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El caracter

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“El caracter,” accessed September 22, 2020, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/1964.

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El caracter

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Nueva Revista 127 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

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Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

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es

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EL CARÁCTER CIENTÍFICO DE LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓNMiguel Ángel HerreroPROFESOR DE LA E. T. S. I. DE TELECOMUNICACIÓN.UNIVERSIDAD POLITÉCNICA DE MADRIDEN EL ORIGEN DE LAS ESPECIES, DARWIN ENUNCIA UNA TEORÍA SOBRE LA TRANSFORMACIÓN DE LAS ESPECIES DE LOSSERES VIVIENTES. PRETENDEMOS EXAMINAR EN QUÉ SENTIDOPUEDE CONSIDERARSE UNA TEORÍA CIENTÍFICA. PARA ELLO,DISTINGUIMOS ENTRE LOS HECHOS BIOLÓGICOS OBSERVADOSY SU INTERPRETACIÓN BASADA EN LAS NOCIONES DE «SELECCIÓN NATURAL» Y DE «LUCHA POR LA VIDA».En 1859 Darwin publicó la primera edición de El origende las especies, en la cual da a conocer diversos descubrimientos biológicos originales. Su importancia no se atribuye a los datos recogidos, sino a la teoría que enunciasobre la formación y el desarrollo de las especies biológicas. Pero, ¿cuál es el estatuto científico de la llamada teoría de la evolución? Esto es, ¿debe catalogarse como unateoría científica?, ¿merece el mismo título que se otorga,por ejemplo, a la teoría de la gravitación, descubierta porNewton? El proceso de formación de una teoría científicanueva revista· 12749miguel ángel herrerocomienza analizando hechos particulares, cuya existencia seconstata por observación. Así, los movimientos periódicos delos planetas alrededor del Sol constituyen sucesos observables mediante telescopios y otros instrumentos de medición.Entre otros, estos son los datos que los astrónomos han recogido y que la teoría clasifica e interpreta hasta su formulación matemática. Pero, en la teoría de la evolución, ¿cuáles son los hechos biológicos? En primer lugar, la enormeduración de los procesos evolutivos que ocurren a lo largo demillones de años hace imposible su acotación en el tiempo.En segundo lugar, el objeto de estudio de la teoría de la evolución son las especies, es decir, grupos de individuos quecomparten rasgos biológicos (no se refiere directamente a losindividuos). Pero, la dificultad está precisamente en definirsin ambigüedad qué es una especie. No es posible dar unadefinición rigurosa de «especie biológica» (no lo es, inclusoadmitiendo, como se hace de hecho, que forman una mismaespecie aquellos individuos que sólo se reproducen entreellos). Por esto, hay que concluir que la teoría de la evolución se aparta de la noción canónica de teoría científica representada, por ejemplo, por la teoría de gravitación de Newton. En la teoría de la evolución no existen datos científicosinequívocos, como existen en la teoría de la gravitación. Enconsecuencia, es imposible verificar su validez, ya que lasafirmaciones que se hacen recaen sobre sucesos que nuncahan sido observados, incluso, que ni siquiera conocemossu duración. Por tanto, la teoría no cumple el conocido requisito de «falsabilidad» establecido por Popper.A pesar de todo, no puede ignorarse que existe un cúmulode pruebas que hace verosímil la hipótesis de un procesonueva revista· 12750el carácter científico de la teoría de la evoluciónevolutivo de los seres vivientes. Principalmente, las investigaciones en biología molecular vienen a confirmar los descubrimientos parciales realizados por las ciencias tradicionales: paleontología, anatomía comparada y embriología. LosADNy lasestudios de genética molecular permiten cotejar el proteínas de organismos radicalmente distintos, tales comouna ameba, una planta y un animal. Con ello, los hallazgosobtenidos por esa ciencia permiten concluir que todos losseres vivos actuales, cualquiera que sea la especie a la quepertenecen, forman parte de la misma historia evolutiva. ParaF. J. Ayala, la teoría de la evolución está firmemente establecida: «La contundencia de las pruebas es abrumadora. Cadauno de los miles de genes y de proteínas de cada uno de losmiles de organismos de una especie suministra una confirmación independiente de la historia evolutiva de la especie»(F. J. Ayala, La teoría de la evolución, Temas de Hoy, 1994,p. 61). Con la salvedad indicada sobre el concepto de especie, la teoría enunciada por Darwin puede catalogarse comocientífica, teniendo en cuenta que los hechos biológicos a partir de los cuales se elabora no son del mismo tipo que los datosque sirvieron para construir la teoría de Newton. Esto noquiere decir que no sean igualmente válidos dentro de su propio ámbito. La diferencia estriba en la naturaleza de los objetos que estudian una y otra ciencia. Los procesos físicos yquímicos analizados hoy en un laboratorio arrojan los mismosresultados que los obtenidos hace siglos, aunque su