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El futuro de la universidad ¿Gaudeamos igitur?

Jaime Nubiola

Tras la declaración de Bolonia se sentaron las bases para la construcción del EEES. Se van a hacer reformas en las universidades pare que Europa pueda mejorar su estatus en este entorno.

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Jaime Nubiola, “El futuro de la universidad ¿Gaudeamos igitur?,” accessed April 2, 2020, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/1827.

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El futuro de la universidad ¿Gaudeamos igitur?

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El futuro de la universidad

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Tras la declaración de Bolonia se sentaron las bases para la construcción del EEES. Se van a hacer reformas en las universidades pare que Europa pueda mejorar su estatus en este entorno.

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Jaime Nubiola

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Nueva Revista 120 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

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Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

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EL FUTUROJaime NubiolaDE LA UNIVERSIDAD¿Gaudeamos igitur?El 19 de junio de 1999 la Declaración de Bolonia sentó las bases parala construcción de un «Espacio Europeo de Educación Superior», organizado conforme a ciertos principios (calidad, movilidad, diversidad,competitividad) y orientado hacia la consecución, entre otros, de dosobjetivos estratégicos: el incremento del empleo en la Unión Europeay la conversión del Sistema Europeo de Formación Superior en un polode atracción para estudiantes y profesores de otras partes del mundo.Nuestros colaboradores Jaime Nubiola, Rafael Puyol, VíctorTorre de Silvay José Ramón Pin Arboledas, estrechamente vinculadosal ámbito universitario, tratan de analizar y acercar una realidad—con sus ventajas e inconvenientes— que transformará la universidad y con ello la formación de los futuros estudiantes.NUEVA REVISTA 120 · DICIEMBRE 2008[ 80]EL FUTURO DE LA UNIVERSIDADLa transformaciónde la universidad españolaJAIMENUBIOLAPROFESORDEFILOSOFÍAUNIVERSIDADDENAVARRAa universidad europea no goza en la actualidad de buena salud. Losestudios realizados en la última década y, sobre todo, los rankingsLtan en boga arrojan siempre el resultado de que cuarenta de las cincuenta mejores universidades del mundo se encuentran en América delNorte, mientras que la decena restante se reparten entre el ReinoUnido, Europa continental y Japón. De ordinario, en esas posicionesdestacadas no figuran ni una sola de las universidades francesas, italianas o españolas que tan importantes fueron para el desarrollo de la educación europea y de la ciencia en general. Por ejemplo, en el rankingdeShangai la Universidad de Bolonia, cuna de las universidades, se encuentra —como la Complutense o la Autónoma de Madrid— en la segunda división, esto es, en la franja de universidades entre la 200 y la300 del mundo.Este contraste entre las mejores universidades norteamericanas y lasmejores universidades europeas ha sido pudorosamente ocultado, tantopor los académicos como por los responsables europeos de la educacióny la investigación universitarias. Se trata, además, de un proceso relativamente reciente. En el siglo XIXla universidad alemana era la que atraíaa los mejores estudiantes norteamericanos para hacer estudios de postgrado y muchas universidades europeas brillaban con luz propia por suproducción científica. Hoy día con carácter general ya no es así: bastacon ver cómo los premios Nobel en ciencia y en economía van a pararcasi siempre a profesores de universidades norteamericanas.NUEVA REVISTA 120 · DICIEMBRE 2008[ 81]Jaime NubiolaEl traslado al otro lado del Atlántico de la excelencia académica seremonta a la derrota de Alemania en la primera guerra mundial y, sobretodo, a la importantísima transformación acaecida en la educación universitaria norteamericana tras la segunda guerra. A lo largo de los añoscincuenta y sesenta del