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Tradición clásica, una constante en la historia de Occidente

Vicente Cristóbal

Artículo sobre cómo el fenómeno de la tradición clásica atañe al vasto complejo de áreas culturales que va mucho más allá de los tradicionalmente estudiados al margen de la literatura.

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Vicente Cristóbal, “Tradición clásica, una constante en la historia de Occidente,” accessed April 24, 2024, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/1758.

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Tradición clásica, una constante en la historia de Occidente

Subject

Literatura clásica

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Artículo sobre cómo el fenómeno de la tradición clásica atañe al vasto complejo de áreas culturales que va mucho más allá de los tradicionalmente estudiados al margen de la literatura.

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Vicente Cristóbal

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Nueva Revista 125 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

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Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

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es

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Tradición clásica, una constanteenla historia de OccidenteVICENTECRISTÓBALCATEDRÁTICODEFILOLOGÍALATINADesde el libro de Gilbert Highet The Classical Tradition, publicado en1949, la etiqueta «tradición clásica» ha ido ganando terreno y está ya plenamente asentada en el lenguaje humanístico contemporáneo para designar el influjo de Grecia y Roma sobre la cultura posterior. La utilizó ya aquíen España con alguna frecuencia mi maestro, Antonio Ruiz de Elvira, enel año 1955, cuando escribió su libro juvenil Humanismo y sobrehumanismo; sirvió luego, en 1975, para titular una obra póstuma y recopilatoria (Latradición clásica en España, Barcelona, Ariel) de María Rosa Lida de Malkiel, la insigne hispanista argentina fallecida prematuramente y especializada en las deudas de la literatura española con el mundo helénico y romano; el mismo marbete nombra ahora una asignatura ofertada en variasuniversidades españolas para los alumnos que cursan Filología Clásica oTeoría de la Literatura y Literatura Comparada, y muchos especialistas loutilizamos corrientemente en nuestros escritos.Y es que «tradición» es una palabra hermosa por su alumbradora y radiante etimología. Quiere decir «donación» a través de una serie de sujetos, receptores y sucesivamente donantes: acción de pasar algo de unasmanos a otras, entrega encadenada. La segunda parte del vocablo, la secuencia ditio, remite a la raíz del verbo latino dare, «dar», y la primeraparte, el preverbio tra, es la propia preposición transque indica el pasode lo uno a lo otro y que es tan frecuente en compuestos del castellano.Sigue la palabra desplegando distinción porque, siendo de origen culto,tiene en español una hermana gemela surgida del mismo vocablo latinopero a través de una evolución vulgar y con una especialización distintaen cuanto a su significado: es «traición», palabra en la que ha caído la dintervocálica y en la que ha habido una orientación semántica peyorativa, para acabar refiriéndose a la entrega malévola y dañina de algo o de109OCTUBRE 2009VICENTE CRISTÓBALalguien. Traditio, pues, vocablo latino, subyace maternalmente a «tradición» y a «traición», palabras españolas hijas de aquélla.Y al hacer este análisis etimológico nos hemos adentrado ya, casi sindarnos cuenta, en el fenómeno propiamente dicho de la tradición clásica.Porque el proceso de transmisión o donación encadenada atañe, ya paraempezar, a la lengua, es decir, a las principales lenguas europeas y, en especial, a las romances, cuyo origen se identifica como una evolución dellatín, un proceso de metamorfosis. Y así las etimologías de muchas palabras españolas nos retrotraen al mundo pretérito de los griegos o los latinos, a sus instituciones, a su ideología y a su modo de pensar, empapadoaún de una mentalidad primordial en contacto con el campo y la naturaleza. «Pensamiento», por ejemplo, nos remite a la acción física de pesar:pensar es, pues, en su origen, una averiguación del peso de algo, y puesto que para pesar se colgaba el objeto en la balanza, la operación de colgar y de pesar se identifican nominalmente, de modo que el pensamiento, el