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Mensaje de paz desde Jerusalén

Rafael Llano

Sobre la exposición de Marc Chagall "El mensaje bíblico". Una colección de óleos, grabados y dibujos cuya temática común es la Biblia.

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Referencia

Rafael Llano, “Mensaje de paz desde Jerusalén,” accessed December 14, 2019, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/3574.

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Title

Mensaje de paz desde Jerusalén

Subject

Artes y Letras

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Sobre la exposición de Marc Chagall "El mensaje bíblico". Una colección de óleos, grabados y dibujos cuya temática común es la Biblia.

Creator

Rafael Llano

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Nueva Revista 080 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

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es

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Mensaje de paz desde Jerusalénp o r M A R C C H A G A L l&m[,108,Desde comienzo de año y hasta mediados de marzo, el segoviano Torreón de Lozoya acoge una exposición de ésas que no se ven todos los días: Marc Chagall: El mensaje bíblico (19311983). Financiada por Caja Segovia, que ha querido conmemorar con magnificencia los ciento veinticinco años de su fundación, la exposición reúne óleos, grabados, dibujos y un gran tapiz del artista judío, la mayoría de ellos nunca expuestos en nuestro país, y cuya temática común es la Biblia.„ l~jr~1 uve acceso —aseguraba Marc Chagall al final de su vida, refiJL riéndose a la Biblia— a este gran libro universal desde mi infancia. Siempre me ha llenado con visiones sobre el destino del mundo y ha sido para mí una fuente de inspiración en mi trabajo. En los momentos de duda, su elevada grandiosidad poética y su sabiduría meha confortado como una segunda madre».Aunque presentes desde sus primeros años de creación en su país natal —la tierra de Andréi Rublev— y en años posteriores, con excepción quizá de los que trabajó como comisario de Bellas Artes al comienzo de la Revolución de Octubre, los motivos bíblicos han conocido dos momentos excepcionales en la obra de Chagall.El primero fue fruto de su encuentro con Tierra Santa, en 1931. Allí fue a dar con los judíos del este europeo, esos tipos familiares para él desde la infancia pero.que ahora hallaba radicados en un contexto nuevo —una calurosa tierra de desiertos y palmeras— y, al mismo tiempo, y sin embargo, un contexto también antiguo: insertos en los parajes montañosos o costeros que conocieron los ancestros del pueblo judío, la tierra que cultivaron y en la que vivieron, junto con los otros pueblos semíticos, durante miles de años.De vuelta en París, un Chagall fuertemente motivado pinta en menos de un año cuarenta gouaches con escenas bíblicas de variado género. De ellas partiría para elaborar otros tantos grabados que, aunque recuerdanDetalle de la vidriera correspondiente a la tribu de Benjamín, Jerusalén, 1961 .NUEVA REVISTA 80 • MARZOABRIL 2002 . •[109]E LA R T ED E L AC O N V I V E N CMarc ChagallElogio de Delacrohcpor MARC CHAGALLUstedes me piden que hable de Delacroix. Resulta reconfortante pensar que existen artistas como él: sólo sunombre, su obra, embellecen nuestra vida. Al conocerlas,uno piensa: está bien que hayan permanecido.Entre lospintores de antaño, a mi entender, fueron enesto similares a Delacroix Watteau yLeNain; y, en nuestros días, lohan sido Monet y Bonard. No se trata solamente de su virtuosismo, en e! que otros pintores han podido igualarles; setrata más bien de que uno está tentado de decir que suexistencia aligera de alguna manera la tristeza de la vida, que nos redime de su monotonía.De Delacroix amo eltrazo, elvuelo particular de su pincel —opuesto al de Gericault—; su ciencia de lacorrí posición; su modernidad, unacierta maldición» similar a ia deBaudelaire, que le hace muy próximo a nosotros. Comprendo muy bien por qué Cezanne, aunque en secreto, amaba sus acuarelas.Su pintura ha cultivado conéxito el buen hacer de la norma académica que caracterizó a su tiempo, elinevitablemente la obra grabada de Rembrandt con motivos tradicionales judíos ysorprenden porsu maestríatécnica, muestran sobre todo una originalísima interpretación plástica del relato bíblico: respetuoso con laliteralidad del texto, lleno de sencillez. Estos y otros grabados, hasta un total de 105, fueron publicados en 1956 en unaedición ilustrada de la Biblia, a cargo de Tériade.Se