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Religión y voto en la España de los noventa

Eugenio Nasarre

De cómo la conducta religiosa de las generaciones que viven en España, influirá en el futuro de los electorados. Un ejemplo de ello es lo sucedido al PP en las últimas elecciones.

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Eugenio Nasarre, “Religión y voto en la España de los noventa,” accessed July 1, 2022, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/775.

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Religión y voto en la España de los noventa

Subject

Política y sociedad

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De cómo la conducta religiosa de las generaciones que viven en España, influirá en el futuro de los electorados. Un ejemplo de ello es lo sucedido al PP en las últimas elecciones.

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Eugenio Nasarre

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Nueva Revista 041 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

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Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

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RELIGIÓN Y VOTO EN LA ESPAÑA DE LOS NOVENTA Eugenio Nasarre La diferente conducta religiosa de las generaciones que viven en España inevitablemente tendrá consecuencias en el futuro peso del factor religioso en los electorados. Lo sucedido respecto al pp en las últimas elecciones va indudablemente en esa dirección. on motivo de la publicación del libro Estadísticas de la Iglesia Católica en España 1995 (Edice, Madrid, 1995), elaboraCdo por la Oficina de Estadística y Sociología de la Iglesia, diversos medios de comunicación destacaron la noticia, aparentemente sorprendente, de que el llamado voto católico aparece en los años 90 mucho más repartido entre las distintas opciones políticas, lo que rompe con la tópica visión de las dos Españas (una España católica y de derechas y otra anticlerical y de izquierdas). En concreto, el dato que los medios de comunicación subrayaron fue que en las elecciones de 1993 las últimas elecciones generales celebradas en España un tercio de los votantes socialistas eran católicos practicantes, mientras que la mitad de los votantes del partido popular eran, asimismo, católicos practicantes. El examen de estas dos cifras revela, en efecto, que el voto de los católicos se presenta mucho más dividido de lo que cualquier observador de la realidad española podía imaginar. Pero resulta todavía más sorprendente la evolución de ese voto a lo largo del periodo 19771993. Como muestra el siguiente cuadro, el voto católico en favor del PSOE aumenta y da un salto relevante en las elecciones de 1993, mientras que se produce el fenómeno inverso respecto del Partido Popular. El cuadro 1 es suficientemente elocuente y provoca, desde el punto de vista político, una cierta perplejidad. ¿Qué explicación puede NUEVA REVISTA N° 41 OctubreNoviembre 1995 CUADRO 1 COMPOSICIÓN RELIGIOSA DE LOS ELECTORADOS DEL PSOE Y PP (19771993) Elaboración propia, a partir de Estadísticas de la Iglesia Católica en España, OESI, Madrid, 1995, pág. 182. darse al hecho de que con la política religiosa de los gobiernos socialistas, que ha provocado permanentes tensiones con la jerarquía católica (aborto, educación religiosa, libertad de enseñanza, asignación tributaria, tratamiento de los asuntos religiosos en los medios de comunicación de titularidad estatal), el electorado católico del PSOE se haya mantenido constante a lo largo de los años ochenta e incluso se haya incrementado relativamente en las elecciones de 1993? Si la política socialista hacia el mundo católico hubiera sido de mano tendida, hubiera favorecido valores caros a la comunidad cristiana y hubiera satisfecho ciertas pretensiones de la institución eclesial en el marco de los Acuerdos IglesiaEstado, el fenómeno hubiera tenido una explicación lógica. Pero, ciertamente, la realidad no ha sido así. Las relaciones Gobiernojerarquía se han caracterizado en este periodo por una permanente tensión, aunque nunca se haya llegado a una situación de ruptura. No es objeto de estas líneas hacer un análisis