péndulo, el pendiente, el peso, el pienso, la despensa, la pensión yla suspensión, son todos miembros de una misma familia. Estos hechosnos son revelados por la historia de la lengua, que pone en claro así unfenómeno de tradición latina en nuestro medio de expresión cotidiano.Porque ha de reconocerse que no sólo hablamos latín cuando recurrimosa expresiones cultas, puramente latinas clásicas, como a priori, mutatismutandiso in fraganti, sino que también hablamos latín —latín evolucionado, pero latín— cuando decimos «pensamiento», «péndulo», «pendiente» o «suspenso».El fenómeno de la tradición clásica atañe luego a todo el vasto complejo de áreas culturales, a unas más que a otras, pero a todas en algunamedida. Ahí está el libro editado recientemente por profesores de Clásicas de la Universidad de Valladolid, Antiquae lectiones(Madrid, Cátedra,2007), que, en sus sintéticas exposiciones, va mucho más allá de los tradicionalmente estudiados márgenes de la literatura, donde se ha observado desde siempre, sí, el ingrediente antiguo de un modo más palmario. Y así, es evidente a todo ojo atento y conocedor de lo antiguo cómonuestra teoría y praxis política tiene sus fundamentos en la realidad de Grecia y Roma; cómo el pensamiento filosófico medieval, moderno y contemporáneo es un continuo diálogo y desarrollo de lo que ya 110NUEVA REVISTA 125TRADICIÓN CLÁSICA, UNA CONSTANTE EN LA HISTORIA DE OCCIDENTEreflexionaron los griegos; cómo elEl fenómeno de la tradición clásicaDerecho occidental, en casi todasatañe al vasto complejo de áreassus ramas, tiene sus raíces en Roma;culturales que va mucho más allácómo las bellas artes alternan susde los tradicionalmente estudiadosbúsquedas y nuevos hallazgos vanmárgenes de la literatura.guardistas con intermitentes neoclasicismos en los temas y en las formas, o cómo la creación misma seidentifica con la síntesis de los elementos novedosos y los tradicionales,estos casi siempre de remoto sello grecolatino. Y así podríamos seguirponderando indefinidamente la huella helénica y latina en las diversascaras de nuestra vieja civilización occidental, tanto lo que es resultadode una evolución natural e inconsciente a partir de aquellos orígenes ancestrales como lo que es regreso voluntario y consciente a aquel prestigioso arsenal inagotable de ideas, argumentos y formas.Pero es en el terreno de la literatura donde podemos más fácilmente sumergirnos en un inagotable caudal de ejemplos. Y por ceñirnos ala propia literatura española —más descuidada, como ya señaló MaríaRosa Lida, por las grandes obras de conjunto extranjeras sobre esta materia—, resulta verdaderamente aleccionador el rastrear desde los orígenes hasta la actualidad la ubicua y variopinta huella de lo clásico. Porque los relatos míticos ovidianos de las Metamorfosis, interpretadoscomo deformación de la historia antigua, están compendiados en laprosa pionera de la Grande e General Estoriade Alfonso X el Sabio, ylos viejos nombres de los hé roes y heroínas míticos salpican la poesíaerudita de Juan de Mena y el Marqués de Santillana. El tema de Alejandro Magno y la leyenda de la guerra de Troya alimentan la poesía de losclérigos (Libro de Alexandre) y muchas obras de prosa medieval castellana (como las Sumas de Historia troyana), hasta el punto de que JorgeManrique mostraba ya cierto cansancio frente a tanta recurrencia a lostroyanos:Dejemos a los troyanos,que sus males no los vimosni sus glorias [...]111OCTUBRE 2009VICENTE CRISTÓBALOvidio, Virgilio y Horacio son pilares de nuestra poesía renacentista, fuente y origen de géneros tan asiduamente cultivados como el soneto y eldrama mitológico, la égloga, la epopeya y la canción lírica, en los que destacan los célebres nombres de Garcilaso, Lope de Vega y Calderón, Alonso de Ercilla, Fray Luis, Medrano y Herrera. La mitología de Ovidio es elpunto de partida para el sesgo barroco que imprime Góngora a la poesía,y tras su ejemplo múltiples seguidores verterán las leyendas de las Metamorfosisal lenguaje oscuro, docto y preciosista de las metáforas y las perífrasis, conformando el género de la fábula mitológica, tan bien estudiado por Cossío (Fábulas mitológicas en España, libro reeditado ahora porIstmo). La agudeza propia del epigrama de Marcial es el fundamento delconceptismo barroco, representado ejemplarmente por Quevedo. Nuestracumbre literaria, Cervantes, no ha podido alzarse a las nubes sin la lectura previa de Ovidio, Virgilio y Apuleyo, amén