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La jirafa es un señor bajito

Luis Marañón

Una historia de una jirafa. Metáfora de una persona comprometida y moderna con una historia personal algo complicada.

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Luis Marañón, “La jirafa es un señor bajito,” accessed October 6, 2022, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/2173.

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La jirafa es un señor bajito

Subject

Ensayos

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Una historia de una jirafa. Metáfora de una persona comprometida y moderna con una historia personal algo complicada.

Creator

Luis Marañón

Source

Nueva Revista 015 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

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es

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LA JIRAFA ES UN SEÑOR BAJITO Por Luis Maran6n —porque no saben— explicar científicamente UANDO el Almirante terminó de garrapacómo este bicho de cuello largo y bamboleante tear el Diario del primer viaje a las Indias, ha logrado llegar, crecer y desarrollarse en un meC no creo que rondara en su pensamiento dio tan dispar a su definición históricobiológica la repercusión que su texto iba a tener en el futuro cual es la tierra costeña colombiana: mundo de de la literatura universal. Ciertamente, el discurso luz pintado de verdes y azules intensos y heridode Cristóbal Colón es el de un puntual pero apares; polvo, calor y cumbia a mansalva. sionado notario que da fe pública de lo que ante sus ojos tiene: «Mancebos muy bien hechos, de muy fermosos cuerpos y muy buenas caras»..., La jirafa, periodista «bestias en tierra no vide de ninguna manera, salvo papagayos y lagartos». La sobriedad descriptiEl segundo elemento que viene a distorsionar va del marino genovés dista, sin embargo, unas cualquier planteamiento racional de nuestra jirafa cuantas leguas de la prosa emocionada de los atipica es su historia personal. Algunos opinan, cronistas españoles que le siguieron, puesto que aunque sin gran convicción, que la jirafa en cuessus péñolas se hallaban azuzadas por las lecturas tión desciende de algún ancestro que arribó, forEsta jirafa, aunque a veurgentes de los libros de caballerías. No existe la mando un lote de esclavos yorubas, a la costa coces narre historias viemenor duda que tales lecturas avivaron la imagilombiana, allá por el siglo XVII. Lógicamente, tan nación de los cronistas hasta el punto de imprimirjas, paree« ser persona alambicado origen es cuestionado, incluso negales el gusto por lo fantástico y maravilloso, ese do, por los viejos del lugar, tan apegados siempre comprometida y moderelemento fundamental de la realidad americana. a su escepticismo raigal. Algunos aventurados na, tan moderna que En puridad, el Diario de Colón y las Crónicas consmantienen de modo artero que nuestra jirafa puetituyen el punto de partida del concepto vigente padece ulcera de estóde ser producto de un desliz sexual, sin precisión de lo real maravilloso o realismo mágico, que tan de los progenitores que a nadie importan, entre mago, el trastorno con buen juego ha dado en la novela latinoamericana polizones del barco oxidado y decadente que recontemporánea, a pesar de haber sido acuñado fama de ser caracteríscorre el caudaloso, sabio y cuentero rio Magdalepor el critico alemán Franz Roth, en 1924, en un na. Personalmente me quedo con esta segunda tico de ejecutivos con libro editado por Revista de Occidente. hipótesis, en la que prima lo intuitivo y lo imaginapalos de golf al hombro tivo. En el contexto de lo imaginario americano, una No obstante, nuevos datos han venido a añadir visión de la realidad formulada bajo el aleteo inconfusión a tan singular historia. B caso es que comparable de lo mágico, se inserta la increíble nuestra jirafa aparece inscrita en los registros —el historia de una jirafa. Y digo increíble porque la parroquial y el