubrir en las ciencias que lo que se sabía en nuestropaís. Ella fue gustando poco a poco, hasta que llegó a hacerse moda, ya componer una parte de la educación de la nobleza. El padre Feijootenía formado un concepto tan elevado de su utilidad, que no dudóen anteponer su estudio al de la griega y demás orientales. Este honorhan merecido siempre las lenguas sabias y en las que se publican obrasdignas de la inmortalidad». (Discurso..., pp. 208212).Sempere aprueba la opinión de Feijoo favorable al avance de la lenguafrancesa, pero también es consciente de que las palabras de éste pertene1cen a los albores de la Ilustración española. Si bien es verdad que la enseñanza del francés estaba pugnando en la práctica con la del latín, sinembargo, los asertos de Feijoo no parecen entrar en contradicción con lapropia consideración positiva que tiene Sempere de las lenguas clásicas.Nuestro autor desea, ante todo, que se libere al latín de una enseñanzaviciada, «estéril y fastidiosa». Es ahí donde hay que apreciar la importanciatanto de los propios contenidos —la necesidad del estudio de la Mitología, la Historia, la Elocuencia y la Poesía— como del uso de una lenguamoderna para el aprendizaje de la gramática:«A esta se añadía el mal método con que se enseñaba. Precisados losniños a aprender los preceptos en latín, se disgustaban luego de unestudio tan estéril, y fastidioso, y esta desazón debilitaba el ardor, y eldeseo de saber que en ellos es tan natural. Reducida la enseñanza asólo el estudio seco de las reglas y a la versión literal y servil de tal ocual autor, no de los mejores, carecían de la utilidad de la Mitología, del141DICIEMBRE 2009FRANCISCO GARCÍA JURADOconocimiento del oculto artificio en que consiste la belleza, y la elegancia de la lengua Latina, de la noticia de los mejores autores de Historia, de Elocuencia, y de Poesía: todo lo cual es indecible cuánta fuerzatiene para civilizar los hombres, siendo éste el motivo porque entrenosotros se llama con mucha propiedad estudio de las Humanidades.(Discurso..., pp. 238239)».Prueba de que ya estamos en otro momento de la Ilustración, lejano alos primeros tiempos de Feijoo, es el hecho de que a esta recuperaciónpedagógica hayan contribuido, en opinión de Sempere, las obras gramaticales de dos grandes ilustrados, Gregorio Mayáns e Juan de Iriarte, así2como de los Padres escolapios. Lo cierto es que las obras gramaticalesde Mayáns y de Iriarte fueron fruto notable de los intentos de renovacióneducativa de la lengua latina en la España del siglo XVIII, tras la expulsión de los jesuitas en 1767. Pero lo que supone una verdadera revolución en la consideración del latín por parte del pensamiento ilustradoes su abandono definitivo como lengua de comunicación y para la crea ción literaria:«Es verdad que no son ahora tan frecuentes las obras de buena latiniXVI. Mas esto no es ya por falta de buenos prindad como en el siglo cipios, y de ilustración, sino porque la nación va conociendo, comotodas las demás de Europa, que la lengua, de que debe hacerse máscaso para las obras, que se consagran a la utilidad pública, es la nativa, o la del país donde se habita». (Discurso..., p. 241).Es ahí donde las palabras de Feijoo alcanzan todo su sentido. El texto deSempere sobre el latín es, pues, el resultado de un sutil equilibrio entre lascorrientes afrancesadas del pensamiento ilustrado español y las propiamente hispanas. Por tanto, no podemos hablar de una actitud contraria al latínen la cultura hispana de la Ilustración, sino simplemente, de un cambio deactitud que se integra dentro de los deseos de reforma educativa. El Discursode Sempere es un documento singular, dado que constituye un buenresumen de los ideales educativos de la etapa culminante de la Ilustraciónespañola. Por lo demás, las ideas que en él se exponen con respecto a la142NUEVA REVISTA 126LATÍN, ILUSTRACIÓN Y LIBERALISMO: UNA REVISIÓN DE LAS HUMANIDADESenseñanza de la lengua latina constituyen una excepcional síntesis de laAl igual que ocurre con la propia enevolución de los diversos juicios queseñanza de la literatura española, sefueron esgrimiéndose a lo largo delcrea un nuevo paradigma, el de lasiglo Historia de la literatura latina frenteXVIII. El punto de vista de Feial de la mera enseñanza de su lenjoo y la herencia del humanismo español aparecen ahora singularmentegua y de los mejores autores.asociados en la consideración de unlatín que no debe ya hablarse, pero síestudiarse como lengua histórica y que, como tal, debe aportar en su enseñanza mucho más que los meros datos gramaticales.Así las cosas, tras la derrota final de Napoleón Bonaparte se dan cita enEuropa y España dos formas de estética: la residual del propio siglo XVIII,que pasará a llamarse de manera despectiva «clasicista», y la ideología emergente de aquellos que con el tiempo llamaremos «románticos». Españaocupa un nuevo papel en el contexto de esta nueva estética, ya como objeto de estudio en sí de los modernos ideales románticos —la épica, el teatro de Calderón...