Nueva Revista 098 > Tzvetan Todorv, un intelectual europeo

Tzvetan Todorv, un intelectual europeo

Inger Enkvist

Conversaciones con Tzvetan Todorov, muy conocido entre los críticos literarios como inductor del estructuralismo. Presentación de su libro "El nuevo desorden mundial".

File: Tzvetan Todorv, un intelectual europeo.pdf

Referencia

Inger Enkvist, “Tzvetan Todorv, un intelectual europeo,” accessed May 24, 2024, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/331.

Dublin Core

Title

Tzvetan Todorv, un intelectual europeo

Subject

Encuentro con el humanista búlgaro-francés

Description

Conversaciones con Tzvetan Todorov, muy conocido entre los críticos literarios como inductor del estructuralismo. Presentación de su libro "El nuevo desorden mundial".

Creator

Inger Enkvist

Source

Nueva Revista 098 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

Rights

Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

Format

document/pdf

Language

es

Type

text

Document Item Type Metadata

Text

ENCUENTRO CON EL HUMANISTA B Ú L G A R O F R A N C É S Tz vetan Todorovf un intelectual europeo nuevo INGER ENKVIST CATEDRÁTICA DE LENGUA ESPAÑOLA Desde los años sesenta, Tzvetan Todorov es un nombre muy conocido entre los críticos literarios como uno de los introductores del estructuralismo. Desde entonces, ha continuado creando una obra que abarca más campos, variando su enfoque principal y cobrando nueva presencia en el debate intelectual. Prueba de esto es que en 2004 se han celebrado tres simposios internacionales sobre su obra: en Gran Bretaña, Suecia y Turquía. Los intereses científicos de Todorov incluyen ahora la historia, la etnología, la antropología y la historia de las ideas, y sus últimos libros podrían ubicarse en el terreno de la creación de opinión desde una perspectiva cultural y política. Cada vez recibe más invitaciones a participar en discusiones sobre el futuro de Europa, y quizá ha comenzado a representar precisamente a un europeo nuevo: una persona que ha vivido en varios países, que habla varias lenguas, que ha estudido la historia y literatura de diferentes naciones, que conoce la tradición democrática de Europa occidental pero también que ha experimentado la opresión sufrida por los países de Europa oriental. En El nuevo desorden mundial, de 2003, Todorov se presenta a sí mismo como un intelectual europeo que reflexiona sobre su época. Todorov me recibe en la École des Hautes Études, en el centro de París. Allí hay un grupo de investigación que se dedica a temas sociales y políticos en colaboración con el CNRS, Centre National de Recherches Scientifiques, centro en el que Todorov ha ocupado un puesto de investigación por más de treinta años junto a colegas tan célebres como Genette, Barthes, Bourdieu, Furet y Gauchet. Da pocas entrevistas por considerar que su pensamiento aparece expresado en sus libros y en los debates. A pesar de sus cabellos canos, Todorov impresiona por su vitalidad y energía cuando habla en francés con un ligero acento. INGER ENKVIST • ¿Podría explicar brevemente cómo llegó a ser un búlgarofrancés con un ferviente interés por la nueva Europa? TZVETAN TODOROV • Crecí en la Bulgaria comunista y llegué a París en 1963. Una tía mía, residente en Canadá, había querido ayudar a sus sobrinos «becándolos» en un país occidental. De esta manera, vi asegurada mi vida de estudiante durante unos cuantos años, al cabo de los cuales ya empezaron los encargos de traducciones y artículos. Vine a París en un momento propicio para mí: los estructuralistas franceses acababan de descubrir a los formalistas rusos y a Bajtin, pero no manejaban el ruso. En Bulgaria, yo había aprendido ruso y, dentro del campo de la literatura, me había dedicado a los aspectos técnicos para evitar problemas con la censura política. En París, conocí a Genette y Barthes y juntos elaboramos el estructuralismo como corriente dentro de la crítica literaria. Los textos sobre el estructuralismo y lo fantástico en la literatura siguen siendo mis libros más vendidos. I. E. Sin embargo, después de ser aceptado por la élite literaria e intelectual francesa en un tiempo récord, usted no se aferra a lo que ha logrado, sino que sigue evolucionando. ¿Cuáles fueron los motivos que influyeron en su reorientación? T. T. • Como suele