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Los retos de la Unión Europea

Gaspar Atienza

De cómo la Unión Europea sigue siendo el proyecto internacional más ambicioso e influyente que afecta a 27 naciones pero debido a la falta de debate público sobre su finalidad y por su déficit democrático, el futuro de la integración política está en duda.

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Gaspar Atienza, “Los retos de la Unión Europea,” accessed November 16, 2018, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/1889.

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Title

Los retos de la Unión Europea

Subject

La idea de nacionalismo Europeo.

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De cómo la Unión Europea sigue siendo el proyecto internacional más ambicioso e influyente que afecta a 27 naciones pero debido a la falta de debate público sobre su finalidad y por su déficit democrático, el futuro de la integración política está en duda.

Creator

Gaspar Atienza

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Nueva Revista 123 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

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Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

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Los retos de la Unión EuropeaGASPARATIENZAEXPERTOENRELACIONESINTERNACIONALESLa reciente campaña electoral europea finalizada el pasado 7 de junio hapropugnado que los ciudadanos europeos influyen en las decisiones parlamentarias y que éstas, a su vez, afectan al futuro de la Unión Europea yal de sus ciudadanos, pero la UEaparenta ser una amalgama de complejas instituciones en la que políticos, líderes y diplomáticos toman las decisiones que parte de la ciudadanía europea, por referéndum, rechazó. Si losciudadanos se equivocaron, allí están los políticos para acudir al rescatede sus súbditos ignorantes. La UEsigue siendo el proyecto internacionalmás ambicioso e influyente que afecta a 27 naciones, pero a falta de undebate público sobre su finalidad y lastrada por su déficit democrático, elfuturo de su integración política está en duda.Así, en las últimas fechas surgen multitud de preguntas: ¿hacia dóndedebe dirigirse la UE?, ¿quién debe guiarla?, ¿cómo pueden los líderes de laComisión Europea, comisarios y parlamentarios atraer la atención de laciudadanía?, ¿puede el proyecto funcionar desde Bruselas sin impulso ciudadano? El proyecto de constitución respondía a varias de estas cuestiones, pero el Tratado de Lisboa ahonda en la herida abierta pues se olvidade explicar cuál es la idea de Europa y cómo es ésta de compatible y armonizable con los estados nacionales. En su trayectoria la UEha compatibilizado la integración económica y política de sus miembros (en unas materias más que en otras) con la identidad propia de cada uno de ellos, su20NUEVA REVISTA 123historia y sus costumbres, pero existen dos aspectos que ponen de manifiesto las deficiencias de la UE: la falta de un espacio público europeo y lacarencia de una política exterior común.Al igual que el éxito de toda buena historia depende de su capacidadde enganche, de que la mayor parte de la gente se sienta reconocida eintegrada en ella (Antonio Estella, El País, 20052009), el futuro europeodependerá del compromiso de sus ciudadanos. En el caso europeo, lo quese inició como una historia y un concepto económico y de mercancías seha ido transformando en un proyecto político de ciudadanía, un proyectosupranacional en el que no sólo las mercancías sino los europeos puedenmoverse libremente, con seguridad, sin consideración de su nacionalidado destino. En cierto modo, es un proceso contrario al final más o menostrágico que el pensamiento y la sensibilidad europea intuían para Europa; a diferencia de otras civilizaciones, Europa «un día se hundiría bajo elparadójico peso de sus conquistas y de la riqueza y complejidad sin parangón de su historia».Y aunque este prodigioso y ambicioso proyecto siga adelante, es lastrado por sus ciudadanos que anteponen su ciudadanía nacional a su carácter europeo. La generación europea de los años veinte —ThomasMann, Stephan Zweig, Karl Kraus, por nombrar unos pocos— podía responder al carácter cosmopolita que representa la UE, pero la fuerza delos nacionalismos y regionalismos les llevaron al exilio de una Europaperdida. Hoy día la idea de nacionalismo europeo es compatible con la dela comunidad nacional; no se busca lo que distingue a alemanes de ingleses de polacos, sino los valores comunes que les acercan: la libertad,democracia, la cultura, el pensamiento griego, el derecho romano, etc.Pero sigue habiendo tensión entre la identidad europea y la nacional, máxime si, como ocurre en España, además de la identidad nacional existenmúltiples