Nueva Revista 007 > Vidas de un héroe

Vidas de un héroe

Guillermo Cabrera Infante

Reproducción de un texto sobre Gustavo Arcos, uno de los compañeros de Castro en el asalto al cuartel de Moncada.

File: Las vidas de un héroe.pdf

Referencia

Guillermo Cabrera Infante, “Vidas de un héroe,” accessed March 22, 2019, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/2515.

Dublin Core

Title

Vidas de un héroe

Subject

Los grandes cambios

Description

Reproducción de un texto sobre Gustavo Arcos, uno de los compañeros de Castro en el asalto al cuartel de Moncada.

Creator

Guillermo Cabrera Infante

Source

Nueva Revista 007 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

Rights

Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

Format

document/pdf

Language

es

Type

text

Document Item Type Metadata

Text

VIDAS DE UN HEROE
Por Guillermo Cabrera Infante

Reproducimos un texto de 1984
del escritor cubano Guillermo
Cabrera Infante, sobre Gustavo Arcos, uno
de los compañeros de Castro en el asalto al
cuartel de Moneada. Posteriormente, Arcos
se enfrentó al propio Castro, que fue encarcelado
durante años, y hoy encabeza un movimiento
que postula la lucha cívica en contra
del dictador, encaminada a conseguir un
proceso de transición similar al de otros países
comunistas. El texto fue publicado por
la Comisión Pro Derechos Humanos en Cuba,
Delegación en Europa, cuya gran impulsor
fue, precisamente, Armando Valladares.
El héroe renuente
Conocí a Gustavo Arcos cuando n a embajador
de Cuba en Bélgica, a donde llegue como agregade
cultural ra octubre de 1962. Residía entonces
en Bruselas, en la avenida Brugmann, cerca de la
vieja sede de la Embajada en Avenida Mobére. Allí,
en el edificio de la Avenida Brugmann, donde yo
también viviría, tenía su residencia de embajador:
un modesto estudio de una sola habitación, baño
y cocinilla. Gustavo, hombre religioso y callado,
era la imagen viva del revolucionario en el exilio.
Pero esas virtudes las ponía entonces enteramente
al servicio de la revolución, parecía que fuera un
enviado de Loyoia mis que de Castro. Sin embargo,
no había nada jesuítico en Arcos, no comunista
tampoco. Gustavo era un hombre fnneo, incapaz
de intrigas porque no las necesitaba o tal vez
porque no sabia cómo. Gustavo Arcos era un genuino
héroe de la revolución. Esas virtudes fueron
la causa de su eclipse y caída Final,
Había visto a Gustavo Arcos en La Habana antes,
cuando lo visite en el antiguo Hospital Ortopédico.
Fui con Carlos Franqui, que ya había empezado
a militar en el Movimiento 16 de julio que
era, por supuesto, clandestino entonces. Gustavo
convalecía en el hospital y la visita tuvo un carácter
fugaz, que participaba de la clandestinidad permitida
por la policía política de Batista como caridad
precaria. A los pocos días, Gustavo, semiínválido,
se escapó del hospital (Franqui, creo, no
fue ajeno a su fuga). Capturado de nuevo, fue enviado
esta vez al presidio Modelo de Isla de Pinos.
Ya estaba allí preso Fidel Castro, uno de los líderes
del asalto al cuartel Moneada, en Santiago de
Cuba. Fue en esa acción de guerra donde Gustavo
resultó herido de extrema gravedad. Que se salvara
de su herida en ti combate tanto como de la represalia
del ejército balistiano es un quite que pertenece
más al azar que a la mera historia. Kue también
un desenlace increíble y, como lodo acontecimiento
histórico cruento, está teñido de una ironía
salvaje y refinada. Uno de los agentes de ese
juego irónico es el general Ramiro Valdés, ahora
ministro del Interior de Cuba. Entonces el general
Valdés se apodaba Ramirito, no usaba barba y era
lo que se llamaba en Cuba un mulato ruso. El adjetivo
correcto es, por supuesto, rufo, pero no hay
duda de que el vocabulario popular tiene sus presciencias.
Valdés era y es ruso.
En Bruselas Intimé con Gustavo. Entre otras cosas
porque debíamos vivir lodos los diplomáticos
cubanos en la nueva Embajada, una casona de ID
dormitorios que estaba, cosa casual. Trente a la
Embajada rusa. El edificio y los terrenos de la misión
soviética quedaban (¿cosa casual?) donde había
estado el cuartel general de la Gestapo ra Bélgica.
Tenía razón Chestertton: hay edificios cuya
sola arquitectura es malvada. O atrae a los malvados.
A veces, en esa Embajada cubana, que había
sido un hotel burgués, durante las cortas noches
de verano conversábamos Gustavo y yo hasta
que amanecía. Gustavo me contó entonces su
vida y milagros. Empezando, claro por donde comenzó
su vida política y casi ocurrió su muerte:
el asalto al cuartel Moncada y el milagro que salvó
su vida.