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Un nuevo modelo de crecimiento economico

Cristóbal Montoro Romero

Sobre el modelo de crecimiento económico utilizado hasta ahora, necesita de otro que se apoye más en las exportaciones, con el fin de que el sector exterior deje de ser un pesado lastre para el desarrollo.

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Referencia

Cristóbal Montoro Romero, “Un nuevo modelo de crecimiento economico,” accessed May 26, 2020, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/2557.

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Title

Un nuevo modelo de crecimiento economico

Subject

Para entender España

Description

Sobre el modelo de crecimiento económico utilizado hasta ahora, necesita de otro que se apoye más en las exportaciones, con el fin de que el sector exterior deje de ser un pesado lastre para el desarrollo.

Creator

Cristóbal Montoro Romero

Source

Nueva Revista 005 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

Format

document/pdf

Language

es

Type

text

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política económica aplicada ha sido contribuir al clima de confianza que ha facilitado el despegue de la inversión, en parte sustentado en la aportación del capital exterior. Incluso decisiones como la flexibilidad del acceso al mercado laboral (mediante una nueva generación de contratos) y la incorporación a la CEE resultaron muy positiEl autor considera que el modelo de crecimiento económico vas, al convertirse en acicates de la expanutilizado hasta ahora está agotado y necesita, por tanto, su sión económica. Pero más recientemente, sustitución por otro que se apoye más en las exportaciones, con el en plena fase de auge, la política económica se ha sumido en una postura plagada de fin de que el sector exterior deje de ser un pesado lastre para el incoherencias y contradicciones, de la que desarrollo. no acierta a salir. Por un lado, el ambiente de holgados beneficios empresariales y las propias condiciones políticas ha generado un enconado UN NUEVO MODELO conflicto entre sindicatos y Gobierno. Sus consecuencias en el ámbito económico han sido fundamentalmente dos: hacen inviable DE CRECIMIENTO la política de rentas e imposibilitar el avance de la reforma del mercado laboral. El descrédito social de los objetivos oficiales de ECONOMICO precios ha desencadenado un proceso de indiciación de rentas, propiciado por la nePor Cristóbal Montoro Romero gociación de los salarios en función de la inflación pasada. Con ello se asegura que la inflación no va a ceder, e incluso que se La economía española ha vivido una etael desarrollo. Nuestro problema no es de agravará, sin garantizar en absoluto la mepa de vigoroso crecimiento iniciada en 1986, volocidad sino de modo de crecer. Es lógijora del poder adquisitivo de los trabajacuando recibió el beneficioso impulso proco y deseable que sigamos creciendo por endores. En concreto, la evolución de los sacedente del abaratamiento del petróleo. La cima de los países de nuestro entorno: nueslarios en 1990 (con aumentos del orden del fase expansiva del ciclo que aún perdura ha tro inferior grado de desarrollo y los recur9 por 100) constituye una seria amenaza patenido como rasgos más positivos una insos ociosos todavía disponibles nos capara la creación de empleo y, en la medida en tensa creación de empleo y el brillante avancitan para ello. La cuestión es encontrar las que se traduce en elevaciones de los costes ce de la inversión, que permite encarar el vías para hacerlo de forma más equilibrade producción, desanima la entrada de infuturo con cierto optimismo. da, es decir, menos generadora de tensioversiones extranjeras. Existen, sin embargo, ciertos perfiles de nes. En segundo lugar, la política fiscal no ha ese futuro poco tranquilizadores. Sobre él Facilitar el tránsito del modelo es la taestado a la altura de las circunstancias. Permismo se ciernen sombras amenazantes, rea prioritaria de la política económica, a manentemente ha ejercido una influencia que convendría despejar lo antes posible. la que por cierto no se ha sabido dar resexpansiva sobre la economía, obligando a Da la impresión de que el modelo de crecipuesta hasta ahora. La mayor virtud de la descansar todo el peso de la lucha contra miento económico que hemos venido utilila