de muchos otros, y el Quijote, como ya muchos han reconocido, es una obra que rezuma tradiciónclásica por los cuatro costados, como el Persiles, y las Ejemplares, que enbuena parte renuevan la estela de Heliodoro y otros novelistas griegos.Los siglos XVIIIy XIXhan seguido hollando esta vía, a pesar de que el romanticismo quiso enfrentarse a la normativa clasicista. Y además lo clásico, dándose la mano con otros muchos elementos nuevos de diversa procedencia, ha mantenido su singular prestigio y seducción a lo largo delsiglo XX, como la más reciente poesía podría paladinamente demostrar.Se dirá que en casi todos estos casos las fuentes aducidas son sólo romanas y que esa tradición clásica es, en realidad, sólo romana. Y es verdad que la función transmisora ha correspondido, por razones históricas,casi exclusivamente a Roma. Pero es que el legado griego está subsumidoen el legado romano. Grecia conquistó espiritual y culturalmente a Romaantes y después de que Roma conquistara militarmente a Grecia, comoHoracio nos advierte con magistral lucidez. Los griegos Teócrito, Hesíodoy Homero son el fundamento de la triple obra de Virgilio (Bucólicas, Geór gicasy Eneida). La poesía de los líricos griegos Alceo, Safo y Arquílocoes la base de la lírica horaciana, como la poesía de los alejandrinos y muchos argumentos trágicos de Eurípides subyacen a la producción mitográfica de Ovidio. El Renacimiento en Europa es sobre todo un resurgir delos modelos latinos, y sólo a partir del siglo XVIIIlos modelos griegos 112NUEVA REVISTA 125TRADICIÓN CLÁSICA, UNA CONSTANTE EN LA HISTORIA DE OCCIDENTEactúan como tales sin mediación roOvidio, Virgilio y Horacio son pilaresmana. Pero, repito, Grecia está en elde nuestra poesía renacentista, fuenorigen: es la fuente —según señalatey origen de géneros tan asiduaba Alfonso X el Sabio con exactamente cultivados como el soneto y elimagen— y Roma es el arroyo. Y adrama mitológico, la égloga, la epoveces también, en los últimos siglos,peya y la canción lírica.cuando ha habido cierto mayor conocimiento de la lengua de la antigua Hélade, los hombres cultos, losliteratos, han bebido directamente en la fuente y no en el arroyo. Así haocurrido especialmente en España.La impronta de Homero, por ejemplo, queda marcada mejor y más nítidamente que en ningún periodo anterior en la poesía española de finesXX, como resultado sin duda de una generación de poetas letradel siglo dos, con una suficiente formación humanística y conocimiento del textode las epopeyas homéricas. Dos representantes, de reconocida altura, dela poesía contemporánea, me sirven como testigos de lo que digo. Luis Alberto de Cuenca incluye en su libro Por fuertes y fronteras(Madrid, Visor,1996) un poema («Teichoscopia») que es recreación irónica y actualizadadel principio del libro III de la Ilíada: Príamo y Helena, desde lo alto dela muralla de Troya, contemplan el ejército griego y enjuician a cada unode sus caudillos:Qué bien hice estos años —piensa Príamo—sin saber quiénes eran estos tipos!Basta que gente así reclame a Helenapara no devolverla [...].Eloy Sánchez Rosillo, en su libro La vida(Barcelona, Tusquets, 1996), dedica un largo poema en hexámetros castellanos, émulos de los versos dela epopeya antigua, a otro episodio del mismo libro de Ilíada: el momento en que Paris escapa del combate y se refugia en el regazo de Helena:Todos piensan que soy un cobarde, un galán engreídoal que asusta el combate entre hombres, tan sólo valienteen contiendas de amor con mujeres [...]113OCTUBRE 2009VICENTE CRISTÓBAL¿Y qué decir de la sonora fama de que ha gozado en los últimos deceniosel protagonista de la Odisea? Ulises ha sido un héroe muy favorecido enla literatura contemporánea, y no sólo ya por el prestigio de la epopeyade Homero, sino por el relanzamiento emblemático que de su figura hanhecho escritores posteriores como Cavafis en su poema «Viaje a Ítaca». EnEspaña su aventura dio argumento a fines del pasado siglo a dramas deTorrente Ballester, Buero Vallejo, Antonio Gala, Fernando Savater y otrosvarios. Y de la presencia insistente en la poesía reciente dan fe la muchedumbre de piezas sobre su nombre que figuran recogidas en la antologíade P. Conde ParradoJ. García Rodríguez, Orfeo XXI. Poesía española contemporánea y tradición clásica(Gijón, Llibros del Pexe, 2005), de muyrecomendable lectura y que contiene también un ensayo del primer editor dedicado a este tema.Pero simultáneamente siguen