de esas relaciones y de la actitud del Partido socialista hacia el fenómeno religioso y el catolicismo en particular, pero sumariamente se puede afirmar que Gobierno y Partido socialistas han mantenido una política de hostilidad hacia la presencia en el espacio público del catolicismo, procurando la disminución de su relevancia social. Por otra parte, ¿cómo se puede interpretar el descenso de los católicos practicantes en el electorado del Partido Popular? ¿Es un signo de que se puede dar por superada la vieja identificación de derechacatolicismo en España? ¿Ha influido en ello la propia evolución del Partido Popular? ¿Qué papel desempeña el factor religioso en las actitudes y opciones políticas de los españoles? La respuesta a tales preguntas no puede ser sumaria. Estamos en presencia de uno de los elementos que muestra el profundo cambio operado en la sociedad española. En todo caso, la presente nota pretende esbozar algunas líneas de respuesta. Los católicos en la España de hoy La primera dificultad consiste en la delimitación del mundo católico en la España de los años 90. González Blasco se ha referido al pluralismo como una de las notas caracterizadoras del panorama católico español y ha distinguido hasta siete tipos de catolicismo en nuestra sociedad (nacionalcatolicismo, catolicismo difuso, catolicismo expectante, catolicismo light, catolicismo sincrético, catolicismo de fieles, catolicismo militante). Esta tipología nos revela que nos encontramos ante un universo complejo, lo que hace extraordinariamente problemático la identificación como única categoría, en el plano sociológico, de lo católico. Los españoles siguen en su inmensa mayoría autocalificándose como católicos. Diversas encuestas coinciden en que en torno al 8790% de españoles se declaran católicos, si bien en algunas regiones CUADRO 94 BAUTISMOS EN ESPAÑA DURANTE LOS ÚLTIMOS AÑOS Años Nacimientos Bautismos % 1989 408.434 370.298 90 1990 401.425 342.130 85 1991 386.016 327.918 85 1992 390.272 328.723 84 1993 380.564 314.662 83 CUADRO 3 MATRIMONIOS ECLESIÁSTICOS EN ESPAÑA DURANTE LOS ÚLTIMOS AÑOS Años Matrimonios totales Matrimonios eclesiásticos % 1989 221.470 173.309 78 1990 220.533 165.065 75 1991 218.121 157.742 72 1992 217.512 160.507 74 148.578 76 1993 196.304 CUADRO 4 PRIMERAS COMUNIONES EN ESPAÑA DURANTE LOS ÚLTIMOS AÑOS Años Primeras comuniones % Niños de 8 años 533.008 368.556 69 1989 515.706 360.596 1990 70 1991 485.352 346.316 71 1992 473.281 347.198 73 1993 456.298 311.051 68 Fuente: Elaboración propia a partir de datos del ¡NE y de la OESI2. esta autocalificación empieza a disminuir significativamente. En Cataluña declaran pertenecer a la religión católica el 80% y en el País Vasco más Navarra el 73%. Este primer amplio círculo de católicos es el que se puede denominar católicos nominales o católicos de registro civil (para utilizar la expresión de Giuseppe Lazzati). Comprende desde los católicos militantes, los católicos practicantes hasta quienes no se han planteado un abandono de la religión católica y por motivaciones diversas (no romper con tradiciones, seguir los usos mayoritarios de una sociedad, una débil y difusa religiosidad, la influencia familiar) prefieren no romper sus vínculos más básicos con la religión católica. La correspondencia entre esta autodeclaración de católicos y la práctica de los tres sacramentos más arraigados en la sociedad española (bautismo, matrimonio y primera comunión) resulta notable, como se muestra en los cuadros 2, 3 y 4. De este amplio círculo de católicos, que podemos cifrar entre dos tercios y cuatro quintos de la sociedad española, la sociología religiosa maneja una distinción que, a nuestros efectos, resulta operativa: la que diferencia entre los católicos practicantes y los no (o poco) practicantes. El círculo de los católicos practicantes es mucho más restringido: representa en España en torno al 30% de la población adulta, es decir algo menos de la mitad del círculo anterior. Las encuestas nos muestran que este segmento ha permanecido estable en el último decenio (31% en 1983; 30% en 1993), tras un espectacular descenso que se produce en la década de los setenta, como se pone de manifiesto en el cuadro 