Nueva Revista 121 > El invierno intelectual

El invierno intelectual

Gabriel de Pablo

Según el autor, la legislación del sistema educativo con visión al futuro. Los representantes públicos deben ser conscientes de que, en el tema de la educación, no se trata de generar votantes, sino ciudadanos libres.

File: El invierno.pdf

Archivos

Referencia

Gabriel de Pablo, “El invierno intelectual,” accessed March 20, 2019, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/1693.

Dublin Core

Title

El invierno intelectual

Subject

La educación como cuestión de estado.

Description

Según el autor, la legislación del sistema educativo con visión al futuro. Los representantes públicos deben ser conscientes de que, en el tema de la educación, no se trata de generar votantes, sino ciudadanos libres.

Creator

Gabriel de Pablo

Source

Nueva Revista 121 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

Rights

Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

Format

document/pdf

Language

es

Type

text

Document Item Type Metadata

Text

SOCIOLOGÍA FUTURAEl invierno intelectualGABRIELDEPABLOPERIODISTAYPROFESORDESOCIOLOGÍAEs difícil legislar acertadamente en materia de educación, porque cuando sepone en marcha un nuevo sistema educativo se hace pensando en los problemas de hoy, no en los problemas de mañana. Si ahora necesitamos unmayor nivel en matemáticas, por ejemplo, y cambiamos el sistema educativo para reforzar esa materia, no veremos los efectos de nuestra acción política hasta pasados veinte años, como mínimo. Supongo que es por esto porlo que nadie quiere ser ministro de Educación. En efecto, aunque es una cartera de gran responsabilidad, es muy poco vistosa. Hay pocas cosas que «inaugurar», pocas cintas que cortar y pocos aplausos que recibir, al menosen el lapso de una legislatura.Por este mismo motivo, también es complicado hacer previsiones acertadas en el terreno de la enseñanza. Al ser una política de tan largo plazo,cuyos efectos tardan mucho tiempo en manifestarse, no hay casi capacidadde maniobra ni de rectificación. Cuando se empiezan a ver los primeros resultados de una decisión errónea, ya se han intoxicado como mínimo tres generaciones de ciudadanos (es a esa edad más o menos cuando puede hacerse una valoración del nivel educativo global de un alumno). Y lo peor esque el responsable de la situación probablemente ya no está en la vida política y quizá está incluso durmiendo para siempre debajo de la tierra. La ausencia de un responsable inmediato hace que las decisiones en materia educativa se tomen ligeramente. Por eso es tan importante que la educación sea una cuestión de Estado, fruto de una decisión reflexiva, consensuada y161FEBRERO 2009prudente. Y no que sea, como pasa en España, una cuestión de partido. Hayque velar para que ninguna facción política intente arrimar el ascua a su sardina. Los representantes públicos deben ser conscientes de que, en el temade la educación, no se trata de generar votantes, sino ciudadanos libres, virtuosos y capaces de afrontar la realidad responsablemente cuando su tiempo llegue. Ello exige de nuestros políticos generosidad y altura de miras.Quizá por eso se haga esperar tanto una reforma seria del modo en que nosplanteamos la educación en España.Hoy existe la convicción general, compartida por la mayor parte de los ciudadanos españoles y aún más por aquellos que se dedican profesionalmentea la tarea de formar a nuestros hijos, de que la preparación de los españoleses deficiente, y cada vez más. Esto es bien visible desde hace tiempo en la universidad, que es en última instancia donde desembocan —supuestamente—los mejores y más selectos frutos de la escuela y del instituto. Los académicoscon más experiencia no dejan de lamentarse de la actual situación: «Si se mantuviera el mismo nivel que hace treinta años, no aprobaría ni un solo alumno». «Estoy harto de corregir exámenes plagados de faltas de ortografía». «Misalumnos son incapaces de elaborar un pensamiento por escrito, ¿pero qué lesenseñan en el colegio?». «A los jóvenes no les interesa nada de lo que les contamos, sólo quieren aprobar y sacarse un título». «Los alumnos sólo se implican con las prácticas, la teoría les parece superflua». Estas son algunas de lasquejas que se repiten con frecuencia entre los profesores universitarios. Peroeste análisis pesimista de la situación no se sustenta sólo en una sensaciónsubjetiva y opinable de los maestros, sino