municipal— de una localidad costeanormalidad del cuento da comienzo con el dato ña, y de la suma de ellos se ha derivado una preciconcreto de un mamífero unguiado y rumiante de sa y abundante literatura de cordel: su abuela, ñá la especie de los artiodáctilos que aparece correTranquilina, oriunda de la Guajira, le dictaba cuenteando por la costa colombiana en lugar de la satos de horror; su abuelo Gabriel era tuerto y liberal bana africana, el paisaje familiar de estos animagaribaldino; su madre, ñá Luisa, trajo al mundo les, desde los tiempos del Eoceno inferior. Esta quince hermanos más para que la jirafa no perdieinsólita ubicación geográfica no sólo causa sorra el sentido del grupo; su padre se llama Gabriel presa en el lector esporádico pero curioso, sino Eligió, de profesión telegrafista, ideológicamente que llega a soliviantar la petulancia pueblerina de conservador, y toca el violin en los ratos libres; a algunos expertos en el ramo, los cuales no pueden mayores, las tiras citan la compañía rezadora de tres días: Francisca, Petra y Elvira. Realmente, tan nutrido árbol de familia pone a prueba la paciencia y puede que acabe con el rigor del científicoacadémico más galardonado. Pero ahí no queda la vaina, como dicen en Colombia. La jirafa en lugar de dedicarse a ejercitar su lengua protráctil y prensil con las ramas y el follaje costeños, o a lucir su limpia, elegante, majestuosa y algo torpona figura en el parque zoológico de la capital, la jirafa, digo, viene ocupándose desde tiempo atrás de la desazonante y aniquiladora tarea periodistica. Nada más lejos, pues, los refranes del hábito hace al monte y de la casta le viene al galgo. A mayor abundamiento, la jirafa ha cursado estudios —desconozco cómo— en las aulas de dos colegios, en el Nacional de Barranquilla y en los padres jesuítas de Zipaquirá, y en las de dos Universidades, concretamente en las facultades de Derecho de Bogotá y Cartagena de Indias. En su labor periodística, en la que ha hecho de todo, dícese de manera documentada que la jirafa ha pasado por las redacciones de El Universal. El Heraldo, El Nacional, El Espectador, Crónica, Comprimido y Prensa Latina. Parece ser que actualmente ejerce de colaborador semanal en algunos diarios de renombre, si bien utiliza el pseudónimo en sus artículos y trabajos. Que se recuerde, la jirafa nació en 1950 para el mundo de la Prensa, aunque se asegura que la muy coqueta se quita años. Desde esa fecha la jirafa no ha dejado de escudriñar horizontes y desvelar realidades, hecho lógico si se piensa en la largura de su mirar, y en el tamaño y la versatilidad de su cuello. De añadidura, se tiene constancia que la jirafa es una adicta de las buenas compañías y los amígotes. Por lo visto, nos tropezamos con un ser solidario y leal —de tas personas y del ideario que en su dia asumió como un catecismo—, y como botones de muestra de esa proclividad suya a la leal camaradería quedan el recuerdo del grupo «Piedra y Cielo», en Cartagena, y los grupos »Barranquilla» y «La Cueva», en Barranquilla, una ciudad sin historia mayor pero con enorme empuje para las iniciativas mercantiles. No hay duda, la jirafa se perfila como costeña de pura cepa y, por lo tanto, gran aficionada al trago nocturno y a la música vallenata, A pesar de todo lo dicho, las rarezas de la jirafa parece que han ¡do en aumento con el tiempo. Si la labor periodistica, inexplicable en teoría, si bien perfectamente comprobable en las hemerotecas, le sirve para dar rienda suelta a sus emociones y para encontrar el justo pálpito de estilo, es en la parece ser persona comprometida y moderna, tan moderna que padece úlcera de estómago, el trastorno con fama de ser característico de ejecutivos con palos de golf al hombro. A pesar de este inoportuno achaque y de haber sufrido la rabiosa mordedura de la serpiente —la política— en el alma, la jirafa se está fajando continuamente en su oficio en solitario: quinientos folios en blanco sobre la mesa, seis