Nueva Revista 123 > 1951-1956

1951-1956

Pablo Hispán

Ensayo sobre la obra de Gonzalo Redondo "1951-1956" un ambicioso proyecto de la cultura, política y sociedad en España durante el régimen de Franco.

File: 1951-1956.pdf

Archivos

Referencia

Pablo Hispán, “1951-1956,” accessed July 1, 2022, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/1871.

Dublin Core

Title

1951-1956

Subject

Libros

Description

Ensayo sobre la obra de Gonzalo Redondo "1951-1956" un ambicioso proyecto de la cultura, política y sociedad en España durante el régimen de Franco.

Creator

Pablo Hispán

Source

Nueva Revista 123 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

Rights

Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

Format

document/pdf

Language

es

Type

text

Document Item Type Metadata

Text

19511956: Las empresasmodernizadoras de las minoríasdirigentesPABLOHISPÁNDOCTORENHISTORIAGonzalo Redondo fue un investigador infatigable. Un cáncer fulminanteevitó que pudiera concluir el ambicioso proyecto historiográfico quepuso en marcha a partir de 1993 para el estudio de la política, cultura ysociedad en España durante el régimen de Franco. A pesar de ello, pudover publicados los dos primeros volúmenes y entregó a la editorial el tercero (19511956), que ahora ha salido a la luz. Con ello, y parafraseandolas que fueron las últimas declaraciones públicas de Raymond Aron, Gonzalo Redondo ha dicho lo esencial sobre la historia de España entre 1939y 1956.Son dos los elementos que de modo permanente laten en la obra deRedondo. Por un lado, el reconocimiento del valor de cada hombre, decada mujer, y su libertad, por encima de proyectos ideológicos, nacionales o culturales, por muy bienintencionados que éstos pudieran ser. Paraél, el sentido de la historia es permitir que cada hombre alcance tendencialmente su plenitud.Por otro lado, centró su ámbito de investigación en la España de Franco. Su intención no era la de hacer un estudio de un aspecto de nuestra147JUNIO 2009PABLO HISPÁNhistoria reciente, sino investigar la respuesta del tradicionalismo a la modernidad, cómo se desarrolló y por quéfue inevitable su fracaso, a pesar decontar con un control y apoyo absoluto por parte del Estado y el empeñoy la dedicación de unas élites comprometidas.Denominaba tradicionalismo a lacultura política que hizo de la unidadde la nación el eje su discurso ideoPOLÍTICA, CULTURAYlógico. Una unidad en la que la reliSOCIEDADENLAESPAÑAgión católica era un elemento decisiDEFRANCOvo, reduciendo la fe religiosa a unaGONZALOREDONDOconsideración meramente cultural.EUNSA Pamplona, 2009De esta manera, al constituir la uni1.120 páginasdad de España sobre la religión católica, se derivaba la convicción firmede que el fundamento cultural eraúnico e inalterable, y debía ser objeto de enérgica censura cuantos intentaran criticarlo o poner en duda el más pequeño de los factores que lo integraban. Admitir el pluralismo era admitir dudas sobre la unidad de España. Almismo tiempo, era un imperativo que esa unidad fuese dirigida por quienesmejor habían captado su sentido. Ese fue el terreno de la confrontación entrelas minorías dirigentes que compartían —con matices de carácter menor—esa cultura política, pero que su carácter exclusivista les hacía incompatibles.Hay quienes denominan a esta cultura política como nacionalcatolicismo, y en general es el término aceptado por la historiografía, como unmodo de calificar la estrecha relación —se llega a hablar de enfeudamiento— de la Iglesia católica con el régimen. Gonzalo Redondo entiende quepara los tradicionalistas, los privilegios que otorgaban a la Iglesia no eranun servicio, y sí, principalmente, un modo de fortalecimiento del Estado,y por ende de su proyecto político y cultural.Por esta razón, en la época que estudia, cuando estas dos esferas pudieron entrar en colisión en aspectos sensibles —la educación—, a los di148NUEVA REVISTA 12319511956: LAS EMPRESAS MODERNIZADORAS DE LAS MINORÍAS DIRIGENTESrigentes tradicionalistas no les tembló el pulso para decantarse por elDenominaba tradicionalismo a lamonopolio del Estado. Así ocurriócultura política que hizo de la unidadcon la Ley de Enseñanzas Medias ode la nación el eje su discurso ideoel bloqueo al proyecto de una unilógico.versidad de la Iglesia que otorgase títulos civiles. El razonamiento erasencillo; para qué una universidad de la Iglesia si todas las universidadesespañolas eran católicas. En el fondo lo que latía no era más que el afánde monopolio cultural.El tradicionalismo fue una de las respuestas culturales de los católicosa la modernidad. En España, la hegemónica. Por eso, aquellos católicosque habían elaborado una respuesta alternativa —Maritain el más significativo— eran objeto de los más furibundos ataques por parte de los diferentes sectores del tradicionalismo español; RuizGiménez, Leopoldo