suceder, se unieron varios factores. Mi padre me escribió desde Bulgaria diciéndome que no volviera por allí, pues no había futuro para mí. Al mismo tiempo, decidí pedir la ciudadanía francesa. Finalmente, me convertí yo mismo en padre. Todo esto me movió a hacer el esfuerzo de conocer a fondo mi nuevo país, Francia, y de colaborar con la sociedad francesa en la que iban a vivir mis hijos. Inicié un estudio de varios años sobre la tradición filosófica francesa desde el Renacimiento en adelante. Cuando publiqué el resultado me expuse, claro está, al riesgo de ser criticado: estaba explicando el desarrollo de «Los totalitarismos dan las ideas en Francia a los franceses. prioridad en sus políticas I. E. • Trabajar en el campo interdisa la decisión sobre a ciplinar suele venir acompañado de quiénes van a considerar dificultades añadidas a fin de ser como los enemigos del aceptado. Usted abandonó el ámbito Estado, y entre ellos en el que tenía una ventaja lingüístisitúan sistemáticamente ca y cultural frente a otros críticos literarios. ¿Por qué? a todos cuantos discrepan T. T. • Había decidido aumentar la con el poder». conexión entre mi vida y mi trabajo y decidí apoyarme en mis propias experiencias como extranjero en Francia, convirtiendo el tema de los encuentros culturales en mi enfoque principal durante los años setenta y ochenta. Escribí Nosotros y los otros. La reflexión francesa sobre la diversidad humana (1989) y La conquista de América (1982). I. E. • Estos títulos lograron que un grupo más amplio de estudiosos de la cultura comenzara a interesarse por su obra, a la vez que ésta resulta menos útil a los críticos literarios de enfoque meramente técnico. Después cambió otra vez de enfoque en su investigación. ¿Por qué? T. T. • Antes de la caída del muro de Berlín en 1989 no me había dado cuenta de cuánto me pesaba la situación en mi país de origen. La disminución de la influencia de la Unión Soviética y su posterior desaparición me llenó de nueva energía y empecé a estudiar el totalitarismo y los campos de concentración. Para mí había una «cercanía existencial» a estos temas que me permitió entender la lógica de los campos con más facilidad que otros occidentales. Comprender esta lógica ha formado parte, por tanto, del estudio de mi propia identidad. He llegado al resultado que para entender el totalitarismo hay que rechazar a la ideología como fuerza primaria. La voluntad de poder personal es más importante como motivo básico del totalitarismo. La ideología no es más que un instrumento para el grupo que logra hacerse con el poder y que después se mantiene en él a través del terror. Los totalitarismos dan prioridad en sus políticas a la decisión sobre a quiénes van a considerar como los enemigos del Estado, y entre ellos sitúan sistemáticamente a todos cuantos discrepan con el poder. Quieren impedir que las perspectivas ajenas le hagan competencia a la verdad presentada desde él. Al mismo tiempo, no puede haber verdades absolutas, porque el poder podrá tener interés en cambiar de verdad de vez en cuando. Por eso, es lógico que la ciencia y la justicia estén sometidos al poder político en los países totalitarios, pues son áreas basadas en conceptos de verdad desde la razón o desde el derecho. El estudio sobre el totalitarismo me ha llevado a rechazar las afirmaciones posmodernas que sostienen que la verdad y la realidad son construcciones sociales. Rechazar la existencia de verdades independientes del poder es lo que caracteriza a todas las dictaduras. Cabe preguntarse por qué quienes viven en países democráticos aceptan afirmaciones de ese tipo. EL HUMANISMO l. E. • Usted habla mucho del humanismo pero ¿no es un concepto criticado con frecuencia en nuestros días? T. T. • Estoy a favor del humanismo y la democracia, hija del humanismo. Muchos que ahora apoyan los derechos humanos han olvidado que esta idea procede de una visión humanista y europea que venía desarrollándose desde el Renacimiento y la Ilustración. Por eso, parece contradictorio defender los derechos humanos y rechazar los valores europeos. Al mismo tiempo hay que reconocer que, por ejemplo, la expansión imperialista ha hecho uso de una retórica humanista, lo que no autoriza a identificar al humanismo con el imperialismo. Las críticas hechas en Europa a propósito de los