Nueva Revista 034 > Cantata. Las edades del hombre

Cantata. Las edades del hombre

José Jiménez Lozano

Reproducción del poema de José Jiménez Lozano "Cantata. Las edades del hombre".

File: Cantata. Las edades del hombre.pdf

Referencia

José Jiménez Lozano, “Cantata. Las edades del hombre,” accessed May 29, 2020, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/640.

Dublin Core

Title

Cantata. Las edades del hombre

Subject

Pliego literario

Description

Reproducción del poema de José Jiménez Lozano "Cantata. Las edades del hombre".

Creator

José Jiménez Lozano

Source

Nueva Revista 034 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

Rights

Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

Format

document/pdf

Language

es

Type

text

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CANTATA LAS EDADES DEL HOMBRE Por José Jiménez Lozano CANTO DE LA HILANDERA HILANDERA Cuando no había invierno, ni tempestad, ni viento, ni cristales de hielo sobre la rosa y el gorrión, entonces yo no hilaba junto al fuego mortajas ni pañuelos para el llanto; sólo manteles de festín, vestidos de desposada y púrpura para los majestuosos hombros del mendigo. Bien me acuerdo de las manzanas de oro que guardaba tan rojas y olorosas. ¡Ytengo tantos años! ¡Edad tan avanzada! Voy a morir, y era una niña entonces. CORO ¡Consuélate, mujer! El pan es negro en el exilio, pero pan. El árbol aún está enhiesto y no será cortado. II CANTO DEL LEÑADOR LEÑADOR Y a vosotros, desnudos chopos bajo el cendal de niebla que el sol levanta con un antiguo rito como el esposo el velo de la novia ¿quién os premiará por vuestros oros, vuestros tonos azules o rojizos, grises, verdosos y de color tabaco? ¿ Quién levantará acta de la sombra que disteis, del regazo, del nido que acogisteis en vuestros altos brazos? Vosotros sois, ahora, como lanzas de la rendición del tiempo en el otoño, y vuestras hojas por el viento son arrastradas como cadáveres de pájaros. El hacha ha sido puesta al nacimiento de vuestra construcción, y la madera gime. La pobre hierba seca nada puede, la liebrecilla aguza su mirada invernal, y el oscuro topo adormecido en su agujero recuerda lo que no vio en el mundo. Devastación y furia huracanada, abatimiento y cierzo caen desde lo alto. CORO ¡Agita el hacha y que fulgure, pero no cortes, ni destruyas! ¡Espera aún, espera! III CANTO DEL ASTROLOGO ASTROLOGO Sube a la torre, al teso, a la montaña, hazte una escala de esparto y mira cómo se alzan la bóveda y el muro de la noche como una morada de cristal para el gigante Orion, las Pléyades, Aldebarán y el dios azul y antiguo que se llamaba Shotis y traía las aguas. El gallo resquebraja los quicios del palacio nocturno con su grito de plata a la mañana, y la mañana llega en su rojizo carro, solemne y victoriosa. CORO ¡Mira hacia Oriente, mira! IV CANTO DEL PASTOR PASTOR Apenas quedan hojas en la zarza silvestre y están moteadas con puntitos negros: la artera mariposa de la muerte ha puesto allí sus huevos, y las cabras plantean interrogaciones con sus rostros de rabino o de doctor que se lamenta. El sol roza esas hojas y allí enciende las gotas de rocío como candiles. No me atrevo a mirar, no sea que muera. Otros han muerto. CORO ¡Descálzate y no mires, mientras la zarza arde!. Es un instante. CANTO DE LA POSADERA POSADERA Ni un pájaro vuela en la mañana, ni un gorjeo se oye: acíbar en la piedra del pozo y el ruido de la máquina que lava los platos. La mesa puesta y no hay nadie en la posada, el buey y el asno han sido desvelados por el hielo. Esperábamos que un peregrino se sentase al fuego, pero estamos solos, y el poderoso César quiere saber el nombre que nos pertenece. CORO ¡Acércate, no es César, sólo es un niño! ¿No le oyes llorar? ¿No tienes ropa? POSADERA ¡Hilandera! VI CANTO DE LA HILANDERA CORO Y luego fue creciendo, y creciendo, y creciendo hasta la edad del hombre. HILANDERA Y todos guardaron su memoria aunque algunos temían a los príncipes porque él ponía las manos sobre la cabeza de niños y mujeres leprosos. Y pasó, luego, mucho tiempo en el reloj de arena y sucedieron las mismas cosas en el mundo pero nuevas porque, cuando ya el hombre tenía su estatura, la sucia muerte huyó con sus harapos e insignias. Por primavera fue, cuando hacer la colada es un trabajo suave: el sol ya seca la ropa, y, luego, se recoge y se dobla, y se la plancha, y con limones manzanas y membrillos se guarda en un arcón. Y se tejen vestidos de una sola pieza para los días del hombre y del trabajo del hombre y su alegría: un traje incorruptible, blanco y una cenefa azul; y las sandalias pueden recorrer cualquier camino. CORO Hasta la casa, la piedra, la memoria, el pan y el fuego, la mesa aderezada, las luces encendidas, las ventanas reluciendo en la noche. HILANDERA La estatura del hombre está tendida sobre un lino nuevo, y abarca más que el mundo y sus edades. CORO Fue creciendo y creciendo, y creciendo y creciendo, y abarca más que el mundo y sus edades.