Nueva Revista 105 > El fracaso de los partidos tradicionales

El fracaso de los partidos tradicionales

Amelia Ribadeneira

De cómo los nuevos gobernantes son producto de las alianzas llevadas a cabo por los distintos sectores sociales, económicos y políticos, que se presentan como la nueva alternativa para superar los graves problemas sociales.

File: El fracaso de los partidos tradicionales.pdf

Referencia

Amelia Ribadeneira, “El fracaso de los partidos tradicionales,” accessed September 19, 2020, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/419.

Dublin Core

Title

El fracaso de los partidos tradicionales

Subject

América Latina

Description

De cómo los nuevos gobernantes son producto de las alianzas llevadas a cabo por los distintos sectores sociales, económicos y políticos, que se presentan como la nueva alternativa para superar los graves problemas sociales.

Creator

Amelia Ribadeneira

Source

Nueva Revista 105 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

Rights

Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

Format

document/pdf

Language

es

Type

text

Document Item Type Metadata

Text

AMÉRICA LATI N A El fracaso de los partidos tradicionales AMELIA RIBADENEIRA PERIODISTA na de las pocas reflexiones lúcidas que tuvo Lucio Gutiérrez, cuanUdo gobernaba el Ecuador, fue plantear que existen tres países en uno: el país político, el de los medios de comunicación y el país real. Esa frase puede aplicarse a toda América Latina y en especial a la región andina cuando nos preguntamos por qué vive en constante inestabilidad y pobreza. El país real, la ciudadanía que habita en los Andes, está empobrecida y convulsionada, parece que siempre lo ha estado si miramos los últimos treinta y cinco años de la historia: dictaduras militares en la década de los setenta, hiperinflación en los años ochenta, el fallido proyecto neoliberal de los noventa y un regreso a los nacionalismos en el nuevo siglo. En mayo pasado, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) dijo que en América Latina hay 23 millones de personas en condición de desempleo abierto y 103 millones que trabajan en la informalidad, con lo cual el déficit de empleo formal afecta a 126 millones de personas. Este número equivale a más del 53%, más de la mitad de la población económicamente activa (PEA) de la región representada por 239 millones de personas. Además, de los 550 millones de latinoamericanos, 200 millones son pobres. Cabe preguntarse, ¿qué país están leyendo las elites políticas que gobiernan y mandan en la región? Una respuesta inmediata y simple es que únicamente responden a sus intereses de grupo y que su acceso al LOS PARTIDOS POLÍTICOS TIENEN LAS PEORES NOTAS Mientras más se acerca a cinco la puntuación, más corrupta es la institución ASIA Partidos políticos Parlamentos Policía Autoridades (12 países) Legislaturas Fiscales 4.2 3.9 3.9 3.5 ÁFRICA Policía Partidos políticos Aduana Parlamentos (8 países) Legislaturas 4.4 4.2 4.0 3.8 EUROPA OCCIDENTAL Partidos políticos Parlamentos Sector de negocios Medios (16 países) Legislaturas privado 3.7 3.3 3.3 3.3 EUROPA CENTRAL Policía Partidos políticos Parlamentos Sistema legal Y ORIENTAL Legislaturas judicial (14 países) 4.0 4.0 3.9 3.9 AMÉRICA LATINA Partidos políticos Parlamentos Policía Sistema legal (15 países) Legislaturas judicial 4.5 4.4 4.3 4.3 FUENTE Barómetro Global de la Corrupción, Transparencia Internacional, diciembre de 2005 poder es para proteger y aumentar la riqueza de los sectores a los que representan. Es decir, nada nuevo. Pero esas son las elites tradicionales que reciben el repudio ciudadano y que son catalogadas de corruptas e ineficientes. Son las mismas elites que no quieren cambiar ni renunciar a sus privilegios y que están ancladas en los conservadores partidos políticos que en la actualidad no ganan elecciones. Los casos de Ecuador, Perú, Bolivia y Venezuela son un ejemplo evidente de la ruptura total del país real con el país político tradicional. Los nuevos gobernantes son producto de las