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Un apunte historico sobre el real colegio de españa

José Guillermo García Valdecasas

Historia de la "Casa Hispánica" que el cardenal don Gil de Albornoz fundó en 1364 en Bolonia.

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José Guillermo García Valdecasas, “Un apunte historico sobre el real colegio de españa,” accessed July 1, 2022, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/1896.

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Un apunte historico sobre el real colegio de españa

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Historia

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Historia de la "Casa Hispánica" que el cardenal don Gil de Albornoz fundó en 1364 en Bolonia.

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José Guillermo García Valdecasas

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Nueva Revista 123 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

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Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Un apunte histórico sobre el Real Colegio de España en BoloniaJOSÉGUILLERMOGARCÍAVALDECASASRECTORDELREALCOLEGIODEESPAÑAEl 29 de septiembre de 1364 el cardenal don Gil de Albornoz entrega al notario apostólico de Ancona el testamento escrito de su puño donde instituyepor heredero universal un centro de veinticuatro estudiosos (scholarium) aconstruirse en Bolonia con el nombre de Colegio o «Casa Hispánica».El gran reconstructor de los Estados Pontificios produce así una novedad doble: el primer colegio universitario español... y la primera de las instituciones españolas en absoluto, pues se anticipa en siglo y medio a launidad de los reinos peninsulares. Hacer un Colegio de Españaen el sigloXIVes intitularlo a un futurible. Y, en algún modo, empezar a construirlo.Con el estudio y aun con la misma convivencia. Don Gil reúne a jóvenesde Castilla y Aragón, Cataluña y Galicia, Andalucía, Navarra, Valencia, Extremadura... En su terruño, cada cual habría considerado extranjeros a losotros; en Bolonia, unidos a la suerte de la casa común, iban a descubrirque eran españoles, como los llamaban todos en las aulas y en la calle.Dos albaceas del cardenal, su sobrino el canonista Fernando Álvarezy el obispo de Osma, don Pedro, redactan los estatutos según él se losexplicara de viva voz. Don Gil autoriza tales instrucciones como propias mediante codicilo del 23 de agosto de 1367, penúltimo de sus díasen la tierra. Con la aprobación de los estatutos por bula de Urbano V (25de septiembre de 1369) el Colegio cobra plena personalidad jurídica.Pocos años después uno de sus dos redactores, el ahora obispo deCuenca, don Pedro, los revisa a instancias de Gregorio XI —también élalbacea de don Gil, y entusiasta suyo como ningún otro pontífice—,quien promulga la versión definitiva el 20 de noviembre de 1377. Así se58NUEVA REVISTA 123imprimirán los estatutos en Boloniaen 1485. Los retoques introducidosAunque sufran postizos, citas sacraspor don Pedro suelen ser reconocidel esmerado lerdo y otras impertibles, y ninguno parece grave, aunnencias de poca monta, los estatuque tampoco acertado. El peor estos contienen las disposiciones delacrecer la colegiatura a ocho teólocardenal Albornoz.gos, dieciocho canonistas y cuatromédicos: incauto triunfalismo poruna abundancia pasajera de recursos. Menudo desbarajuste, alojar atreinta colegiales en una casa concebida para veinticuatro.Aunque sufran postizos, citas sacras del esmerado lerdo y otras impertinencias de poca monta, los estatutos contienen las disposiciones del cardenal Albornoz compiladas por Fernando Álvarez, primer rector del Colegio. No exagera el canonista cuando los atribuye íntegramente a lavoluntad de su señor tío, «de la cual, en todo cuanto a continuación sedescribe, tenemos plena constancia en cada punto» (est.I). Por él constanlas motivaciones del causante:el principal propósito de dicho Señor nuestro en la construcción deuna casa de tal naturaleza, después del de la salvación de su alma,fue proveer a la ignorancia de los españoles; entre los cuales, a causade las confrontaciones de las guerras y otras infinitas calamidadesque en sus tiempos se presentaron en aquella provincia, mucho hamenguado el conocimiento de las letras, o la abundancia de doctos...