Nueva Revista 109 > Un neologismo italiano

Un neologismo italiano

José Luis Gotor

De cómo Zapatero se ha convertido en un neologismo italiano registrado en el libro "Parole nuove" de Giovanni Adamo y Valeria Della Valle.

File: Un neologismo italiano.pdf

Referencia

José Luis Gotor, “Un neologismo italiano,” accessed April 8, 2020, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/467.

Dublin Core

Title

Un neologismo italiano

Subject

España en el mundo

Description

De cómo Zapatero se ha convertido en un neologismo italiano registrado en el libro "Parole nuove" de Giovanni Adamo y Valeria Della Valle.

Creator

José Luis Gotor

Source

Nueva Revista 109 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

Rights

Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

Format

document/pdf

Language

es

Type

text

Document Item Type Metadata

Text

ESPAÑA EN EL MUNDO Un neologismo italiano JOSÉ LUIS GOTOR CATEDRATICO DE LITERATURA, UNIVERSIDAD DE ROMA TOR VERGATA ambién en Italia el matrimonio gay, como en la España de Zapa « tero», así rezaba el letrero que en el pesebre navideño del CongreTso italiano habían aplicado furtivamente dos diputados a un par de Barbies abrazadas. Algunos parlamentarios inmediatamente se rasgaron las vestiduras, mientras otros justificaban el acto provocador de sus socarrones colegas Bruno Mellano y Donatella Poretti pertenecientes a la neonata formación política «La Rosa en un puño», un cóctel de socialistas y radicales de Panella en el área del centro izquierda que gobierna con Romano Prodi. Al margen, sin embargo, de la lenta y a veces caprichosa agenda política parlamentaria, ha sido la España de Zapatero la que ha cerrado 2006 como una obsesión o un icono del imaginario colectivo de los italianos, tanto de militantes de extrema izquierda como de cualquier italiano medio que quiere cambiar sin dejarse superar por España. Competentes politólogos u opinion makers acreditados, simples cronistas y enviados especiales experimentados, han contribuido desde sus diversos frentes de opinión a introducir con fuerza en la lengua italiana el neologismo Zapatero, y sus derivados zapateriano, zapaterista y zapaterizzazione. Bajo estos tres lemas lo registran los lingüistas Giovanni Adamo y Valeria Della Valle en su libro Parole nuove. Un dizionario dei neologismi dai giornali. Adamo, que imparte clases en el Instituto de Lenguas Modernas y Traductores de la Universidad Complutense de Madrid, ha detectado en la prensa italiana, desde que en abril del 2004 Zapatero conquistara el poder, una «Europa zapatera», es decir «traidora, vil, fugitiva...». Se llega incluso a percibir en la palabra zapatero una cadencia cantable, una palabra que suena bien, con una sonoridad casi gitana, una Europa «gaucha o gitana, con el sombrero al través, la navaja en la bota y un esqueje de rosa entre los dientes». Es evidente que una fantasía calenturienta y tópica sofoca así la imaginacion, por muy loca de la casa que sea. Hay titulares de periódicos que propugnan «la vía zapateriana para bajar los impuestos», una revolucion social «de estilo zapaterista». Y se temería una «zapaterizacion» del pueblo católico italiano si se siguiera el ejemplo español del enfrentamiento declarado por parte del Estado a la Iglesia. No es casual que de un modo paralelo al neologismo Zapatero, sus derivados y otros extranjerismos, se hayan afirmado en el léxico periodístico italiano los conceptos: Teocon y Teodem. Un nuevo neologismo como Teopolítica, que comprendiera a católicos y a «ateos devotos», abriría un nuevo planteamiento a las relaciones personales y sociales con Dios, a las teocracias históricas tradicionales y a la interpretacion del manido «dar a Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César», permitiendo a la vez al hombre público invocar su propia conciencia privada. El politólogo Paolo Flores dArcais cuando en marzo de 2006 entrevistó a Zapatero en su seminario MicroMega comenzó la entrevista con la pregunta a bocajarro de si «creía en Dios», a lo que Zapatero respondió: «Creo que este tipo de convicciones pertenecen a la esfera privada y siento un gran pudor en manifestarlas públicamente. Un gobernante tiene que tener en cuenta sólo el interés general y respetar las creencias religiosas de todos, más allá de las propias». Precisamente porque entre las creencias y las prácticas religiosas de una gran parte de los españoles sigue estando la misa, la prensa italiana no vio con buenos ojos el que Zapatero no asistiera a la que celebró Benedicto XVI cuando inauguró en Valencia el Congreso Mundial de las Familias. Incluso Castro y Jaruzelski asistieron a misa, subrayaron los cronistas haciéndose eco del portavoz entonces del Papa, Joaquín NavarroValls, y titularon sus crónicas: «Valencia de fiesta por el Papa, pero Zapatero evita la misa» (CoZapatero da la sensación rriere della sera, 8 de julio). En la de querer ser, con frecuencia gran nación «plural y diversa» que polémicamente, el el rey Juan Carlos representaba y representante de la España había resaltado en su saludo de que salió derrotada de la bienvenida al Papa, «el frío enGuerra Civil de hace setenta cuentro» de Zapatero con el pontíaños. fice y su ausencia en la misa se podía justificar por negarse a escuchar un discurso