alianzas llevadas a cabo por los distintos sectores sociales, económicos y políticos, que se presentan como la nueva alternativa para superar los graves problemas sociales. El periodista Norberto Méndez, gerente de la división de Periodismo del Banco de Venezuela, dice que el presidente Hugo Chávez «es la consecuencia del desgaste del bipartidismo venezolano. Cuando en febrero de 1992 fracasó el golpe de Estado encabezado por Chávez contra el socialdemócrata Carlos Andrés Pérez, se incrementó la demanda de cambios políticos, sociales y ecoLos nuevos gobernantes son nómicos. Pérez salió de la presidenproducto de las alianzas cia por una jugada de su propio parllevadas a cabo por los tido y el siguiente presidente electo distintos sectores sociales, fue Rafael Caldera, un viejo polítieconómicos y políticos, que co que se había desligado de su parse presentan como la nueva tido de toda la vida y que llegó al alternativa para superar los poder gracias al apoyo de partidos graves problemas sociales. de derecha y de izquierda; él mismo llamó a esta alianza el chiripero. Caldera liberó a Chávez y éste empezó una campaña a favor de la abstención, de la desaparición de los viejos partidos y de la reforma constitucional». A Bolivia llegó a la presidencia un campesino cocalero que rompió con la hegemonía del poder tradicional y que dejó en evidencia el fracaso de los partidos políticos. Evo Morales, líder del Movimiento al Socialismo, ha declarado en varias ocasiones que éste es el tiempo de los indígenas aymaras y quechuas, que éste es su tiempo para tener el poder político y recuperar su territorio. El movimiento viene de unas bases políticas que han preparado su llegada al poder desde hace varios años, pero cuya gran limitación es no conocer el manejo de la cosa pública. Es la primera vez en la historia de Bolivia que un indígena llega al poder, en un país donde los mestizos y blancos son la minoría de la población. Su discurso nacionalista y antiestadounidense le permitió ganar las elecciones con el 54,3% del total de votos. Evo Morales se propuso cuatro metas que al poder tradicional le tienen con los pelos de punta: nacionalizar los hidrocarburos, legalizar los cultivos de hoja de coca, lograr una salida al mar negociando con Chile y convocar a una asamblea constituyente. Ollanta Humala puede ser el futuro presidente del Perú, después de pasar a la segunda vuelta con más del 30% de apoyo popular. Formó el Partido Nacionalista del Perú para participar en las elecciones, desde donde ha culpado de la pobreza peruana a las empresas transnacionales y a los partidos tradicionales. Su discurso radical ha generado una serie de comentarios y preocupaciones no sólo en el Perú, pues es criticado por tener ciertos rasgos despóticos. Su propuesta central radica en convocar a una asamblea constituyente para hacer las reformas que le devuelvan el poder al Estado, que prohíban a las empresas extranjeras ser dueñas de las empresas estratégicas y revisar los impuestos de las compañías mineras internacionales. En su campaña política, Ollanta Humala, un ex militar golpista, dice que «el poder en este momento lo tienen los grandes sectores económicos, las transnacionales, los grupos que están gobernando a través del parlamento y a través del ejecutivo, es decir, la clase política tradicional». El destituido presidente de Ecuador, Lucio Gutiérrez, también llegó al poder con un discurso antiimperialista y contra los partidos políticos, a quienes culpó de la pobreza en la que está sumido el país. Gutiérrez, quien encabezó un golpe de Estado contra el presidente Jamil Mahuad en el 2001, se presentaba como la alternativa. Tenía el apoyo de sectores de izquierda, sobre todo del movimiento indígena que había protagonizado duras luchas por reivindicaciones de derechos desde 1990. Pero la gran alianza se rompió porque Gutiérrez se convirtió, después de seis meses de estar en el poder, en un aliado de la derecha y partidario de la política estadounidense. Gutiérrez es el mejor ejemplo de que el país de