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Testigo vaticano

Josep-Ignasi Saranyana

Breve crónica de los hitos que han caracterizado los pontificados de Juan Pablo II y de Benedicto XVI.

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Josep-Ignasi Saranyana, “Testigo vaticano,” accessed April 8, 2020, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/1955.

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Testigo vaticano

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Veinte años de Nueva Revista

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Breve crónica de los hitos que han caracterizado los pontificados de Juan Pablo II y de Benedicto XVI.

Creator

Josep-Ignasi Saranyana

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Nueva Revista 126 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

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es

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VEINTE AÑOS DESPUÉSTestigo vaticanoEn sus dos décadas de existencia, Nueva Revista ha seguido siempre con atención los temas que atañen a la Iglesia y a sus pastores, tanto por su singularidad como por su importante influencia en la sociedad global. Para esta ocasión, el profesor JosepIgnasi Saranyanaha preparado una breve crónicade los hitos que han caracterizado los pontificados de Juan Pablo II y de Benedicto XVI de los que nuestra publicación ha sido testigo de excepción.JUAN PABLO IIFue muy notorio, desde el primer momento de su pontificado, el interésde Juan Pablo II por la liberación de los países católicos centroeuropeos.En este contexto se inscribe su convencimiento de que tanto el atentadoque sufrió en la plaza de San Pedro, el 13 de mayo de 1981, como la posterior consagración de Rusia al Corazón Inmaculado de María, el 25 demarzo de 1984, fueron dos momentos previstos por Dios en el itinerariohacia la disolución de la tenaza comunista.Con todo, no fue fácil implicar a la Iglesia universal en esa consagración,que debía nombrar específicamente a Rusia. Ni Pío XII, ni Juan XXIII, niPablo VI lograron realizar la consagración del modo en que lo había pedido Nuestra Señora. Juan Pablo II afrontó este obstáculo, pero se vio obligado a recurrir a estratagemas complicadas e indirectas para poder nombrar aRusia. Envió una carta a todos los obispos, invitándoles a unirse a él en lasolemne consagración del mundo que se realizaría el 25 de marzo de 1984.En la carta, no citó a Rusia pero adjuntó la fórmula de consagración que leería, basada en la pronunciada por Pío XII en 1952, que nombraba explícitamente a Rusia. Los obispos, al leer la misiva papal y la fórmula de consagración, comprendieron que era la consagración solicitada por la Virgen asor Lucía y que, por tanto, incluía expresamente a Rusia.50NUEVA REVISTA 126Se celebró la ceremonia. Y comopor encanto, en apenas seis años,Juan Pablo II fue muy valiente. Suhubo un drástico cambio del mundo:actitud decidida transmitió siemprefin de la guerra fría, caída de variosesperanza. Su frase «no tengáisregímenes comunistas, derrumbe delmiedo», repetida con frecuencia, remuro de Berlín, disolución del impesumía a la perfección su talante. Serio soviético y libertad religiosa enenfrentó en solitario al imperio coRusia y en todos otros países del anmunista, sólo con la fe y su confiantiguo imperio comunista. Y todo seza en Dios.realizó sin derramamiento de sangre.El proceso de desintegración comenzó formalmente en noviembre de 1989, con la caída del muro de Berlín, ycontinuó en los meses siguientes, en que desaparecieron los regímenescomunistas en Europa. Poco a poco se cerraron también muchas heridasen América Latina (el sandinismo, la guerra civil de El Salvador y otrasmás). Con todo, poco después de la caída del muro, todavía murieron envil atentado seis jesuitas de la UCAde San Salvador, entre ellos el conocido teólogo Ignacio Ellacuría.Juan Pablo II fue muy valiente. Su actitud decidida transmitió siempre esperanza. Su frase «no tengáis miedo», repetida con frecuencia, resumía a