Nueva Revista 126 > Una nueva visión de Carlos II

Una nueva visión de Carlos II

Fernando Rayón

Reseña del libro "Carlos II, el rey y su entorno cortesano" dirigido por Luis Ribot.

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Referencia

Fernando Rayón, “Una nueva visión de Carlos II,” accessed April 3, 2020, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/1956.

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Title

Una nueva visión de Carlos II

Subject

Libros

Description

Reseña del libro "Carlos II, el rey y su entorno cortesano" dirigido por Luis Ribot.

Creator

Fernando Rayón

Source

Nueva Revista 126 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

Rights

Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

Format

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Language

es

Type

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Una nueva visión de Carlos IIFERNANDORAYÓNDIRECTORDEARSMAGAZINECarlos II de España siempre ha tenido mala imagen. La tuvo desde quePierre de Villars, marqués de Villars y embajador francés en España, escribió sus Memorias de la corte de España desde 1679 hasta 1681. La influencia del diplomático fue tal que varias generaciones de españoles hemosestudiado una Historia de España en la que la degeneración del monarcacrecía paralela al descrédito y hundimiento de nuestro país.Sorprendentemente, la historiografía moderna tampoco ha aportadonuevos estudios dignos de mención, salvo los volúmenes del duque deMaura que, quizá por ser duque, resultaba sospechoso en su admiraciónhacia el monarca «hechizado». Sólo recientemente esas lagunas se han empezado a llenar, sobre todo gracias a investigadores españoles que handescubierto unos documentos y una época terriblemente desdibujadospor el desdén de la ignorancia.Quizá por eso, el volumen que acaba de publicar el Centro de EstudiosEuropa Hispánica titulado Carlos II, el rey y su entorno cortesano resultaparticularmente interesante. Se trata de un conjunto de ensayos —oncepara ser exactos— de otros tantos especialistas, que abarcan desde la vidadel monarca, a su actividad política y artística. Están precedidos por otroartículo de Luis Ribot, director de la obra, titulado El rey ante el espejo. Historia y memoria de Carlos II, que centra todo el volumen. Este texto resulta particularmente interesante por la imagen que ofrece del rey, gracias a numerosos documentos de la época, entre otros a los del duque deMontalvo, especialmente las confidencias que hace a Pedro de Ronquillo.Se agradece lo bien escrito que está. Se lee como una amena novela. Realmente nunca he entendido que los trabajos de investigación deben seraburridos y estar mal escritos.Tampoco es que Ribot maquille la imagen del soberano, no. Explica lopoco dado que era a las tareas de gobierno. Pero lo hace siempre por bocade sus ayudantes: Medinaceli, Oropesa y el propio Fernando de Moncada,170NUEVA REVISTA 126octavo duque de Montalvo. Me resulta particularmente chocante la abuliaque Moncada atribuye al rey y su faltade voluntad respecto a su esposaMaría Luisa de Orleans, con el empeño con que se comporta en algunasreuniones del Consejo de Estado.Que no le gustaba trabajar a CarlosII es algo que describen todos sus ayudantes, por lo menos los que teníantrato con el. Lo cual nos hace tambiénCARLOSIIpensar en la reacción posterior de losELREYYSUENTORNOBorbones hacia el entorno cortesanoCORTESANOespañol: aquello de utilizarlos y borDIRIGIDOPORLUISRIBOTbonear, estaría más que justificado.Centro de EstudiosResultan más benevolentes lasEuropa Hispánicadescripciones que hacen los extranMadrid, 2009, 367 páginasjeros del monarca como SebastianoFoscarini. Fue embajador de la República de Venecia desde 1682 a 1686y trazó un retrato real que Ribot no quiere eludir: «Tiene la piel delicaday blanca, la frente grande, los ojos bonitos y dulce la mirada, el rostromuy largo y estrecho, los labios muy grandes como todos los de la Casade Austria, y la boca grande, la nariz extremadamente aguileña, el mentón puntiagudo y levantado, los cabellos rubios y espesos, muy lisos ypasados por detrás de las orejas, la estatura bastante alta, recta y ágil, laspiernas delgadas muy juntas...». Repasando esta descripción uno no entiende los estilismos que se hacía tan poco favorecedores. Valga comobotón de muestra el retrato, que se reproduce en estas páginas de CarlosII como gran maestre de la Orden del Toisón de Oro que se encuentra enel castillo de Rohrau en Austria. Más que un gran maestre parece un auténtico payaso, pero quizá los asesores en aquel momento le estaban criticando más que asesorando. Es verdad que no tenía a un Velázquez paratrazar la efigie real con la maestría y rotundidad que hubiera necesitadosu cuerpo, pero no es menos cierto que los retratos, dibujos y grabados171DICIEMBRE 2009FERNANDO RAYÓNJuan Carreño de Miranda, Carlos II como Gran Maestre de la Orden del Toisón de Oro, 1677, óleo sobre lienzo, 216,5 x 