diccionarios y enciclopedias al alcance de la mano, la máquina eléctrica para mecer su aliento y recoger la tensión destilada, y un florero con rosas amarillas. La jirafa, rodeada de toda esta dispar parafernalia, no deja de escribir en silencio un gran libro sobre la soledad humana, si bien troceado y con diferentes títulos. La jirafa objeto de mi historia es un mito más de lo real maravilloso americano. Tan es asi que algún paisano suyo me ha adelantado que se está promocionando una suscripción popular en el departamento de Bolívar para levantarla un monuCristóbal Colón, según E. Lasalle (1839). Biblioteca Colombina de Sevilla mento en la ciénaga de ta Sierpe, terreno engañoso y plagado de cuentos fantásticos. También me obra literaria donde la jirafa dice encontrarse como sopla a) oído un lenguaraz que está en el secreto pez en el agua, y valga el exabrupto de la metáfoque en el mausoleo se verá acompañada de las ra, Cuando la jirafa se mete de hoz y coz en la estatuas de la Santa Tabla, San Riñon y el negro narrativa —sea cuento, sea novela— es cuando saca el mejor jugo a su capacidad de tabulación Jesusito. Por su parte, y para cuando llegue el mo—tal vez sea herencia de los esclavos negros y mento, la Pacha Pérez, una negra maciza y palos nativos precolombinos— y muestra su natural changuera, se ha ofrecido para ejercer, sin retribuinclinación por lo sobrenatural —quizá se trate de ción alguna, los oficios de plañidera por cien años, un deje de algunos parientes lejanos gallegos y y el fornido Pánfilo a rezar la solemne oración a En puridad, <1 Diario de andaluces asentados años ha en la Costa—, Pero Nuestro Señor de todos los poderíos. Cabe presuColón y las Crónicas el colmo de sus rasgos se encuentra en que lo mir que la gente del lugar peregrine a la ciénaga constituyen el punto de tontorrón de su estampa no impide a la jirafa estar de Ja Sierpe para alternar la zafra del dolor profundotada de un fino sentido del humor y de una eledo con el trasiego del aguardiente local, que salió partida del concepto vivada dosis de sarcasmo, cosa que puede comen la última cosecha algo cabezón y encandiiador gente de lo real maraviprobarse en las fábulas que lleva publicadas y uno de amores. ha tenido la suerte de leer. lloso o realismo mágico, Ante tan cumplido zafarrancho y ante tal cúmulo La jirafa. Esta jirafa, se preguntarán, ¿una escride noticias dispares y dispersas un diplomado que tan buen juego ha tora de narrativa? Pues sí, y de rango universal, norteamericano en ciencias ocultas se me acercó dado en la novela latipara aquellos que no lo sepan. Además, es una la otra tarde para preguntarme con cierta mala noamericana contemempedernida lectora de Kafka, Hemingway, Faulkbaba si la jirafa goza de un pacto con el diablo. Le ner, Greene, la Woolf, Conrad y SaintExupéry. La respondí escuetamente y como se merecía: «No, poránea ¡irafa, esta jirafa, busca en sus novelas la represu pacto es con la vida y mayormente con la de sentación poética de la realidad y suele desarrollar los más humildes. Además, no se trata de una jiraen ellas una adivinanza permanente del mundo. La fa sino de un señor bajito. Bajito y con bigote. Sus jirafa de marras se afana en su rastreo narrativo, amigos le llaman Gabo y fue Premio Nobel de Licomo alguien dijo, por la autenticidad individual teratura en 1982. Le aconsejo que lea sus libros y dentro de una realidad social injusta. Otro calificó deje de decir simplezas». Como cabía esperar, el a la jirafa de deicida. Y un último apuntó, como rubicundo y fornido másteren B.A. se alejó de mí característica de su obra, el trato sabio que da a envuelto en un vago sentimiento de decepción, tal la funcionalidad de la muerte. La verdad es que la vez pensando en lo que opinaría del caso el cuerjirafa mira distinto y por eso cuenta las cosas con vo de su compatriota Poe.l una voz propia y única. Esta jirafa, aunque a veces narre historias viejas, Luis Marañán es abogado y escritor