Nueva Revista 135 > Nuestro más valioso intangible: el español

Nuestro más valioso intangible: el español

José Luis García Delgado

El español tiene una indiscutible relevancia económica y algunos
estudios se han preocupado por cuantificar económicamente
su valor. Existen además tres factores que permiten predecir
un aumento de su importancia. En concreto, la ampliación
del espacio de la lengua española, la internacionalización de
empresas hispanas y la cohesión idiomática de los hablantes
gracias a la existencia de la Asociación de Academias de la
Lengua Española. Pero también, advierte el autor de este texto,
hay aspectos en los que se tiene que mejorar, como por ejemplo,
el uso del español en el ámbito científico y tecnológico.

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José Luis García Delgado, “Nuestro más valioso intangible: el español,” accessed December 16, 2018, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/3619.

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Nuestro más valioso intangible: el español

Description

El español tiene una indiscutible relevancia económica y algunos
estudios se han preocupado por cuantificar económicamente
su valor. Existen además tres factores que permiten predecir
un aumento de su importancia. En concreto, la ampliación
del espacio de la lengua española, la internacionalización de
empresas hispanas y la cohesión idiomática de los hablantes
gracias a la existencia de la Asociación de Academias de la
Lengua Española. Pero también, advierte el autor de este texto,
hay aspectos en los que se tiene que mejorar, como por ejemplo,
el uso del español en el ámbito científico y tecnológico.

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José Luis García Delgado

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Nueva Revista 135 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

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Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