explica que, merced a su acrecentada familiaridad con el texto sagradoy la experiencia enriquecedora de los hallazgos formales, Chagall conociera pocos años después, en 1961, el segundo gran episodio decreatividad con contenido bíblico. En esta ocasión, su trabajoNUEVA KEYISTA 80 MARZOABRIL 2002M e n s a j e de p a z desde J e r u s a l é nC O M E N T A Rno se inició después de un viaje a la Tierra de los padres, sino que comenzó allí mismo, en la Ciudad Santa, en Jerusalén. Un año llevó a Chagall realizar el encargo del hospital de Hadassah de esa ciudad: las doce vidrieras de la sinagoga, que habrían de representar la historia, las misiones y contenidos simbólicos de las doce tribus en que se dividía el entero pueblo de Israel.Para esta ocasión, Chagall llamó junto a sí a Charles Marq, y a su mujer, Brigitte Simón, hija de una familia dedicada durante generaciones al arte de las vidrieras en Reims, y de ellos aprendió el detalle de la nueva técnica; hasta tal punto, que con estos mismos vidrieros trabajaría posteriormente en nuevos encargos —las vidrieras de la catedral de Reims (197374), en Chichester (1978), en Mayence (197778), etc.—.Pero tampoco en esta ocasión era el virtuosismo lo que interesaba a Chagall. Ya desde su primer viaje a Francia, en 1910, Chagall habís empezado a comprender que el ideal supremo al que puede aspirar un artista es que su obra se identifique con la tierra en la que vive, con su paisaje, con las gentes que la habitan. En un texto que reproducimos también aquí («Elogio de Delecroix»), el pintor judío encomiaba la obra de este maestro francés precisamente por su connaturalidad con la cultura en la que se había formado,neoclasicismo de David y de Ingres; pero el palpitar de su pincel anuncia ya a Manet y a todo lo que le sigue. Y esto sin elogiar su nobleza humana y su sabiduría, de las que hace gala tanto en sus diarios como en sus proféticos juicios artísticos.Me confieso entusiasta de su Barricada, del Barco de Dante, de Mujeres de Alger, de Boda judía y de tantos otros pequeños estudios suyos. Comprendo que hoy todavía podamos copiar su obra, como Delacroix mismo imitaba la de Rubens. Y sin embargo, ¡cuánto más próximo a nosotros que Rubens resulta este tierno Delacroix!NUEVA REVISTA 60 MAtZOASSIl 2002[ n i !E LA R T ED EL AC O N V I V E N CMore ChagallEs posible que su pintura llegue a afectarnos plásticamente como lo hacen ciertos acordes musicales de Chopin. En fin, ¿cómo saberlo? En todo caso, gloria a una nación —la francesa— que nos ha dado artistas como Delacroix. Quizás resulte extraño este entusiasmo mío, en esta época que me disgusta un poco, que no es capaz de expresar ni grandes penas ni grandes sorpresas.Sería bueno que la gente joven se decidiera libremente a estudiar estos modelos de grandeza humana, que supiera, como Delacroix, encontrar sentido a la vida; que pudiera, como él, comprender su atractivo, su ausencia de mundanidad —aquello que constituye al hombre de mundo—, su modestia a pesar del éxito.Este paisaje que veo por la ventana es para mí reflejo de la existencia misma de este gran pintor francés. Y ¿qué puede tener más importancia que la semejanza de un artista con el paisaje que le ha visto nacer?Marc Chagall, en Les Nouvelles Littéraires,París, n.fi 1862. 9 mayo 1963. Traducido del francés por María Andréspor la familiaridad con las costumbres y los hábitos de vida de sus conciudadanos, por su pertenencia al paisaje que se ve todos los días. La obra de un artista, en defintiva, ha de estar al servicio, según Chagall, de la convivencia cívica de los pueblos. Ella debe confirmar, ante todo, que es posible vivir en el mundo con respeto, con alegría.En esta amarga hora en que los habitantes de Jerusalén y de toda la tierra palestina son cautivos de la violencia; cuando los pueblos semíticos, no obstante proceder de unos mismos padres, parecen haber perdido toda voluntad de lograr una convivencia pacífica, nos ha parecido conveniente publicar en castellano las palabras que Chagall pronunció el día de la inauguración de las vidrieras en Jerusalén, para recordar el espíritu del que nació aquella obra y convocar, sobre todo, el espíritu del gran libro universal que ha ilustrado a esos pueblos como a muchos otros a lo largo de los tiempos y en los más distantes rincones del Globo: espíritu de sabiduría y de ciencia, espíritu de entendimiento y de consejo, espíritu de piedad y de misericordia, espíritu de tolerancia, de paz y de concordia, 0° RAFAEL LLANO[1 12]NUEVA REVISTA 80 • MARZOABRIL 2002