a priori crítico. A los lectores de opinión opuesta, Sergio Romano, ex embajador, hoy profesor y editorialista principal de Corriere della Sera, respondía el 13 de julio: «Supongo que Zapatero no quiere ser el premier de todos los españoles. A juzgar por el estilo con que ha afrontado los problemas de orden civil y religioso que implican las relaciones entre el Estado y la Iglesia (matrimonio entre personas del mismo sexo, adopción de niños por parte de parejas homosexuales, divorcio rápido, enseñanza de la religión en la escuela) da la sensación de querer ser, con frecuencia polémicamente, el representante de la España que salió derrotada de la Guerra Civil de hace setenta años». La moraleja que saca el ilustre analista, que se ocupó de España y de la Guerra Civil tiempo atrás en una documentada introducción a Américo Castro, dice: «Pienso en la extraordinaria combinación de anarquía, espíritu libertario, anticlericalismo y descarada capacidad de transgresión que discurre como un torrente en la conciencia de una parte de la sociedad española». Siguiendo esa misma línea o estela de los opuestos extremismos, otra atenta analista de política internacional, Barbara Spinelli, del diario La Stampa de Turín, hija del histórico europeista Altiero Spinelli, cuyo nombre titula justamente la sede del actual parlamento europeo, escribía el 11 de junio: «Si hay un nombre que en Italia casi no puede pronunciarse sin sentirse como sobrecargado por un ridículo capote es el nombre de José Luis Rodríguez Zapatero. Es una especie de alergia radical, que se enquista, que en ningún país europeo cobra la calenturienta intensidad italiana... Zapaterista se ha convertido en un epíteto insultante que mancha al destinatario indeleblemente. Zapaterismo es sinónimo de estilo político innoble, más innoble incluso que una doctrina, que una ortodoxia». Con la conciencia de quien más que una alergia tiene que analizar «una pasion, una irracionalidad, un mecanismo oculto, no sólo para entender mejor a España sino para entendernos un poco mejor a nosotros mismos los italianos y nuestra idea de una democracia amenazada», Barbara Spinelli precisa los tres eventos que «han indispuesto a un gran número de políticos e intelectuales italianos, dando cuerpo al estereotipo que nos empaqueta y nos empapela: la victoria electoral del líder español tras el atentado del 11 de marzo de 2004, la inmediata decisión de retirar las tropas del Irak y la determinación con que Madrid resiste al clero y al Vaticano en cuestiones de derechos civiles». Confrontado con Italia, Zapatero sale bien parado, porque en Italia «resistir al Papa y a las conferencias episcopales es inconcebible» y para Barbara Spinelli «cualquier reformista en Italia tiene que hacer concesiones sobre laicismo, mientras que Zapatero no tiene semejantes problemas». «En España —concluye la periodista— es piedra de escándalo que el Papa hable de silencio de Dios en Auschwitz y, apenas nueve días después, permita que el mismo concepto (eclipse de Dios) sea aplicado por el Vaticano a uniones de hecho o matrimonios homosexuales. No así en Italia». Desde otra perspectiva o desde la mía personal de naturalizado italiano que vive en Roma desde 1960, se podría concluir que cualquier tema histórico o político español que toque a Italia difícilmente se acoge de un modo frío sino que se calienta o colorea enseguida de subjetiva pasión y se llena de los extremismos de doble signo, a que aludía Pirani. Antes de que el neologismo Zapatero con sus derivados se consolide como un préstamo lingüístico en el italiano común, es decir que adquiera univocidad histórica de significado, padecerá innumerables fortunas de frecuencia y silencios de acepciones y polisemia. Así le ha ocurrido, despues de setenta años al neologismo Pasionaria. «Pasionariachic» sería para el mismo diario La Stampa la diputada de derechas Daniela Santanche, casada con un empresario farmacéutico millonario; y en el colmo de la corrupcion o conZapaterismo es sinónimo taminación lingüística para el diade estilo político innoble, rio E Polis, que se distribuye gratuimás innoble incluso tamente en Roma, el asturiano que una doctrina, Fernando Alonso sería: «El pasionaque una ortodoxia. ria que primero baja a la pista según el desafío español de McLaren». Con un vicerreino en Nápoles, un gobierno militar en Milán y siendo fiel defensora de la sede de San Pedro de Roma, con carmelitas y jesuitas, España bien ha podido prestar al italiano palabras como holgura, gravedad y sosiego en los siglos XVI y XVII; o liberal y guerrilla en el XIX; y pronunciamiento y pasionaria en el XX. Me temo que Zapatero puede ser el neologismo italiano del siglo XXI. Y mientras a José María Aznar, al alimón con Romano Prodi, se le imponía en la Universidad Católica de Milán la birreta de doctor honoris causa, uno de los enviados especiales que mejor conocen España, Sandro Viola, del diario romano La Repubblica, gemelo por nacimiento y consumo de El País, comentaba la difícil encrucijada en que se encuentra Zapatero con el «túnel negro» de ETA si quiere volver a ganar las elecciones: «No será tan fácil y no serán seguramente los entusiasmos por el zapaterismo de las izquierdas radicales en Europa los que le hagan ganar las elecciones de 2008». JOSÉ LUIS GOTOR