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Gastar mejor en la universidad

Victor Torre de Silva

El autor considera de uno de los principales males de la universidad es que se gasta poco en ella. Se debe establecer un marco regulatorio razonable que no imponga costes poco justificados a las universidades privadas.

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Victor Torre de Silva, “Gastar mejor en la universidad,” accessed October 1, 2022, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/1826.

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Title

Gastar mejor en la universidad

Subject

El futuro de la universidad

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El autor considera de uno de los principales males de la universidad es que se gasta poco en ella. Se debe establecer un marco regulatorio razonable que no imponga costes poco justificados a las universidades privadas.

Creator

Victor Torre de Silva

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Nueva Revista 120 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

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Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

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es

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EL FUTURO DE LA UNIVERSIDAD Gastar mejor en la universidadVÍCTORTORREDESILVAPROFESORDEIELAWSCHOOLno de los argumentos más socorridos para explicar todos los malesde la universidad española es el del gasto. Gastamos poco en ella.UEn el fondo, todo se arreglaría, según esta interpretación, volcando másrecursos, públicos y privados, en la enseñanza universitaria.Desde luego, España podría dedicar más medios económicos a la1educación superior. Según los últimos datos de la OCDE,en 2005 elgasto en España por estudiante universitario fue de 10.089 dólares, algopor debajo de la media de la OCDE(11.512 dólares). De hecho, la primera línea de actuación de la «Estrategia Universidad 2015», en el programa presentado por la ministra ante el Congreso de los Diputados,2consistía en lograr «un sistema universitario mejor financiado». Sinembargo, si se analizan los datos con un poco más de profundidad, seaprecia que nuestro rendimiento para ese gasto —con todas las dificul3tades que tiene medirlo— es más bien pobre.Pese a todas las críticas que se han vertido contra nuestro sistemauniversitario, en muchas ocasiones justificadas, sigue siendo una referencia comparativa interesante el índice de las 200 mejores universida4des del mundo de The Times Higher Education Supplement, que se vienepublicando anualmente desde el año 2004. Como es sabido, sólo unauniversidad española se encuentra incluida en ese índice, la de Barcelona. En la edición de este año 2008 ocupa el puesto 186, empatada conla Universidad de Canterbury (Nueva Zelanda), y ha mejorado ochopuestos desde el año 2007.Francia según la OCDEtiene un gasto por estudiante universitario similar al español (10.995 dólares al año, frente a 10.089), también inferiorNUEVA REVISTA 120 · DICIEMBRE 2008[ 96]a la media de los países de esta organización internacional antes menIncluso si no aumenta el gastocionada. De hecho, las diferenciaspor estudiante universitario enentre España y Francia se inviertenEspaña, existe mucho margensi tomamos en consideración elpara mejorar la calidad de nuesgasto total acumulado por estudiantra educación superior.te a lo largo de la duración media desus estudios universitarios, porque enEspaña los estudiantes están másaños en la universidad: España gasta 47.015 dólares por estudiante, casi lamedia de la OCDE(47.159), mientras que Francia se sitúa por debajo de5esa media (44.202 dólares).Sin embargo, en el índice de las 200 mejores universidades delmundo se encuentran cuatro francesas, dos de ellas situadas entre las 35mejores (la École Normale Supérieure y la École Polytechnique, ambasde París). Irlanda también gasta aproximadamente lo mismo que Espa6ña por estudiante universitario al año (10.468 dólares), y pese a su pequeña población (en torno a 4.300.000 habitantes), incluye dos universidades entre las 200 mejores del mundo (el Trinity College, en elpuesto 49, y el University College, en el puesto 108, ambos