que viene avalada por datos comoOCDElos del Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos de la (el famoso informe PISA), que sitúa a España en la parte baja en el rankingde países, a una significativa distancia de las naciones industrializadas de laUnión Europea y del mundo occidental.También en la empresa se está empezando a percibir con cierta preocupación el bajo nivel educativo de los jóvenes españoles. En el mundo delperiodismo, por ejemplo, es cada vez más difícil encontrar un licenciado queno cometa una retahíla de faltas de ortografía o de errores sintácticos o162NUEVA REVISTA 121GABRIEL DE PABLOgramaticales. Pero no es sólo que padezcamos un grave déficit en cienciasAbandonados en los brazos sensuahumanas, sino que tampoco aguantales de la utilidad y el interés propio,mos la comparación en formaciónacomodados como estamos encientífica e incluso técnica con los paínuestro chaiselonguecontemporáses más avanzados y competitivos.neo, pensamos que las cosas van aMuchas y diversas voces reclaman,seguir siempre igual y dejamos de lupues, un cambio en el sistema educachar para que cambien.tivo. Y eso está muy bien, pero no podemos ser ingenuos. El problema noconsiste en el sistema educativo en sí, que al fin y al cabo es un mero contenedor, un camino o, como se dice ahora, un itinerario. Es una condición necesaria, pero no suficiente. Por sí solo, un buen sistema educativo no creaun buen alumno, aunque un mal sistema educativo sí puede destruirlo. Laclave está, con el permiso de Rodríguez Zapatero, en cambiar el «talante» denuestra enseñanza. Necesitamos recuperar el amor por el conocimiento.Sin embargo, parece que los aires no soplan por ahí. En el fárrago del debate político sobre educación que desde hace varios años sacude España sehan escuchado algunas perlas de los dos principales líderes políticos. Zapatero dijo aquello de «Más gimnasia y menos religión» durante la campañaelectoral de 2004. Rajoy, por su parte, pidió cuatro años después «Más inglés y nuevas tecnologías y menos Educación para la ciudadanía». Lo preocupante de ambas propuestas no es su divergencia (que no entraré a valorar), sino sus puntos en común. Curiosamente, ambas propuestas se dirigenhacia lo pragmático y rechazan implícitamente preguntarse por el porqué yel para qué de las cosas. El actual presidente del Gobierno cree que hayque cuidar más el cuerpo que el alma, mientras que el líder de la oposiciónapuesta decididamente por los saberes técnicos. Obviamente (y no lo escribo con ironía), la educación física es importante, y cada vez más en una sociedad sedentaria como la nuestra. Y sí, también es cierto que hemos dejado «para septiembre» los idiomas y la informática, aunque no es menos ciertoque esta tara la sufre más la generación de Rajoy o Zapatero que las nuevas163FEBRERO 2009EL INVIERNO INTELECTUALgeneraciones. Pero entonces, ¿se resume realmente así nuestro problemaeducativo: «más técnica y menos sabiduría, más cómoy menos para qué»? ¿Esésa la receta para solucionarlo?En realidad, nuestros líderes políticos no hacen más que recoger un pensamiento y una tendencia social que se ha generalizado. Eso no les disculpa, ya que su función no es la de complacer a las masas para ser elegidosuna y otra vez, sino guiar a la sociedad hacia nuestro viejo y desconocidoamigo «el bien común». Hoy nos hemos vuelto adoradores de un ídolo quese llama «utilidad», y a él lo sacrificamos todo. Naturalmente, el conocimiento y el uso de la técnica es necesario e importante. Pero la técnica, comoherramienta de un saber, no puede ser nunca un fin en sí mismo, sino unmedio. La técnica y la tecnología nos informan sobre cómo hacer mejor lascosas, de un modo más eficiente, más ordenado, más rápido. Pero no nosdicen qué debemos hacer, ni cuándo, ni por qué, ni para qué. Poner el acento en que hay que aprender inglés e informática (o incluso gimnasia, no serían) viene a significar que los españoles sabemos muy bien quiénes somos,de dónde venimos y a dónde vamos, pero necesitamos mejorar la aplicación de nuestros conocimientos. Es como decir que estamos trufados debrillantes ideas, pero no sabemos bien cómo ejecutarlas.Ciertamente, no me da esa sensación. Más bien pienso que estamos en elpelotón del desconcierto posmoderno, fascinados por el fabuloso despeguetecnológico de los últimos tiempos, al que nos hemos sumado a veces con exagerado entusiasmo, como si la técnica fuera la panacea de todos los males o