interpretación teórica sea diferente. No ocurre lo mismo con losorganismos biológicos, sometidos al proceso de cambio multisecular. Cada ciencia empírica en su ámbito utiliza métodos diferentes a tenor de los fines que persigue.nueva revista· 12751miguel ángel herreroAhora bien, en cuanto al mecanismo de interpretaciónde los hechos biológicos de tipo evolutivo, la teoría que analizamos presenta menor consistencia. La estructura conceptual ideada por Darwin para interpretar los datos se basaen dos conceptos, el de «selección natural» y el de «luchapor la vida». El primero fue acuñado atribuyendo a la naturaleza el mismo papel que desempeñan los cultivadoresde plantas y de animales domésticos, los cuales inducenmodificaciones hereditarias en los descendientes. El segundo concepto interpretativo resulta de una adaptación ala biología, de la «lucha por la existencia», término definido por Malthus. Ambas ideas, «selección natural» y «luchapor la vida», se aplican a las observaciones para dar coherencia lógica a los datos científicos. Pero, al contrario de loque ocurre en física o en química, en biología no existenpruebas empíricas concluyentes que justifiquen esas interpretaciones. No existen pruebas irrefutables que dencuenta del mecanismo por el que se produce la mutaciónde la especie, lo que no excluye que existan adaptaciones delos individuos al medio ambiente. Darwin supera esa deficiencia estableciendo un paralelismo entre la función querealiza el criador de animales para mejorar la descendenciay el papel que desempeña la naturaleza seleccionando determinados individuos.Ahora bien, es evidente que en el proceso de selecciónartificial el criador persigue un fin. Darwin adjudica a lanaturaleza una capacidad de selección cuando escribe, «laclave está en el poder del hombre para la selección acumulativa: la naturaleza produce variaciones sucesivas; el hombre las aumenta en determinadas direcciones útiles para él».nueva revista· 12752el carácter científico de la teoría de la evoluciónPor tanto, dentro de la misma idea de «selección natural»está incluida la noción de finalidad, ya que todas las modificaciones producidas por adaptación al medio conducen ala formación del organismo seleccionado, es decir, al término o resultado del proceso. Sin embargo, Darwin —más inclinado a la observación detallada que a la especulación filosófica— no profundizó en esta idea de finalidad, o no quisohacerlo, aunque expresase su satisfacción cuando otros lohacían. Por ejemplo, uno de sus amigos más próximos, AsaGray, en un artículo en Nature,publicado el 4 de junio de1874, elogiaba el trabajo de Darwin en estos términos: «Reconocemos el gran servicio prestado por Darwin a la ciencianatural devolviéndole la teleología». Darwin manifestó suasentimiento de modo inequívoco: «Lo que ha dicho ustedde la teleologíame es especialmente grato y creo que nadiese había fijado nunca en ello» (citado por E. Gilson en DeAristóteles a Darwin y vuelta, Eunsa, 1976). En realidad, elconcepto de finalidad en la teoría de la evolución se abrepaso al establecer la analogía con la «selección artificial». Noobstante, se comprende que se haya tratado de evitar, puesen cierto modo compromete al conjunto de la teoría. Sueleser rechazado por los científicos porque no hace referenciadirecta a los hechos observados. Para el zoólogo francés G.Grassé es admisible una finalidad, como propiedad de losseres vivos, pues «sin ella no existirían». Tanto los órganos,tejidos, células, como las funciones vitales, nutrición, crecimiento, reproducción, etc., están todas ellas subordinadasa un fin. «Cuando se trata de estas propiedades, los biólogosno discuten; pero si se pronuncia la palabra finalidad, seponen en guardia». La razón de su recelo puede estar en nonueva revista· 12755miguel ángel herrerodistinguir entre finalidad de hecho o inmanente y la finalidad trascendente. «Sobre esta última, el biólogo tiene pocoo nada que decir, depende de la metafísica» (La evolución delo viviente, H. Blume, 1977, p. 206). Según la teoría, las modificaciones evolutivas se refieren a la especie en su conjunto. Por tanto, aquí, la finalidad trasciende a los individuos.Es el mismo proceso evolutivo que afecta a la especie comoentidad biológica superior, el que tiende a un fin. La noción de «finalidad», aunque de carácter filosófico, tiene suraíz en la observación experimental. Es, si se quiere, unpuente entre la ciencia empírica y la epistemología, que proporciona una explicación en sintonía con los hechos y conuna interpretación estrictamente científica. Este argumento nos parece tan legítimo como el de «selección natural».En consecuencia, la teoría de la evolución constituyeuna explicación con un fundamento empírico sólido gracias a la biología molecular. No así el mecanismo ideadopara dar cuenta del proceso evolutivo de las especies. Másbien, nos parece un recurso de tipo metafórico, no estrictamente biológico que no responde plenamente al interrogante que subyace en el proceso de evolución. En todocaso, no excluye el carácter finalista que está presente entodos los procesos de formación de individuos.nueva revista· 12756