laperfección su talante. Se enfrentó en solitario al imperio comunista, sólo conla fe y su confianza en Dios. Para infundir aliento a los cristianos, recordando que la santidad es también posible en nuestra época, llevó a cabo sesenta y una canonizaciones durante su largo pontificado, como no lo habíalogrado otro pontífice desde que rigen las estrictas normas canónicas queregulan estos procesos. Muy significativas fueron las canonizaciones de Maximiliano María Kolbe (1982), mártir de la caridad en Auschwitz; Edith Stein(1998), hebrea católica y destacada intelectual, también martirizada en Auschwitz; Josemaría Escrivá (2002), sacerdote español, fundador del Opus Dei;el padre Pio de Pietrelcina (2002), místico estigmatizado italiano; y el indígena mexicano San Juan Diego Cuauhtlatoatzin (2002), vidente del Tepeyac,donde se apareció la Virgen de Guadalupe).Entre 1989 y 2005, año de su fallecimiento, el Papa publicó cinco libros como autor privado, algo inusual en la historia del pontificado moderno: Cruzando el umbral de la esperanza (1994), Don y misterio (1996),51DICIEMBRE 2009JOSEPIGNASI SARANYANATríptico romano (2003), ¡Levantaos! ¡Vamos! (2004) y Memoria e identidad(2005), concedió entrevistas a la prensa y se dejó biografiar. Esta actividad literaria, aunque no magisterial en sentido propio, resultó de una eficacia catequética extraordinaria, porque sus libros, traducidos a muchaslenguas, se difundieron con suma facilidad.Su cercanía a los fieles en los innumerables viajes pastorales avaló superfil paternal y sacerdotal, y contribuyó a fortalecer la fe de muchos y preparó la conversión de otros. El cariño del pueblo fiel quedó demostradopor las multitudinarias concentraciones que acudieron a verle y a acompañarle en sus frecuentes viajes apostólicos y, sobre todo, por las impresionantes colas, de varios días, para rezar unos momentos ante sus restos mortales. En vista de lo cual, Benedicto XVI, acogiendo el clamor popular,verdadera «apoteosis de los santos», se apresuró a dispensar el lustro de espera establecido por la legislación canónica para el inicio de la causa debeatificación de Juan Pablo II.Recordemos ahora algunos actos de especial relieve en la segundaetapa de su pontificado. En diciembre de 1990 publicó la encíclica Redemptoris missio, en que aclaraba, con la autoridad de su supremo magisterio, un tema discutido y mal enfocado por la teología de la liberación. El Reino de Dios, que conocemos por revelación —enseña en suencíclica—, es inseparable tanto de Cristo como de su Iglesia, y no coincide con el reino en el que sólo cuentan los programas y luchas por laliberación socioeconómica. No obstante, la realidad escatológica no es unfin remoto del mundo, aplazado indefinidamente, sino que se ha hechopróxima y ha comenzado ya a cumplirse en Jesucristo que es personalmente la Buena Nueva. Estas ideas ya habían sido desarrolladas por PabloVI en su exhortación Evangelii nuntiandi, de 1975, pero entonces no setomaron en cuenta. Ahora, en un marco sociopolítico muy distinto, estaencíclica supuso el fin de la teología de la liberación de carácter confrontativo.También el Papa tuvo que vérselas con los momentos más agitados dela teología feminista. En sus formas más extremas (el ecofeminismo, porejemplo), estas propuestas teológicas dieron lugar a las tesis teológicasmás radicales de los últimos siglos. Juan Pablo II no rehuyó el reto yemanó tres importantes documentos, que constituyen el corpus doctrinal52NUEVA REVISTA 126TESTIGO VATICANOfeminista católico: la carta apostólica Mulieris dignitatem (1988), laEl cariño del pueblo fiel quedó deCarta a las mujeres (1995) y, sobremostrado por las multitudinariastodo, la carta apostólica Ordinatioconcentraciones que acudieron asacerdotalis(1994), en que declaraverle y a acompañarle en sus frede modo definitivo e irreformablecuentes viajes apostólicos y, sobreque «la Iglesia no tiene en modo altodo, por las impresionantes colas,guno la facultad de conferir la ordede varios días, para rezar unos monación sacerdotal a