Nueva Revista 119 > Una lección de humildad para omniscientes

Una lección de humildad para omniscientes

Jesús Huerta de Soto

Tras el ciclo expansivo económico llega la crisis financiera y la consecuente recesión económica mundial.

File: una leccion.pdf

Archivos

Referencia

Jesús Huerta de Soto, “Una lección de humildad para omniscientes,” accessed May 23, 2019, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/1817.

Dublin Core

Title

Una lección de humildad para omniscientes

Subject

La crisis económica

Description

Tras el ciclo expansivo económico llega la crisis financiera y la consecuente recesión económica mundial.

Creator

Jesús Huerta de Soto

Source

Nueva Revista 119 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

Rights

Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

Format

document/pdf

Language

es

Type

text

Document Item Type Metadata

Text

TRAS EL EXCESO... LA RESACAUna lección de humildadparaomniscientesJESÚSHUERTADESOTOCATEDRÁTICODEECONOMÍAPOLÍTICAinalmente la grave crisis financiera y la consiguiente recesión económica mundial que veníamos anunciando desde hace años se estánFdesencadenando con toda virulencia. En efecto, como ya explicábamos en nuestros artículos titulados «El crashbursátil» y «¿Crisis financiera o recesión económica?» publicados respectivamente en los números de octubre de 1998 y en mayo de 2001 de Nueva Revista, laalocada política de expansión artificial del crédito consentida y orquestada por los bancos centrales (encabezados por la FEDnorteamericana)durante los últimos quince años no podía terminar de otra forma.El ciclo expansivo que ahora ha visto su fin se inicia a partir de quela economía norteamericana saliera de su última recesión en 1992 y laReserva Federal emprendiera una gran expansión artificial crediticia einversora que, en ningún momento, se vio soportada por un aumentoparalelo del ahorro voluntario de las economías domésticas. Durantemuchos años la masa monetaria en forma de billetes y depósitos (M3)ha crecido a un ritmo medio superior al 10% anual (lo que equivale aduplicar en cada periodo de 6 a 7 años el volumen total de dinero quecircula en el mundo). Esta grave inflación fiduciaria de los medios de pagose ha colocado en el mercado por el sistema bancario en forma de créditos de nueva creación concedidos a bajos tipos de interés. Esta manera de proceder ha impulsado, como es natural, una burbuja especulativa en forma de importante subida en los precios de los bienes de capital,NUEVA REVISTA 119 · OCTUBRE 2008[ 19]Jesús Huerta de Sotoactivos inmobiliarios y títulos representativos de los mismos que se intercambian en la bolsa de valores, cuyos índices crecieron de forma espectacular.Curiosamente, y al igual que ocurriera en los «felices» años previosa la Gran Depresión de 1929, el shockde crecimiento monetario no haimpactado de forma significativa al subconjunto de precios de bienes yservicios de consumo (aproximadamente tan sólo un tercio del total debienes). Y es que en la última década, al igual que en los años veinte delsiglo pasado, se ha experimentado un notable aumento de la productividad, resultado de la introducción masiva de nuevas tecnologías y deimportantes innovaciones empresariales que, en ausencia de la «borrachera monetaria y crediticia», habrían producido una saludable y continua reducción en el precio unitario de los bienes y servicios que consumen todos los ciudadanos. Además, la plena incorporación almercado globalizado de las economías china e india fue incrementando aún más la productividad real de bienes y servicios de consumo y decapital. Que no se haya producido esta sana «deflación» de precios enlos bienes de consumo, en una etapa de tan gran crecimiento de la productividad como la de los últimos años, es la principal prueba de que elproceso económico se ha visto muy perturbado por el shockmonetario.Desgraciadamente, la teoría económica (y el sentido común) nosenseña que la expansión crediticia artificial y la inflación fiduciaria noconstituyen un atajo que haga posible el desarrollo económico estable ysostenido, sin necesidad de incurrir en el sacrificio y en la disciplina quesupone toda tasa elevada de ahorro voluntario (que, por el contrario, enEstados Unidos y en Europa no sólo no ha crecido sino que incluso haexperimentado algunos años tasas negativas).Y es que las expansiones artificiales del crédito y del dinero siempreson, como mucho, «pan para hoy y hambre para mañana». En efecto,hoy no existe duda alguna sobre el carácter recesivo que, a la larga,siempre tiene el shockmonetario: el