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es

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En épocas de tribulación quizá no deban hacerse mudanzas,
según la máxima ignaciana, pero sí conviene atender
a lo que estimule el ánimo y la autoestima, tan necesarios
para afrontar dificultades y retos. Reparar en el valor
económico del español puede tener hoy, por eso, especial
sentido, dado el ancho horizonte que se le abre, en el comienzo
del siglo XXI, a nuestra lengua común y mayorita.
MÁS ALLÁ DE LA RETÓRICA
El avance del proceso de globalización económica y el incesante
despliegue de la sociedad del conocimiento revalorizan,
en nuestro tiempo, las lenguas de comunicación
internacional; el español, entre ellas.
En el caso de este —el español— coinciden, además,
factores con cierta especificidad que contribuyen a potenciar
su entidad económica, a partir del gran universo
cultural con él creado y de las vastas proporciones de la
demografía del español en tanto que lengua materna (con
más de 400 millones de personas en una veintena de países
y 12 millones de km2). Son principalmente tres los
factores que hacen prometedor el horizonte a corto y medio
plazo del español y de la economía que lo utiliza como
lengua vehicular. Los tres son bien conocidos.
El primero es una cuádruple proyección distintiva del
ensanchamiento del territorio físico y humano de la lengua
española, pues es una ampliación que se produce en países
y regiones del mundo que no forman parte de la demografía
del español en tanto que lengua materna, pero que contienen
una gran potencialidad económica y cultural. Cuatro
«fronteras», en este sentido, son especialmente promisorias:
• Ante todo, claro está, los Estados Unidos, donde el
español ocupa ya el puesto de segunda lengua, y con esa
garantía de perdurabilidad que es su cualidad de lengua
conservada o aprendida por segundas y terceras generaciones
de inmigrantes hispanos con acceso a la educación
superior (Eduardo Lago), con una élite que ya suma treinta
senadores y congresistas y representa no menos del
diez por ciento de los altos cargos de la Administración.
• En segundo lugar, Brasil, con el apoyo oficial concedido
a la enseñanza del español en su sistema educativo,
comenzando por el escalafón intermedio (el «ensino medio
»), crucial para el proceso formativo; un apoyo al español
que —no hará falta demostrarlo— está en consonancia
con la voluntad de liderazgo brasileño en América
Latina.
• En tercer término, Europa, donde el español consigue
posicionarse como segunda lengua extranjera, por detrás
del inglés pero desplazando de ese lugar al francés, al
alemán y al italiano, y tanto en los países nórdicos como
en los de Europa central y del este.
• La cuarta proyección expansiva del español, cargada
de posibilidades, mira, cómo no, hacia Asia, con dos registros
importantes: el rápido incremento de la demanda
de español en ese imparable gigante que es hoy China, y
el inicial compromiso del gobierno de Filipinas para reintroducir
la lengua española en escuelas e institutos.
Junto al agrandamiento del territorio físico y humano
del español, hay que referirse, en segundo lugar, a ese otro
ensanchamiento de fronteras convencionales que es la
apertura y la internacionalización empresarial de las economías
más pujantes del orbe hispano. La apertura y la
internacionalización empresarial de España y de los principales
países de la América hispana —Chile, México, Argentina,
Colombia, el Perú— ha adquirido un ritmo muy
vigoroso desde hace tres lustros, demostrando muy alta
capacidad de penetración y arraigo en unos u otras latitudes.
En el caso de España, el proceso ha sido y está siendo
asombroso por su fuerza y rapidez, con posiciones ya bien consolidadas en un buen puñado de países europeos
y en la América al sur de Río Grande, pero también en
Estados Unidos, donde las empresas españolas —financieras,
alimentarias, textiles, constructoras, energéticas y
tecnológicas— han realizado un esfuerzo inversor colosal
desde hace unos pocos años. En suma, un novedoso e importante
proceso de internacionalización de empresas que
hablan español en sus matrices, lo que aumenta la consideración
de esta lengua como lengua de negocios, elevando,
en todo caso, su atractivo en los círculos de directivos
y emprendedores de los países receptores de las inversiones
y proyectos productivos.
El tercer hecho, en fin, que alienta la expansión del
español, en este caso al facilitar su aprendizaje, es la reforzada
cohesión idiomática que se está consiguiendo en el
orbe hispanohablante gracias a la política lingüística panhispánica
desplegada por la Asociación de las Academias
de la Lengua Española, siguiendo aquel sabio mandato
proclamado hace más de medio siglo por Dámaso Alonso:
en lo tocante a la lengua, es preferible aspirar a la unidad
antes que a la pureza. Se trata de un hecho de orden estrictamente
lingüístico, pero sus efectos sobre la expansión
y la funcionalidad del español, en tanto que lengua
de comunicación internacional, se suman a los que derivan
