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Iberoamérica, perspectivas de la libertad

Alfonso López Perona

Sobre la situación de Iberoamérica en relación con la denominada "postguerra fría". De cómo el favorecimiento de la demanda interna y la manipulación del tipo de cambio, expulsó los productos iberoamericanos del mercado internacional, en un momento en que los países de la cuenca del Pacífico seguían una estrategia radicalmente distinta.

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Alfonso López Perona, “Iberoamérica, perspectivas de la libertad,” accessed December 9, 2022, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/581.

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Iberoamérica, perspectivas de la libertad

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Panorama

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Sobre la situación de Iberoamérica en relación con la denominada "postguerra fría". De cómo el favorecimiento de la demanda interna y la manipulación del tipo de cambio, expulsó los productos iberoamericanos del mercado internacional, en un momento en que los países de la cuenca del Pacífico seguían una estrategia radicalmente distinta.

Creator

Alfonso López Perona

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Nueva Revista 032 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

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Tras las dictaduras y la deuda : beroamérica: Perspectivas de a libertad Por Alfonso López Perona ace unas semanas hemos conmemorado el cuarto aniversario de la caída del muro de Berlín, momento inicial de una nueva era a la que se ha denominado la postguerra fría. Muchas son las mutaciones sobrevenidas en esta gran conHvulsión. Unas, han transtornado las fronteras y los sistemas políticos imperantes hasta el momento. Otras, a veces coincidentes con las anteriores, han generado una dinámica de aproximación globalizadora que descansa en las energías desatadas del mercado. Todas ellas se dicen inspiradas por el espíritu de la libertad. Precisamente para analizar esos cambios y su repercusión en América Latina, se celebró recientemente en Benidorm un seminario al que han concurrido intelectuales tan prestigiosos como Mario Vargas Llosa, Jorge Edwards o Plinio Apuleyo Mendoza, entre los del continente americano, o JeanFrancois Revel, Dalmacio Negro o Federico Jiménez Losantos, por este hemisferio. Las reflexiones que siguen están sugeridas por lo allí tratado. El decenio de los ochenta se perdió, en la práctica, para el desarrollo económico de America Latina. Las tasas de crecimiento fueron negativas en casi todos los países, la hiperinflación destruyó el ahorro y las enormes transferencias de capital, en concepto de pago de la deuda externa, imposibilitaron toda política de inversión pública o privada. Todo ello obligó a adoptar drásticas medidas de estabilización que produjeron estallidos sociales en unos casos, y miseria generalizada en todos ellos. Iberoamérica pagaba así la calamitosa política de endeudamiento, populismo y crecimiento desmesurado del gasto público que habían caracterizado los años setenta, todo ello bajo la égida intelectual del estructuralismo cepalino de Raúl Presbisch. El favorecimiento de la demanda interna y la manipulación del tipo de cambio, expulsó los productos iberoamericanos del mercado internacional, en un momento en que los países de la cuenca del Pacífico, directos competidores suyos, seguían una estrategia radicalmente distinta. Los amargos resultados de tan dramática acumulación de errores, llevaron a la opinión pública y a las clases dirigentes iberoamericanas a aceptar enfoques de libre mercado, rechazados hasta la fecha. Bolivia, que detentaba el triste record histórico de tasa inflacionaria, alcanzó un crecimiento de precios inferior al veinte por ciento, siguiendo las recetas del economista Jeffrey Sachs. Chile superaba la depresión a la que condujo la insensata política de la primera época de la dictadura militar, gracias a las acertadas medidas del ministro Hernán Büchi. El Presidente Menem ponía en práctica los planteamientos económicos del partido liberal Unión de Centro Democrático, hasta el momento en las antípodas ideológicas del populismo peronista. Finalmente, México profundizaba su proceso de reformas y modernización económicas, iniciadas por el presidente De la Madrid, con el presidente Salinas de Gortari. Al tiempo que todos estos fenómenos se producían, las dictaduras militares que habían sojuzgado buena parte del continente en el decenio de los setenta, iban cediendo a nuevos regímenes democráticos, que heredaban en su mayoría una calamitosa herencia social y económica. Por último, y en directa relación con el fin de la guerra fría, los conflictos civiles centroamericanos, ideologizados y sumidos en el contexto del enfrentamiento geoestratégico entre las dos superpotências, entraban en una fase de diálogo y pacificación. Las elecciones nicaragüenses abrían un período de equilibrio precario entre el Sandinismo, de un lado, y la antigua Contra, junto con los partidos de oposición, de otro. Por su parte, la guerrilla y el gobierno salvadoreños conseguían negociar la paz, utilizando los buenos oficios de las Naciones Unidas y de los Amigos del Secretario General, fórmula novedosa destinada a ser aplicada en la resolución de otros conflictos dentro de este area geográfica. (Guatemala, Haití) o fuera de ella, como en el caso camboyano. Una guía para castristas Tan sólo Cuba queda como vestigio de esa gran confrontación, sistemática