(est. III)Así se justifica que el Colegio acepte sólo estudiantes españoles. Toca proponerlos por turno a determinadas sedes ibéricas y al príncipe o jefe dela casa de Albornoz. Podrán ser clérigos o laicos, pero siempre seglares;no frailes ni monjes, «pues hombres de dispar profesión, uno con otro, malsuelen convivir» (est.II). Dado el conjunto mixto de laicos y religiosos, esnotable el orden de precedencias cuando el Colegio se reúne:«Tras el rector, se sentarán primero los graduados en la ciencia,según la cualidad del grado [...]; después [...] los constituidos en dignidades eclesiásticas [...]; y si por ventura algunos de ellos tuviesenprelación eclesial sobre los graduados, pese a eso aquí queremos59JUNIO 2009JOSÉ GUILLERMO GARCÍA VALDECASASque la ciencia —a la cual son llamados prioritariamente todos los delcolegio— sea honrada por todos, para que cada cosa anime virtuosamente a ella.» (est. XV).Los designios fundacionales de don Gil, a más de manifestarse en documentos como éste y el testamentario —cosa común entre fundadores—,constan también por monumento. Porque el propio edificio, hoy considerado gran precedente de la arquitectura renacentista por C. L. Frommel ydemás autoridades en la materia, es creación suya. Se diría que ya en elsiglo XVlo supo Pérez de Guzmán, pues en los Claros Varonesle dirigeun elogio alusivo a su originalidad arquitectónica: «en Bolonia edificasteis un colegio de obra extraña...». Albornoz concibe la idea, fija las dimensiones, dibuja los planos con ayuda de sus técnicos o delineantes y define cada particular, desde el desarrollo de la escalera doble a las columnas y sus capiteles, las ménsulas y nervaduras de las bóvedas o losescudos del dintel. Todo conforme a la magnificencia anunciada en su testamento, donde por tres veces en otras tantas líneas prefigura la noble dignidad del palacio: en un sitio decentipróximo a las escuelas universitarias ha de construirse una residencia decenscon capilla decensen honorde San Clemente...Nada de lo cual es mero antojo, sino conciencia clara del rumbo que haemprendido la cultura. Ya no pide claustros conventuales: está creciendo enestancias palaciegas. Recuérdese la innovadora figura de Petrarca, amigode don Gil; o el modelo aristocrático de la nueva juventud intelectual, quepropone «Fe, Ciencia y Caballería». Albornoz evita que su edificio parezca unconvento: ha de ser un palacio... con fastuosos libros de estudio. Como advierte M. Kiene, máximo especialista en estructuras universitarias medievales, Italia no conoció ninguna con biblioteca antes del Colegio de España,y aún debería esperar más de un siglo para ver otra. No semejante, porqueno la hubo nunca. Los trescientos códices del Colegio, según Maffei, Cortese y Rossi —eruditos que dedicaron casi tres décadas a su análisis y catalogación—, constituyen un acervo privado sin igual en Occidente. Y tambiénesto enseña cómo concebía su obra don Gil. Casa y libros se han conservado casi incólumes hasta nuestros días por el mucho respeto de todas lasgeneraciones colegiales a la intangible huella del fundador.60NUEVA REVISTA 123UN APUNTE HISTÓRICO SOBRE EL REAL COLEGIO DE ESPAÑA EN BOLONIAEn cambio, donde los juristasabundan —y en el Colegio son plétoEl 6 de enero de 1530 el emperadorra— no suele prevalecer el mismoCarlos, ya en vísperas de coronarserespeto hacia las normas, sino el apeen Bolonia, visita el Colegio y le contito desordenado de interpretarlas. Encede regia protección por sí y sus1489, y a título de aclarar las verdasucesores.deras intenciones de don Gil, seañade a los estatutos una cláusularestrictiva en favor de los verdaderos cristianos. Esto es, tras una grave batalla en la colegiatura, se excluye a los conversos y sus descendientes. Aunque no tengo empacho en confesar que aquí, como de costumbre, estoycon los conservadores, reconozco que probablemente la horda ordinariaprogresista salvó al Colegio. De convertirse en refugio de moros y judíosbien pronto habría dejado de existir. Pero, paradójicamente, la ética plebeya de la sangre, sola vanidad asequible a los hijos de nada y no de algo,iba a entregar el Colegio en monopolio a la aristocracia. Cuando se impuso la exclusión, era suficiente remontarse a los abuelos y aducir testimoniosde ser fama que comían tocino. Una centuria después, sólo los vástagosde nobles estirpes, con sus árboles genealógicos y probanzas en regla, pudieron acreditar esa charcutería ya remota. Durante siglos, el Colegio iba aser coto de hidalgos. También reconozco que lo defendieron como nadie,auque quizá con excesivo uso de la espada. Aun hoy, alguna guía de Bolonia persiste en el bulo de la nobleza exigida en el Colegio español.Tal reforma fue un cáncer en los estatutos: innumerables veces tuvieron que volver a reformarla los pontífices. Pero dejémosla, porque al finla derogó el olvido.El 6 de enero de 1530 el emperador Carlos, ya en vísperas de coronarse en Bolonia, visita el Colegio y le concede regia protección por sí y sussucesores. Desde ese día se timbra de Realel instituto. La merced comporta privilegios que serán causa indirecta de otro añadido al nombre muchomenos feliz.