de los otros factores de naturaleza social y económica
antes mencionados.
Dicho con toda brevedad: solo el español, entre las
grandes lenguas internacionales, tiene hoy diccionario, ortografía
y gramática comunes; entre las grandes lenguas
de comunicación internacional, solo el español ha logrado consensuar los tres códigos fundamentales de toda lengua
culta: código gramatical, código léxico y código ortográfico.
Y esa unidad de la lengua española es lo que hace de
ella «una auténtica arma industrial», el «mayor y más valioso
activo intangible que tiene la economía española», y
ambas son expresiones de destacados empresarios.
Recapitulemos. En una economía globalizada e intercomunicada,
los tres hechos mencionados adquieren extraordinario
realce. Los tres tienen carácter novedoso y los
tres se están consolidando simultáneamente ante nosotros
en el curso de los lustros más recientes. De los tres se
desprenden efectos benéficos para la expansión del español
y para el reforzamiento de su condición de lengua
multinacional, haciendo crecer su valor económico.
UNA CUANTIFICACIÓN REVELADORA
Aludiré ahora al diseño y al desarrollo de la investigación
que, en colaboración con los profesores José Antonio Alonso
y Juan Carlos Jiménez, estoy dirigiendo para Fundación
Telefónica bajo el título precisamente de Valor económico
del español.
Un triple objetivo nos sirve de guía: conceptualización,
cuantificación y aporte de propuestas para la promoción
del español en tanto que recurso económico. Triple objetivo
que da sentido unitario a las once monografías (siete
de ellas ya publicadas)2 que recogen el desarrollo del trabajo.
Cada una de esas monografías —salvo la más reciente
que ofrece una síntesis de todas las demás—, se
fija en alguna de las actividades en las que la utilización de
la lengua resulta relevante, desde las industrias culturales hasta las nuevas tecnologías de la comunicación y la información
o la enseñanza de la propia lengua como lengua
extranjera, pasando por la influencia del español en las
transacciones comerciales y financieras o su influjo en los
movimientos migratorios. Eso sí, la primera de todas ellas,
el volumen que hemos titulado Economía del español.
Una introducción, aborda la tarea de delimitar la naturaleza
de la lengua como bien económico: a saber, un activo
inmaterial —intangible por tanto—, dotado de importantes
externalidades, incapaz de ser apropiado en exclusividad
por los agentes económicos que acceden a su uso,
que carece de costes de producción y que no se agota al
ser consumido; rasgos todos que hacen de la lengua un
bien enteramente singular desde la perspectiva del análisis
económico, una suerte de bien público —un «bien público
de club»—, cuyo valor aumenta conforme crece el
número de quienes lo utilizan o consumen, esto es, los
hablantes de la lengua, y conforme crece su capacidad
para servir de medio de comunicación internacional.
De los resultados cifrados que van obteniéndose en las
diversas piezas del estudio, algunos datos servirán de botón
de muestra, referidos ahora solo a la economía española:
• Desde la perspectiva macroeconómica, nuestra investigación
—siguiendo la pauta metodológica de análisis
econométrico y utilización de las tablas input-output que
hace un decenio incorporó el estudio pionero de Ángel
Martín Municio para el Instituto Cervantes— atribuye
a la lengua cerca del 15,6% del Producto Interior Bruto
actual de la economía española, y algo más de ese porcentaje (16,2, concretamente) del empleo total en el mercado
del trabajo en España, siendo la educación, las comunicaciones
y las industrias culturales los sectores que registran
las mayores proporciones de ese aporte de la lengua.
• El análisis de los intercambios comerciales revela
que la lengua hace que se multiplique cerca de cuatro veces
la cuota de mercado de las exportaciones españolas
con el conjunto de países hispanohablantes, alto factor
multiplicador que es mayor incluso que el que proporciona
el inglés entre los países anglosajones.
• En el ámbito de la internacionalización empresarial,
los primeros cálculos arrojan cifras muy elocuentes del
ahorro en costes de transacción cuando el proceso internacionalizador
tiene como destino un país que comparte
lengua con el de la empresa matriz. En los costes asociados
a la negociación de los acuerdos pertinentes y al seguimiento
de lo pactado, así como a la comunicación interna
y al establecimiento de normas propias de cultura de empresa,
pueden conseguirse ahorros superiores incluso al
70%. La lengua compartida —además de pautas culturales
comunes— ha sido por eso un auténtico regalo para
las empresas españolas a la hora de introducirse en América
Latina, adquiriendo ahí, con costes reducidos, el saber
hacer internacionalizador con el que han acometido después
operaciones de esa naturaleza en todas las latitudes.
• En lo concerniente a los movimientos migratorios,
los resultados obtenidos tienen mucho interés. Hay que
tener en cuenta que España se ha convertido en un verdadero
