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Memoria de Monseñor Gilbey

Joaquín Torrente García de la Mata

Debido al fallecimiento de Monseñor Alfred Gilbey se traza el perfil de la personalidad de este sacerdote católico.

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Joaquín Torrente García de la Mata, “Memoria de Monseñor Gilbey,” accessed April 22, 2019, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/1330.

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Memoria de Monseñor Gilbey

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Debido al fallecimiento de Monseñor Alfred Gilbey se traza el perfil de la personalidad de este sacerdote católico.

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Joaquín Torrente García de la Mata

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Nueva Revista 062 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

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Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

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Memoria de Monseñor Gilbey JOAQUÍN TORRENTE GARCÍA DE LA MATA Hace apenas un año, el 26 de marzo de 1998, fallecía en Londres Monseñor Alfred Gilbey. Las necrológicas de la prensa británica coincidieron en señalar la extraordinaria personalidad de este sacerdote católico, del que el autor traza un atractivo perfil. res placeres que el Travellers Club ILBEY HABÍA NACIDO en Harlow de Londres ofrecía, además de su el 13 de julio de 1901 —un día Gbiblioteca y su bodega, era la presendespués del aniversario de la batalla cia de ese sacerdote hispano inglés, del Boyne, y un día antes del de la aficionado al oporto rojizo. La vista toma de la Bastilla, fechas poco grade su sombrero negro en el Hall del tas para él—, y era el menor de siete Club era tan reconfortante como la hermanos. de los soldados a la puerta de Saint Las necrológicas aparecidas en la Jamess Palace, y probaba que los prensa inglesa fueron unánimes en viejos principios hereditarios y de la consideración del eclesiástico jerarquía todavía tenían defensores. fallecido. Para The Times, con él Su padre era un próspero comerdesaparecía el último sacerdote ciante de vinos de Oporto y Jerez, hijo católico de su género, embajador del del fundador de la ginebra Gilbey, y pasado, uno de los últimos eduardiapropietario de viñedos en el Médoc, nos. Según este periódico, Gilbey que se convirtió a la fe de Roma para defendía sus creencias con tal concasarse con la jerezana María Victoria vicción, que de él emanaba una de Ysasi. Las conexiones familiares serenidad grande y magnética, que con la familia Vaux, protagonista de atraía poderosamente a muchos de heroicas páginas de la historia del los que vivimos en está época inciercatolicismo en Inglaterra, y la lectura ta. Piers Paul Read, en The Guarde la obra de un novelista hoy olvidadian, lo describía como hombre de do, el sacerdote Robert Hugh Bengran santidad y encanto personal. Y son, predispusieron al joven Alfred a Michael Gove, también en The la vida clerical. Su padre quiso que Times, recordó que uno de los mayoantes conociera bien el mundo, a lo Brentwood, fue nombrado capellán que Gilbey accedió encantado. Por de los estudiantes católicos de Cameso, después de estudiar con los jesuíbridge en 1932, y con sus propios tas de Beaumont, viajó por Europa medios convirtió una antigua posada, alojándose en los mejores hoteles, Fisher House, en una acogedora casa, pasó cuatro años en Cambridge, la amueblada con el gusto y el estilo de ciudad que amó con preferencia a los tradicionales clubs, y pronto célecualquier otra, y allí, en Trinity Collebre por su espléndida bodega y su ge, se graduó en Historia. cocina. Gilbey permaneció en Cambridge como capellán hasta 1965, año en que se le obligó a renunciar por su ROMA, CAMBRIDGE resistencia a fusionar la capellanía de estudiantes varones —que para él Alfred Gilbey completó en el Beda debía