identidades regionales con claras distinciones y, en ocasiones,sentimientos excluyentes.Cuando los ciudadanos compatibilicen su identidad nacional o regional con su pertenencia a una comunidad europea definida podremos hallar el «interés común» —aquello que se realiza en beneficio de una comunidad— que precisa la UEpara progresar en su integración y que es elfundamento sobre el que los parlamentarios europeos legislan: éstos21JUNIO 2009GASPAR ATIENZAdeben defender los intereses y objetivos comunes de los europeos, legislar en atención a los interesesde su sociedad o, al menos, a la interpretación que hace de los mismos. Dicho de otra forma, si la integración europea es consecuencia de una voluntad de unidad, de constituir un demosy una comunidad ética diferenciada, ¿qué medio utilizan los ciudadanoseuropeos para expresar dicha voluntad?Los euroescépticos aún sostienen y prefieren que la Unión Europea seauna unión de estados soberanos, de intereses divergentes, que funcione de forma intergubernamental como unión de múltiples entidades políticas.En el lado opuesto, los integracionistas aseguran que la UErepresenta unaverdadera sociedad compuesta por los ciudadanos europeos.Esta segunda concepción —sociedad como tal— requiere un alto nivel deintegración, una sociedad, según la terminología de John Rawls, de gentesrazonables, liberales y justas, que bajo el concepto de liberalismo político,se reúnen con la idea de la razón pública. La sociedad europea es utilizadaen derecho internacional como ejemplo de integración supranacional, deuna verdadera sociedad universal, limitada al espacio europeo, integradacomo tal e independiente de las sociedades nacionales: más cercano al concepto de «comunidad». Si a nivel global la idea de Humanidad en su concepción como sujeto de derecho (el género humano, de ahí los crímenes«contra la humanidad») implica que ésta sólo puede ejercer la titularidad delos derechos que le corresponde a través de una comunidad internacional estructurada y con personalidad definida, a nivel europeo significa concebirEuropa como sujeto de derecho capaz de ejercitar los derechos que le corresponden y a sus ciudadanos capaces de ejercitar los suyos ante Europa.En cierto modo, en este mundo de orden inestable, la UEsupone unexponente postmoderno que no se fundamenta en el equilibrio de poderes o el uso de la fuerza sino en que la distinción entre lo interno y lo externo se rompe, en el que la individualidad clásica del Estado se deshacepero en lugar de dar lugar a estructuras frágiles como en el periodo de entreguerras, da lugar a un mayor orden y cohesión. Esta estructura, en todocaso, aún no ha logrado constituir una nación a escala supraestatal ni unaciudadanía supranacional.La idea de sociedad nace del concepto de ciudadanía en una democracia constitucional. En una sociedad así, los miembros de la administración22NUEVA REVISTA 123LOS RETOS DE LA UNIÓN EUROPEAy gobierno actúan sobre la base de, yExisten dos aspectos que ponensiguiendo a, la razón pública, siendode manifiesto las deficiencias deésta la expresión de los ciudadanosUE: la falta de un espacio públicola que actúan como legisladores; eleuropeo y la carencia de una polítiefecto consecuente es el entendica exterior común.miento del acto legal como expresión de la razón pública, adquiriendo, con ello, la legitimidad requerida.En una sociedad constitucional democrática, la legitimidad del gobiernonace del pueblo y los actos legislativos son legítimos porque, idealmente,se han configurado sobre la base y en busca de la razón pública expresada a través de la soberanía popular. Esta correlación entre razón pública ygobernanza, que determina el grado de correlación entre ciudadanos y gobernantes se muestra en parlamentos nacionales, pero no en el Parlamento europeo a pesar de sus competencias.En los últimos años ha aumentado considerablemente la labor del Parlamento europeo y las decisiones tomadas en Bruselas influyen cada vezmás en el quehacer cotidiano de Copenhague, Nápoles o Sevilla (un claroejemplo: la instauración del servicio de emergencias telefónico reguladoa nivel comunitario, que permite a todos los ciudadanos europeos llamaral 112, número europeo común de urgencia) aún queda por crear un espacio público europeo, equivalente a un espacio nacional, en el que seforme la opinión pública que el Parlamento debiera considerar. Sin esteUEaparentan ser más distantes aunqueespacio público, las políticas de la lleguen a nuestros hogares y el Parlamento se ve como una institución alejada del europeo de a pie.Los ensayos de democratización europeos que se han desarrolladodesde 1990 han procurado llevar a cabo un proceso de relegitimación delas instituciones europeas enfrentadas a dos grandes riesgos: por un lado,el modelo