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El piano a cuatro manos

Juan Ortiz de Mendívil

Ensayo sobre la práctica del piano a cuatro manos y los grandes autores que han compuesto este tipo de obras.

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Referencia

Juan Ortiz de Mendívil, “El piano a cuatro manos,” accessed April 6, 2020, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/1906.

Dublin Core

Title

El piano a cuatro manos

Subject

El piano como rey de los instrumentos

Description

Ensayo sobre la práctica del piano a cuatro manos y los grandes autores que han compuesto este tipo de obras.

Creator

Juan Ortiz de Mendívil

Source

Nueva Revista 124 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

Rights

Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

Format

document/pdf

Language

es

Type

text

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El piano a cuatro manosJUANORTIZDEMENDÍVILSiempre se ha dicho, y por tanto es un tópico, que el piano es el rey delos instrumentos. Afirmación en sí misma discutible si consideramos el lirismo de los instrumentos de cuerda, la voz seductora de los de madera,el color tímbrico de los de metal y la energía de los de percusión.Sin embargo, es bien cierto que, desde la perspectiva de la polifonía,el piano, de forma natural, es el instrumento polifónico por excelencia. Ysi esto es así para el piano en general, ¿qué decir cuando se trata del pianoa cuatro manos?El dúo de piano a cuatro manos, que es una modalidad de la músicade cámara, posibilita que el piano alcance su máxima potencialidad polifónica al actuar simultáneamente sobre el teclado dos instrumentistas, conuna disponibilidad potencial de veinte dedos, a lo largo de sus siete octavas y media (ochenta y ocho teclas).En estas circunstancias no es de extrañar que el piano a cuatro manoshaya sido elegido el instrumento idóneo para verter en él transcripcionesde sinfonías, cuartetos, operas etc.; pero lo verdaderamente significativoe interesante, y es lo que queremos destacar en estas líneas, es que estamodalidad de componer ha sido elegida por grandes músicos a partir delmomento mismo de la aparición del piano.Así, encontramos que Johann Christian Bach, el hijo pequeño de Johann Sebastian Bach, el llamado «Bach inglés», escribió varias sonataspara piano a cuatro manos. La forma de escribir de Johann Christian Bach,Juan Ortiz de Mendíviles pianista. En la actualidad forma dúo de piano a cuatromanos con el eminente pianista y director de coros búlgaro Dimitar Lazarov Kanorov, dúo que ha actuado recientemente en diversos teatros y centros de cultura en Madrid.139JULIOSEPTIEMBRE 2009JUAN ORTIZ DE MENDÍVILconsiderado el primer concertista conocido de piano, influyó sin duda enMozart. Fue este último quien escribió una serie de sonatas para piano acuatro manos, brillantes, complejas y evolucionadas, obras que interpretaba con su hermana, siendo especialmente destacable por su importanciay nivel musical la Sonata en Fa M(K.V. Nr. 497).También Beethoven, aunque esporádicamente, escribió para piano acuatro manos; y pienso aquí en la Sonata op. 6con sus dos tiempos: Allegro moltoy Rondo. La compuso en 1796 a la edad de 27 años. Decía enaquel entonces: «Ánimo. Mi genio triunfará. Es preciso que en este mismoaño [1796] se revele el hombre todo entero». En elAllegronos encontramos ya, pese a ser una obra de juventud, con un Beethoven autoafirmativo y turbulento, que fluctúa, en el Rondo, a esa otra faceta de su personalidad, dulce y amable.También en el romanticismo existe una importante literatura parapiano a cuatro manos. Si Schumann adoptó esta modalidad, fue sin dudaSchubert quien mostró una verdadera predilección por el piano a cuatromanos, probablemente porque necesitaba de una forma ampliada de sonoridad, más rotunda, más poderosa. Precisamente el catálogo de su obraempieza con una Fantasía en Sol M, que se supone escribió a la edad detrece años. Lo cierto es que Schubert cultivó intensamente esta modalidad compositiva, mereciendo especial atención una obra maestra del género; su famosa, bella y técnicamente compleja Fantasía en Fa m.No podemos dejar de citar entre los grandes románticos a JohannesBrahms, quien eligió el piano a cuatro manos para dos grandes y significativas obras: Las danzas húngaras(21 danzas distribuidas en dos cuadernos) y los 16 valses de su Op. 39; una obra magnífica en la que los valses, sin dejar de ser valses, adquieren tintes y matices rapsódicos ysinfónicos. Tenía 32 años Brahms cuando compuso estos valses. Poco tienen en común con los de Beethoven o Schubert o Strauss. Valses densos,profundos, complejos, hermosos, compuestos en 1865, un año dolorosopor la muerte de su madre. Le escribe a Clara Schumann: «Cuanto máspasa el tiempo más siento la falta de mi añorada madre».Y refiriéndonos ya al piano a cuatro manos en el pasado siglo XX, tenemos que citar, entre otros, a Gabriel Fauré, Claude Debussy, MauriceRavel, Erik Satie, Francis Poulenc. La Petite Suite deClaude Debussyes una140NUEVA REVISTA 124EL PIANO A CUATRO MANOSobra sabia, sensual, imaginativa y deliciosa, escrita a la edad de 27 años,en 1889. Años felices en los que convive con Gaby, «la de los ojos verdes», en el París de la Exposición Universal. Debussy explota inteligentemente todos los resortes del piano a cuatro manos, usando una forma deescribir que obliga a los intérpretes a tocar de una forma compacta, sabiamente entrabada, especialmente atentos a esa «quinta mano»que es elpedal, y que debe ser cuidado hasta el extremo.Finalmente, una obligada cita a Maurice Ravel. Mi madre la Oca la escribe Ravel a la edad de 33 años en 1908. Glosa musicalmente una seriede cuentos; entre ellos Pulgarcito(de Perrault), Feúcha, reina de las pagodas(de Madame D’Aulnoy), Las conversaciones de la Bella y la Bestia(de Madame Leprince de Beaumont), transcribiendo en la misma partitura y a guisa de encabezamiento, algunos extractos de los cuentos. Porejemplo, en Las conversaciones de la Bella y La bestia: «No, querida Bestia, no moriréis, viviréis para ser mi esposo».Maurice Ravel, con su inmensa maestría de instrumentador, realizó posteriormente una versión orquestal de esta obra, pero me atrevería a decirque la versión inicial para piano a cuatro manos tiene, con su depurada ycompleja escritura, un encanto y una pureza insuperables, dejando un amplio margen de libertad a la imaginación. En esta obra, el perfeccionismoy sentido lúdico de Ravel, raya en ocasiones en la extravagancia, obligando a los intérpretes a tener que hacer filigranas en el teclado para intentar ser fieles a la escritura del autor, tan celoso de la exactitud.Resumiendo, diríamos que la modalidad del piano a cuatro manos, conla presencia de dos ejecutantes en el mismo teclado, sitúa a esta particular forma de ejecución pianística en el campo de lo concertante, y requiere una gran capacidad de colaboración y compenetración entre los dospianistas, que se sirven mutuamente en unos casos y se aúnan y multiplican en otros hasta alcanzar el máximo clímax sonoro.Añadamos a ello que todo esto implica, en ocasiones, un cierto funambulismo que suele sorprender y divertir al público no habituado, y exigea los pianistas que forman el dúo de piano a cuatro manos una exagerada precisión, ilimitada coordinación y mutua atención, lo que convierte aesta modalidad de música de cámara en una arriesgada aventura. Una temible y maravillosa aventura. 141JULIOSEPTIEMBRE 2009