¿Quién no ha oído llamarlo «San Clemente de los españoles»? Es un despropósito, visto que el fundador, si bien intitula al Papa mártir la capilla,decide llamar al Colegio de España. Así lo hizo siempre todo el mundo...salvo nuestros compatriotas.61JUNIO 2009JOSÉ GUILLERMO GARCÍA VALDECASASVeamos por qué yerran: en 1528 el antiguo colegial Andrés Vives fundaotro colegio español —para sus paisanos de Alcañiz— que se inaugura enBolonia diez años más tarde. El de Albornoz le sospecha intenciones departicipar en sus privilegios de 1530 ratificados por Felipe II en 1563. Ypide a los sucesivos monarcas que renueven las concesiones especiales afavor del Colegio de España en Bolonia, el de la capilla de San Clemente,por si hubiere duda. Pronto la administración española lo llamará Colegiode San Clementea secas. Hoy es nombre no sólo impropio sino injusto,porque a mediados del XVIIIlos bienes del extinto colegio alcañizano,conforme a la voluntad del propio Vives, los recibió el de don Gil, heredero de su memoria.La protección regia se traducía en beneficios de dos especies. Brindabaa los bolonios un halagüeño futuro con exenciones fiscales, preferenciaen los empleos superiores de la administración española y otros privilegiostan raros como apetecibles; al Colegio mismo le ofrecía eficaz amparo a través del embajador en la Santa Sede y otro especial ante las autoridadesboloñesas, el delegado regio, que tuvo funciones entre protocolarias y subrepticiamente disuasorias: de producirse un ataque a la fundación, el representante del Rey habría podido movilizar los poderosos contingentesbélicos de la corona en Milán, Nápoles y los Presidios Españoles. No así elrector, colegial anualmente elegido por sus compañeros si el jefe de la casade Albornoz no decidía nombrarlo por su cuenta. Añádase el visitadorapostólico que el pontífice enviaba de vez cuando: demasiadas autoridadessobre tan pocos súbditos, y por lo común mal avenidas entre sí. Para sosiego entre las dos superiores fue costumbre atribuirlas a la misma persona, el visitador por breve [apostólico] y patente [regia]. Con efectos deplorables para la colegiatura. Mientras a tamaño visitador lo autorizan el Papay el Rey, en el siglo XVIIIlos rectores llegan a derivar su nombramiento —afalta de quorum— de un presunto viceprotector o un remoto pariente dela estirpe albornociana. Algún año no tuvo el Colegio quien ejerciera lasfunciones rectorales, y otros —cosa aún peor— se las atribuyeron a la vezdos becarios en nombre de autoridades distintas, con guerras civiles muybastantes para acreditar que ésta es realmente una Casa Hispánica.El remedio fue reunir en una persona y a perpetuidad los tres títulos:el patrono de estirpe y el cardenal protector nombran de consuno rector62NUEVA REVISTA 123UN APUNTE HISTÓRICO SOBRE EL REAL COLEGIO DE ESPAÑA EN BOLONIAy visitador a un bolonio que S. M. elRey eleva a delegado regio. Así ocuEl Colegio vive su mayor tragediarre —con la laguna que pronto sebajo el dominio del terrible corso yverᗠdesde 1758 hasta nuestrossu criatura, la República Cisalpina.días. Los rectores ya no duran unPor Decreto Imperial de 28 de marzoaño, sino muchos. Tampoco volvede 1812, Bonaparte lo declara dirán a verse en polémicas con delegasuelto y atribuye su patrimonio aldos regios y batallas con rapaces viMonte Napoleón.sitadores apostólicos: ni quien estoescribe ni casi nadie es dado a pelear consigo mismo.El Colegio vive su mayor tragedia —y muere— bajo el dominio del terrible corso y su criatura, la República Cisalpina. Por Decreto Imperial de28 de marzo de 1812, Bonaparte lo declara disuelto y atribuye su patrimonio al Monte Napoleón. Fueron expulsados los colegiales y vendidoslos bienes del Colegio salvo el edificio, que quedó como res nulliustrastres subastas desiertas (la última sin precio de base) porque los boloñesesse