mujeres». Estamentos ante sus restos mortales.carta no se limita al tema señalado,de una enorme trascendencia, comopuede adivinarse, sino que aborda otras cuestiones relativas a la situación de la mujer en el designio general salvífico.En 1992 se publicó la primera edición del Catecismo de la Iglesiacatólica, que había sido una petición unánime de los padres sinodalesreunidos en la asamblea extraordinaria del Sínodo de los Obispos de1985. Cinco años más tarde, en 1997, recogiendo muchas sugerencias ypropuestas de los obispos dispersos por el mundo en comunión con laSanta Sede, apareció la edición típica del Catecismo, verdadera joya entregada a la Iglesia para la formación de los fieles y la predicación delos pastores. Téngase en cuenta que sólo dos veces, a lo largo de su bimilenaria historia, la Iglesia ha publicado un catecismo oficial: despuésdel Concilio de Trento, en 1567, y al poco del Vaticano II. Cuando yaestaba en su lecho de muerte, pudo entregar a la Iglesia el Compendiodel Catecismo, que sería editado oficialmente por su sucesor, Benedicto XVI.La historia de este Compendio es aleccionadora, porque revela cuándifícil es el gobierno de la Iglesia universal. La Santa Sede había determinado que se hiciesen adaptaciones del Catecismo a la idiosincrasia de lasdiferentes latitudes, extractando los puntos principales de la doctrina.ElPapa deseaba que esas adaptaciones sumarias sirviesen para la instrucción de los niños y de los cristianos menos formados. Pasó, sin embargo, más de una década y no hubo ninguna respuesta. Por esta causa, laSanta Sede tuvo que ponerse mano a la obra. La confección del Compendiose encuadra, por consiguiente, en el marco de la función subsidiaria55DICIEMBRE 2009JOSEPIGNASI SARANYANAde la Santa Sede. En todo caso, el Compendiono es, en sentido propio,un catecismo «minor», sino sólo una síntesis que se preparó con bastante rapidez.En la década de los noventa, en el marco del diálogo interreligioso y de lainculturación de la fe, algunos teólogos discutieron —con mucha polémica yactitudes desafiantes— la mediación salvífica definitiva, plena y completa deJesucristo. Esto era muy grave, porque suponía considerar limitada, incompleta e imperfecta la revelación de Cristo, «que sería complementaria a la revelación presente en las otras religiones». Para salir al paso, la Congregación de laFe publicó en septiembre de 2000, con el total apoyo del romano pontífice,la declaración Dominus Iesus.Fue Juan Pablo II muy sensible también a los errores cometidos porlos católicos, en nombre de la fe. Prestó especial atención al «caso Galileo», que mandó se revisase, creando para ello una comisión. El comité estudió a fondo el asunto, aunque sin llegar a resultados significativos, salvo, quizá un libro primerizo editado por el profesor WalterBrandmüller, miembro del grupo creado por Juan Pablo II. Los estudios históricodoctrinales más interesantes sobre el tema fueron publicados años más tarde por el profesor Mariano Artigas, con una excelente acogida en todos los sectores, tanto católicos como de otrasconfesiones religiosas.El Papa no se limitó al caso referido. Durante el gran jubileo del año2000, Juan Pablo II promovió una impresionante ceremonia de petición deperdón por los errores y pecados cometidos por los católicos en nombrede la fe. Fue un acto muy solemne de «purificación de la memoria», quetuvo lugar al comienzo de la cuaresma, el 12 de marzo. En su mente estaban, entre otros temas, la cruel trata esclavista, especialmente desde 1450y, cómo no, la cuestión de la Inquisición.La entrada en el nuevo milenio, preparada por tres años dedicados acada una de las tres Personas de la Santísima Trinidad y por la convocatoria de un gran jubileo, provocó una avalancha de peregrinaciones a Roma,fortaleciendo afectivamente la unidad de la Iglesia. No obstante, el Papano ocultó su desilusión, al comprobar que el cambio de milenio no supuso una mejora de la situación geopolítica mundial y que incluso surgieron nuevos problemas en el seno de la misma Iglesia:56NUEVA REVISTA 