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El agua y la ciudad

Luis Erneta

De cómo el agua es un bien preciado y supone vida. La Revolución industrial y su influencia en éste medio de vida.

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Luis Erneta, “El agua y la ciudad,” accessed December 2, 2022, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/1664.

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El agua y la ciudad

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La transformación de un espacio común

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De cómo el agua es un bien preciado y supone vida. La Revolución industrial y su influencia en éste medio de vida.

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Luis Erneta

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Nueva Revista 118 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

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Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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LA TRANSFORMACIÓN DE UN ESPACIO COMÚNEl agua y la ciudadLUISERNETAESPECIALISTAENMEDIOAMBIENTEYAGRICULTURA«Lo que sabemos es una gota de agua; lo que ignoramos es el océano» Isaac Newton (16431727)Agua, ¿dónde vas? No quiero decirte nada.Riendo voy por el ríoYo..., ¡temblar! a las orillas del mar. ¿Qué deseo, qué no deseo,Mar, ¿adónde vas? por el río y por la mar? Río arriba voy buscando(Cuatro pájaros sin rumbofuente donde descansar. en el alto chopo están.) Chopo, y tú ¿qué harás? Federico García Lorca (18981936)a reciente exposición internacional de Zaragoza 2008 ha mostradode nuevo la especial relación entre el agua y la ciudad. El agua esLsin duda un factor limitante del desarrollo y supervivencia de una sociedad, es ante todo, el germen necesario para la vida y la razón de pesopara el establecimiento del hombre en el territorio, nexo de unión entrela naturaleza y el hábitat humano. Así lo recoge la Carta Europea delAgua, que en su primer punto afirma: «Sin agua no hay vida posible; esun bien preciado, indispensable a toda actividad del hombre». Por estemotivo, ríos y costas configuran la disposición de las ciudades, son losespacios habitados desde la Antigüedad, cuna de las grandes civilizaciones, además de un elemento transfronterizo y adimensional configurador de paisajes con una importante carga cultural y mediambiental.A lo largo de la historia los ríos han pasado de ser considerados unrecurso de carácter hídrico o energético, a ser concebidos como un bienNUEVA REVISTA 118 · JULIOSEPTIEMBRE 2008[ 104]en sí mismos, y por tanto parte del patrimonio natural y cultural del territorio y por extensión de la ciudad. Río y ciudad conforman una unión casi universal. El río es fuentede agua y alimentos, riega los cultivos y constituye una frontera natural de defensa del hábitat humano. Remansados, desecados, canalizados, trasvasados, soterrados, asíhasta un largo etcétera los ríos han sido domesticadosconforme avanzaba la tecnología de las sociedades que han colonizado sus riberas. Se hanconvertido en testigos mudos de las transformaciones producidas a lolargo de la historia urbana del país. La Revolución Industrial supuso un cambio significativo en la evolución de las funciones adquiridas por el espacio próximo a las aguas. Antes del desarrollo de la industrialización, el ámbito fluvial tenía unfuerte valor estratégico y un uso fundamentalmente agrícola y urbano. Elrío suponía un elemento defensivo, una muralla natural, un frente protector en constante movimiento. Por otro lado, el agua era empleadatanto en el consumo humano como en el sector primario. Marismas yhuertas, enriquecidas por periódicas crecidas, construían el pilar productivo fundamental de una sociedad con economías agrarias de subsistencia. Posteriormente, con la llegada de la Revolución Industrial, el agua, y laenergía cinética de ésta, comenzó a ser empleada de forma sistemáticacomo motor energético de la actividad productiva. Es entonces cuando losespacios fluviales fueron colonizados por el sector secundario, convirtiéndose en áreas productivas con la mayor vitalidad de la ciudad, donde seasentaron empresas papeleras, textiles, siderurgias, harineras