negaron a participar en el inicuo despojo de la casa española.A la caída del famoso déspota empezaron las reclamaciones. Fueroninútiles: por incalculable ineptitud del representante de Su Majestad Católica en Viena, el congreso santificó las adquisiciones en pública subasta sin salvar las propiedades del Colegio en los artículos 97 y 103 delTratado. Restituida Bolonia al pontífice, Pío VII, que por dramáticas motivaciones personales profesaba vehemente afecto a la obra de don Gil,quiso restablecerla devolviéndole lo suyo. Pero el Gobierno austriacoque administraba la ciudad se lo impidió conforme a los acuerdos vieneses. Supo el Papa de sus propios juristas que, en efecto, no cabía unarestitutio in integrum;y como, de otro lado, tampoco le tocaba a él indemnizar los latrocinios de Bonaparte, el Colegio español había dejadode existir. Así las cosas, Pío VII decidió restablecerlo a sus expensas. Lo hizo en 1819, tras resolver algún problema jurídico cuya complejidadno cabe en estas páginas. Desde entonces, el Colegio es fundación pontificia.No acabaron aquí sus infortunios. El siglo XIXes el de las usurpacionesgubernamentales. A la napoleónica seguiría la de España. Tras suprimir63JUNIO 2009JOSÉ GUILLERMO GARCÍA VALDECASASen 1853 el reconocimiento de los títulos obtenidos por los bolonios—brutalidad legítima, pues no excede a las competencias del Estado español—, una Real Orden de 1855 quiso confiarle la fundación al extrañoaventurero Manuel Marliani y sus intenciones desamortizadoras. El únicocolegial supérstite en la casa, José María de Irazoqui, dio por nulo el ilegítimo nombramiento; así se reconocería en nueva Real Orden (10X1857). Pero Marliani, pertinaz en el propósito y mudable en la naturaleza,se dijo italiano y fue al punto senador, como acababa de serlo entre nosotros: en 1861 las Altas Cámaras Constituyentes reunidas en Turín le asignaron el Colegio para que lo desamortizara a su gusto. No preveían losusurpadores la resistencia inquebrantable del solitario colegial. Por fortuna, era aragonés.Irazoqui estorba el despojo de la fundación; pero en España las disposiciones entrometidas —sin competencia— en la suerte del instituto, juntoa la frustrada codicia de Marliani, sugieren a varios políticos que el gobierno posee en la Emilia un depredable patrimonio. La desvergüenza rebasatodo límite cuando el marqués de La Vega de Armijo, como ministro de Estado, alumbra el último día de 1879 unos sedicentes «Estatutos» donde seerige en supremo jerarca de la fundación; el muy presuntuoso dice derogar cuanto se le oponga (vistas las disposiciones que ningunea, y quiénproceden, parafraseemos a Jorge Manrique: «que a Papas, Emperadores e Prelados así los trata —el ministro— como a los pobres pastores de ganados»). Nada de lo cual es derecho, pero sí apariencia apta para favorecer designios delincuentes. Acuden al Colegio delegados ministeriales,rectores apócrifos que roban a mansalva. Por dos veces los bolonios consiguen en Madrid imponer la figura insigne de su compañero Gómez Tortosa para reparo de la fundación, y otras tantas el turno de partidos la devuelve a los ladrones.En 1914 es una ruina donde malvive un solo colegial mientras el representante del ministro sustrae los últimos recursos del Colegio. Elduque del Infantado, jefe de la casa de Albornoz, aprende entonces queel ayuntamiento boloñés se apresta a liquidar la moribunda obra de donGil. Acude al rey Alfonso XIII y con su apoyo crea una Junta de Patronato donde se reúnen todas las becas disponibles (las suyas y las de las diócesis) para otorgarlas desde ahora sin favoritismos, por concurso nacio64NUEVA REVISTA 123UN APUNTE HISTÓRICO SOBRE EL REAL COLEGIO DE ESPAÑA EN BOLONIAnal de méritos. En contrapartida, el Estado reconoce los títulos de los bolonios y otorga la patente regia al rector propuesto por la Junta. Convención que con el nombre —impropio— de Estatutossanciona el Real Decreto de 8 de mayo de 1916 (corregido por R.D. 20III1919).En su virtud, el siglo XX, comenzado con tan mal pie, figura entre losmás brillantes de la historia colegial. Aludo al período —casi dos terciosde centuria— que toca a los rectores Manuel Carrasco y Evelio Verdera;otros juzguen cuanto sigue.¿Y mañana?Siempre son de temer nuevos acosos. Pero seis siglos y medio impulsan y aleccionan: siquiera aquí, a la postre lo justo prevalece.No digo gracias a quién. Los extraños no lo creerían; los colegiales yalo saben. 65JUNIO 2009