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Querella o armonía

José Manuel Cuenca Toribio

Sobre la proliferación de estudios y biografías acerca de los poderes fáticos y sus principales representantes en política, banca y en los sindicatos, demuestra una extendida curiosidad por desentrañar las claves de su entorno en amplios sectores de nuestro país.

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José Manuel Cuenca Toribio, “Querella o armonía,” accessed December 13, 2018, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/3542.

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Querella o armonía

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Ensayos

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Sobre la proliferación de estudios y biografías acerca de los poderes fáticos y sus principales representantes en política, banca y en los sindicatos, demuestra una extendida curiosidad por desentrañar las claves de su entorno en amplios sectores de nuestro país.

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José Manuel Cuenca Toribio

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Nueva Revista 015 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

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Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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IHLa octava plaga de Egipto que padecemos desde poco tiempo atrás los españoles ha vuelto a dar actualidad a una vieja cuestión cargada de interés.La proliferación de estudios y biografías acerca de los poderes fácticos y desus principales representantes en la política, la banca, los sindicatos o lacomunicación demuestra una extendida curiosidad por desentrañar las claves de su entorno en amplios sectores de nuestro país. Más que crearla,como hoy sucede con tantas operaciones de «marketing», editores y autoreshan sabido detectar tal atención y puesto, consecuentemente, los mediospara satisfacerla.QUERELLA O ARMONÍAPERIODISMO EHISTORIADebido a la masiva salida de licenciados de nuestra! facultades da Historia —las más devaluadas en la bolsa estudiantil y ministerial—hoy es difícil hallar unárea en barbecho delpasado, remoto o próAUNQUE no con [a intensidad presente, otras épocas de renovación y cambio— ^ acelerado presenciaron idéntico fenómeno. Con modestos recursos los escritores de la «Gloriosa» se entregaron con entusiasmo a tan excitante labor. Tiempo después, al advenir la II República, millonarios y jesuítas atrajeron la pluma ágil de revisteros y novelistas en excedencia. El reviva! del género era, pues, fácilmente previsible desde la desaparición del franquismo. La única sorpresa que, en realidad, cabe registrar en el fenómeno es que haya reaparecido con su vitola de otras épocas, encastillado en la orfandad de atributos valiosos y lejano, por lo común, de cualquier aportación al periodismo de calidad y a la historiografía solvente.Por José Manuel Cuenca Toribioción de la gramática y un pertinaz olvido de las bellas letras dominan férreamente en libros agraciados con incesables revisiones y a cargo todos ellos de titulados universitarios. Por generosa que sea la aduana del lector o penetrante su lámpara, poco de aprovechable podrá recoger en páginas construidas con presura y redactadas con desmaña. Aunque siempre sean positivas la libre circulación de escritos y la concurrencia bibliográfica, he aquí un caso, empero, en que en ocasiones se suspira por la existencia de un déspota que pusiera término —momentáneamente, desde luego— a tanto estrago de las normas más acreditadas del quehacer intelectual.ximoPodia, lógicamente, esperarse que al convertirse de nuevo en el sector punta o al menos en el de mayor impacto en la opinión, esta literatura reflejase los avances que, pese a nuestro tercermundismo cultural, se han anotado durante los últimos decenios en el clima intelectual del país o en el de los meridianos próximos por ascendiente —Norteamérica— o geografía —Francia—. Al contrario, es quizás el mejor ejemplo del profundo deterioro de la enseñanza que, según muchos expertos, cuartea todo el edificio académico de la sociedad postindustrial. Una enciclopédica ignorancia en materia histórica, una sañuda vulneraI Historia instantáneaLa gravedad del tema no admite, sin embargo, el fácil escapismo del lamento, y obliga a introducirse en tejido muy delicado del mundo científico y