o productorasde electricidad. El mayor exponente de dicha transformación son las áreasde interconexión entre los ríos y el litoral marítimo. Áreas urbanas conzonas portuarias y de ribera adquirían un valor estratégico fundamentalen la economía nacional. Un claro ejemplo de ello es la Ría de Bilbao.Si bien previamente las ciudades establecían un vínculo con sumedio natural, y desde la Antigüedad existían puertos, con la modernización de la era infraestructural esta relación cambió radicalmente engrado y forma, ya que se perfilaban técnicas que otorgaban a las sociedades una progresiva capacidad transformadora sobre el entorno. LaNUEVA REVISTA 118 · JULIOSEPTIEMBRE 2008[ 105]Luis Ernetaconstrucción de redes ferroviarias yLa Revolución Industrialpuertos —de infinita mayor capacisupuso un cambiodad y eficiencia operativa— conecsignificativo en la evolucióntó territorios lejanos con la ciudad,de las funciones adquiridasno sin un alto coste medioambienpor el espacio próximo a lastal. La actividad intensiva produjoaguas. altos niveles de contaminación quedegradaron de forma significativa lacalidad de las aguas, así como de losvaliosos ecosistemas asentados en el contacto entre tierra y agua. Ríosycostas se convirtieron en áreas industriales insalubres, siendo ésta unadelas posibles razones que explican el cierto grado de rechazo, si noindiferen cia, que en el pasado la ciudadanía mostraba hacia su patrimonio hídrico.La etapa posindustrial, marcada por la internacionalización y globalización de la actividad productiva, la especialización y la tecnificación,provocó la disminución de la necesidad de mano de obra en los paísesoccidentales, así como el cierre y deslocalización de grandes espacios fabriles del país.Con el abandono —no sin grandes conflictos sindicales y laborales—de estas actividades industriales obsoletas y poco competitivas, se da comienzo a un proceso de expansión del sector servicios. Es entonces cuando reconversión, renovación y reestructuración tratan de encaminar todoun conjunto de transformaciones urbanas, que antes de llegar a España yafueron experimentadas en países como Reino Unido o Estados Unidos.Estos procesos de transformación han sido descritos como «operaciones de cirugía sectorial y espacial» que, aunque costosas, «posibilitan lainserción de la ciudad en la creciente competencia interurbana e interregional», como un «proceso de adaptación urbana a las exigencias de laciudad de nuestro tiempo» (Ferreret al., 1992: 241). Una transformacióndirigida encaminada a la búsqueda de nuevas alternativas productivas.Es entonces cuando se produce una terciarización del espacio urbano y una especialización en el sector industrial encaminado al desarrollo de áreas de tecnológicas de investigación. Sin embargo, pese a queNUEVA REVISTA 118 · JULIOSEPTIEMBRE 2008[ 106]El agua y la ciudadel río deja de ser un elemento de repercusión local, resultado de ser elorigen energético directo de actividades próximas a su cauce, la ejecución de grandes obras hidráulicas lo transformará en una importantefuente energética a disposición de un ámbito territorial regional. No obstante, esta reutilización del espacio puede considerarse, a diferencia de la etapa anterior, gradual y multifactorial. En cierto modo,desaparece el desarrollo de espacios con una función monoespecífica yse buscan áreas polifuncionales en las que la complementariedad de actividades permita una sostenibilidad estratégica. Por este motivo, nosólo se emplearán para dotar a la ciudad de áreas activas desde el puntode vista económico sino que también aparecen espacios residenciales ydotacionales con una clara vocación lúdica. Museos, teatros, palacios decongresos y parques tratan de atender las demandas culturales de unaciudadanía necesitada de nuevos espacios públicos. La reutilización de esos espacios industriales y su empleo en el sector servicios ha permitido una vuelta al diálogo entre la ciudad y elagua. Se ha producido una puesta en valor del río y de la costa, en dosde sus dimensiones fundamentales. Por un lado, la medioambiental, através de la implantación generalizada de centros de tratamiento deaguas residuales y el desarrollo de planes de revitalización y recuperación