centros ubicados en Dublín).Otra referencia internacional utilizada con frecuencia es el de laUniversidad Jiao Tong de Shangai. De acuerdo con el índice académi7co de universidades del mundo del año 2007, de nuevo sólo está presente una española, la de Barcelona, entre las 200 mejores del mundo8—en la última cincuentena—. Irlanda no incluye ninguna (el TrinityCollege pasa a la tercera centena), pero Francia sitúa cinco entre las9primeras doscientas.Si acudimos al informe sobre competitividad global del World Eco10nomic Forum 20082009, España tiene un índice de calidad del sistema educativo, excluyendo la educación primaria, de 3,81 puntos, inferior al de Francia (5,02 puntos) y desde luego al de Irlanda (5,61puntos). Dicho sea de paso, esto no ocurre en el índice de calidad delas escuelas de negocios, en las que España (5,94 puntos) casi iguala aNUEVA REVISTA 120 · DICIEMBRE 2008[ 97]Víctor Torre de SilvaFrancia (6,07 puntos), y supera a Irlanda (5,41 puntos) y a otros muchos11países, como Alemania y el Reino Unido.Sirvan las consideraciones anteriores para ilustrar que, incluso si noaumenta el gasto por estudiante universitario en España, existe muchomargen para mejorar la calidad de nuestra educación superior. Gastarmejor, y no necesariamente gastar más, puede ser la clave.En realidad, el aumento del gasto público universitario se convierte enuna auténtica utopía en el contexto actual de crisis económica. Las finanzas autonómicas, de las que depende el sostenimiento de la generalidad de las universidades públicas españolas, están sufriendo una dramática caída de ingresos. La menor recaudación de tributos ligados a laactividad económica en general, y a la inmobiliaria en particular, está empezando a provocar todo tipo de restricciones en el gasto. Esto ha llevado a alguna comunidad autónoma a aplicar incluso recortes inesperadosen las cantidades transferidas a sus universidades públicas. Abogar enestas circunstancias por un aumento en el gasto público educativo es pocomenos que ilusorio.Gastar mejor es una de las frases redondas con las que todos suelenestar de acuerdo. Las discrepancias empiezan cuando se entra en detalles.A la hora de analizar el gasto de las universidades españolas conviene diferenciar entre las públicas y las privadas, pues tienen una estructura de ingresos muy diferente. Las universidades públicas básicamenteviven de los fondos públicos. Según datos de la Conferencia de Recto12res de las Universidades Españolas, 47 de las 50 universidades públicas son presenciales de enseñanzas regladas. En ellas, el origen del79,73% de los fondos es público, el 19,26% privado y el 1% patrimonial. En cambio, las universidades privadas se financian muy mayorita13riamente con recursos privados.Comenzando por las universidaLASUNIVERSIDADESPRIVADASdes privadas, la mejora del gastoconstituye una decisión empresarial o institucional autónoma. Comoapenas compromete recursos públicos, ni puede ni debe ser impuestapor los poderes públicos. Las que no gasten mejor seguramente seránNUEVA REVISTA 120 · DICIEMBRE 2008[ 98]Gastar mejor en la Universidad expulsadas por otras competidoras,presentes o futuras, según una dináUn régimen de control públicomica propia del mercado.más flexible y más acorde con laNo obstante, corresponde a lasnaturaleza de la institución uniAdministraciones educativas estaversitaria favorecería que mejoblecer un marco regulatorio razonarase la eficacia de sus recursos yble, que no imponga costes pocosu rapidez en la respuesta a lasjustificados a las universidades priexigencias del mercado.vadas y les permita que efectivamente mejoren la eficacia de sus recursos. Sin embargo, las sucesivasnormas aprobadas desde 1983 para regir las universidades privadas de España adolecen de una desconfianza mayúscula hacia este tipo de instituciones y las someten a controles muy severos. Y esto es algo sorprendente cuando se trata de actividades que se deberían fomentar, por el servicio que sin duda prestan a la sociedad.14La Ley Orgánica de Reforma Universitaria de 1983 (la famosa LRU)impuso la obligatoriedad de que una universidad privada fuese reconoci15da nada menos que por una ley singular para que llegase a existir. Estaexigencia de una ley de