126TESTIGO VATICANO«Hace diez años, con la Tertio millenio adveniente [10 de noviembrede 1994], tuve el gozo de indicar a la Iglesia el camino de preparaciónpara el Gran Jubileo del Año 2000. Consideré que esta ocasión histórica se perfilaba en el horizonte como una gracia singular. Ciertamenteno me hacía ilusiones de que un simple dato cronológico, aunquefuera sugestivo, comportara de por sí grandes cambios. Desafortunadamente, después del principio del milenio los hechos se han encargadode poner de relieve una especie de cruda continuidad respecto a losacontecimientos anteriores y, a menudo, los peores. Se ha ido perfilando así un panorama que, junto con perspectivas alentadoras, deja entrever oscuras sombras de violencia y sangre que nos siguen entristeciendo. Pero, invitando a la Iglesia a celebrar el jubileo de los dos milaños de la Encarnación, estaba muy convencido —y lo estoy todavía,¡más que nunca!— de trabajar “a largo plazo” para la humanidad» (Cartaapostólica Mane nobiscum, de 7 de octubre de 2004).Negros acontecimientos, en efecto, se habían destapado en último lustro,sobre todo en los Estados Unidos (escándalos provocados por un ciertonúmero sacerdotes, muy aireados por los medios) y en algunos institutosreligiosos. Con sentido de reparación y de purificación de la Iglesia, ycomo vehículo privilegiado de unidad, en la carta que acabo de citar declaró un año dedicado a la Santísima Eucaristía.En esos mismos años, concretamente el 14 de septiembre de 1998,después de una elaboración muy larga y compleja, salió a la luz la encíclica Fides et ratio, sobre las relaciones entre la fe y la razón. En unmundo que se dice postmoderno, que desconfía un tanto de la capacidad de la razón para construir un mundo más humano y mejor (después de la traumática experiencia de las dos guerras mundiales, de unamagnitud como nunca se había visto), el Papa ofrecía una apuesta decisiva a favor de las posibilidades de la humana inteligencia, no sólopara ordenar de modo mejor el mundo, sino sobre todo para conocerlas riquezas de la Revelación divina. Además, y sin agotar el misterio revelado, la razón puede decir muchas cosas verdaderas sobre él. La incomprehensióndel misterio divino (de las verdades que son sobrenaturales en sí mismas) es compatible con un conocimiento verdadero de57DICIEMBRE 2009JOSEPIGNASI SARANYANAalgunos aspectos de ellas. La teología es verdadera ciencia y es posible. La encíclica termina con un epígrafe titulado «Cometidos actualesde la teología». De estas materias ya había tratado el Concilio VaticanoI (1870) contra cierto clima fideísta y frente a las exageraciones racionalistas. Ahora el mismo tema se contemplaba desde otra vertiente, en elmarco de la denominada filosofía débil.En el ámbito de la piedad popular, a la que siempre se mantuvo tanatento Juan Pablo II, destaca la promoción del rezo del Santo Rosario, siguiendo los pasos de sus predecesores Juan XXIII y Pablo VI, y la invenciónde los cinco misterios de luz, que acentúan el carácter cristológico dela preciosa corona mariana. La novedad de los cinco misterios luminososfue una sorpresa, anunciada a la cristiandad por medio de la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, de 16 de octubre de 2002.Mientras tanto, la salud del pontífice se había deteriorado mucho. Lossignos de su enfermedad eran patentes, hasta el punto de que apenas sele entendía cuando leía sus discursos. A pesar de la fuerte presión paraque dimitiera, decidió mantenerse al frente de la nave de Pedro, ofreciendo un testimonio heroico de una ancianidad llevada con entereza, fe yesperanza cristianas. Dios se lo llevó a su seno el 2 de abril de 2005.BENEDICTO XVIEl 19 de abril de 2005, dos semanas después del fallecimiento de JuanPablo II, fue elegido pontífice máximo el cardenal Joseph Ratzinger, quetomó el nombre de Benedicto XVI. Su elección en el conclave de cardenales no fue una sorpresa, como sí lo había sido la elección de su antecesor. Ratzinger llevaba casi un cuarto de siglo en la curia romana (desdenoviembre de 