los medios marcha al paso del país político y no del país real. Durante la campaña electoral aparecía en un quinto lugar de las preferencias de voto, eran estadísticas que él cuestionaba, aseguraba que las de carne y hueso, las de la calle, eran las válidas. Cuando ganó la presidencia de la República, dejó en evidencia que los medios de comunicación no estaban sintonizados con la sociedad real y los partidos políticos tradicionales tampoco. Los cuatro políticos revelan un hartazgo de la ciudadanía al quehacer usual de la política y además muestran que la famosa democracia de la región no ha existido en la dimensión que implica el concepto democracia. Los países andinos son una suerte de feudalismos más desarrollados con acceso al voto. Las mismas familias son las dueñas de los negocios, de los partidos, del poder; son quienes tradicionalmente han puesto las reglas del juego; como respuesta surge lo que los politólogos llaman populismo, una categoría Los países andinos son política que en el discurso, supues una suerte de feudalismos tamente, resp°nde a las necesidades más desarrollados y con de los excluidos. acceso al voto. El venezolano Norberto Méndez dice que «Chávez fue electo inicialmente porque la gente quería un cambio, luego fue reelecto presidente porque su discurso —más allá de lo ideológico— se conecta con la sensibilidad de la gente». Ramiro Aguilar, analista ecuatoriano, coincide con Méndez. Cree que «el mensaje que capta el electorado es el que se le envía según el lenguaje que entienda. Y por eso elige a quien usa su mismo lenguaje, es decir, a quien es como la mayoría de la gente». Los presidentes calificados de populistas reconocen públicamente que se entienden con el pueblo, que hablan el mismo lenguaje, que comprenden sus necesidades porque ellos las han vivido. Además, los presidentes, al menos los andinos, no provienen de familias adineradas ni de aquellas que han ejercido siempre la política. El mejor caso es Evo Morales, un campesino humilde que se ganaba la vida haciendo ladrillos y sembrando hojas de coca. Ramiro Aguilar cree que hablar de populismo no es la manera más acertada para entender la situación de la región. «En América Latina el populismo es una categoría usada por politólogos del siglo pasado. En la actualidad, hay que estudiar las variaciones del lenguaje y del mensaje que las instituciones formales transmiten hacia sociedades cada vez más excluidas del concepto educativo del primer mundo, con que Latinoamérica ha formado a sus elites profesionales. Sin dejar de lado, por cierto, que profesionalmente estas elites distan mucho, en su formación, de los miles de profesionales que cada año salen de universidades de muy mala calidad académica y que, por su incompetencia e ignorancia, distorsionan aún más la comunicación entre el sistema social y sus instituciones». Chávez, Morales, Humala y Gutiérrez son considerados populistas, los outsider de las elecciones, pero como dice la politóloga argentina, ÚLTIMOS PRESIDENTES ELEGIDOS EN LATINOAMÉRICA PAÍS PRESIDENTE AÑO Venezuela Hugo Chávez 1998 Chile Ricardo Lagos 1999 Luis Inácio Lula Da Silva Brasil 2002 Néstor Kichner Argentina 2003 Tabaré Vázquez Uruguay 2004 Evo Morales Bolivia 2006 Michael Bachelet Chile 2006 Flavia Freidenberg, no todos los populismos son iguales ni pueden ser catalogados de la misma manera. Tampoco se puede decir que el populismo pertenece a la izquierda o a la derecha, porque el rival de Humala es Alan García, un político que ejerció una presidencia que finalmente fue catalogada de corte neoliberal. En Ecuador, en cambio, el rival de los presidenciables de los últimos ocho años es Alvaro Noboa, el populista de derechas más acaudalado del país que anualmente figura en la lista de los hombres más ricos del mundo y que ingresó en política con la bendición del también populista Abdalá Bucaram. El periodista argentino, Alejandro Rodríguez Díez, tampoco cree en clasificar a estos políticos como populistas, porque eso es responder a la lógica estadounidense. Sin embargo, considera