crédito de nueva creación (no ahorrado previamente por los ciudadanos) pone de entrada a disposición delos empresarios una capacidad adquisitiva que éstos gastan en proyectosde inversión desproporcionadamente ambiciosos (durante los últimosNUEVA REVISTA 119 · OCTUBRE 2008[ 20]Una lección de humildad para omniscientesaños especialmente en el sector deLa teoría económica nosla construcción y las promocionesenseña que la expansióninmobiliarias), es decir, como si elcrediticia artificial y laahorro de los ciudadanos hubierainflación fiduciaria noaumentado, cuando de hecho talconstituyen un atajo que hagacosa no ha sucedido.posible el desarrolloSe produce así una descoordinaeconómico estable y sostenido.ción generalizada en el sistema económico: la burbuja financiera («exuberancia irracional») afecta negativamente a la economía real y tarde otemprano el proceso se revierte en forma de una recesión económica enla que se inicia el doloroso y necesario reajuste que siempre exige la readaptación de toda la estructura productiva real que se ha visto distorsionada por la inflación.Los detonantes concretos que anuncian el paso de la euforia propiade la «borrachera» monetaria a la «resaca» recesiva son múltiples y pueden variar de un ciclo a otro. En las circunstancias actuales han actuado como detonantes más visibles la crisis de las denominadas hipotecassubprimeen Estados Unidos, la elevación del precio de las materias primas y especialmente del petróleo y, finalmente, la crisis de importantesinstituciones bancarias al descubrirse en el mercado que el valor de susactivos (préstamos concedidos) era inferior al de sus deudas.En las actuales circunstancias son muchas las voces interesadas quereclaman ulteriores reducciones en los tipos de interés y nuevas inyecciones monetarias que permitan al que quiera culminar sin pérdidas susinversiones en la medida de lo posible.Sin embargo, esta huida hacia adelante sólo lograría posponer temporalmente los problemas a costa de hacerlos luego mucho más graves.En efecto, la crisis ha llegado porque los beneficios de las empresas debienes de capital (especialmente en los sectores de construcción y promociones inmobiliarias) han desaparecido como resultado de los errores empresariales inducidos por el crédito barato, y porque los precios delos bienes de consumo han empezado a comportarse relativamentemenos mal que los de los bienes de capital.NUEVA REVISTA 119 · OCTUBRE 2008[ 21]Jesús Huerta de SotoA partir de este momento se inicia un doloroso e inevitable reajuste que, a los problemas de caída de la producción y aumento del desempleo, se está añadiendo un muy negativo aumento de los precios delos bienes de consumo (recesión inflacionaria).El análisis económico más riguroso y la interpretación más fría yponderada de los últimos acontecimientos económicos y financierosfuerzan la conclusión de que, al igual que sucedió con los fracasados intentos de planificar desde arriba la extinta economía soviética, es imposible que los Bancos Centrales (verdaderos órganos de planificacióncentral financiera) sean capaces de acertar en la política monetaria másconveniente para cada momento.O expresado de otra forma, el teorema de la imposibilidad económica del socialismo, descubierto por los economistas austriacos Ludwigvon Mises y Friedrich A. Hayek, según el cual es imposible organizareconómicamente la sociedad en base a mandatos coactivos emanadosde un órgano de planificación, dado que éste nunca puede llegar a hacerse con la información que necesita para dar un contenido coordinador a sus mandatos, es plenamente aplicable a los Bancos Centrales engeneral, y a la Reserva Federal (en su momento a Alan Greenspan y hoya Ben Bernanke): nada hay más peligroso que caer en «la fatal arrogancia» —en feliz expresión de Hayek— de creerse omnisciente o al menostan sabio y poderoso como para ser capaz de ajustar en cada momentola política monetaria más conveniente (fine tuning). De manera, que lomás probable es que la Reserva Federal y, en menor medida, el BancoCentral Europeo, más que suavizar los movimientos más agudos delciclo económico, hayan sido los principales responsables de su génesis yagravamiento.La disyuntiva para Ben Bernanke y su consejo en la Reserva Federaly para el resto de los Bancos Centrales (encabezados por el europeo)no es, por tanto, nada cómoda. Durante años han hecho dejadez de suresponsabilidad monetaria y ahora se encuentran en un callejón sin salida: o dejan que el proceso recesivo se inicie ya y con él un saludable ydoloroso reajuste; o huyen hacia adelante «dándole al borracho, que