1981), al frente de la Congregación para la Doctrina de laFe, y era, sin discusión, uno de los teólogos de mayor prestigio.Las grandes prioridades pastorales del Benedicto XVI fueron, desde primera hora: China, Brasil, Estados Unidos y Centroeuropa. Las relaciones conel gobierno chino y con la Iglesia patriótica china empezaron bien, peroahora no van por buen camino. A Brasil viajó a mediados de mayo de 2007,para inaugurar la Conferencia General del Episcopado de América Latina,que tuvo lugar en Aparecida. En su discurso previo a los obispos brasileños,en la catedral de São Paulo, el Santo Padre abordó dos cuestiones que lleva58NUEVA REVISTA 126TESTIGO VATICANOmuy dentro de su corazón: la santidad de los sacerdotes y religiosos (yBenedicto XVI ha abierto nuevasla consiguiente responsabilidad deperspectivas a la misión de la Iglelos obispos en la selección de candisia, superando, de una vez pordatos idóneos para las órdenes sagratodas, la dicotomía entre tradición ydas), y el tema del sincretismo religioprogresoso, que echa raíces en la denominadateología india. Al año siguiente, y porlas mismas fechas, Benedicto XVI viajó a los Estados Unidos. Fue un viajepara infundir esperanza al episcopado norteamericano, enfrentado a unaopinión pública recelosa y adversa, por los escándalos de los ministros sagrados tan aireados por los medios; situados, además, en un clima de deterioro «silencioso» de la práctica cristiana y de minoración de las vocacionessacerdotales. A Centroeuropa ha realizado varias visitas pastorales: a Alemania (dos veces), Austria, Polonia y Chequia. También ha visitado España yFrancia.En el contexto pastoral de estos viajes es preciso aludir, aunque sólode pasada, a la actitud del romano pontífice frente al mal que ha irrumpido en algunos sectores de la Iglesia. Como su antecesor, se ha propuesto la tolerancia cero con la corrupción. Su principio de gobierno es queni el Papa, ni los obispos pueden tolerar el mal, aunque deban cultivarsiempre entrañas de misericordia para con el pecador. Pactar con el mal,ignorándolo y disimulándolo, constituiría una falta gravísima, que escandalizaría a los católicos y desedificaría a los hombres de buena voluntad.Por ello mismo, ha exigido con gran firmeza, lealtad y fidelidad a sus colaboradores en todos los asuntos de gobierno, lejos de cualquier doblezy engaño, y ha activado algunos procesos canónicos que estaban retrasados o paralizados.Durante su segundo viaje a Alemania, en septiembre de 2006, pronuncióuna lección académica en la Universidad de Ratisbona, el último centro académico al que estuvo vinculado. En ese discurso, que levantó mucha polvareda, abordó una tesis importantísima: la capacidad de la razón para alcanzar la verdad. Era el tema de la encíclica Fides et ratio, de 1998. Las críticasle llovieron por un pasaje en que recapitula una discusión entre un musulmán (un persa culto) y un cristiano (el emperador Manuel II Paleólogo). Es59DICIEMBRE 2009JOSEPIGNASI SARANYANAmuy posible que el Papa tuviese a la vista, no sólo el triste itinerario de la filosofía musulmana, desde que se apagó el influjo de Aristóteles en ella, sinomuy especialmente la actitud antirracional (o, mejor dicho, antimetafísica) deMartin Lutero. En cualquier caso, al comienzo de la lección declaraba quesiempre le había fascinado la libertad del acto de fe y que desconfiar de lasposibilidades de la razón es una ofensa a Dios mismo:«El emperador [Manuel II Paleólogo], después de pronunciarse de unmodo tan duro [contra las disposiciones del Corán sobre la guerrasanta], explica luego minuciosamente las razones por las cuales la difusión de la fe mediante la violencia es algo insensato. [...] En esta argumentación contra la conversión mediante la violencia, la afirmacióndecisiva es: no actuar según la razón es contrario a la naturaleza deDios».Benedicto XVI ha publicado tres encíclicas, hasta la fecha: Deus caritas est(diciembre de 2005), sobre el amor cristiano; Spe salvi(noviembre de2007), sobre la esperanza cristiana, y Caritas in veritate(junio