pasado siglo se produjo en los Estados Unidosno sólo una expansión sin precedentes del sistema universitario, sinoque además sus mejores centros de enseñanza se convirtieron en centrosde investigación avanzada, dedicando muchísimos recursos a esa tareainvestigadora.A este lado del Atlántico, hemos sido lentos en darnos cuenta de esedespegue académico, y sólo ahora están advirtiéndose tímidos atisbospara intentar corregir ese lamentable retraso. En estos momentos, tratamos en Europa de —sin decirlo abiertamente— acercarnos al modelo universitario norteamericano empleando el atractivo argumento dela unificación del espacio europeo de enseñanza superior.A alguien familiarizado sóloLATRANSFORMACIÓNcon el sistema universitarioDELASLICENCIATURASESPAÑOLASeuropeo le lleva algún tiempo llegar a entender con cierta precisión el mundo universitario norteamericano que, considerado globalmente, tanto nos aventaja. Hay unadistinción clave que atraviesa toda la organización académica y es la diferencia entre los estudios de grado, los tres o cuatro años que ellos llaman de collegeo undergraduate studies, y los graduate studiesque nosotros hemos comenzado a llamar ahora estudios de postgrado y a los queaquí prestaré particular atención. Dicho globalmente puede afirmarseque en los Estados Unidos los estudios de grado son muy inferiores encalidad y exigencia a sus equivalentes españoles de licenciatura, mientras que los graduate studiesnorteamericanos son sensiblemente superiores en calidad y exigencia a nuestros postgrados: por eso los mejoresestudiantes españoles marchan a los Estados Unidos para hacer allí elmáster o el doctorado.Nos encontramos en estos momentos en toda Europa, y en particular en España, en medio de la reforma educativa que bajo el emblemáNUEVA REVISTA 120 · DICIEMBRE 2008[ 82]La transformación de la universidad españolatico nombre de Boloniapretendecrear un Espacio Europeo de EducaLa reforma de las licenciaturasción Superior (EEES), a la vez quepara ajustarlas al esquema denuestras universidades intentanBolonia significa la disminuciónaproximarse al modelo norteameritotal del número de horas decano. El proceso comenzó hace yaclase en el grado y, por consimás de una década con la introducguiente, la disminución del proción del sistema de créditos para lasfesorado, de su cualificaciónasignaturas y las carreras: un créditoequivalía a 10 horas de clase y seracadémica y de su retribuciónvía como unidad académica de refeglobal.rencia para la movilidad de los estudiantes, las tasas académicas y lasretribuciones de los profesores. Ahora la piedra angular de la reformaes una nueva definición del crédito. En lugar de medir las horas de clase,la nueva unidad de medida son las horas de trabajo del alumno. Un«crédito europeo» (también llamado ECTS= European Credit TransferSystem) equivale a 2530 horas de trabajo del estudiante, estimándoseque un curso académico equivale a 60 ECTS, esto es, a 1.5001.800 horasde trabajo del alumno por año, incluyendo clases, prácticas, estudio personal, tutorías, exámenes, etc.Sin duda, este cambio resulta muy interesante pues pone el foco dela enseñanza en el aprendizaje por parte del alumno en lugar de en lashoras de clase del profesor. Todos tenemos comprobado que, como enseñó John Dewey, la mejor manera de aprender las cosas es haciéndolas,sea en un entorno real o, para minimizar riesgos, en un entorno ficticiopreparado para el aprendizaje como puede ser un laboratorio, una biblioteca o la utilización del método del caso y la discusión en grupo. Devolver el protagonismo del aprendizaje al estudiante es el atractivo lemaque propugnan los defensores y promotores del proceso de reforma deBolonia.Personalmente, estoy del todo de acuerdo en esa reforma, pero pienso que hasta ahora se han ocultado sus consecuencias últimas. La reforma de las licenciaturas para ajustarlas al esquema de Bolonia significa laNUEVA REVISTA 120 · DICIEMBRE 2008[ 83]Jaime Nubioladisminución total del número de horas de clase en el grado y, por consiguiente, la disminución del profesorado, de su cualificación académica y de su retribución global. Nadie se atreve a decir esto, pero —almenos tal como veo yo las cosas— de lo que se trata es de igualar porabajo las enseñanzas de grado de las universidades europeas de formaque lleguen a tener unos contenidos y un nivel similar —realmentebajo— a los estudios norteamericanos conducentes al grado.Por supuesto, si quiere seguirse de cerca el modelo norteamericano,esto implica que las carreras más profesionales como Medicina, Derecho, Arquitectura o Ingeniería pasen a ser graduate studies, esto es, estudios a los que sólo puede accederse después de haber obtenido un bachelor of Artso deScience. El grado proporciona una formación básicarelativamente común y general a buena parte de los ciudadanos (piénsese que un 50% de los norteamericanos llega a la universidad), perouna vez obtenido el grado son sólo unos pocos los que van a especializarse adquiriendo una profesión universitaria, realizando unos caros yexclusivos estudios de postgrado. En su mayor parte quienes han obtenido el grado trabajarán después como dependientes de unos grandes almacenes o de un banco, o en tareas que no requieren una capacitaciónmás sofisticada que los cursos de especialización o perfeccionamientoque organizan las propias empresas o las entidades educativas dedicadas a las enseñanzas profesionales aplicadas.Mientras no se entienda que lo importante de la universidad norteamericana no son los años de college, sino los estudios de postgrado nose estará en condiciones de imitar el modelo norteamericano. Las dificultades para cambiar el modelo continental napoleónico que pone elénfasis en la licenciatura por el modelo angloamericano son muy grandes. Las universidades como instituciones multiseculares tienen unaenorme inercia, más aún cuando son entidades públicas tuteladas o administradas por el Estado. En este caso, sólo es posible la revolucióndesde arriba a golpe de real decreto por parte de los sucesivos equiposministeriales que tratan de conjugar la reforma europea con las oportunidades políticas y económicas nacionales. Esto es lo que se ha venidohaciendo en estos últimos años en nuestro país.NUEVA REVISTA 120 · DICIEMBRE 2008[ 84]La transformación de la universidad españolaLATRANSFORMACIÓNDELPOSTGRADOEl inicio de la reforma seencuentra en el Real Decreto 562005 por el que se regulaban los estudios universitarios oficiales de postgrado en España «para la consecución del objetivo trazado enlas Cumbres de Lisboa y Barcelona con la intención de lograr que lossistemas educativos europeos se conviertan en una referencia de calidadmundial para el año 2010».El cambio más decisivo que trajo esta nueva ordenación legal fue laintroducción en el sistema oficial universitario del título de Máster quehasta entonces no había tenido en España ningún reconocimiento porparte del Estado. Por poner un ejemplo, hasta esta nueva legislación eltítulo más prestigioso que expedía mi universidad, el MBA(«Master ofBusiness Administration») del IESEno tenía ningún reconocimientooficial a pesar de su formidable demanda social y de las considerablestasas que abonan sus alumnos. La nueva legislación ha corregido esagrave omisión y ahora regula con carácter general las condiciones quehan de llevar a la obtención de ese título oficial y confía a las propiasuniversidades su desarrollo pormenorizado.En estos tres años muchas universidades españolas han procedido adesplazar los antiguos cursos de doctorado a los nuevos estudios de máster y a adaptar los másters ya existentes a la nueva legislación. Esto seha hecho, sobre todo, en el caso de aquellas facultades y escuelas superiores que contaban con doctorados acreditados con la mención de calidad emitida por la Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad(ANECA), para la que hacía falta un claustro prestigioso de profesores yuna efectiva demanda social. «El principal acierto de esta nueva ordenación —me decía un experto en la gestión de los postgrados— es queobliga a cada facultad a replantearse su postgrado, para evitar la atomización y poder así focalizarse en unas áreas de investigación determinadas». Mientras los tradicionales cursos de doctorado podían darse conun número escaso de alumnos, no tiene sentido —más