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La Presidencia española y el Tratado de Lisboa: with or without you

Belén Becerril Atienza

Artículo sobre la elección de España para asumir la próxima Presidencia del Consejo de la Unión Europea, junto con Bélgica y Holanda.

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Referencia

Belén Becerril Atienza, “La Presidencia española y el Tratado de Lisboa: with or without you,” accessed July 15, 2019, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/1747.

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Title

La Presidencia española y el Tratado de Lisboa: with or without you

Subject

Presidentes del Consejo de la Unión Europea

Description

Artículo sobre la elección de España para asumir la próxima Presidencia del Consejo de la Unión Europea, junto con Bélgica y Holanda.

Creator

Belén Becerril Atienza

Source

Nueva Revista 125 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

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document/pdf

Language

es

Type

text

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La Presidencia española y el Tratado de Lisboa:with or without youBELÉNBECERRILATIENZASUBDIRECTORADELINSTITUTOUNIVERSITARIODEESTUDIOSEUROPEOSDELAUNIVERSIDADCEUSANPABLOEl uno de enero de 2010 nuestro país asumirá por cuarta vez la Presidencia del Consejo de la Unión Europea, al frente de un trío que conformaránEspaña, Bélgica y Holanda y que ejercerá en equipo estas funciones a lolargo de dieciocho meses. Una vez más, nuestro país adquirirá duranteun semestre un protagonismo muy superior al propio de un Estado de sutamaño, y una vez más tendremos la oportunidad de mostrar a la Uniónque España es un país experimentado y un socio eficiente y dinámico delclub europeo.Las experiencias pasadas, con distintos gobiernos, fueron decididamente positivas. Las dos primeras, en 1989 y 1995, presididas por Felipe González, pusieron de manifiesto el rápido proceso de aprendizaje de nuestro país en las instituciones europeas, y mostraron la capacidad de unEstado de tamaño medio, pero dinámico y europeísta, para convertirseen un socio influyente y entusiasta de la Unión. Después, la presidenciade 2002, bajo el liderazgo de José María Aznar, fue también una experiencia intensa y exitosa, valorada muy positivamente por nuestros socios. Enestos casos, España supo —como se espera del país que ejerce semestralmente la Presidencia— impulsar el proyecto europeo en su conjunto, forjar acuerdos y hacer propuestas en beneficio de la integración europea,sin perjuicio de impulsar especialmente algunos dosieres de especial relevancia para nuestro país.España asumirá la próxima Presidencia en un contexto difícil, no sólopor la crisis económica y financiera, sino por las dudas e incertidumbres querodean al proyecto europeo en los últimos tiempos. Tampoco la situación23OCTUBRE 2009BELÉN BECERRIL ATIENZAinterna del gobierno de Rodríguez Zapatero parece fácil, en un momentode desgaste acentuado por la crisis económica. En estas circunstancias, noestá de más recordar la situación, aún más difícil, en la que España asumíala Presidencia en 1995: el gobernador del Banco de España, el director general de la Guardia Civil, la directora del Boletín Oficial del Estado y losmás altos cargos del Ministerio de Interior habían sido condenados en elcurso de diferentes procesos de corrupción y abuso de poder. El propiopresidente de la Comisión, Jaques Santer, se mostraba inquieto al iniciodel semestre, llegando a afirmar que no se opondría a unas elecciones generales anticipadas en plena presidencia. Sin embargo, seis meses mástarde, sólo se hablaba de éxito. «¡Olé Felipe!», titulaba su editorial Le Monde.Klaus Hänsch, presidente del Parlamento Europeo, declaró que la Presidencia española había sido la mejor en muchos años y Jaques Santer felicitóefusivamente al presidente español: «Tu esfuerzo personal y el entusiasmoque has sabido transmitir, han dejado sus mejores frutos»; pero lo que esaún más significativo, José María Aznar, entonces presidente del principalpartido de la oposición, tuvo el generoso gesto de admitir que había sidoun buen presidente europeo, si bien añadió: «y un mal presidente del gobierno español».La cuarta Presidencia ofrece pues, a pesar de las muchas dificultadesdel momento, una gran oportunidad a España para mostrar, una vez más,que sigue siendo el socio activo y europeísta que tantos proyectos ha liderado en la Unión, sea con gobiernos socialistas —como la ciudadaníaeuropea o los fondos de cohesión— sea con populares —como la estrategia de reformas económicas de Lisboa o la cooperación en la lucha contra el terrorismo