—, ya como incierta receptora de las nuevas ideas.Esta nueva estética, que era el vehículo de un incipiente nacionalismoespañol —después lo será también de otros nacionalismos,— no supo ser3aprovechada por los ideólogos de Fernando VII. El error de no aceptarestas «nuevas ideas» y de aferrarse a unos ideales estéticos «clasicistas» supone una de esas paradojas que nos encontramos constantemente en laHistoria, sobre todo cuando en la estética penetra arbitrariamente la ideología política. Después, los liberales moderados supieron sacarle partidoa todo este nuevo ideario estético y político basado en la equivalencia deuna lengua, una literatura y una nación.En lo que a la enseñanza de la lengua y la literatura latina respecta,ya se había desarrollado en España una enseñanza acorde con la propiaHistoria crítica, de carácter ilustrado, en autores como Mayáns o el propio Sempere. Sin embargo, tales propósitos quedan interrumpidos anteuna vuelta a la enseñanza tradicional del latín asumida a partir de 1823por los responsables de la educación durante la época de Fernando VII,que marginan tales contenidos históricos, en particular la incipiente Historia literaria, que termina identificándose con el pensamiento liberal. Tal143DICIEMBRE 2009FRANCISCO GARCÍA JURADOplanteamiento no volverá al panorama educativo, consiguientemente,hasta el regreso de los liberales al poder, aunque desde presupuestos claramente románticos.De esta forma, mientras la enseñanza del latín continúa desarrollándose desde una perspectiva dominada aún por la estética del clasicismo, lanueva asignatura de orientación histórica se inspirará en las nuevas ideasque provienen de Alemania —en particular de Friedrich Schlegel, cuyaHistoria de la literatura antigua y moderna se traduce al castellano en1843—. Este reparto no implica, naturalmente, una identificación simplista de la enseñanza del latín con el absolutismo, aunque cabe ver tal tendencia si comparamos la mera enseñanza preceptiva del latín legislada porCalomarde (1824) durante la llamada década ominosa de Fernando VIIcon el planteamiento que de la enseñanza de la literatura latina hace Gilde Zárate (1855) ya en los primeros años del reinado de Isabel II. El primero opta por una estricta enseñanza de la Poética y la Retórica, mientrasel segundo incorpora las novedosas enseñanzas de contenidos literarios,4ausentes desde los tiempos de la Ilustración.En realidad, entre Sempere y Gil de Zárate había ocurrido un hechosingular que va a condicionar la transición entre los tiempos ilustrados ylos liberales: al igual que ocurre con la propia enseñanza de la literaturaespañola, se crea un nuevo paradigma, el de la Historia de la literatura latina frente al de la mera enseñanza de su lengua y de los mejores autores, es decir, la Retórica y la Poética. De esta forma, si durante la épocade Fernando VII las Escuelas de Latinidad de Calomarde optan por el modelo de estudio tradicional, el nuevo paradigma histórico no aparecerá enel panorama educativo español hasta el decenio de los años cuarenta delsiglo XIX.En este contexto, la obra del preceptista de latinidad Luis de Mata iAraujo es un buen ejemplo de la situación cambiante, pues él vivió la transición desde los tiempos absolutistas a los tiempos liberales, y desde elclasicismo supuestamente retrógrado al romanticismo supuestamente progresivo. El autor fue miembro de la Real Academia GrecoLatina Matritense, además de catedrático de Retórica en el Instituto de San Isidro. Susobras sobre gramática latina tienen una relevancia significativa entre losaños treinta y cuarenta del siglo XIX.144NUEVA REVISTA 126LATÍN, ILUSTRACIÓN Y LIBERALISMO: UNA REVISIÓN DE LAS HUMANIDADESTengamos en cuenta los cambiosque se han producido en la políticaBuena parte del pensamiento liberalespañola desde el año de 1829 hastade la época abandona los viejos idea 1839, en especial la muerte de Ferles. De la idea de patriotismo ilustranando VII el 29 de septiembre dedo se pasa a la de nacionalismo 1833. Mata i Araujo es permeable, sirománticobien sólo en parte, al nuevo idearioromántico en su faceta más conservadora. Su libro titulado Lecciones elementales de literatura aplicadas especialmente a la castellana (Madrid, 1839) combina, junto a la esperablepoética, un esbozo de historia de la literatura y establece el siglo de orode la literatura española entre los siglos XVy XVI, al contrario de lo queva a hacer poco más tarde el liberal Gil de Zárate, que lo atrasa hasta elXVII, en especial con el teatro, por influencia de la nueva estética alemana. Mata i Araujo, que ni tan siquiera habla del teatro de Lope o Calderón, defiende al final de su libro un ideario literariopolítico que mire, antetodo, a los mejores autores españoles del siglo XVIII, pero donde quedeexpulsado todo resto de afrancesamiento, en aras de una literatura plenamente nacional:Debemos sobre todo descartar el filosofismo del siglo XVIII, imitando lasensatez i cordura de