Eulogio Palacios, Pérez Embid, Aranguren que una entrada de su diario de1953 afirmaba con desdén que «apenas lo he leído», DíezAlegría, se ensañaron contra el intelectual francés a lo largo de estos añosDe esta manera, la España de Franco es, no el único, pero sí el mejorcampo de investigación de la empresa cultural tradicionalista ya que a susimpulsores no les faltó el apoyo del Estado —que lo monopolizaron—, elcontrol de la opinión pública —a la que sometieron a una implacable censura— y una voluntad firme de transformar la sociedad a través del Estado.El fracaso de esta empresa no fue, por tanto, por falta de medios o lacalidad de sus protagonistas sino por lo erróneo de la propuesta en sí; nose puede crear una nueva sociedad sin el concurso libre de los hombres ymujeres de esa sociedad. Ahora bien, que fracasase no quiere decir que supaso fuera inocuo; la pretensión de buscar una sociedad desestructurada,desincentivar cualquier llamada a la responsabilidad individual en la vidasocial dejando a ésta como patrimonio de unas élites, o entender la pluralidad como un mal a evitar, no son elementos a los que una sociedad pasapágina de un modo sencillo.La etapa que cubre este tercer volumen transcurre entre el cambio deGobierno de julio de 1951 hasta los sucesos de febrero de 1956. Es decir,uno de los momentos de mayor intensidad política y cultural del régimen149JUNIO 2009PABLO HISPÁNde Franco y que ha centrado una parte muy importante de la atención historiográfica sobre la época.Al mismo tiempo que el franquismo se asienta internacionalmente conla firma del concordato con la Santa Sede y los acuerdos con Estados Unidos en 1953, y en 1955 es admitido Naciones Unidas, tiene lugar en 1956,en la universidad, su primera gran crisis interna.Precisamente la generación cuya vida había discurrido íntegramente enel franquismo, educada bajo el influjo de la Ley de 1938 y en una institución destinada a la formación de minorías como era la universidad de1956, terminó revelándose, sencillamente, harta del monopolio del SEU. Lacrisis del SEUpuso de manifiesto la debilidad real del resto de instituciones franquistas que trataban de ahogar el pluralismo social.Quizás una de las cuestiones más interesantes que aborda Gonzalo Redondo es la de los verdaderos contornos del conflicto entre «liberales» y«conservadores». RuizGiménez fue nombrado ministro de Educación Nacional pero perdiendo el control sobre el CSIC—que quedaría bajo la presidencia de IbáñezMartín— y sobre la censura —que la asumiría AriasSalgado en el nuevo Ministerio de Información—. Para ahormar su proyecto contó con el apoyo de estrechos amigos como Sánchez Bella en Cultura Hispánica y dio una nueva oportunidad a Laín, Tovar o Ridruejo de volver a monopolizar la cultura española desde el control del Estado—nombrando rectores los primeros y desde la subvencionada por el Ministerio Revistael tercero— como lo habían hecho al comienzo del franquismo hasta la caída de Serrano. En este caso, cambiarían las referenciastotalitarias por las de Ortega o Unamuno.RuizGiménez buscaría la permanente coordinación con el ministro delMovimiento, FernándezCuesta. Ejemplos significativos fueron el nombramiento de Jorge Jordana como delegado del SEUo el apoyo de Alcaláalos planes del Ministerio de Educación Nacional. Los elementos más relevantes de su grupo de Educación Nacional como Tovar o Ridruejo no dudaban señalar en 1953 «lo que el Estado debe a la Falange» —Tovar— y ensimilares términos aunque dentro de su personal estilo, Ridruejo en Revistasobre el veinte aniversario de la fundación de dicho partido.Con idéntico afán exclusivista que los anteriores, Calvo Serer fue elprincipal impulsor de un grupo del que formaban parte LópezAmo, Fer150NUEVA REVISTA 12319511956: LAS EMPRESAS MODERNIZADORAS DE LAS MINORÍAS DIRIGENTESnández de la Mora, Vicente Marrero,Leopoldo Eulogio Palacios, LópezNo se puede crear una nueva socieIbor..., en torno al Departamento dedad sin el concurso libre de los homCulturas Modernas del CSIC, la revisbres y mujeres de esa sociedad.ta Arbory ayudados por PérezEmbid desde el Ateneo, la revista dedicha institución y el Ministerio de Información donde era director general. Este grupo asumió como referente al de Acción Española—Calvo seconsideraba discípulo de Eugenio Vegas— y tuvo la misma determinación que el conformado alrededor de RuizGiménez para dirigir y controlar desde el Estado la vida cultural española.Para Gonzalo Redondo, la diferencia entre presuntos «liberales» y «conservadores» se circunscribe a aspectos muy menores como la inclusión o node Unamuno y Ortega como referencias retóricas de la nueva tradición quese pretende configurar. Es decir, Ortega o Unamuno como excusa. Si estematiz es lo que les diferencia, lo que les separará será el afán de monopolizar y dirigir la vida cultural. Es