y la inmigración ilegal—.Durante el primer semestre del año próximo corresponderá a los representantes de España presidir las reuniones celebradas en el Consejo, lainstitución europea que representa los intereses nacionales y que aún hoyconcentra la mayor parte del poder en la Unión. Sin embargo, las circunstancias en las que esto se producirá pueden variar notablemente en función del futuro del Tratado de Lisboa —futuro que conocerán los lectorescuando tengan esta publicación en sus manos, una vez pasado el referéndum irlandés del dos de octubre, pero que resulta aún incierto en el momento de redactar este artículo—.24NUEVA REVISTA 125LA PRESIDENCIA ESPAÑOLA Y EL TRATADO DE LISBOA: WITH OR WITHOUT YOURecordemos por un momentoque tras el fracaso del Tratado ConsEspaña asumirá la próxima Presititucional Europeo, abandonadodencia en un contexto difícil, no sólocuando franceses y holandeses votapor la crisis económica y financiera,ron en contra en la primavera desino por las dudas e incertidumbres2005, los Estados miembros lograronque rodean al proyecto europeo enfirmar en Lisboa, en octubre de 2007,los últimos tiempos.una nueva reforma. Este texto rescataba gran parte de las innovacionesdel Tratado Constitucional, pero carecía de su ambición y su carácter simbólico, constituyendo una reforma más de los tratados fundacionales, parcheados una y otra vez desde los años cincuenta. Muchas son las novedades del texto de Lisboa, que en su conjunto, puede considerarse un pasoimportante en el proceso de integración europeo, ya que abre nuevas posibilidades en varias políticas —por ejemplo en asuntos de justicia e interior—, dota de carácter vinculante a la carta de derechos fundamentales,y reforma y actualiza el sistema institucional, aportando novedades importantes en términos de democracia (más competencias para el ParlamentoEuropeo y más participación para los Parlamentos nacionales), eficacia yvisibilidad.Si una vez más, como ya hicieron en junio de 2008, los irlandeses rechazan el dos de octubre la ratificación del Tratado de Lisboa, España asumirá la Presidencia en el marco del sistema institucional actual. Esto significaque en una Presidencia sin Lisboael representante de nuestro país presidirá todas las reuniones celebradas en el Consejo, ya sea en los distintosgrupos de trabajo, en el Comité de Representantes Permanentes —su órgano auxiliar— o en las reuniones ministeriales, así como también en losConsejos Europeos (cumbres de los 27 Jefes de Estado o de Gobierno), queserán entonces presididos por el jefe de gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. Éste asumiría pues, en este contexto, un rol protagonista entre sus socios —en la preparación de las reuniones, en la búsqueda deconsensos…— y en el exterior, representando a la Unión en sus relaciones diplomáticas con terceros países y organizaciones internacionales.Si, por el contrario, como cabe esperar, los irlandeses dicen sí al Tratado de Lisboa, es probable que con este impulso se superen las últimas25OCTUBRE 2009BELÉN BECERRIL ATIENZAreticencias que se han puesto de manifiesto en la República Checa, y elnuevo texto pueda entrar en vigor en noviembre, diciembre, o a más tardar el uno de enero, coincidiendo con el inicio de la Presidencia española. En este caso, las reformas institucionales de Lisboa afectarían profundamente nuestra próxima presidencia.En primer lugar, en una eventual Presidencia con Lisboa, las reunionesdel Consejo Europeo no serían presididas por nuestro jefe de gobierno,sino por una nueva figura: el presidente estable del Consejo Europeo. Enefecto, el Tratado de Lisboa dispone que «El Consejo Europeo elegirá a supresidente por mayoría cualificada para un mandato de dos años y medio,que podrá renovarse una sola vez» (15.5. TUE).Con esta novedad se pretendía responder a los inconvenientes causados por el sistema de la rotación semestral, sobre todo, la discontinuidadque impide muchas veces desarrollar políticas a largo plazo —primandootras que, agotado el semestre presidencial, pierden fuelle bajo el impulso de otro Estado con intereses divergentes— y también la falta de visibilidad y de permanencia que dificulta las relaciones internacionales, impidiendo a terceros establecer contactos permanentes con actores tanprecarios. Por ello, para dotar de mayor continuidad, estabilidad y visibilidad a la dirección del Consejo Europeo, el Tratado de Lisboa —tal ycomo hacía el Tratado Constitucional— instaura una presidencia estable.Todo esto significa que, con Lisboa, el presidente del gobierno españolsería, en el primer semestre de 2010, un miembro más del Consejo Europeo,cuyas reuniones serían presididas por el