5. Como se verá más adelante, es previsible que este segmento sufra un nuevo descenso en los próximos años. Ahora bien, ese 30% de católicos practicantes, cuya medición sociológica se hace en función de la habitual asistencia a la misa dominical, no se distribuye de manera homogenea entre la población española. Aparte de apreciables diferencias regionales en las que no es posible entrar aquí, la gran fractura se produce en razón de la edad. Los católicos practicantes se concentran fundamentalmente en la población superior a los 45 años de edad. (Cuadro 6). Estos datos coinciden básicamente con los que se dispone sobre asistencia a misa por edades. (Cuadro 7) CUADRO 5 EVOLUCIÓN DE LA RELIGIOSIDAD DECLARADA EN ESPAÑA (19701993) 1970 1976 1979 1983 1993 Católico practicante 64% 56% 37% 31% 30% Católico no practicante o poco practicante 32% 36% 48% 47% 54% Indiferente, agnóstico, ateo 3% 7% 14% 20% 15% Fuentes: FOESSA V, Madrid, 1994, pág. 755. Estos cuadros nos muestran con gran claridad la ruptura generacional que en materia religiosa se ha planteado en la sociedad española, lo que constituye un dato relevante tanto para la comprensión en su conjunto de nuestra sociedad como del mundo católico. Entre CUADRO 6 CONDUCTA RELIGIOSA DE TRES GENERACIONES EN 1993 Católicos Católicos no practicantes Indiferentes practicantes o poco practicantes ateos Jóvenes (18 a 25 años) 15% 58% 31% Maduros (26 a 45 años) 18% 61% 20% Mayores (más de 45 años) 47% 46% 7% Fuente: FOESSA V, ob. cit., pág. 756. CUADRO 7 ASISTENCIA A MISA EN ESPAÑA POR EDADES (1993) Población 1821 2225 2635 3645 4560 +60 años Total % % % % % % % Todos los domingos o más veces 23,0 13,0 9,6 9,1 14,5 31,1 43,8 La mayor parte de los domingos 11,2 8,5 7,2 7,6 12,2 14,7 13,2 Grandes fiestas 19,1 17,6 16,4 21,2 21,7 19,4 16,3 Nunca o casi nunca 45,3 58,3 65,1 61,0 49,8 32,8 25.8 Fuente: OESI, Madrid, 1995, pág. 180. los menores de 45 años la práctica religiosa se ha convertido en un fenómeno minoritario, que podemos situar entre el 15 al 20% de la población. Incluso en familias de gran tradición católica y con una intensa práctica religiosa ha llegado este fenómeno. Se ha dicho y creo que responde a la realidad que más de la mitad de las familias en las que la generación de los abuelos tienen una práctica religiosa habitual, los nietos han pasado a formar parte del amplio círculo de los católicos no o poco practicantes. Estamos en presencia, pues, de una mayoría de españoles (un 54 % en 1993) que forman ese mundo del catolicismo difuso, con diferentes variantes, que se caracteriza por la ausencia de la práctica religiosa como una necesidad vital, por una relativización de los dogmas, por una escasa identificación con la comunidad eclesial, por una tenue incidencia de los valores y preceptos cristianos en su moral, por un débil peso de las orientaciones moralreligiosas de sus pastores, que dejan de ser referencias relevantes en sus vidas. Queda probablemente un poso de cultura cristiana, una titubeante apertura a la dimensión religiosa, una actitud que no quiere romper definitivamente con unas raíces e incuso una híbrida aceptación a participar en manifestaciones religiosas populares, cuya significación en la España de hoy es uno de los fenómenos más difíciles de calificar en el ámbito de la sociología religiosa. En todo caso, en este segmento del catolicismo difuso todos los datos coinciden en señalar que la influencia del factor religioso en los comportamientos y actitudes sociopolíticas es sumamente escasa. La Iglesia apenas influye porque sencillamente no tiene ocasiones ni cauces para hacer llegar su voz. Roto el contacto directo y habitual, porque esos católicos han dejado de ser fieles en el sentido estricto, el mensaje de los pastores les llega indirectamente, a través de los grandes medios de comunicación, excesivamente fragmentario y desprovisto de contexto religioso sin el que un mensaje de esta índole queda desnaturalizado, y, por lo tanto, resulta reconocible. La pérdida de posiciones de la Iglesia en el espacio público hace muy difícil la captación de los mensajes religiosos y de su sentido a quienes no tienen una relación directa con el conjunto de las estructuras