lasolución a todos nuestros problemas. En cierto modo, hemos consagrado el sofisma (en sentido estricto) como configurador de nuestra vida. La nueva varade medir, el nuevo postulado de la ética personal y social, se resume al parecer en esta frase: «Si puede hacerse, debe hacerse». Pero si dejamos nuestro juicio en manos de lo útil, y no de lo verdadero o de lo justo, cualquier cosa esválida, mientras sea posible. Es de aquí, de nuestra admiración patológica porlo técnico, por lo útil, de donde procede el actual imperio del relativismo.La técnica por sí sola no nos hace más felices ni más capaces de resolverlas grandes cuestiones que salpican nuestro siglo. Además, abandonados en164NUEVA REVISTA 121GABRIEL DE PABLOlos brazos sensuales de la utilidad y elinterés propio, acomodados como esLos representantes públicos debenser conscientes de que, en el tematamos en nuestro chaiselongueconde la educación, no se trata de genetemporáneo, pensamos que las cosasrar votantes, sino ciudadanos libres,van a seguir siempre igual y dejamosvirtuosos y capaces de afrontar lade luchar para que cambien. No hayrealidad responsablemente cuandoideales sin verdad y las acciones alargo plazo son sistemáticamente desu tiempo llegue.sechadas, como enemigas de lo útil,que es por naturaleza cortoplacista.Estamos como aletargados, viendo morir a manos de la pereza todos aquellos valores que han hecho grande nuestra civilización occidental.La fascinación por la técnica que tan bien nos hace vivir tiene la culpa deque el mundo actual (y España también) sufra una desazonadora falta de ideas,un auténtico invierno intelectual. Aun mantenemos la inercia de lo que fuimos, pero no tenemos ni la más remota idea de lo que queremos ser. Estamostraicionando la herencia de esa gran corriente de pensamiento que nos hahecho disfrutar hoy de derechos, libertades, bienestar y conocimientos impensables hace apenas unas décadas. Esa traición es un signo de la arroganciacon la que vivimos. Creemos que nuestro mundo es el mejor posible y que notenemos nada que aprender de los pensadores de otras épocas. Por pura soberbia rechazamos las tradiciones de todo tipo, también por supuesto las intelectuales y científicas.Es un error. Precisamente ahora que dominamos las herramientas parahacer muchas cosas, necesitamos pararnos a pensar. Hoy más que nunca necesitamos intelectuales, eruditos que nos conecten con la tradición y con lahistoria; creadores de pensamiento que nos orienten hacia el futuro, hacia loque deberíamos ser. Porque tenemos una crisis de verdad. Porque es la verdad misma la que está en crisis. Nos jugamos el futuro de nuestra civilización occidental.El diagnóstico es pesismista, en efecto, pero la situación se puede revertir, porque el remedio está en nuestras manos. Ya hay una masa crítica que165FEBRERO 2009EL INVIERNO INTELECTUALhoy en día vagabundea en el descontento. Se oye decir que vamos demasiado rápido, que estamos huyendo hacia adelante, que nuestro estilo de vidaegoísta y consumista no es sostenible, que deberíamos hacer algo. Necesitamos líderes que movilicen a esa mayoría descontenta y apática. Necesitamosintelectuales que inspiren a nuestra sociedad, nos hagan despertar del cinismo en el que dormitamos y nos ayuden a recuperar el entusiasmo.Sociología ficción1960(aproximativo) Nace la primera generación de españoles que se haeducado bajo el nuevo paradigma social de la utilidad y la fascinaciónpor la técnica. Diversas y sucesivas reformas educativas consagran elnuevo modelo. El nivel educativo de la población general baja de manera constante.2025Se jubilan y se retiran de la vida pública los últimos ciudadanos (nacidos antes de 1960) que habían sido educados en los viejos paradigmas intelectuales. Los efectos de la falta general de ideas son en estemomento visibles y devastadores.2030(especulativo) Atendiendo por fin al descontento social generalizado,se promulga una nueva ley educativa de consenso que rescata el valorde la verdad y el compromiso frente a la utilidad y la apatía.2055(especulativo) Momento en que la primera generación de nuevos intelectuales se incorporan al mercado laboral y a la vida social activa.2080(especulativo) Momento en que las nuevas generaciones de intelectuales alcanzan cargos directivos. La humanidad occidental y la sociedad española están por fin de nuevo en disposición de buscar nuevas líneas de acción para la resolución de problemas.166NUEVA REVISTA 121GABRIEL DE PABLO