reconocimiento se mantiene hasta nuestros días15en la Ley Orgánica de Universidades de 2001(y en su reforma de 2007).No es un asunto indiferente que se obligue, para abrir una universidad privada, a la tramitación de una ley. En primer lugar, se ha de afrontar un largo procedimiento, primero gubernamental hasta la formulación del proyecto de ley y luego parlamentario. Con frecuencia la sumade ambos no es cuestión de meses sino de años. Además, como las leyescontienen unas ciertas determinaciones para la universidad en cuestión, modificarlas exige una nueva ley, con la rigidez que ello conlleva.Lo peor, sin embargo, es que por esta vía se limitan drásticamente lasposibilidades de recurso jurisdiccional. En efecto, si el parlamento autonómico se niega a aprobar un proyecto de ley del gobierno correspondiente, es muy difícil que los tribunales le obliguen a ello. Y si loaprueba, la norma es irrecurrible ante la jurisdicción contenciosoadministrativa por su rango legal.NUEVA REVISTA 120 · DICIEMBRE 2008[ 99]Víctor Torre de SilvaExigir una ley de reconocimiento para una universidad privada supone un grado de control máximo por parte de los poderes públicos,insólito en el panorama de las distintas actividades empresariales. Laapertura de instalaciones, incluso muy peligrosas, puede requerir unaautorización administrativa previa, pero nunca (salvo en las universidades privadas) se necesita una ley. Centrales nucleares, industrias petroquímicas, fábricas de explosivos, presas hidráulicas y otras instalaciones que entrañan riesgos son miradas con menos recelos por lospoderes públicos que una universidad, a efectos de la apertura de unanueva instalación, en la medida en que en ninguno de estos casos seexige una ley singular de autorización.Por supuesto la ley de reconocimiento es sólo el inicio de un largocamino de estrechísimo control público sobre la universidad privada.Cuestiones como los estatutos de la universidad (y sus modificaciones),la creación, modificación o supresión de escuelas o facultades, la implantación y supresión de las enseñanzas cuya superación suponga un título oficial requiere aprobación administrativa previa. Otras muchasexigen comunicación previa, con posible denegación por parte de laAdministración... Por lo demás, en la medida en que el modelo universitario para muchas administraciones educativas es la universidad pública clásica, las autoridades con frecuencia miran con recelo la innovación y el ensayo de modelos distintos. Y todo esto para universidadesque no comprometen recursos públicos, y cuya autonomía reconoce laConstitución en su artículo 27.10.No ofrece duda que un régimen de control público más flexible ymás acorde con la naturaleza de la institución universitaria favoreceríaque mejorase la eficacia de sus recursos y su rapidez en la respuesta a lasexigencias del mercado. Contribuiría, pues, a que la universidad privada gastase mejor.Y de la universidad pública, ¿quéLASUNIVERSIDADESPÚBLICASdecir? Por de pronto, gastar mejorsupone gastar menos en organización, instalaciones e infraestructura ymás en otras partidas que tienen una relación directa con la calidad deNUEVA REVISTA 120 · DICIEMBRE 2008[ 100]Gastar mejor en la Universidadla actividad universitaria, como retribuciones de personal docente einvestigador, que permita atraer, incentivar y retener a los mejores, ofondos para proyectos y recursos de investigación. Con este fin, por supuesto, convendría evitar la presente dispersión de recursos en demasiadas universidades.17Cincuenta universidades públicas en el conjunto de Españaesprobablemente un número excesivo, cuyo mantenimiento detrae recursos de áreas relevantes. Es cierto que todas las ciudades españolasquieren contar con las mejores instalaciones y servicios públicos, incluyendo una estación de tren de alta velocidad, un aeropuerto, unhospital con todas las superespecialidades y, cómo no, una universidad. Sin embargo, no podemos pretender financiar una universidad encada ciudad española y, al mismo tiempo, aspirar a que su calidad docente e investigadora sea comparable a las mejores de Europa. Ymucho menos con la actual caída del alumnado, cifrada para los alumnos matriculados en el primer y segundo ciclo universitario