conservar el aire tradicional, College de Roma sus estudios eclesemimonástico de los Colegios unisiásticos. Alumno de los jesuítas, versitarios—con la femenina. pensaba que la vida de los sacerdotes seculares, como la de los religiosos, De aquí data la leyenda, acaso siempre dependiente de una parroinjusta, de su misoginia. Como el quia o de las exigencias de una Cardenal Manning, Gilbey consiOrden, no le dejaría libertad ni deraba el feminismo nocivo para la tiempo para desarrollar sus talentos sociedad y vejatorio para la mujer. particulares. Cuando supo que En una entrevista publicada en The Robert Hugh Benson nunca tuvo a Spectatoren 1991, Monseñor Gilbey su cargo parroquia alguna, y que hacía ver a John Mortimer, quien pudo así dedicarse a su vocación, la encontraba difícil conciliar el culto literatura, Alfred Gilbey decidió a la Virgen con la situación de la seguir sus pasos, y fue ordenado mujer en los países católicos, que sacerdote en 1929 bajo su propio «una madre en España es una persopatrimonio, fórmula entonces perna de una importancia extraordinamitida por el Derecho Canónico. ria». Y en uno de los textos favoritos No quería, como Benson, dedicarse de Gilbey, Chesterton comparaba el a las letras, pero intuía —cuenta su difícil cometido de la mujer en la amigo David Watkin— que sus familia, encargada de finanzas, edudotes hallarían el cauce adecuado cación, intendencia, higiene, moral fuera de la vida parroquial. y medicina, con la especialización, infinitamente más sencilla del traDespués de un breve periodo de bajo del marido. tiempo como secretario del obispo de padre la afición a la heráldica, el Al dejar Cambridge, Monseñor amor a la caza, el gusto por el buen Gilbey se encontró sin casa. Pronto vino, y el respeto a la tradición y la encontró acomodo en el Travellers jerarquía. Y de su madre española Club de Londres, donde tenía su recibió, aparte de la fe y su aire, que habitación y un minúsculo oratorio los ingleses describían como quijoprivado. Era un figura habitual en tesco, la firmeza de carácter. Pall Malí. Hasta 1990, abandonaba el Club muy temprano para dirigirse en autobús al Brompton Oratory, LA REALIDAD Y EL MITO donde, por privilegio especial, celebraba misa según el rito tridentino a No era un excéntrico, aunque su apalas siete y media de la mañana. riencia y actitudes, propios de otra Aquel año, uno de sus amigos puso época, pudieran dar lugar a pensar lo un coche a su disposición para ese contrario, ni un esnob, aunque se primer desplazamiento. moviera con soltura en los ambientes más encopetados. Siempre tuvo, para La aparición de Monseñor Gilbey los que se acercaban a Fisher House, —muchas veces descrito como el católicos o indiferentes, abiertas la sacerdote mejor vestido de Inglatecasa y la botella de oporto. En su rra— en el autobús 14, con su levita, anecdotario resulta a veces difícil su sombrero y sus guantes, como proseparar la realidad del mito. Aquilino cedente de una novela de Evelyn Duque cuenta en Grandes Faenas —y Waugh, decía The Times, debía de en este caso la historia es cierta— que producir una impresión indeleble Monseñor no consumía otra sangre entre los pasajeros. Monseñor Gilde Cristo que la que le llegaba de Jerez bey, que utilizaba a menudo chistera, en botas de roble americano. pasaba, según se decía, una hora vistiéndose y arreglándose. Pero, según Cultivaba la ironía y apreciaba la ese mismo diario, su elegancia era paradoja, como puede comprobar más un reflejo de su amor al orden y a cualquiera que se acerque a su Comla tradición que una cuestión de monplace Book. Gilbey, que renunvanidad personal. La familia Gilbey ció a la caza de zorro desde su ordevivía de acuerdo con un estilo de vida nación —aunque hasta cumplidos hoy aniquilado por las doctrinas polílos noventa años siguió cazando con ticas y sociales en vigor, y el joven perros— dedica a esta actividad dos Alfred conoció esa douceur de vivre fragmentos. El