laboratorio para el estudio de la migración en nuestros
días, dado la fuerza que ha cobrado durante diez años, entre 1998 y 2008, la entrada de inmigrantes, en cantidades
anuales solo sobrepasadas por Estados Unidos. El análisis
que hemos efectuado revela, por lo pronto, que la comunidad
de lengua entre España y los países de habla hispana
influye poderosamente en la elección de destino que
hacen los emigrantes: en concreto, el efecto positivo que el
español tiene sobre la tasa migratoria dirigida a España
desde tierras iberoamericanas, es, si se mantienen constantes
los otros condicionantes, del 2,7, lo que quiere decir
que el flujo de inmigrantes iberoamericanos a España
ha sido también casi tres veces superior al que sería si no
compartiéramos la lengua. Y el dominio del español por
parte de los inmigrantes que proceden de Iberoamérica
influye también en facilitar el acceso al empleo, la obtención
de trabajos de mayor calidad y una mayor movilidad
laboral ascendente, además de generar diferencias positivas
de salarios que llegan hasta el 30%. El dominio del español
cotiza en el mercado de trabajo, en definitiva. Algo
obvio en España, claro está, pero que también comienza a
observarse en ciertos segmentos del mercado de trabajo
de Estados Unidos, donde el bilingüismo en inglés y español
cotiza al alza, sobre todo para quienes tienen buen
dominio de ambas lenguas.
• En fin, la monografía dedicada a la situación del español
en la red, la última de carácter sectorial hasta ahora
publicada, aporta también resultados muy significativos
que resumo con un poco de detenimiento en dos notas.
Primera: el español resiste bien la emergencia de las nuevas
lenguas en la red, consolidándose por ello como la segunda
lengua de comunicación internacional en Internet. La emergencia a la que aludo guarda relación, por supuesto,
con el desplazamiento del centro de gravedad global
económico y geopolítico al que estamos asistiendo.
Hasta el año 2000, aproximadamente, la presencia del inglés
en Internet era abrumadora, flanqueada de lejos por
francés, alemán, japonés y español. Pues bien, un decenio
después los datos disponibles revelan una realidad
muy distinta. El inglés mantiene su primacía, pero es una
primacía que declina con celeridad (ha perdido en diez
años más de 40 puntos porcentuales, pasando los usuarios
en inglés de la red de ser el 70% a «solo» un 27%); al
tiempo que alemán, francés y japonés, ceden abultadamente
posiciones (pasando a situarse en los tres casos por
debajo del 5% del total de los usuarios de Internet, cuando
diez años antes rondaban un porcentaje doble). La tendencia
contraria la encabeza el chino, que ha más que duplicado
en diez años su presencia en la red, hasta suponer por
número de usuarios cerca de un cuarto del total (23%,
exactamente), a punto, por tanto, de compartir ya la primacía
mundial con el inglés (27) y registran también ascensos
importantes, por más que se mantengan todavía
en porciones secundarias, el árabe y el ruso (triplican en
ambos casos su situación de partida en el año 2000), pero
también el portugués, que avanza considerablemente (con
el empuje determinante de Brasil), situándose ya por delante
también del alemán o del francés en porcentaje del
total de usuarios de Internet. ¿Y el español? Pues el español
resiste comparativamente bien la embestida, por decirlo
coloquialmente, perdiendo apenas dos puntos porcentuales
en los últimos diez años, con tendencia a estabilizar su peso en un 8% del total mundial (algo más del 4% es el
del portugués), consolidándose como segunda lengua de
comunicación internacional en la red.
Segunda nota: En cuanto a lo que en las estadísticas
de Internet se entiende por penetración (ratio entre la
suma de usuarios y el total poblacional estimado de hablantes
de la lengua respectiva), el español mantiene un
lugar cuando menos apreciable. La media mundial está
situada al comienzo de esta segunda década del siglo en
un 29%, alcanzando la comunidad de hispanohablantes un
37%, esto es, 8 puntos por encima, no lejos del 42% que
arroja el índice de penetración para el inglés. Es verdad
que muy por debajo de los valores que marca el japonés o
el alemán (que se acercan al 80%, como en el caso también
de los angloparlantes en Estados Unidos, Canadá y
Gran Bretaña); pero también es cierto que toda Iberoamérica,
a uno y otro lado del océano, sitúa los índices de penetración
de español (37%, repito) y portugués (33%) muy
por delante de los del francés (17%) y árabe (19%), otras
dos lenguas multinacionales.
En términos tendenciales, además, la situación no es
desfavorable al español. El ritmo de crecimiento de los
usuarios de Internet entre los hispanohablantes no solo es
muy superior al total mundial (743% frente al 445% entre
2000 y 2010), sino que también es muy superior al ritmo
medio de avance de las diez lenguas con más presencia en
Internet (743% frente al 421%). Cuando la comparación se
hace con el chino (1.277%) o con otras lenguas emergentes
(el árabe, 2.500%, o el ruso, 1.800%), o con el portugués