nuevo cargo. A ello debe sumarseel hecho de que las reuniones del Consejo Europeo se celebran ahora enBruselas y no en el Estado de la Presidencia, por lo que el protagonismode nuestro país será menor que en el pasado. En cuanto a las diversas cumbres con terceros Estados que —ésas sí— se ha previsto celebrar en España a lo largo del semestre —con los países de América LatinaCaribe, probablemente la cumbre Euromediterránea…— serán presididas por el nuevocargo, y el jefe del gobierno español no podrá más que, en calidad de anfitrión, situarse a la derecha del presidente estable. Además, en algunas delas numerosas reuniones bilaterales previstas —por ejemplo con EstadosUnidos, Canadá, Rusia o México—, la Unión podría estar representada porla troika (alto representante, presidente del Consejo Europeo y presidente26NUEVA REVISTA 125LA PRESIDENCIA ESPAÑOLA Y EL TRATADO DE LISBOA: WITH OR WITHOUT YOUde la Comisión) lo que excluiría, incluso, la presencia del jefe de gobierCon o sin Lisboa, las funciones queno español.asumirá España en las distintas forOtra innovación institucional quemaciones del Consejo, en el COREPERtendría un efecto en la Presidenciay en los grupos de trabajo son muyespañola conLisboasería el refuerzorelevantes.de la figura del alto representante dela Unión para Asuntos Exteriores yPolítica de Seguridad. La formación del Consejo de Asuntos Exteriores seríapresidida de forma permanente por este alto representante, lo que le dotaría de mayor estabilidad y eficacia. El refuerzo de esta figura constituye otrade las novedades del Tratado de Lisboa, tomada también del Tratado Constitucional que le denominaba Ministro de Asuntos Exteriores de la Unión.Lisboa sitúa al alto representante al frente de la política exterior y de seguridad común y de la política común de seguridad y defensa, ámbitos enlos que actuará como mandatario del Consejo, y al tiempo, en la Vicepresidencia de la Comisión, donde se encargará de la acción exterior. En estecontexto, el ministro español de Asuntos Exteriores sólo podrá presidir lasreuniones del Consejo de Asuntos Generales, que vela por la coherencia delos trabajos de las diferentes formaciones del Consejo.En definitiva, una Presidencia española con Lisboaimplica una pérdida notable de visibilidad al más alto nivel. Hasta ahora, el mensaje que seha trasladado desde el gobierno es que nuestro país, de entrar en vigorLisboa, facilitará los cambios institucionales previstos y apoyará plenamente al nuevo presidente estable y al alto representante en sus funciones(previsiblemente serían elegidos a finales de este año). En realidad, no podría ser de otro modo, teniendo en cuenta que finalizada la Presidencia española el gobierno tendrá que entendérselas con el presidente estable yel alto representante, cuyo mandato apenas habrá comenzado.En todo caso, el gobierno ha reiterado ya que facilitará la transición yque la implementación de la reforma de Lisboa será una de las prioridades de nuestra Presidencia. Tal tarea no será sencilla, pues las reformasinstitucionales que implica la entrada en vigor de Lisboa son complejas yaún son muchas las incógnitas sobre su implementación. Por eso, resultafundamental que el rodaje comience con una Presidencia decididamente27OCTUBRE 2009BELÉN BECERRIL ATIENZAeuropeísta, que pueda contribuir a definir un modelo sostenible y eficaz.Piénsese por ejemplo en la compleja delimitación de funciones entre elnuevo presidente estable del Consejo Europeo, el alto representante y el presidente de la Comisión, una cuestión delicada en la que aún queda muchaletra pequeña por escribir. También será compleja la puesta en marcha delservicio europeo de acción exterior —algo así como un incipiente cuerpo diplomático europeo— cuyas líneas fundamentales podrán decidirse en elsemestre de nuestra Presidencia.En fin, parece indiscutible que una Presidencia española con Lisboarestaría visibilidad a nuestro gobierno, en un momento en el que precisamente éste parece falto de éxitos internacionales y afronta una delicada crisisno sólo económica. Pero, cono sin Lisboa, las funciones que asumirá España en las distintas formaciones del Consejo, en el COREPERy en los grupos de trabajo son muy relevantes. Una vez más, como hizo en el pasado,nuestro país sólo puede afrontar la Presidencia con una firme conviccióneuropeísta y una voluntad de proponer e impulsar el proyecto europeohacia un futuro de mayor integración. Para ello cuenta, como siempre, conequipos experimentados, no sólo en Madrid, sino en la Representación dePermanente de Bruselas, pero debe contar también con un fuerte liderazgo que sólo puede provenir del palacio de la Moncloa.28NUEVA REVISTA 125