los poetas romanos teniendo visible vigencia. De la memoria de Virgilio en la última poesía española citaré sólodos botones de muestra. El celebérrimo verso del libro VI de la Eneida:Ibant obscuri sola sub nocte per umbram(«Iban oscuros bajo la noche solitaria a través de la sombra»), el preferido de Borges entre los virgilianos,es insertado en una pieza de José Angel Valente (de «Eneas, hijo de Anquises, consulta a las sombras», de Interior con figuras, Barcelona, OcnosBarral ed., 1976):Oscuros,en la desierta noche por la sombra,habíamos llegado hasta el umbral [...];ese mismo verso se integra en otra estampa lírica, ambientada ahora enpaisaje contemporáneo, de Juan Antonio González Iglesias («La cancióndel verano sueña más que la Eneida», de Esto es mi cuerpo, Madrid, Visor,1997):Tristeza de saber que no regresaremosa la ternura, la serenidad,al fulgor de Virgilio.Aquel veranobailábamos oscuros bajo la noche sola.114NUEVA REVISTA 125TRADICIÓN CLÁSICA, UNA CONSTANTE EN LA HISTORIA DE OCCIDENTEPor lo que se refiere a Horacio, encuyo carpe diemencuentra autoriLa impronta de Homero queda mardad y refugio mucho hedonismo decada en la poesía española de finestodo tiempo, me referiré sólo a algudel siglo XX, como resultado sin dudanas secuelas de su Beatus ille. En elde una generación de poetas letrafamoso poema horaciano que condos, con una suficiente formaciónesas dos palabras comienza («Felizhumanística y conocimiento delaquel...»), el poeta romano cantabatexto de las epopeyas homéricas.las excelencias de la vida rural poniéndolas en boca de un banquero,y añadiendo al final una chispa de ironía que menguaba la sinceridad dela alabanza. Fray Luis de León, prescindiendo de ese final irónico, se sirvió de este modelo para escribir una de sus más famosas composiciones:la «Canción a la vida retirada». Un libro de Gustavo Agrait (El Beatus illeen la poesía lírica del siglo de oro, México, ed. Univ. de Puerto Rico, 1971)exploraba la pervivencia numerosa que ese poema horaciano tuvo en lalírica española del Siglo de Oro, además de en la citada pieza de FrayLuis. Pues bien, en nuestra poesía contemporánea la cadena de reminiscencias prosigue triunfante, de modo que —sin contar «El silbo de afirmación en la aldea» de Miguel Hernández, incluido en El rayo que no cesa,donde los paralelismos son fruto más bien de una coincidencia vital yno necesariamente de una dependencia literaria— puedo recoger, sinmucho esfuerzo de búsqueda, la resonancia fónica del comienzo horaciano en la décima «Beato sillón» de Jorge Guillén, uno de los más conocidos poemas de Cántico, con evidente sesgo en su contenido; giro también hacia otra situación vital en el poema «Dichoso aquel» del ya citadoSánchez Rosillo (de su libro La certeza, Barcelona, Tusquets, 2005), quesin embargo ostenta el título horaciano como emblema y añade otras resonancias del texto antiguo; y para cerrar este asomo a los beatus illecontemporáneos, no pasaré por alto «El usurero» de Javier Vela, de un poemario recientemente galardonado con el Premio Fundación Loewe a lajoven creación (Imaginario, Madrid, Visor, 2009), y que lejos de ocultarsu fuente se complace en dejarse guiar ostensiblemente por ella para irpoco a poco desgranando e introduciendo su personal circunstancia ysu novedad temporal:115OCTUBRE 2009VICENTE CRISTÓBALDichoso el que abstraído en el paisaje,como en áureas edades primitivas,labra la herencia agraria de sus padressin otra rendición que la del sueño [...].Mostrada queda así la no rota cadena de nuestra deuda literaria con losantiguos griegos y romanos. Y tal vez no hiciera falta tanta muestra: unaojeada a los escaparates de librerías y aun papelerías informa de la actualidad y demanda de la novela histórica, y precisamente con predominio ofuerte querencia hacia la de tema antiguo grecolatino.Y esa ininterrumpida cadena de tradición se yergue y contrapone a lasnuevas corrientes educativas que tienden a menguar la propuesta humanística y la atención al legado antiguo. Innegable paradoja. Obrando así,no sólo se corre el riesgo de romper esa cadena y de enviarnos bruscamente al más remoto primitivismo —pues se nos hace descender, enanoscomo somos, de los hombros de aquellos gigantes—, sino que se nospriva del instrumento para entender cabalmente nuestro pasado y nuestro presente: nuestra propia cultura, nuestra lengua y nuestra literatura.Pero esto ya otros lo han dicho antes y mejor que yo.116NUEVA REVISTA 125