nacional expuesto por los federalistas, poco trasladable a escala europea, que sustituye la idea de comunidad por conceptos nacionales, y por otro, la deriva intergubernamental e instrumental de las instituciones europeas (José M. de Areilza, Working Paper, IE Law School,30032009). Más allá se encontrarían los integracionistas pretendiendoconstruir bajo una base democrática instituciones y procedimientos que23JUNIO 2009GASPAR ATIENZApermitan generar una política fiscal, exterior y de seguridad común, queequipare a los Estados miembros.El modelo integracionista se ha puesto de manifiesto en numerososavances de armonización fiscal que se han llevado a cabo gracias al trabajo conjunto de las instituciones europeas y los Estados miembros de laUE. Hoy en día, ni los más euroescépticos ponen en entredicho el sisteIVAy nadie discute que ha sido un factor decisivo en lama común del configuración de un auténtico mercado único sin barreras al comercio interior. Pero no puede decirse lo mismo de la armonización de la fiscalidad directa, en la que los avances han sido mucho más limitados y lasreticencias de los Estados a perder su soberanía fiscal mucho mayores,sobre todo una vez cedidas sus competencias en política monetaria afavor del Banco Central Europeo.La acción exterior de la Unión es otro gran escollo en la teoría de laintegración europea. Aunque exista cierto consenso general de que Europa necesita un representante unificado común para reforzar su posiciónen el mundo y su capacidad negociadora frente a Estados Unidos, Rusia,China o en el conflicto de Oriente Medio, tanto políticos como electoresprefieren mantener cierta independencia en materia exterior —principalmente franceses e ingleses—. Por ello, el Tratado de Lisboa regula un AltoRepresentante de Política Exterior en lugar de un Ministro de Exteriores,que será también vicepresidente de la Comisión Europea pero que nopodrá interferir en la política exterior de cada Estado miembro ni en supolítica de seguridad y defensa. Continúa de esta forma la vieja lucha porla centralización o descentralización del poder europeo.Jürgen Habermas expone dos argumentos clarividentes para la centralización del poder exterior en Bruselas a Europa y creación de una política exterior y de defensa común. Por un lado, los Estados europeos debenser conscientes de su limitada capacidad para, individualmente, influir enEEUUo Rusia y los poderes emergentesel panorama internacional ante de China, India o Brasil. Y por otro, en una sociedad mundial multiculturalmente dividida y estructuralmente diferenciada, no hay posibilidad decrear una institucionalización trasnacional de política interior si los paísesmedianos y pequeños no se agrupan regionalmente para así, con una vozúnica, tener capacidad de acción y negociación global.24NUEVA REVISTA 123LOS RETOS DE LA UNIÓN EUROPEAAdemás, en las relaciones interCuando los ciudadanos compatinacionales, a pesar de la crecientebilicen su identidad nacional o regiomultitud e importancia de las organinal con su pertenencia a una comunizaciones internacionales gubernadad europea definida podremos hallarmentales y no gubernamentales, losUEel «interés común» que precisa la Estados más fuertes siguen siendopara progresar en su integración.actores muy influyentes, y ningunode ellos es europeo. Ni Alemania, niFrancia, ni Inglaterra juegan, por sísolos, un papel relevante en Oriente Medio, en Latinoamérica o en los conflictos asiáticos. España juega un papel destacado en Latinoamérica basado en el ímpetu de sus empresas más internacionales, pero ni influye niEEUUa pesar de la lengua y el pasado común. Ycondiciona como lo hace ante el ímpetu ruso es la Europa del Este la que empuja hacia una políticaexterior unificada que permita presionar a Rusia o a Ucrania para asegurarel abastecimiento de gas y de las demás fuentes de energía de las queEuropa carece.La existencia de un demos, de una sociedad de gentes europea que seexprese a través de un espacio público común, permitiría al denostadoParlamento europeo resolver el problema de legitimidad que le ata. El Tratado de Lisboa ha permitido desbloquear la comprometida situación europea tras el rechazo del proyecto de Constitución por Francia y PaísesBajos, proyecto que España aprobó en referéndum en 2005, pero no constituye el demos constitucional necesario para resolver el déficit democrático de las instituciones europeas que nos permita soñar con la integraciónpolítica final de la Europa de los 27. Hasta que los ciudadanos de los Estados miembros no se sientan tan europeos como de sus respectivas nacionalidades, no podrá haber una única sociedad europea con una voz yun interés común, y no se podrá legitimar la labor del Parlamento europeotan influyente pero distante al mismo tiempo. 25JUNIO 2009