pero controlada, entre las dos superpotências que ha durado más de cuarenta años. Lo que parece ser la adopción tardía del modelo chino por parte del régimen cubano, esto es, evolución progresiva hacia una economía parcialmente privatizada manteniendo un marco de partido único y ausencia de libertades democráticas, llega demasiado tarde. Tampoco parece que el castrismo esté dispuesto a llegar tan lejos en la aplicación del modelo como los mismos jerarcas chinos. Todo ello configura un panorama sumamente inquietante. No cabe descartar ni un levantamiento militar, ni la insurrección espontánea de la población civil, llevada paulatinamente al último grado de la desesperación y la miseria en aras de un numantinismo digno de mejor causa. Las perspectivas de una transición pacífica y ordenada se hacen más complejas a medida que pasa el tiempo y se sigue sin abordar los profundos cambios políticos y económicos necesarios. El ejemplo rumano o el de Alemania Oriental, deberían ser objeto de cuidadoso examen por parte de la nomenclatura cubana. Todos estos cambios, situados bajo el signo de una creciente marea liberalizadora, muestran el enorme progreso realizado con respecto a los dos decenios anteriores. Sin embargo, un análisis sobrio y realista debe también señalar las dificultades estructurales, así como las amenazas involutivas, que Iberoamérica puede todavía encontrar en su proceso de profundización democrática y de reformas económicas. Quizá el primer obstáculo radica en el mismo Estado, tal y como éste se conoce y actúa en aquella región. Paradójicamente, los Estados que suceden tras la Emancipación a los antigos Virreinatos, se han caracterizado por su debilidad endémica, a la par de un afan interventor y reglamentista que se encuentra en la raíz misma de los males padecidos en los últimos tiempos. Tanto la misma ciudadanía como las clases dirigentes, parecen haber reconocido los costes del Estado paternal y ordenancista, y ello es un paso enormemente positivo, pero no suficiente. El Estado como forma política, sigue siendo insustituible a la hora de proporcionar ciertos servicios (policía, administración de justicia, defensa del propio territorio, relaciones exteriores) para los que el mercado no ha podido, hasta el presente, ofrecer una oferta apropiada. La construcción, de un Estado de Derecho, indispensable para la existencia de una sociedad auténticamente libre y progresiva, requiere en Iberoamérica el reforzamiento de los mecanismos de control del gasto público, la reforma y dignificación del poder judicial enfrentado a veces a la difícil disyuntiva de aceptar plata o plomo y la búsqueda de un sistema impositivo que cumpla a la vez con los imperativos de la equidad y del fomento del ahorro, indispensable para financiar el desarrollo de aquellos países. Se trata, en suma, de potenciar el concepto clásico del Estado como centro de poder objetivo e impersonal, radicalmente distinto de la práctica caudillista que lo trata como botín de guerra, susceptible de ser repartido entre los adeptos. De otro lado, las Fuerzas armadas siguen siendo en muchos de aquellos países el eje que vertebra el poder político, y su apoyo o anuencia, indispensables para obtenerlo o conservarlo. La aventura extraconstitucional de Alberto Fujimori en Perú, es una muestra clara de esas amenazas, todavía latentes en América Latina. Esa extraña simbiosis entre gobernantes de origen democrático y poderes de facto ha tenido ya algún precedente (recuérdese el caso de Bordaberry en Uruguay), siempre con un saldo trágico. La democracia vigilada, que se quería justificar mediante la doctrina de la seguridad nacional frente a la subversión revolucionaria, produjo en todas partes en las que se ensayó, corrupción, crímenes atroces y un caos político y económico muy superior a los que pretendía combatir. La nueva versión fujimorista presenta un caracter más insidioso, en la medida en que se reviste de una cierta legitimación popular, conseguida mediante la hábil manipulación de los ciudadanos en un clima político ni de total libertad, ni de total represión. Además, se acompaña de un discurso modernizador de la economía, en sentido favorable a las prácticas de mercado. Y esto último sería ciertamente muy positivo, si la libertad se pudiera compartimentar, si la libertad económica pudiera ser efectiva y real en un régimen autoritario. Lo cierto es que ello no es así. El discurso economicista de algunos políticos iberoamericanos, encubre en realidad una práctica mercantilista que siempre tiene actores privilegiados, en detrimento del verdadero juego económico libre y competitivo. Nos encontramos así con un panorama de contrastes y de claroscuros, en el que las promesas de apertura y progreso económico se contrapesan con viejas prácticas autoritarias, residuales en unos casos, renovadas en otros. Compárese, por ejemplo, el caso mexicano, en el que los enormes avances reformistas de Salinas contrastan con las noticias de fraudes en elecciones locales, el Tratado de Libre Comercio coexiste con la práctica de la mordida y la corrupción, y la modernización general se confronta con las restricciones a la libertad de expresión. Se trata, en suma, de avances ciertos, parciales en muchos casos, aun no plenamente consolidados. Iberoamérica está en un momento de eclosión y de cambio. Otras veces se ha dado a sí misma respuestas equivocadas a problemas urgentes y angustiosos. Quizá en esta ocasión los principios de la libertad sepan inspirar un futuro rico y creativo, acorde con las potencialidades de las tierras americanas.