que «la década del capitalismo salvaje y neoliberal, con Collor de Melo y Cardoso en Brasil, Menem en Argentina, Fujimori en Perú, Bucaram en Ecuador y Sánchez de Losada en Bolivia, como sus principales estandartes, ha hecho que las sociedades giraran hacia una defensa de lo nacional, encarnada por Lula en Brasil, Kirchner en Argentina, Chávez en Venezuela, Morales en Bolivia y el intento fallido de Gutiérrez en Ecuador». «Es decir» —sostiene Rodríguez—, «mandatarios que propongan alternativas a los modelos exportados de países desarrollados, de imposible aplicación en los nuestros por múltiples factores (desde políticos a económicos, pasando por los culturales). También están apareciendo algunas reivindicaciones de tipo indigenista en los discursos políticos. Eso es lo que encarnan en su totalidad Se puede entender este Evo Morales y en menor medida cambio como respuesta Chávez y Húmala; además de recoral fracaso del neoliberalismo dar el apoyo de un sector indígena a de la anterior década, que Gutiérrez». privatizó los bienes del Estado Como estos políticos entran en sin que las sociedades el escenario público rompiendo las tuvieran provecho de ellos. estructuras de los partidos, generan cierta esperanza de que esta vez sí hay posibilidad de cambio. Sin embargo, tampoco son una garantía de mejorar la calidad de vida de las sociedades que gobiernan. No lo son porque quienes pierden las elecciones, es decir, el poder tradicional bloquea los intentos de cambio o por lo menos genera grandes movimientos de resistencia que fracturan y, en determinados momentos, paralizan sus países. Tampoco lo son, no en todos los casos, porque la generalidad de sus discursos son ataques al poder tradicional y carecen de agendas de gobierno claras, que permitan a las sociedades saber con certeza el rumbo de sus países. Y no lo son, además, porque los medios masivos de comunicación, con las debidas excepciones, se encargan de recoger el insulto de los bandos y no obligan a los poderes en disputa a hablar de políticas de Estado, de proyectos con visión nacional, de acuerdos que rompan con la polarización en la que viven. Lo que sí se puede decir con toda seguridad es que América Latina, a excepción de Colombia, sí tiende a la izquierda, aunque varios sectores digan que es una izquierda populista, con la excepción de Chile. Nuevamente, se puede entender este cambio como respuesta al fracaso del neoliberalismo de la anterior década, que privatizó los bienes del Estado sin que las sociedades tuvieran provecho de ellos. Los entendidos hablan de una izquierda que superó las taras de la caída del muro de Berlín y de la Unión Soviética. Se trata de una izquierda que entiende la globalización y que sabe que debe enfrentar la competencia comercial en igualdad de condiciones para que sus países no sean devorados por las máquinas comerciales, sobre todo, las asiáticas. Sin embargo, el poder tradicional, los gobernantes de izquierda y los populistas deben tener claro que la sociedad latinoamericana no es la misma de hace tres décadas. Hay una maduración política de la ciudadanía que se muestra en movilizaciones por la democracia como ocurrió en febrero del 2005 en Quito. Alrededor de 150.000 personas salieron a las calles a exigirle al presidente ecuatoriano que respetara la Constitución y las leyes. Más de cien mil argentinos marcharon en marzo de este año, para recordarle al poder de ese país que siguen en la memoria de la gente los actos criminales de la dictadura. Es decir, hay una generación nueva de ciudadanos que están comprendiendo que tienen la responsabilidad de participar en la vida política de sus países e incidir en su presente para tener un mejor futuro. Es una generación que está emergiendo, que poco a poco irá demostrando a los poderes en disputa que ha llegado el momento de hacer las cosas de manera diferente, pensando en los intereses de la mayoría, con proyectos que tengan una visión de país a largo plazo, que pasen por acuerdos y consensos que integren. o« AMELIA RIBADENEIRA