cultural español. A fin de cuentas, los autores y editores en cuestión no han hecho otra cosa que ocupar un campo yermo con cuyo cultivo han conseguido unos y otros envidiables beneficios económicos.En ias naciones anglosajonas —Walter üppmann, James Reston o Schlesinger en EE.UU. o72NUEVA REVISTA JUNIO 1991Hugh Thomas en Inglaterra— y, sobre todo, en Francia, la roturación de dicho terreno corre normalmente a cargo de periodistas consagrados y cualificados historiadores. Unos y otros tienen clara conciencia de su oficio. Mientras que, por definición, el dominio del periodismo es el de laactualidad en su versión más efímera, el de la historia es, por esencia, el del «tiempo largo», conforme a la clasificación divulgada por la Escuela de los«Annales».Empero, existe un punto de inserción entre lo fugaz y lo duradero en el que justamente reside el lugar de encuentro entre periodismo e historia, que es también precisamente el que concentra el máximo interés de la sociedad: aquel que pudiéramos denominar el de la «Historia instantánea». Tal vez por su mayor porosidad hacia lo vivo, los periodistas se han percatado en superior medida que los historiadores de esta intersección y han procurado no faltar a la cita con los últimos, más romos o perezosos.Hugh TilomasEn una época como la nuestra en la que la separación de géneros es objeto de general rechazo, periodismo e historia contemporánea unen cada vez más sus aguas para mover el molino del presente, rescatando al ayer inmediato de la superficialidad o el caos para hacerlo inteligible rigurosa y serenamente. Es manifiesto que al periodismo le corresponderá el papel más destacado en dicho menester. Nada hay que objetar con tal de que en su bagaje no falte ninguna pieza sustantiva del oficio intelectual.I Los francesesSabido es cómo, desde siempre, los franceses han poseído el secreto de batir culturalmente los territorios de frontera. Al adentrarse en la copiosa literatura periodística que ha suscitado la V República francesa, la fruición provocada por sus principales obras se amarga con la observación del decalaje suscitado por su comparación con las españolas de índole semejante. El análisis del «doble menosprecio» realizado por Catherine Nay para dar con la pieza clave del fracaso de la relación gubernamental entre los dos líderes conservadores o el estudio —incompleto, aunque sólo por causas cronológicas...— de las metamorfosis mitterrandianas —¿es sept Mitterrand, Paris, 1988— llevado a cabo por la misma autora marcan jalones de indispensable referencia en la historiografía del régimen mencionado. Nada es exigible en estoslibros en punto a rigor documental, arquitectura temática y seducción de estilo. Iguales caracteres dan tono a la obra de uno de los maitres á penser del actual periodismo galo, Jean Laniel, o a la de su delfín durante mucho tiempo y hoy descarado rival, FranzOlivier Giestx ., cuya juventud —nació en 1949 en USA— no hd sido obstáculo para escribir dos biografías deslumbrantes: Frangois Mitterrand ou la tentationde lhistoire(París, 1977) yJacquesChirac (Paris, 1987), y el retrato, tan apasionado como lúcido, Le President (Paris, 1990, 394 pp,), de lectura obligada para adentrarse en las cámaras secretas de la política francesa del último cuarto de siglo. Entreverados de crónica y gran reportaje, tales libros resistirán el paso del tiempo por su acribia documental y la fuerza de su pincel psicológico.Con todo, acaso más conocido del gran público sea el ejemplo del fecundo bórdeles, tan amante de lo hispano, Jean Lacouture. Historiador y licenciado en Ciencias «Po», el inabarcable catálogo bibliográfico del corresponsal y editorialista de Le Mondey Nouvei Observateur está repleto de estudios y monumentales biografías sobre episodios y personajes del mundo actual. Aun contando con la ayuda de su laboriosa mujer, Simone, parece increíble el desvelamiento que este periodista, como él gusta llamarse, ha llevado a cabo de los capítulos esenciales de los avatares y protagonistas que han forjado la época contemporánea. El acopio de erudición acribiosa y, como decían lasLa incuestionable diitinción de mi trabajos no distancia al periodiita político y cultural del historiador conteníporaneirta en su identidad de propósito! de satisfacer la gran demanda de «actualidad»NUEVA REVISTA JUMO 1W173Como simple propuesta personal pudiera tal m señalarse que la» salas de redacción de diarios