yasiente con toda su virulencia la resaca, más alcohol», con lo que las proNUEVA REVISTA 119 · OCTUBRE 2008[ 22]Una lección de humildad para omniscientesbabilidades de caer en un futuro noNada hay más peligroso quemuy lejano en una aún más gravecaer en «la fatal arrogancia»recesión inflacionaria aumentaríande creerse omnisciente o alexponencialmente (este fue precimenos tan sabio y poderososamente el error que se cometió trascomo para ser capaz deel crash bursátil de 1987, que nosajustar en cada momento lallevó a la inflación de finales de lospolítica monetaria másochenta y terminó en la grave recesión de 19901992).conveniente.Además, reiniciar a estas alturasuna política de crédito barato no puede sino dificultar la necesaria liquidación de las inversiones no rentables y la reconversión de las empresas, pudiendo incluso llegar a hacer que la recesión se prolongue indefinidamente. Esta situación ya se dio en la economía japonesa, quetras probar todas las intervenciones posibles, dejó de responder a estímulo alguno de expansión crediticia o de tipo keynesiano.En este contexto de «esquizofrenia financiera» hay que interpretarlos últimos «palos de ciego» dados por las autoridades monetarias (responsables de dos objetivos íntimamente contradictorios: por un ladocontrolar la inflación, y por otro inyectar toda la liquidez necesaria paraevitar la crisis del sistema financiero). Y así la FEDun día salva a AIG,Bear Stern y a Fannie Mae y Freddie Mac, para al siguiente dejar caer aLehman Brothers, bajo el pretexto más que justificado de «dar una lección» y no alimentar el moralhazardo «riesgo moral».La situación comparativa de las economías de la Unión Europea esalgo menos mala que la norteamericana (dejando ahora de lado el efecto expansivo de la política deliberada de depreciación del dólar, y las relativamente mayores rigideces europeas especialmente en el mercadolaboral, que tienden a hacer más duraderas y dolorosas las recesionesen nuestro continente). La política expansiva del Banco Central Europeo, aunque no exenta de graves errores, ha sido algo menos irresponsable que la de la Reserva Federal. Además, el cumplimiento de los criterios de convergencia supuso en su día un notable y saludable saneamiento de las principales economías europeas. Solamente algunosNUEVA REVISTA 119 · OCTUBRE 2008[ 23]países periféricos como Irlanda y, sobre todo, España, se vieron inmersos desde que iniciaron su proceso de convergencia en una importanteexpansión crediticia.El caso de nuestro país, España, es paradigmático. Nuestra economíaexperimentó un boomeconómico que, en parte, se debió a causas reales (reformas estructurales de liberalización emprendidas a partir de losgobiernos de José María Aznar); pero, en otra parte nada desdeñable, sevio alimentado por una expansión artificial del dinero y del crédito, quecrecieron a una tasa que casi triplicó la evolución de esas mismas magnitudes en Francia o Alemania.En gran medida, nuestros agentes económicos interpretaron la bajada de los tipos de interés, resultado del proceso de convergencia, enlos términos de relajación monetaria que han sido tradicionales ennuestro país: mayor disponibilidad de dinero fácil y peticiones masivasde créditos a los bancos españoles (sobre todo para financiar la especulación inmobiliaria), que éstos han satisfecho creándolo de la nada antela mirada impávida del Banco Central Europeo. Este último, ante lasubida de los precios, y fiel a su mandato, ha decidido mantener los tiposde interés a pesar de las dificultades de aquellos miembros de la UniónMonetaria que, como España, ahora descubren que gran parte de lo invertido en inmuebles fue un error y se ven abocados a una duradera ydolorosa reestructuración de su economía real.En estas circunstancias, la política más adecuada sería la de liberalizar la economía a todos los niveles (y en especial el mercado laboral)para permitir que los factores productivos (y en especial el factor trabajo) se reasignen rápidamente hacia los sectores rentables. Igualmente esimprescindible la reducción del gasto público y de los impuestos paraincrementar la renta disponible de los agentes económicos fuertemente endeudados que necesitan devolver sus préstamos cuanto antes. Esimprescindible un mercado laboral muy flexible y un sector públicomucho más austero. De ello dependerá que el mercado descubra cuanto antes cuáles son los verdaderos valores reales de los bienes de inversión producidos por error, creando las bases de una recuperación económica sana y sostenible.JESÚSHUERTADESOTONUEVA REVISTA 119 · OCTUBRE 2008[ 24]