inflación sobre la política monetaria. La zando ofrece síntomas de agotamiento. Ello reducción del déficit público conseguida invita a pensar que dicho modelo ha rendidesde 1986 ha sido posible gracias al avando ya lo mejor que tenía dentro de sí, hace de la presión fiscal que, al ser protagociendo obligada su sustitución por otro más nizada por los impuestos directos, ha desequilibrado. motivado el ahorro y propiciado el consuEn efecto, la expansión económica de esmo, justo lo contrario de lo que convenía tos años se ha caracterizado por un aumen^ J a reducción del déficit hacer. Entretanto, no se ha acometido la to de la demanda interna —de consumo y público conseguida desde 1986 ha modernización de nuestros principales tride inversión— superior al de la producción. butos, que han entrado en una obsolescensido posible gracias al avance de la Esa diferencia, ampliada incluso en 1989, cia prematura al quedar al margen de las ha provocado el resurgimiento de dos viepresión fiscal que, al ser tendencias de reforma fiscal imperantes en jos problemas de la economía española, la protagonizada por los impuestos el mundo occidental. inflación y el déficit comercial con el extedirectos ha desmotivado el ahorro y En cuanto a la política monetaria, la sorior. La envergadura de los desequilibrios ledad con que ha actuado frente a la inflaes tal que llega a amenazar la continuidad propiciado el consumo: justo lo ción la ha llevado a una incómoda encrucimisma del crecimiento. Para evitar que eso contrario de lo que convenía hacer jada, en la que le ha resultado imposible ocurra, el modelo de crecimiento debe evocompatibilizar la consecución de sus objelucionar, apoyándose en mayor medida en tivos internos (control de la cantidad de dilas exportaciones, lo que haría que el secnero) y externos (tipo de cambio). La viotor exterior deje de ser un pesado lastre para lencia introducida en los mecanismos monetarios ha sido extraordinaria: el intervencionismo sobre los mercados financieros se ha acentuado, concretándose en mayores controles de cambios y en la instauración de nuevas rigideces sobre el sistema crediticio. La incorporación de la peseta al Sistema Monetario Europeo debería haber puesto un punto y final en tan incómoda posición. Pero, lamentablemente, para lo único que ha servido hasta ahora es para convertir a una peseta fuerte en la pieza clave de la estrategia deflacionista, aun a costa de que sirva de excusa para demorar los ajustes de nuestra economía, que habrían de correr a cargo de los Presupuestos Generales del Estado y de los costes empresariales. A comienzos de los años noventa las cosas no se presentan demasiado claras en el terreno económico. Los nuevos tiempos se caracterizan por la necesidad de competir con éxito frente al exterior, lo que equivale a vender una parte cada vez más significativa de nuestra producción a otros mercados, a sustituir importaciones y, sobre todo, a captar el ahorro interior y el ahorro exterior, preservando las condiciones que nos siguen haciendo atractivos frente a otras opciones, entre ellas la de los países del Este. Confiar en los resultados de una política económica como la que se está aplicando no es suficiente. En su versión actual, la política económica pretende desacelerar la de manda sin importarle demasiado que sea la inversión la principal perjudicada. Sería muy desafortunado que esto último ocurriera. Responsabilizar a la demanda de todos los males de la economía constituye una interpretación demasiado simple de la realidad. La cuestión que subyace en el fondo es la falta de competitividad internacional de la economía española que, obviamente, no puede resolverse únicamente desacelerando la demanda. Potenciar el ahorro, mejorar la calidad de la producción, aumentar la eficiencia en el uso de los recursos productivos, liberalizar los mercados básicos, racionalizar el sector público, reducir la inflación y preservar el beneficio empresarial para que siga constituyendo fuente financiera de la inversión, deberían ser los objetivos prioritarios de una política económica que allane las dificultades de una etapa que, por lo demás, se anuncia prometedora. Cristóbal Montoro Romero es catedrático de Economía Aplicada y director del Servicio de Estudios del Instituto de Estudios Económicos. Carlos Solchaga, ministro de Economía y Hacienda.