nuestros padres que supieron acoger sí las buenas ideas, pero también despreciar los errores i teorías halagüeñas quetantos desastres causaron a la Francia en su delirante republicanismo, icuyas consecuencias estamos nosotros sufriendo ahora en una guerracivil desastrosa.Y añade además:Déjense por fin otros de creerse superiores a todos los demas, hablándonos en un lenguaje más alambicado que el Gongorismo: las obrassiguientes en que pueden formarse nuestros jóvenes para escribir conun lenguage nacional digno en todo género de literatura, son ademasde las de los clásicos antiguos, las de los escritores desde el tiempo deCárlos III (Lecciones..., pp. 407408)145DICIEMBRE 2009FRANCISCO GARCÍA JURADOComo vemos, las paradojas son muchas. En Mata i Araujo lo que ahora esideología conservadora se confunde con las otrora líneas maestras de unaparte del pensamiento español del siglo XVIII, el que trató precisamente deencontrar en lo propiamente hispano el germen de la restauración delbuen gusto —es el caso singular de Gregorio Mayáns o de Sempere yGuarinos—: precisamente en la literatura de los siglos XVy XVI. Los nuevos aires estéticos venidos de Alemania cambian de rumbo esta configuración, poniendo el mayor énfasis en la antigua épica, el romancero y elteatro español del XVII.Buena parte del pensamiento liberal de la época abandona los viejosideales de los ilustrados españoles del siglo anterior para abrazar la nuevaideología romántica. De la idea de patriotismo ilustrado —personas librescon voluntad de crear una patria común— se pasa a la de nacionalismoromántico —la pertenencia a un pueblo predeterminado por mera razónde nacimiento—. No debemos dejar que se pase por alto en el texto citado una interesante referencia a la primera guerra carlista, la que tuvolugar, con la muerte de Fernando VII, entre 1833 y 1840, cien años antesde otra guerra civil que los historiadores han terminado llamando, porantonomasia, la guerra civil.Por regla general, las cuestiones educativas dependen tristemente deloportunismo y la necesidad de subirse cuanto antes al carro de las ideasdominantes, que en los tiempos de Fernando VII suponía la reacción contra el mundo ilustrado, confundido ya con las tropelías de Napoleón. Ciertos liberales moderados intentaron después la restauración de parte deaquellos ideales ilustrados, confundidos ahora con los nuevos vientos románticos. En esos vaivenes, la enseñanza del latín y de su historia literaria se fue dirigiendo erráticamente hacia derroteros insospechados.146NUEVA REVISTA 126LATÍN, ILUSTRACIÓN Y LIBERALISMO: UNA REVISIÓN DE LAS HUMANIDADESNOTAS1Como hace notar Luis Gil en su Panorama social del humanismo español(Madrid, 1997, pp.151152), el desinterés que Feijoo sentía por las lenguas clásicas está relacionado, curiosamente, con un complejo de inferioridad con respecto a lo español, y es propio del panoramaXVIII, ya que hacia la cuarta década se producecultural de los primeros decenios del siglo un cambio sustancial en las actitudes hacia la renovación de la cultura.2Éstos ocuparon una posición clave para la enseñanza del latín tras la expulsión de los jesuitas en 1767, tal y como ha estudiado Javier Espino en su trabajo titulado «Política y enseñanza del latín: liberales y conservadores en la gramática latina durante el reinado de FernandoVII», Estudios clásicos 123, 2003, pp. 4565.3Así lo comenta Álvarez Junco en su libroMater dolorosa. La idea de España en el siglo XIX,Madrid, 2001, p. 385.4«Hase visto en la sección tercera cómo quedó organizada en los Institutos la enseñanza dellatín, y los principios que guiaron en la organización de esta parte principal de los estudiosclásicos. Aunque se creyó que aquello era bastante para saber la lengua de los romanos, talcual hoy se necesita, esto es, no para hablarla y escribirla, cosa desusada en el día y que loserá más en adelante, sino para la cabal inteligencia de los autores más difíciles; todavía setuvo por insuficiente semejante estudio para aquellos que en sus respectivas carreras necesitan mayores conocimientos, o desean profundizar más en tan interesante materia. Con esteobjeto, se estableció en todas las facultades de filosofía un curso especial de Literatura latina, asignatura que jamás había existido en nuestras escuelas. Destinado este curso a conocertodos los escritores que han ilustrado la lengua del Lacio, desde el origen de la república romana hasta la edad media, como igualmente a perfeccionarse en su traducción, forma el complemento de una serie de estudios bien graduados desde los rudimentos hasta lo más arduo;resultando de todo una instrucción muy superior a la que en todos tiempos se había podidoadquirir entre nosotros, y preferible a la que comprenden los que sólo buscan el arte dechapurrear una jerga bárbara, y sin aplicación alguna en las costumbres literarias de estos tiempos» (Antonio Gil de Zárate, De la instrucción publica en España, Oviedo, 1995, p. 117,publicado originalmente en 1855).147DICIEMBRE 2009