y «manarlo», así como las de las revistas especializadas, tendrían que convertirse en el escenario donde se ponga a punto un trabajo verdaderamente interdisdplinar, con programa» establecidos con realismo y jerarquíaviejas preceptivas, la heurística más feliz se conjugan en estudios enciclopédicos como las biografías de Léon Blum, Pierre Méndes France o De Gaulle o en libros más a escala mortal, a la manera de LAgypte en movement (París, 1956), Le Poids du tiers monde {París, 1962), Hó Chi Minh(París, 1976), Nasser (París, 1971), para reconstruir las raíces más conjuradoras de la realidad presente en su país natal, en el marco árabe o en el área tercermundista. Universidad y prensa, redacción y biblioteca han logrado en su obra una conjunción modélica, expresiva de un ambiente cultural como el francés en el que la Academia o el Instituto se han nutrido abundantemente de escritores para los que ni el periodismo ni la historia constituyeron su originaria profesión.I EspañaDentro del periodismo francés de altos vuelos reside un área cuyos límites se confunden con los de la historia contemporánea en su versión más difícil y comprometida. La voluntad de erigirse en testimonio historiográfico y aun en obra netamente científica es observable en la síntesis del tiempo presente realizada por profesionales de la prensa de gran renombre. En la órbita de las rotativas se ha escrito el fresco de la diplomacia de la segunda mitad del siglo XIX más agudo y completo. El redactor en jefe y más tarde director de Le Monde, André Fontaine, ha culminado en Historia de la guerrafría, 19171962 (Barcelona, 2 vols., 1964) y en Un seul lit pour deux revés. Histoire de la «detente» 19621981 (París, 1984), una reconstrucción que será durante mucho tiempo el punto de partida de cualquier estudio sobre la dialéctica internacional de la centuria presente. ¿Qué fueron muchas obras de Raymond Aron sino incursiones periodísticas al corazón de los grandes temas de la defensa, la sociedad o la cultura? ¿Qué otra cosa fueron igualmente algunos de los libros de Malraux o Guitton sino «aventuras» periodísticas por los grandes espacios del espíritu —diálogo de las civilizaciones, estructura del Leviathan, pedagogía del cambio y la permanencia cultural?sí por su trabajo, escribió párrafos demoledores sobre tal actitud en su Historiadel reinado deAlfonso XIII,que conservan plena vigencia en la vertiente más escabrosa del asunto, que es, obviamente, la política... Bien que sean plausibles los escrúpulos de objetividad e información que han paralizado hasta techas recientes el ánimo de los historiadores profesionales para situar su tajo en el territorio de su propia época, no cabe desconocer los zocatos frutos de esta postura. AHÍ donde quizá fuera más necesario que en ningún otro sitio su esfuerzo, no han comparecido sino rara vez, y, a menudo, sin los instrumentos adecuados. Según era inevitable, la unidad moral de la nación se ha resentido grandemente de la ausencia de unos estudiosos que no han alumbrado la génesis inmediata de sus problemas ni dado explicación de sus fracturas y crisis más recientes. Las primeras aproximaciones al conflicto de 1936 por la «historia académica» vino del lado de los hispanistas; las de la transición, ni siquiera por parte de éstos...Debido a ía masiva salida de licenciados de nuestras facultades de Historia —las más devaluadas en la bolsa estudiantil y ministerial— hoy es difícil hallar un área en barbecho del pasado, remoto o próximo. Muchos son, pues, los jóvenes loablemente dedicados a escudriñar por los rincones del inmediato ayer. La falta de una «tradición española en dicha parcela y la escasez de hitos de referencia determinan, no obstante, que sean muy lentos sus progresos. Al predominar en ia obra de sus predecesores el talante partisano o el amateurista —a las veces, los dos en una misma persona y tarea como en el ejemplo, algo lejano, de García Venero y de otros más cercanos y por ello omitidos...