(1.000%), el alto ritmo correspondiente al español se ensombrece, pero la comparación más relevante a estos efectos
es la que se puede establecer con las otras lenguas de
comunicación internacional «tradicionales» (inglés, francés
y alemán); al lado de estas, el español es la lengua que ve
crecer su indicador de penetración más rápidamente.
A MODO DE EPÍLOGO
Añadiré ahora tan solo una reflexión final que me gusta
hacer cuando tengo oportunidad de dar cuenta de la investigación
que dirijo sobre la economía del español.
La situación del español, dentro y fuera de la red, es
hoy esperanzadora, pero hay que huir de cualquier tentación
de autocomplacencia. Hay flancos débiles o muy débiles,
incluso, como el del papel del español como lengua
vehicular de la ciencia y la tecnología o como el que
atiende a su estatus efectivo —de facto— en foros internacionales
y en organismos multilaterales, comenzando
por la propia Unión Europea (muy reciente está aún la
exclusión del español entre las lenguas seleccionadas para
el Sistema Europeo de Patentes).
Hay que tener muy presente, en todo caso, que nada
en el campo de las lenguas es definitivo ni es irreversible.
Y que su futuro, desde luego, no puede fiarse solo ni principalmente
al mero crecimiento demográfico en los respectivos
países en que cada una de ellas tenga carácter de
lengua materna. El devenir de una lengua de comunicación
internacional dependerá mucho más del vigor económico
y científico de la sociedad que la tiene como propia,
del nivel de su calidad institucional, del grado de su
desarrollo material, cultural y democrático, en suma. No importa repetirlo: el futuro de las lenguas que aspiren a
tener peso considerable en un mundo globalizado, se jugará,
más que en términos de crecimiento demográfico,
en el terreno de la fortaleza de la economía, en el terreno
del progreso educativo y del avance científico, en el terreno
de la calidad institucional.
La economía de una lengua acaba por remitir, consecuentemente,
a la economía que en esa lengua se hace o
que con esa lengua se hace. No hay mejor apoyo para una
lengua que la robustez del tejido productivo y la reputación
de la sociedad que la utilizan. Por eso, el buen producto que
es el español solo ganará posiciones en el mercado global si
las economías que lo sustentan se hacen más competitivas,
y más sólidas las democracias que hablan en español. También
desde la perspectiva de la lengua, en definitiva, la fórmula
óptima es la que combina crecimiento económico
competitivo, estabilidad democrática y cohesión social.
Termino ya, retomando las palabras con las que concluía
hace unos pocos meses en la presentación en Madrid
y en el Instituto Cervantes, de la obra El español,
lengua global. La economía3, obra que en parte es un
compendio de lo que hemos estudiado sobre el tema.
Todos los resultados que vamos obteniendo de la investigación
sobre la economía del español constituyen un
alegato a favor de la consideración preferente del español
por parte de la política cultural y de la política económica.
El español ha conseguido alcanzar hoy la muy notable
posición de segunda lengua de comunicación internacional
—tras el inglés— por número de hablantes maternos,
pero también como lengua extranjera —por delante del francés y el alemán—, siendo también la segunda lengua
de comunicación internacional en la red. El español abre
puertas, ensancha fronteras, salta océanos; el español, para
quienes lo hablamos, nos facilita, de partida, un cierto estatus
de internacionalidad, con todas las ventajas y potencialidades
que ello supone en un mundo intercomunicado
y en una economía globalizada. Tiene pleno sentido, en
consecuencia, pedir que, por parte de la política económica
y de la política cultural, en cada uno de los países hispanohablantes,
al español se le considere como bien preferente,
con las prioridades que ello debe comportar a la hora de
su promoción dentro y fuera de las fronteras de los países
en donde es lengua originaria, a la hora de su enseñanza
como lengua extranjera, a la hora de su defensa como lengua
de trabajo en foros internacionales y organismos multilaterales
y a la hora, en fin, de apoyar a las industrias culturales
que tienen al español como materia prima. 

NOTAS
1 Vuelvo, en lo que sigue, sobre el texto «El valor económico del español»,
incluido en Forum (Revista de la Fundación Euroamérica), n.º 21 (2011).
2 Formando parte de la «Colección Fundación Telefónica» y editados por Ariel
y Fundación Telefónica entre 2007 y 2010, con los siguientes títulos: Economía
del español. Una introducción, Atlas de la lengua española en el mundo,
La economía de la enseñanza del español como lengua extranjera. Oportunidades
y retos, Las «cuentas» del español, Emigración y lengua: el papel del español en
las migraciones internacionales, Lengua y Tecnologías de la Información y las
Comunicaciones y El español en la red.
3 José L. García Delgado, José A. Alonso y Juan C. Jiménez, El español, lengua
global. La economía, Instituto Cervantes, Fundación Telefónica, Español Santillana,
Madrid, 2010.