aún resulta inviable— un programa de estudios de máster sin un número sustancial deestudiantes, ya que esta modalidad de estudios requiere una amplia dedicación del profesorado y de los alumnos.NUEVA REVISTA 120 · DICIEMBRE 2008[ 85]Jaime NubiolaEn estos momentos, hay una notable incertidumbre acerca de cómovan a evolucionar los estudios de máster en nuestro país y de cómo vaa desenvolverse su efectiva demanda para llegar a su consolidación. Yaen el real decreto del año 2005 se preveían dos tipos muy distintos demáster que figuran también en la más reciente legislación de 2007: uno,el máster especializado —como el de las escuelas de negocios— quelleva a una preparación profesional en un campo determinado; otro,un máster dirigido a «promover la iniciación en tareas investigadoras».Es este segundo tipo de máster donde nos jugamos —al menos así melo parece a mí— el futuro de la excelencia investigadora de la universidad española. Son los estudiantes de estos másters de investigación losque accederán al doctorado en nuestras universidades o los que se marcharán, si obtienen las becas necesarias, a los Estados Unidos para proseguir allí sus estudios superiores.Indudablemente, la excelencia deELFUTURODELDOCTORADOuna universidad puede medirse demuy diversos modos, pero hasta ahora el indicador cuantitativo másacreditado internacionalmente para identificar la calidad de una universidad es el número y calidad de las publicaciones registradas en la Webof Knowledge, antiguamente desarrollada por el Institute of Scientific Information de Filadelfia, y en la actualidad propiedad del gigante de la comunicación científica Thomson Reuters. Un investigador vale de acuerdo con el número de sus publicaciones registradas en esa ingente basede datos y, sobre todo, por el número de veces que éstas han sido citadaspor sus colegas. De esta forma no sólo se mide la cantidad, sino tambiénel impacto efectivo de las investigaciones desarrolladas.Un dicho norteamericano afirma que los doctorandos son los bueyesde la investigación. Los estudiantes de doctorado con sus ilimitadashoras de trabajo dedicadas pacientemente a las tareas más tediosas de lainvestigación rutinaria en los laboratorios y en las bibliotecas, hacenposible a la larga los descubrimientos y los avances científicos de ciertaentidad. Es raro que una tesis doctoral tenga una importancia decisivapara la transformación de un área de investigación, pero casi siempreNUEVA REVISTA 120 · DICIEMBRE 2008[ 86]La transformación de la universidad españolaes decisiva para la transformaciónpersonal del investigador y para suNecesitamos un plan realmenpromoción profesional. En este sente ambicioso de cooperacióntido, un buen indicador para evacon las universidades de Latiluar a los investigadores maduros esnoamérica por el que miles deel número de tesis doctorales queestudiantes de postgrado dehan dirigido y un buen índice de laallí puedan incorporarse anualproducción científica de una unimente a nuestras universidaversidad es el número de tesis doctorales que anualmente en ella sedes y centros de investigación.defienden. La atracción de doctorandos es una señal infalible de unentorno científico prometedor.Llevar a cabo una tesis doctoral requiere de ordinario unos cuatroo cinco años de dedicación del doctorando, una excelente bibliotecaen el caso de las investigaciones de humanidades y los laboratoriosadecuados para los experimentos y los ensayos clínicos en el caso detesis científicas. Tanto el mantenimiento del doctorando como losgastos de la investigación a lo largo de los años son muy cuantiosos.Hasta el momento, no se han dado pasos realmente efectivos para elcambio del modelo económico de los estudios de doctorado en España más allá de la declaración voluntarista de que se piensa incrementar el número de becas y su cuantía.El potencial humano que nuestro país habría de aprovechar es el delprofesorado universitario de Latinoamérica deseoso de promocionarsehaciendo los estudios de doctorado que no pueden realizar en su paísde origen por falta de recursos económicos, de bibliotecas y de laboratorios. La Agencia Española de Cooperación Internacional y la