ecológica de los cauces fluviales y litorales. Ejemplo de ello son losplanes de recuperación de ríos tan degradados como el Manzanares o elLlobregat. Y por otro lado, la históricoartística, mediante la tutela, restauracióny reutilización de bienes inmuebles que constituyen un valioso patrimonio industrial que indudablemente narran parte de nuestra historia contemporánea. A este respecto encontramos innumerables ejemplos, comoel bello puente colgante de Bizkaia sobre la ría de Bilbao, o el Plan Director de Reforma y Restauración de las Atarazanas, en el área portuaria Barcelonesa que ha dado lugar al actual Museo Marítimo de la ciudadcondal. La mejor referencia al respecto es una modalidad de transformaciónurbana muy extendida en los últimos treinta años y acuñada a finales delos años ochenta en Europa y Norteamérica con el nombre de waterfrontsNUEVA REVISTA 118 · JULIOSEPTIEMBRE 2008[ 109]Luis ErnetaLa ría del Nervión a su paso por Bilbao (Fuente. Departamento de Geografía y Ordenación del Territorio.Universidad de Navarra).(Perkins, 1986; Lever, 1991; Mc Crone, 1991; Bruttonesso, 1993), proyectos planificadores en busca de una evolución positiva de las viejasestructuras de contacto entre las instalaciones portuarias degradadas—bien de riberas fluviales o costeras— y las áreas urbanas residenciales(Goodman, 1999; Marshall, 2001).La transformación de la ría del Nervión ha supuesto toda una revolución para el área metropolitana de Bilbao. Icono, imagen y función sehan combinado sabiamente para desarrollar las potencialidades de unaciudad para el futuro. Su objetivo es tratar de integrar nuevamente estas áreas, en recesión, alespacio público del ciudadano. Un conjunto de actividades que van másallá de la simple reestructuración fisonómica de la ciudad y que constituyen, o debieran constituir, una verdadera conversión funcional del área. NUEVA REVISTA 118 · JULIOSEPTIEMBRE 2008[ 110]El agua y la ciudadEl soterramiento de la ronda litoral a su paso por Barcelona con motivo de la reordenación urbanística de las Olimpiadas de 1992 o el ambicioso plan que se está llevando a cabo en la M30 de Madrid, tienenpor objeto el establecimiento de un nuevo marco de comunicaciónentre la ciudad y el agua. Este último plan tiene por objeto reinvertirde nuevo la posición del río respecto al eje de circunvalación. Para elloamplios tramos del río Manzanares canalizados y enterrados bajo el asfalto están siendo sacados a la luz, a la par del desarrollo de amplios jardines. Sin duda, se trata un curioso ejemplo de la profunda transformación sociológica desarrollada en nuestro país resultado de la granvariación que ha sufrido en los últimos treinta años la concepción de lasvías de comunicación y los cauces fluviales por el urbanismo metropolitano. Mientras que hasta casi la mitad de la década de los ochenta,los grandes nudos de transporte eran reflejo del desarrollo y bonanza delpaís, durante los últimos diez años del sigloXX, la concienciación internacional ante los riesgos ambientales de la expansión urbanísticaprodujo que estas infraestructuras comenzaran a ser vistas como un focode contaminación y de riesgos tanto para la salud humana como parael equilibrio natural de los ecosistemas. Madrid se encuentra en la actualidad en plena renovación. El espacio urbano ocupado por el anillo de comunicación de la M30 está siendo transformado en un cinturón verde en el que se apuesta de formaclara por el desarrollo de nuevos espacios públicos ajardinados junto allecho, ahora accesible, del río Manzanares.Sin embargo, es preciso indicar que la recuperación de las riberas fluviales y litorales ha tenido, y tiene, sus luces y sombras. En ocasiones dichos espacios han sido tratados como un elemento urbano más, olvidando el carácter natural de los cauces y sus entornos. El esteticismoimperante en nuestra sociedad y una concepción hedonista del territorio ha llevado en muchas ocasiones a ajardinarlas riberas, eliminado elcarácter renovador y protector de estos sensibles ecosistemas. No obstante, el desarrollo de espacios públicos donde toda la ciudadanía puede disfrutar por igual es sin duda alguna un ejercicio que permite fomentar la cohesión social.NUEVA REVISTA 118 · JULIOSEPTIEMBRE 