en un188,6% en la última década.Gastar mejor en la universidad pública supone también gastar en explicar lo que se hace en materia investigadora. Y no sólo hacerlo paralos colegas investigadores nacionales o extranjeros, que probablementeya las siguen a través de publicaciones, congresos u otros medios —aunque en este campo también se puede mejorar—. Tampoco para la empresa, que constituye un campo complejo, en desarrollo, y a lo que sepresta creciente atención, a través de la Red OTRIy de diferentes iniciativas. Me refiero sobre todo a explicar lo que se hace al sector de lasfundaciones, españolas o no.Las organizaciones llamadas nonprofittienen una importancia enorme y pueden movilizar medios cuantiosos para apoyar a la investigación.Su posición, sin embargo, es muy distinta de la empresa interesada en desarrollar un tipo de tecnología o de avance científico, y sus vías de acceso también. No obstante, en ocasiones no se dedican recursos a presentar las actividades investigadoras que se están desarrollando a lasfundaciones más relevantes, cuando hacerlo podría suponer una rentabilísima actuación. Además, a diferencia de la industria, las fundacionesNUEVA REVISTA 120 · DICIEMBRE 2008[ 101]Víctor Torre de Silvapueden estar más inclinadas a financiar la llamada investigación fundamental, sin aplicación práctica inmediata. Ahora bien, para esto se requiere, por parte de los investigadores, una dedicación de tiempo, y porparte de las universidades una atribución de recursos para explicar losproyectos, en la forma y en el lenguaje adecuados, y a las entidades másindicadas dentro de este grupo de destinatarios.Gastar mejor en la universidad, tanto pública como privada, es unreto innegable de nuestra enseñanza superior. Miles de profesionalesestán dedicados a hacerlo realidad en el seno de cada institución. Sinembargo, ello tal vez exige la reconsideración de algunas decisiones básicas de nuestra estructura universitaria. Y también de su relación conla sociedad. Ojalá la crisis económica presente, al dificultar que se gastemás, sirva para afrontarlas.VÍCTORTORREDESILVANOTAS1Education at a Glance, 2008.216 de junio de 2008, texto en www.micinn.es.3En este sentido, The Economist. A special report on Spain, 11 de noviembre de 2008, p. 10.4Accesible en www.timeshighereducation.co.uk5Education at a Glance, 2008.6En realidad, de nuevo los estudiantes españoles están más años en la universidad que los irlandeses, y por eso el gasto total acumulado por estudiante a lo largo de la media de duración delos estudios universitarios, España (47.015 dólares) supera a Irlanda (33.916 dólares) (OCDE,Education at a Glance, 2008).7Accesible en www.arwu.org8La Ministra de Ciencia e Innovación, en el programa «Los desayunos de TVE» del pasado 3 deseptiembre de 2008, manifestó que «no nos podemos permitir en España no tener ninguna universidad dentro de las cien mejores de Europa, porque no nos lo merecemos» (www.rtve.es).9Por su parte, el rankingweb de universidades del mundo que publica el Laboratorio deCibermetría del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (www.webometrics.info)sólo sitúa una española entre las 200 mejores del mundo: la Complutense de Madrid en elpuesto 140.10www.gcr.weforum.orgNUEVA REVISTA 120 · DICIEMBRE 2008[ 102]Gastar mejor en la Universidad11Como recuerda The Economist, España tiene tres escuelas de negocios de importancia mundial(A special report on Spain, 11 de noviembre de 2008, p. 10). Las tres están entre las mejores delmundo, según los diversos rankingsde esta revista y del periódico Financial Times.12Crue, La Universidad española en cifras, 2008 (director: Juan Hernández Armenteros).13Según datos de la Universidad de Navarra, para el curso 20062007, sólo el 5% de los recursostuvieron origen en entidades públicas (Información económica, accesible en www.unav.es).14Ley Orgánica 111983, de 25 de agosto.15Artículo 58.1.16Ley Orgánica 62001, de 21 de diciembre.17Crue, La Universidad española en cifras, 2008.18Datos oficiales del Ministerio, Datos y cifras del sistema universitario. Curso 20062007, p. 5,accesible en www.micinn.es. La comparación es entre el curso académico 19951996 y el20052006.NUEVA REVISTA 120 · DICIEMBRE 2008[ 103]