primero, un pregón característica de la Inglaterra eduardel año 1851, es un panegírico de la diana desde su niñez. Heredó de su caza del zorro como único deporte capaz de reunir, en pie de igualdad, más rotunda, clara y elegante exposial duque y al deshollinador. En el ción de las verdades esenciales de la segundo, escrito por Hilaire Belloc, fe católica, tal como se acostumbraba una hija pregunta a su madre cuánto a enseñarlas hasta que se impusieron cuesta cazar zorros. «Nada, querida las nuevas modas pastorales. —contesta la madre—. Puede venir Monseñor Gilbey, anclado en los todo el que quiera siempre que tenga valores de un mundo en trance de dos o tres caballos, hombres que los extinción, sufrió en silencio los camcuiden y nada que hacer durante la bios que para la Iglesia supuso el Consemana. Por eso cerca de las grandes cilio Vaticano II. Si para él fue dolociudades cada vez se congrega más roso dejar Cambridge, también lo fue gente en las partidas, tanto que no se el cierre del señorial colegio de Beaucómo se las van a arreglar». mont, en el que había estudiado. La decisión fue adoptada arbitraria y uniMonseñor Gilbey, retirado de la lateralmente por el jesuita canadienvida académica, desempeñó su minisse Gordon George, con el pretexto de terio sacerdotal entre sus amigos. que pronto habría escasez de recursos Hombre de mundo, inteligente y senhumanos. Gilbey, que acababa de sible, de trato exquisito, lleno de amadejar Cambridge, se ofreció como bilidad y bondad, afable y ameno conrector de Beaumont con idea de versador —pese a lo difícil que era atenderlo con sacerdotes seculares y oírle y entenderle, por el volumen de profesores laicos, pero su propuesta su voz y la velocidad a la que hablafue rechazada. El Colegio se habría ba—, era poco dado a escribir. Por ello, salvado, pero Gordon George no su amigo Paul Foster, sacerdote domitenía otro designio que el de cerrar un nico, amenazaba siempre con dedicarcolegio privado, tradicional y, en su le un libro que habría de titularse La opinión, elitista. El sentido de la obevida y ¡a carta de Monseñor Gilbey. diencia de Gilbey le ayudó a seguir Afortunadamente, uno de sus siendo, pese a lo mucho que le dolían alumnos tuvo la ocurrencia de grabar este tipo de actitudes en la jerarquía, uno de sus cursos en Cambridge, y sus un hijo fiel de la Iglesia. amigos Adrian Mathias, William Guy y Christopher Monckton se encargaron de editarlo. La obra, tituCONTRA EL IGUALITARISMO lada We believe, inicialmente apareció como anónima, pero no tardó en Algunas opiniones de Monseñor conocerse la identidad del autor. Gilbey, aunque irreprochablemente Veinte años después sigue siendo la ortodoxas y no exentas de sentido común, pueden resultar sorprenen otras cosas al resto de los hombres dentes en este mundo tan impregnaes irrelevante. do de igualitarismo. Merece la pena Es evidente que los hombres no por ello transcribir alguna de sus son iguales ni en los talentos que Dios páginas. «Es importante —dice— les ha dado, ni en las circunstancias ver qué queremos decir cuando en que los ha traído al mundo. No hablamos de justicia, porque en el tenemos la misma proporción de lenguaje popular suele equipararse dotes y de taras. Nuestra caja de al igualitarismo: la superstición tan herramientas es única. Y si nuestras extendida de que los hombres son o circunstancias interiores son excepdeben ser iguales en su estatus social cionales para cada uno de nosotros, o económico, o en sus oportunidalas circunstancias exteriores en que des. No hay base alguna en el pensanos desenvolvemos también lo son. miento cristiano, en la moral o en la De aquí se sigue que cada homvida práctica para mantener que la bre ha recibido una vocación de igualdad es un concepto cristiano. Dios, para la que está dotado de los No sólo no es un concepto cristiano, medios necesarios, y que sólo él sino que muy a menudo supone su puede cumplir. El único sentido en negación. En el