2008[ 111]Luis ErnetaPorque no hay que olvidar queEl desarrollo de espaciosla ciudad es el sedimento de una sopúblicos donde toda laciedad estructurada, es un conceptociudadanía puede disfrutarpropiamente humano. En palabraspor igual es sin duda algunade Ortega y Gasett, «la ciudad es unun ejercicio que permiteensayo de secesión que hace elfomentar la cohesión social.hombre para vivir fuera y frente alcosmos, tomando de él sólo porciones selectasy acotadas» (2004:408); se basa, por tanto, en su contraposición con la na turaleza, «unacreación abstracta y artificial del hombre». Destaca también su definición en relación a la ciudad mediterránea de «plazuela, ágora, lugar deconversación, la disputa, la elocuencia, la política» (2004: 537). Pese a todo, en los últimos años parece que la ciudad ha perdidoen cierto grado su valor como lugar de convivencia y de comunicacióninterpersonal, parece que ha perdido parte de esa referencialidad especial para sus habitantes (Ferrer, 2003), de ahí nace quizás esa necesidad de crear iconos urbanos, hitos singulares que sirvan de seña ymarca distintiva de polo de atracción de la ciudadanía.Hay quienes van más allá y argumentan que son los avances técnicos y las nuevas formas de movilidad y de transporte de las sociedadestecnológicas los que han favorecido la creación de una nueva realidadurbana como centro de producción, distribución y consumo de mercancías técnicas y culturales. La ciudad ya no es un quehacer diario para sushabitantes, sino un producto, ha pasado a ser un centro de consumo. Elciudadano se convierte de esta forma en pasajero de su propia ciudad,ésta es una realidad simbólica ligada a lo visual donde apenas existe eljuego natural entre el que percibe y el entorno percibido (Vadillo, 2005). El hombre en este proceso ha perdido el verdadero espacio de comunicación en pro de nuevas áreas comerciales, destinadas a un mal entendido sentido del ocio y en su mayoría desplazadas fuera de la ciudadcomo resultado de la importación de modelos urbanos anglosajones. Elciudadano ha perdido el espacio inespecífico destinado a la conversación sin intención mercantilísta. NUEVA REVISTA 118 · JULIOSEPTIEMBRE 2008[ 112]El agua y la ciudadMadrid se encuentra en la actualidad en plena renovación. El espacio urbano ocupado por elanillo de comunicación de la M30 está siendo transformado en un cinturón verde en el quese apuesta de forma clara por el desarrollo de nuevos espacios públicos ajardinados junto al(Fuente: Imágenes aéreas oblicuas de la Nasa disponibles a tralecho, ahora accesible, del río Manzanares.vésde Virtual Earth. Microsoft. http:maps.live.com [fecha de consulta: 02072008]Por este motivo, estos nuevos espacios públicos próximos al río y a lacosta, grandes espacios públicos junto al agua, son áreas abiertas al ciudadano que han podido y pueden suponer las nuevas ágoras. Los nuevosnexos de unión del ciudadano, donde puede conversar, reflexionar al«aire libre» sin que ello implique un consumo, sino únicamente un disfrute gratuito del espacio urbano. El desarrollo espacios públicos, como los parques y jardines pueden,por tanto, considerarse una medida estructural, una matriz que posibilita una mejora en la cohesión social. No obstante hay que recordar que la ciudad es un fenómeno vivo yen constante cambio; si se quiere, una obra infinita que en el día a díaes modificada en alguno de sus múltiples componentes, por lo que la ciudad de hoy nunca será la misma que la ciudad del mañana. Por este motivo, la creciente diversidad cultural fruto de la globalización así como laNUEVA REVISTA 118 · JULIOSEPTIEMBRE 2008[ 113]integración ambiental de las antiguas riberas fluviales y costeras no dejande suponer un nuevo reto para del papel de la planificación y gestión dela ciudad del futuro, en la que a buen seguro los espacios públicos entodas sus condiciones pueden constituir la clave de un desarrollo soste?nible desde el punto de vista social, cultural y medioambiental.LUISERNETAREFERENCIASBIBLIOGRÁFICASBruttonesso,R. (1993),Waterfronts. A new frontier for cities on Water,International CentreCities on Water, Venecia. Ferrer, M.(2003), Los centros históricos en España. 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