140 cm. Graf Harrach’sche Familiensammlung, Schloss Rohrau, Austria172NUEVA REVISTA 126UNA NUEVA VISIÓN DE CARLOS IIque han llegado hasta nosotros ofrecen una apariencia francamente mejorable en el último eslabón de la Casa de Austria.Si extraordinario resulta el ensayo de Ribot, la parte final, dedicada ala visión que del rey nos han dejado los dos últimos siglos, resulta muy reveladora. Maura se encargó no sólo de romper con la tradición sino también de reescribir la historia en lo que a la sucesión del rey se refiere. AMaura le siguieron con posterioridad Henry Kamen, Antonio DomínguezOrtiz, Calvo Poyato, Contreras y el propio Ribot. Por eso resulta de agradecer el apunte final, a modo de resumen, que ofrece el coordinador dela obra: «Carlos II recibió una escasa formación para el oficio de rey y adoleció de una notoria debilidad de carácter y falta de criterio, en buenaparte por su escasa confianza en sí mismo y en sus propias opiniones:otros importantes defectos suyos fueron la irresolución y la volubilidad.Las personalidades más fuertes influían poderosamente sobre él; más aúnsi eran las mujeres de su propia familia: su madre y sus dos esposas, quese situaban por tanto a su propio nivel. También puede achacársele supoca dedicación a las tareas de gobierno, al menos durante buena partede su vida. Sin embargo queda fuera de toda duda la normalidad de su inteligencia y es muy probable que, pese a su debilidad, fuera un ser perfectamente normal desde el punto de vista físico...». Me dirán, lo sé, quesi esta es una visión diferente y más certera del monarca cómo debió seraquella que le acompañó en vida o inmediatamente después de su muerte. Y tiene razón, pero me remito a lo que decía antes: los Austrias siempre han tenido mala fama en vida. Quizá aquel maldito entorno... o queno se sabían rodear de colaboradores files, pero probablemente habíaalgo más.DE LA EDUCACIÓN DEL REY NIÑO AL PRÍNCIPE ABSTRACTONo se trata, al menos lo creo así, desgranar en estas líneas el contenidodel libro sino en ofrecer un abanico de los temas tratados para picar la curiosidad al que lea estas líneas. Como he dicho un poco antes, hay capítulos para todos los gustos, pero sin duda los que aluden a la biografíareal tienen un interés especial. Los de Josefina Castillo, Tratados para laeducación del rey niño; Adolfo Carrasco Martínez, El príncipe deliberanteabstracto, y María Victoria LópezCordón Cortezo, Las mujeres en la vida173DICIEMBRE 2009FERNANDO RAYÓNde Carlos II, son apasionantes aunque se solapen entre ellos en algunosapartados o desarrollen lo ya anunciado por Ribot.Interesantísimo el de Antonio ÁlvarezOssorioAlvariño sobre La piedadde Carlos II, con una bibliografía sorprendente y novedosa. Y donde ellibro ya se convierte en un festín es en los tres «artísticos»: José Luis Sancho y José Luis Souto, El arte regio y la imagen del soberano; Ángel Aterido, Pintores y pinturas en la corte de Carlos II, y, sobre todo, en el de Miguel Morán Turina sobre Carlos II y El Escorial. Y es que no sóloacompañan las imágenes —magníficamente reproducidas por cierto— decuadros, dibujos, diseños o arquitecturas, sino que ofrecen una visión muynovedosa de la relación del monarca con el arte, particularmente con elmonasterio de El Escorial, al que Carlos II dedicó los cuidados y atenciónque no tuvo ni con sus mujeres ni con el gobierno de España.Los artículos de Carmen Sanz Ayán, La fiesta cortesana en tiempos deCarlos II; Begoña Lolo, La música en la corte de Carlos II,y Eliseo Serrano, Los viajes de Carlos II, me han interesado menos pero, el especialistaque busque referencias no se sentirá defraudado. Si hay que hacer algúnreproche es la repetición innecesaria del nombre de Carlos II en casi todoslos títulos de los capítulos, pero este es un aviso que cabría hacer al coordinador y, como he dicho, Ribot se ha ganado ya mi respeto.Pero el capítulo final no defrauda. Juan A. Sánchez Belén recoge en Lamuerte os sienta tan bien, majestadno sólo los sermones evidentementelaudatorios hacía el monarca fallecido, sino también algunas interesantesconsideraciones sobre la cuestión sucesoria y el final del rey pasmado.El esfuerzo gráfico en la ilustración del libro queda patente en la páginadedicada a los créditos fotográficos. Es muy de agradecer el esfuerzo realizado, aunque se podrían haber incorporado algunas imágenes más: tal es lacalidad de la obra y el esfuerzo realizado. ¿Lo mejor? Que en cada línea seencuentra un nuevo dato, una referencia novedosa, un apunte sorprendente. Hay libros que, por su tamaño o vistosidad, nacen con la única idea deser un acompañamiento lujoso para una mesa de salón. No es el caso. Estees ya un libro de referencia para el estudio de Carlos II y su época. Un librohermoso, sin duda, pero sobre todo interesante. Y cabe por ello felicitar ala fundación que dirige José Luis Colomer por su edición y por el planteamiento científico original y final que tiene la obra.174NUEVA REVISTA 126