lenguaje común se el que puede decirse que su vida es sugiere que la dignidad del hombre un éxito o un fracaso es en la medida estriba en que es igual a otros homen que lleva a buen fin o no esa bres, y que, si no lo es, es porque convocación que Dios le ha dado. tra él se ha cometido una injusticia. Así, la superstición tan extendida Esto implica la negación del conde que todos somos iguales ante Dios cepto cristiano de que la dignidad de es contraria a toda la filosofía cristiacada individuo deriva, no de su relana de la vida. La igualdad no existe en ción con otras personas o con la la creación: no sólo cada hombre es sociedad, sino del hecho de que Dios único en sentido absoluto, también Todopoderoso ha decidido traerlo a las hojas de los árboles, las piedras de él, a un individuo concreto y singula costa o los granos de arena de la lar, a la existencia, y mantenerlo playa son diferentes unos de otros. vivo. Lo que hace de cada hombre Decir que el cristianismo está a favor algo tan valioso e importante es que de la desigualdad es tan insensato es la creación individual y única de como afirmar que el cristianismo está Dios. Allí reside su dignidad. A difea favor de la ley de la gravedad. El crisrencia del resto de la creación no es tianismo acepta lo que existe. Y todo un medio, sino un fin. Que sea igual intento de modificar la naturaleza de las cosas conduce a sufrimientos comprende cinco secciones: pensamayores que los que pretende. Es miento político, Cambridge, la mesa pecar contra la verdad». y la bodega, caza y jerarquía social. Monseñor Gilbey nunca entenEl libro comienza con el célebre dió la hostilidad que estos puntos de discurso de Ulises en el primer acto vista suscitaban. Para él era evidente de Troilo y Crésida: «When degree que diferentes grupos de personas is shaked, which is the ladder to all debían desempeñar diferentes papedesigns, then enterprise is sick» les, sin que por eso fueran inferiores a («Cuando se quebranta la jerarquía, otros. David Watkin, catedrático de escala de todos los grandes desigHistoria de la Arquitectura en Camnios, toda empresa padece»). bridge, y uno de sus amigos, dice que Siguen fragmentos entresacados de Alfred Gilbey solía observar con iroobras de Chesterton, Dickens, nía cómo los responsables de aquella Hilaire Belloc, George Santayana Universidad, institución privilegia—favorecido con dos citas—, y de da donde las haya, aceptaban sin disotros autores hoy ignorados; se trata cusión el dogma liberal de que todos de una selección aparentemente tenemos derecho inalienable a un heterogénea, pero que en su conjunpedazo de pastel igual al de los demás, to constituye un homenaje a una sin tener en cuenta la jerarquía de sociedad cuyo valor básico era el valores que había hecho posible la mérito, y no la igualdad. elaboración del susodicho pastel. En esta época que Evelyn Waugh Cuando cumplió noventa años, llamó the age of the common man, su amiga Glenys Roberts, impresioAlfred Gilbey, a resguardo en el Tranada por su amor a la vida y la facilivellers Club, tuvo el arte y la satisfacdad con que recordaba ideas, frases y ción de cultivar, hasta el último de sus páginas enteras de libros leídos tiemdías, un estilo de vida que se extingue po atrás, pensó en recopilar esos fragcon su muerte. Pero como ha dicho mentos. El resultado fue The comDavid Watkin, el poder y la poesía de monplace book of Monsignor Gilbey, la palabra pueden liberarnos de la libro que resume una filosofía ajena al camisa de fuerza del igualitarismo mundo de hoy, pero de la que él derimoderno, y traernos al recuerdo el vaba su felicidad. El lema del libro, y encanto y la nostalgia de un mundo para muchos el título que debiera asentado en otros valores, un mundo haber portado, es el de «keeping the que creía, como gustaba de repetir jungle at bay», esto es, «mantengaGilbey en su chapurreado español, mos la barbarie a raya», y la antología que «es la persona que cuenta». 0«