eclesiales. En una sociedad secularizada, en efecto, el influjo de la Iglesia se centra fundamentalmente en los católicos practicantes, que como hemos visto anteriormente representan en la actualidad en torno al 30% de la población española. Los cambios de la composición religiosa de los electorados del PSOE y del PP en las elecciones de 1993 Circunscribiéndonos, por lo tanto, a la incidencia religiosa del voto en el electorado compuesto por los católicos practicantes, veíamos en el cuadro 1 cómo en 1993 se produjo un importante ascenso relativo del voto socialista en ese segmento de población. Desde 1979 el voto socialista se había mantenido relativamente estable en torno al 2425% del electorado católico. Hay diversos estudios que revelan que desde los años setenta una parte del catolicismo español (incluso de su clero) se sintió atraída por la opción socialista, por considerar que respondía mejor a los ideales de solidaridad y de justicia social. La paradoja es que este significativo soporte electoral no varió como hemos apuntado la actitud del Partido socialista hacia el fenómeno religioso. Pero es en 1993 cuando se produce un salto de 8 puntos, llegando a representar el electorado católico casi un tercio del electorado total socialista. La explicación de esta significativa variación no es otra que la profunda transformación que en los años 90 se produce en la composición sociodemográfica del electorado socialista. El voto socialista deja de ser dominante en el electorado masculino, joven, urbano e ilustrado, como lo fue en las primeras elecciones de la democracia, y pasa a ser un voto mayoritariamente femenino, rural y claramente envejecido. Respecto a la edad el cambio ha sido espectacular. Si en 1982 los votantes con más de 45 años representaban el 38% del electorado socialista, en 1993 alcanzaron el 53%. Y más aún, los votantes socialistas con más de 65 años constituían en 1982 el 9% del electorado socialista, mientras que en 1993 constituyeron el 25% de dicho electorado. Por el contrario, los votantes socialistas menores de 35 años eran el 42% del electorado del PSOE en 1982 y descendieron al 30% en 1993.3 Este nuevo perfil sociodemográfico del electorado socialista ha vuelto a repetirse en las elecciones locales del 28 de mayo de 1995. En ellas el PSOE ha conservado su carácter de partido rural, superando al pp en las poblaciones con menos de 50.000 habitantes, mientras que la diferencia en favor del pp en las poblaciones que superan esa cifra fue de 10 puntos. (38,7% para el PP; 28,9% para el PSOE). En resumen, es en los ámbitos de población con más índice de práctica religiosa (la España rural y de edad superior a los 45 años) donde el PSOE ha mantenido una fuerte implantación electoral en los dos últimos comicios de 1993 y 1995. Como alguien gráficamente ha dicho, el mensaje socialista sobre las pensiones es la clave explicativa del fenómeno. Si el partido socialista pierde en el futuro ese electorado, es previsible un notable descenso del voto católico al PSOE. Por el contrario, la composición religiosa del electorado del PP que se produce en las elecciones de 1993 nos parece que tiene un carácter más estructural. Los católicos practicantes han pasado a ser la mitad del electorado del Partido Popular. Y ello responde perfectamente a la nueva fisonomía sociodemográfica de su electorado. La España del futuro próximo está mejor retratada en el electorado del Partido Popular de 1993 y 1995, sobre todo porque su composición en cuanto a edad se ajusta a la actual pirámide de población. La diferente conducta religiosa de las generaciones que viven en España inevitablemente tendrá consecuencias en el futuro peso del factor religioso en los electorados. Lo sucedido respecto al PP en las últimas elecciones va indudablemente en esa dirección. • 1. Andrés Orizo, F., Los nuevos valores de los españoles, Fundación Santa María, Madrid, 1991, págs. 12021. 2. Se ha optado por poner en relación primeras comuniones con niños de 8 años por ser ésta la edad en que se hacen con mayor frecuencia. 3. Los datos están tomados del trabajo El regreso de la política, de José I. Wert, José J. Toharia, Rafael López Pintor, Claves, n°34, 1993, págs. 32 y ss.