Fundación Carolina tienen un programa de becas, pero el número de los becarios es realmente limitado si se aspira a que nuestro país «se conviertaen una referencia de calidad mundial para el año 2010» como dice elreal decreto. Necesitamos un plan realmente ambicioso de cooperacióncon las universidades de Latinoamérica por el que miles de estudiantesde postgrado de Latinoamérica puedan incorporarse anualmente aNUEVA REVISTA 120 · DICIEMBRE 2008[ 87]Jaime Nubiolanuestras universidades y centros de investigación para hacer aquí estudios de postgrado con el compromiso de regresar a su país tras la terminación de sus estudios y permanecer durante un número determinadode años en su universidad de origen de forma que puedan transmitir allílos conocimientos adquiridos en España.Como la reforma de Bolonia llevará a medio plazo a abaratar las enseñanzas de grado, los recursos económicos y personales que con estemotivo se liberarán deberían desplazarse decididamente a los estudiosde postgrado, a los másters de investigación —que en muchos camposno pueden ser cubiertos por el mercado— y, sobre todo, al doctorado.La nueva configuración del doctorado en España prevé un periodode formación equivalente a los estudios de máster y un periodo posterior de investigación dedicado a la tesis doctoral. Queda a criterio decada universidad el establecimiento de procedimientos y criterios de admisión, pero no parece preverse ningún tipo de prueba como los temidos qualifying examscon los que en las mejores universidades norteamericanas se selecciona a los estudiantes que pueden pasar al doctorado,después de haber cursado el máster durante dos años, de ordinario, muyexigentes.Los legisladores españoles parecen no saber que el periodo normalmente requerido para completar el doctorado en los Estados Unidos esde unos 7 ú 8 años con dedicación completa a la universidad o al centro de investigación en que se trabaje. En este tiempo se incluyen, porsupuesto, los dos años formativos del máster, y no puede pensarse queestos estudiantes de postgrado dependan económicamente de sus familias o puedan financiarse con otros trabajos. Se trata realmente de personal investigador en formación que, al término de sus estudios de postgrado, habrían de poder emplearse en España o en otro país en tareas deinvestigación avanzada y enseñanza superior.Sin duda la universidad española se encuentra en laCONCLUSIÓNencrucijada. A la proliferación de centros universitarios en las últimas décadas va a suceder muy probablemente un periodo de clarificación. No puede pretenderse que todas las universidaNUEVA REVISTA 120 · DICIEMBRE 2008[ 88]La transformación de la universidad españolades españolas por su actividad sean una research university, una universidad de primer rango tal como categoriza a las universidades norteamericanas la Carnegie Foundation. Piénsese que de las 4.400 universidades que hay en los Estados Unidos sólo dos centenares alcanzan eserango, que depende sobre todo del número y diversidad de las tesis doctorales y de los recursos económicos que cada universidad logra para financiar la investigación.No está lejos el momento en el que nos encontraremos en Españacon unas pocas —muy pocas— superuniversidades, equiparables a esasexcelentes universidades norteamericanas, mientras que la mayoría seasemejarán más bien a las universidades estatales de aquel país que tienen una importantísima función docente en el nivel de los estudios degrado, pero que —con honrosas excepciones en algunos centros en particular— son del todo irrelevantes para el desarrollo científico internacional.Es necesario que los responsables del sistema universitario y de la rednacional de investigación en nuestro país afronten con decisión estostemas si de verdad queremos transformar la universidad española. Latransformación radical del postgrado como motor de la investigación yla asignación masiva de recursos públicos y privados a esa finalidad abrirían efectivamente el camino para convertir a España, al menos a unascuantas de sus universidades o facultades, en centros de referencia internacional en investigación.JAIMENUBIOLANUEVA REVISTA 120 · DICIEMBRE 2008[ 89]