de 2009),sobre el desarrollo humano en la caridad y en la verdad. Falta, pues, unaencíclica sobre la fe, para completar la trilogía acerca de las virtudes teologales. Caritas in veritateanaliza la vida económica y social, en el contexto de la gran crisis económica que nos azota. Esta encíclica es relevante, porque, además de ofrecer pistas interesantísimas para el análisis de lacrisis económica actual, insta a la colaboración interdisciplinar. Expresamente recuerda que no pueden dejarse al margen las aportaciones de lafilosofía y, sobre todo, de las ciencias teológicas.Uno de los discursos más importantes del Santo Padre fue pronunciado en diciembre de 2005, dirigido a los cardenales y prelados que trabajanen la curia romana. Es un texto precioso, en que, después de felicitar la Navidad a los colaboradores más próximos de la curia, aborda una cuestiónfundamental para el desarrollo eclesiológico e históricoteológico. Se pregunta sobre la continuidad o discontinuidad entre el antes y el despuésdel Vaticano II. La tesis del Papa, que debe ser leída con mucha atención,establece la continuidadde la Iglesia, antes y después del Concilio (puesla asamblea conciliar no ha supuesto un ruptura), y, al mismo tiempo, la60NUEVA REVISTA 126TESTIGO VATICANOnovedad(y por ende una cierta discontinuidad) entre el antes y el después.Quisiera citar dos ejemplos a los que se le aplica la armonía tradiciónnovedad: las negociaciones de la Santa Sede con la Fraternidad Sacerdotal SanPío X, surgida del movimiento cismático del arzobispo Marcel Lefevbre(†1991), se inscriben en este marco; y también la proclamación de un añopaulino, superando los temores de los padres tridentinos.Por último, una breve referencia a las iniciativas ecuménicas: primero con los luteranos, con quienes continúan las conversaciones, despuésde los acuerdos sobre la noción cristiana de justificación; también conlos anglicanos que han decidido pasar a la Iglesia católica, decepcionados por la ruptura de la Comunión anglicana con algunos presupuestosbásicos de la tradición cristiana; y finalmente conversaciones con los ortodoxos, que avanzan más bien despacio, a pesar de ser tan poco lo quenos separa. No ha descuidado tampoco las relaciones con el judaismo,con resultado desigual, y con el mundo musulmán, más bien con escaso fruto.Asimismo ha continuado Benedicto XVI la iniciativa inaugurada porsu predecesor, de publicar como autor privado. En 2007 dio a la prensa lasegunda parte de su curso de cristología, dictado varias veces en la universidad alemana. La monografía se titula Jesús de Nazaret. En ella, Benedicto XVI reivindica la posibilidad de alcanzar muchas verdades sobre Cristoa partir de la historia de Jesús de Nazaret, y discute —y acepta, cuando esel caso— los logros de la crítica histórica.* * *Desde 1523 no había habido ningún Papa no italiano. Los dos últimos, sinembargo, han nacido fuera de Italia: el primero en Polonia y el segundoen Alemania. Esta ha sido otra novedad importante en el cambio de siglo.Por ser obispo de Roma, el Papa es vicario de Cristo y cabeza del colegio episcopal. La ciudad de Roma y la suprema potestad primacial quedaron ligadas para siempre con san Pedro. Pablo VI firmó muchas vecescomo «Obispo de la Iglesia católica», en el contexto de las enseñanzas delVaticano II. Juan Pablo II se congratulaba de ser obispo de Roma: era61DICIEMBRE 2009JOSEPIGNASI SARANYANApolaco de nacimiento, pero romano por elección. Benedicto XVI echade menos una mayor comprensión teológica del primado romano, sobretodo, en relación con los grandes patriarcados ortodoxos, asunto pendiente desde el cisma de 1054.En todo caso, la experiencia de dos papas no italianos, tan temida poralgunos, ha sido muy positiva, como no podía ser de otra manera. Unode ellos, con sus santidad y su celo pastoral, merecío de Dios la caída delos regímenes comunistas. El otro, felizmente reinante, ha abierto nuevasperspectivas a la misión de la Iglesia, superando, de una vez por todas, ladicotomía entre tradición y progreso.62NUEVA REVISTA 126