decir, comparten la negación de cualquiervestigio de vida social libre, plural y autónoma a su autoencomendadalabor de minorías dirigentes. Para Gonzalo Redondo, las batallas intelectuales fueron riñas de familia sin trasfondo ideológico. Por esta razón las pugnas fueron en torno a premios, tribunales, cátedras o nombramientos y noa conceptos o a una diferente Weltanschauung.Todos los proyectos giraron en torno a la conciencia de constituir la solución católica a la modernidad. Ante esto no faltaron las iniciativas poractualizar el tradicionalismo, especialmente a través del intento de hacervivir la «cuestión social» como los que se recogieron en revistas como Incunable, El Ciervo, pastorales de obispos o instituciones apostólicas comola HOAC, JOAC, etc. El fracaso de esos intentos «renovadores» estuvo enque se limitaron a modernizar el detalle y no fueron capaces de aceptarla pluralidad cultural o la responsabilidad individual en la vida social.Ese intento modernizador a través del cambio de las estructuras dejando de lado a las personas hizo, en no pocas ocasiones, que se diese elpaso, sin solución de continuidad, de asumir y depositar afanes y esperanzas en otros colectivismos más actuales entonces como el marxista, manteniéndose inquebrantable el desprecio a la libertad individual.151JUNIO 2009PABLO HISPÁNSi estos intentos se formulaban desde el punto de vista cultural, desdeel punto de vista político la cuestión esencial para asegurar la supervivencia del régimen estaba centrada en la relación entre Franco y don Juan.Una relación que giraba, entre otros aspectos, alrededor de la educacióndel entonces príncipe don Juan Carlos. De ahí el papel esencial que jugóla minoría de los monárquicos.Ese doble ámbito político y cultural está profundamente interconectado ya que de lo que se trataba era de garantizar el futuro de la solucióntradicional. Esto es lo que late en las diferentes posiciones que adoptan losprotagonistas. Esos años centrales del siglo XXfue una época rica en iniciativas renovadoras en muy diferentes campos pero esterilizadas por unaWeltanschauungque las guiaba.Decía Ortega que la realidad, cuando se desprecia, se venga. Los estudios de sociología religiosa que comenzaron a desarrollarse fueron una primera llamada de atención sobre el sentido de una realidad que hasta entonces se creía incuestionable. Los sucesos de febrero de 1956, descritoscon detalle por el autor tanto en sus causas como protagonistas y desenlace, y que finalizaron con el cese de RuizGiménez y FernándezCuesta,pusieron fin a uno de los proyectos de configuración de la cultura de losespañoles. A partir de ese momento otros serían los encargados de hacerlo. De modo inmediato, y como en 1941, José Luis de Arrese.Aunque en principio pudiera pensarse que es una historia pesimista, yaque se abordan de un modo amplio y prolijo los afanes y empeños deunas propuestas fracasadas, en el fondo es una historia optimista. Al final,por muchas trabas, inconvenientes y errores, la libertad, poco a poco, seabre paso.El volumen de los libros —1.047 páginas este último— puede hacerpensar que el proyecto de Gonzalo Redondo es minucioso en exceso, nadamás lejos de la realidad. Para comprender por qué ha pasado lo que ha pasado no hay más remedio que respetar los hechos y para ello no hay máscamino que descender a los detalles. La historia a base de simplificacionesde brocha gorda puede ser más fácil, atractiva y militante, pero no sirve denada. La historia consiste en conocer qué han hecho los hombres con su libertad, sus decisiones y las consecuencias de sus acciones. Por esta razón,una labor esencial y complementaria que desarrolló Gonzalo Redondo152NUEVA REVISTA 12319511956: LAS EMPRESAS MODERNIZADORAS DE LAS MINORÍAS DIRIGENTESpara su tarea historiográfica fue la de recopilar más de un centenar de archivos personales que da a su proyecto un carácter inédito. Con ello no seexplica todo, pero sí más y mucho de esa época.No es una mera casualidad que el historiador británico Toni Judt, en suobra Pasado imperfecto, que aborda la conformación cultural de la Francia de la posguerra, entienda que 1956 es un punto de quiebra de la respuesta a la modernidad de los intelectuales franceses más representativos. Una respuesta que también, como en el caso español, es de caráctercolectivista, aunque en este caso comunista, crítica con la pluralidad sociale igualmente alejada de la realidad.Esa intuición de Judt de que Sartre y Malraux tienen más en común conDrieu de la Rochelle y Brasillach que con los intelectuales de hoy estátambién presente en la obra de Gonzalo Redondo. Por esta razón, por encima de mitos, justificaciones o lugares comunes, merece la pena conocerpor qué ha pasado lo que ha pasado. No por una falsa idea circular de lahistoria, sino para conocer cómo y por qué hemos llegado hasta aquí.153JUNIO 2009