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Francia tras las elecciones

Alberto Míguez

Las elecciones de marzo pusieron de manifiestos la crisis profunda del sistema político francés, la abstención fue alta y la caida del socialismo pronunciada.

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Referencia

Alberto Míguez, “Francia tras las elecciones,” accessed May 24, 2024, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/551.

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Francia tras las elecciones

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Panorama

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Las elecciones de marzo pusieron de manifiestos la crisis profunda del sistema político francés, la abstención fue alta y la caida del socialismo pronunciada.

Creator

Alberto Míguez

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Nueva Revista 030 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

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es

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Cohabitaciones, tientos y diferencias Francia tras las elecciones Por Alberto Míguez 1 centroderecha francés tiene apenas dos años para demostrar que su proyecto es viable. Tras el contundente triunfo electoral del pasado mes de marzo la coalición UPF (Unión por Francia) formada por la UDF de Giscard dEstaing y el RPR de Jacques Chirac deberá demostrar a los ciudadanos que es capaz de actuar unida, promover un verdadero saneamiento moral, económico y social de la vida política y colocar finalmente en el Elíseo a un presidente de la República conservador. Tal como están las cosas el candidato mejor colocado para esta prueba es el actual alcalde de París, Chirac, pero puede llover mucho incluso en esta época de pertinaz sequía hasta el momento de la verdad. Las elecciones de marzo pusieron de manifiesto entre otras cosas la crisis profunda del sistema político francés: la abstención fué alta y la caída del socialismo gobernante a profundidades inimaginadas, descarta en el futuro a medio plazo el sistema de alternancia entre dos grandes partidos o grupos, que si bien nunca fué perfecto en la V República constituía una garantía de estabilidad. Las elecciones pusieron de manifiesto, también, el caracter polémico del sistema electoral que colocó a la extrema derecha (cuya ascensión sigue siendo lenta pero imparable) y a los ecologistas fuera del Parlamento lo que, dadas las características de ambas organizaciones, tal vez no sea una buena noticia. La hegemonía rotunda del centroderecha en Francia debe ser matizada. En primer lugar, las dos grandes familias que forman la coalición gubernamental tienen diferencias de envergadura, tanto en política interna como externa: el RPR se presenta como una organización histórica populista y radical, con un líder pasional y carismático que provoca adhesiones incondicionales y rechazos instintivos. Para que Chirac logre en 1995 el apoyo indiscriminado de los sectores que se reconocen en un proyecto moderado, reformador y europeo probablemente la mayoría del país deberá a su vez reconvertirse, cambiar sus planteamientos, moderar su autoritarismo, controlar a sus barones más indómitos y, sobre todo, acreditar ante el país un temperamento de hombre de Estado que hasta ahora le falta dramáticamente. Las dos cohabitaciones Ninguna de las lúgubres profecías con que los medios de comunicación internacionales los españoles, como siempre, en primera línea del catastrofismo saludaron la formación del gobierno Balladur se han cumplido hasta ahora. Eso no significa que no puedan producirse en el futuro incidentes de recorrido, según el espantoso galicismo que utiliza tan a menudo el presidente del gobierno español. Pero la primera cohabitación con éxito parece haber sido la de las familias de la mayoría... En cuanto a la otra, la cohabitación con Mitterrand, tampoco hasta el momento la sangre ha llegado al río, por voluntad expresa de los dos protagonistas: el presidente de la República y su primer ministro. Mitterrand ha sobrevivido malamente a la herida electoral de marzo, cuando muchos franceses votaron contra el presidente que simbolizaba a sus ojos la pesadilla socialista. Pero con la coriácea capacidad de encaje que se le reconoce, ha pasado la página con la voluntad decidida de durar, como sea, hasta el final de su mandato. Las amenazas de Chirac y de sus amigos para que dimitiera no ablandaron su voluntad, ni siquiera la debacle de sus discípulos y seguidores del partido socialista, convertido en una auténtica jaula de grillos. Mientras inicia las ceremonias de despedida, el presidente deberá improvisar un candidato a su sucesión en los rangos del progreso (léase socialismo o corrientes afines), y los pretendientes son muchos. Con tal de que Rocard quede fuera de juego, cualquier alternativa le parecerá válida. Tonton ajustará cuentas con su exprimer ministro antes de irse definitivamente. Jacques Delors, Fabius, Lang y otros velan sus armas. Balladur ha demostrado hasta ahora exquisito respeto por el principio de cohabitación y una gran moderación en su programa de política económica basado en la austeridad, la lucha contra el desempleo y la promoción del comercio exterior. Aunque la situación socioeconómica francesa sea, desde la perspectiva española, poco preocupante, el sentimiento generalizado de los ciudadanos es que debe promoverse un cambio en profundidad que afecte menos al modelo económico (que todos, con matices, aceptan) que a los hábitos. La siniestrosis gala es, como dije en otras ocasiones, un problema moral, de civilización. La robustez económica y financiera del país en la que algo tuvo que ver el último jefe de gobierno socialista, Beregovoy, trágicamente desaparecido asegura un futuro relativamente risueño en una Europa roída por la crisis social, la corrupción administrativa, la violencia periférica y las amenazas demográficas internas y externas. Los miedos de Francia y la cuestión europea En estos dos años, la tarea de enderezar la convivencia y el desarrollo del país deberá enfrentarse a los miedos recientemente adquiridos: el miedo a Europa, el miedo al otro, el miedo al desempleo y al estallido social, el miedo a la crisis moral y el miedo... al miedo. Para neutralizar estos terrores, que afectan a las raíces de la convivencia francesa, los remedios son múltiples y sería un grave error del nuevo ejecutivo utilizar métodos de choque. La tentación de matar moscas con cañón ha sido permanente en todos los populistas, máxime si son meridionales. El flamante y simpático Charles Pasqua, por segunda vez ministro del Interior en un gobierno de cohabitación, simboliza a la perfección esa tendencia del palo y tente en tieso. Es dudoso que en las actuales circunstancias con las banlieues (barrios periféricos de las grandes ciudades) al borde de la explosión, el gran bastón tenga alguna virtualidad. Los primeros choques entre policías y jóvenes beurs (de origen magrebino) o blacks (de origen africano) se multiplicaron a mediados de abril, con motivo de algunas acciones policiales que rozaban la provocación, cuando no ¿1 crimen. Todo indica también que Francia recupera la querencia al ensimismamiento: la tendencia europeísta favorable al proceso de construcción europeo anunciado en Maastricht es minoritaria en el nuevo gobierno y el proteccionismo comercial (denuncia del acuerdo GATT) se consolida. Obviamente nada de esto debe alegrar a los vecinos y socios europeos, entre ellos España. Y ya que hablamos de España no estaría de más hacer alguna referencia al futuro de las relaciones interpirenaicas. Los pactos de familia (socialista) han concluido y los dos gobiernos deben establecer un nuevo sistema de relaciones. Aunque la variante fundamental será quién gobernará España a partir del 6 de junio y en qué condiciones, no cabe duda de que bastantes asuntos deben ser replanteados ante los cambios producidos entre marzo y junio. ¿Serán mejores o peores las relaciones entre los dos vecinos?. Difícil de responder a priori. Serán, sin duda, diferentes y más complicadas dada la tendencia al ensimismamiento del nuevo ejecutivo francés aunque haya la voluntad decidida de preservarlas a un nivel óptimo tanto en Madrid como en París. Justo es reconocer, sin embargo, que la mirada del gobierno francés ha cambiado de dirección y contempla de reojo al Sur mediterráneo mientras avizora fijamente y con cierta desconfianza lo que ocurre al otro lado del Rhin. •