—, los contemporaneístas decididos con benemérito entusiasmo a poner las fronteras de Clio en los mismos limites de la actualidad se topan en su camino con dificultades añadidas que no harán, sin duda, sino aumentar su coraje y la voluntad de ganar una apuesta que acrecentará el prestigio de la profesión y, sobre todo, sus servicios a la comunidad.I FraternidadÚnicamente por vía de señalada excepción es posible encontrar en España un autor o una obra que no despierte en exceso el recuerdo de los franceses. El recelo ante lo contemporáneo y, en especial, frente a lo «actual» ha sido muy vivo en los profesionales españoles. Fernández Almagro, que no lo era por su titulación universitaria aunqueEsta hora se otea aún lejana en España. Un procedimiento infalible de adelantarla radicaría en estrechar los lazos que unen al periodismo con la historia contemporánea, quizás los más fuertes que ligan a cualesquiera otros saberes y disciplinas humanísticos. Hasta períodos cercanos amT4NUEVA REVISTA • JUNIO 1991bas, no obstante, se presentaban como esferas aisladas, sin que la colaboración de algunos escasos historiadores en la prensa atenuara el enclaustramiento. Los dos tienen un campo de acción continuamente ensanchado con el tiempo de semanas y meses que hace ridiculos los conflictos que pudieran plantearse por una jurisdicción mal entendida. En unas páginas por fortuna prematuramente postrimeras, Jean Lacouture rompía no ha mucho una autorizada lanza en pro de la fraternidad de ambos oficios, considerando, gentilmente, al historiador como «el hermano superior» del periodista, al que, conforme envejece, más seasemeja (Enquéte sur tauteur. Réponse tardive aAndré Malraux sur quelques questions relatives á la conditionde journaliste, París, 1989, p. 215).Confesión sin duda de humildad que debería imitarsepor parte de los historiadores.Raymotid AronLa incuestionable distinción de sus trabajos no distancia al periodista político y cultural del historiador contemporaneista en su identidad de propósitos de satisfacer la gran demanda de «actualidad». Al introducirse en la personalidad de Gorbachov o de Felipe II el periodista busca ante todo «la utilidad» que para su coetáneo posee el conocimiento de tales figuras; y cuando et historiador dedicado a los trabajos de alta divulgación perfila los rasgos de la Venecia renacentista o de la Britania romana no persigue meta distinta que la de proporcionar al hombre de su tiempo instrumentos para la acción, si bien reflejándola en una secuencia más globalizadora y en su perspectiva más propia. En nuestra patria, además, concurren otras circunstancias de índole episódica que acentúan dicha solidaridad. Por causas políticas e ideológicas derivadas del sectarismo de su vida cultural, durante medio siglo los temas «contemporáneos» permanecieron muy a retaguardia de los polos informativos e historiográficos, huyéndose por razones varias, pero ninguna demasiado aceptable, de su contacto, De ahi que en España lo «actual» — tema, por otra parte, muy cultivado por la cultura Hght característica de la postmodernidad...— usufructúa un atractivo superior a lo constatado en países más desarrollados política y científicamente.No cabe, en estas líneas, ninguna propuesta «para la acción», pues, entre otras cosas, el panorama aqui abocetado debería ampliarse a otros campos que no fueran los de la galaxia Guttenberg, como, v. gr., el de los medios de comunicación, en el que la cooperación entre periodismo e historia resurta, si ello es posible, aún más necesaria y urgente. Pero como simple propuesta personal pudiera tal vez señalarse que las saias de redacción de diarios y semanarios, asi como las de las revistas especializadas, tendrían que convertirse en el escenario donde se ponga a punto un trabajo verdaderamente interdisciplinar, con programas establecidos con realismo y jerarquía. Es probable que su resultado trace un camino renovador para ambas disciplinas, que las faculte para dar respuesta a las demandas más apremiantes que la sociedad del inmediato porvenir dirija a una y otra.Si el periodismo político español no se aproxima y mantiene relaciones de excelente vecindad con la historia contemporánea, su estatuto intelectual no progresará y quedará devaluado. A su vez, si la historia contemporánea no dispensa un trato privilegiado al periodismo político, su irradiación e influencia decrecerá y abandonará su terreno más fructífero y social y culturalmente más rentable. Sin otra alternativa, periodismo político e historia están condenados, por instinto de supervivencia, a entenderse. •José Manuel Cuenca Toríbío es catedrático de Historia Contemporánea de la Univeraiiad de Córdoba.¿Qué frieron muchas obras de Raymond Aran tino Incursiones periodísticas al corazón de ios grandes tema» de 1a defensa, la sociedad o la cultora?NUEVA REVISTA • JUNIO 199176