defectos de la democracia se basan generalmente en observaciones correctas pero nunca vienen acompañadas por críticas similares a otras ideologías y Estados cuyos defectos son aún más negativos para el interés de la humanidad. I. E. • Usted ha sido miembro de una «Si Europa no se puede comisión de educación que ha entredefender, tampoco puede gado sus conclusiones al gobierno tomar decisiones francés en octubre de 2004. ¿Cuáles son los resultados? importantes a nivel T. T. • La idea de que todos los ciuinternacional, como por dadanos tengan derecho a la eduejemplo ayudar a un cación para poder desarrollarse es Estado democrático precisamente una idea humanista. El humanismo parte de que el ser amenazado. Los europeos humano todavía no está «acabadecepcionados con las do» al nacer. Necesita educación elecciones norteamericanas en un sentido amplio para llevar deberían favorecer la adelante tanto la vida privada creación de unas fuerzas como la profesional. La educación eñ algunos países occidentales inarmadas europeas». cluye hoy como principio fundamental que el alumno deba planificar su propio trabajo y decidir cómo va a trabajar. Considero «ultraliberal» tal actitud. También se pensó así en Francia hace una generación, al final de los sesenta y hasta el comienzo de los años ochenta. Por el contrario, la comisión que ahora ha presentado sus recomendaciones dice que una escolaridad que no privilegie el conocimiento sino cualquier otra cosa condena a muchos niños a una disminución de su potencial intelectual y social. Si un niño es débil desde el punto de vista social, necesita más todavía de la sociedad y sus instituciones. Hay que «aprender» la cultura para tener la posibilidad de alcanzar una vida equilibrada y plena. Es directamente antidemocrático no anteponer la adquisición de conocimientos sobre los otros aspectos involucrados en el proceso educativo. EUROPA l. E. • Usted se apasiona más que otros por los temas europeos. ¿Por qué? T. T. • Los europeos parecen no entender el prodigio de que la Unión Europea constituya una de las pocas regiones del mundo en la que es inverosímil que los países entren en guerra unos contra otros. Por venir de Europa oriental, soy consciente de que las guerras y la intimidación militar no son sólo aberraciones que figuran en los manuales de historia. Los países de Europa oriental están más a favor de la OTAN que los de Europa occidental y la razón es que los primeros saben lo que significa no poder defenderse. Si Europa no se puede defender, tampoco puede tomar decisiones importantes a nivel internacional, como por ejemplo ayudar a un Estado democrático amenazado. Los europeos decepcionados con las elecciones norteamericanas deberían favorecer la creación de unas fuerzas armadas europeas. Los intelectuales que están a favor de la paz pero no de unas fuerzas armadas europeas viven un poco en las nubes o derivan de los seudomovimientos de paz estimulados por la jerarquía soviética para debilitar a los Estados que los rusos consideraban los principales enemigos, es decir, las democracias occidentales. La postura de estos intelectuales entraña una contradicción. No existe derecho alguno, ni a la paz, ni a los derechos humanos, sin un poder capaz de garantizar la posibilidad de gozar del derecho en cuestión. Pensar que todos los otros son buenos «en realidad», el «angelismo», equivale a dejar el campo libre a los violentos. Sí, me considero un europeo ferviente y tengo más confianza en los políticos que en los intelectuales para hacer avanzar el mundo. Los políticos orientan su pensamiento hacia lá acción mientras que ciertos intelectuales se contentan con juegos intelectuales. Sin embargo, me siento preocupado porque podría surgir en los Estados Unidos una división más tajante del mundo entre amigos y enemigos y también por la conexión entre religión y política. Criado en un país comunista, nunca me he sentido atraído por la religión pero, al mismo tiempo, me sorprende que pocos europeos mencionen públicamente un dato sobre el que parecen de acuerdo los historiadores, es decir, sobre las raíces de la civilización europea: Atenas, Roma y Jerusalén. Muchos parecen olvidar los significados de esta tríada fundacional para poder redefinir Europa de cara a fines del todo ajenos a ella. l. E. • Hoy se habla mucho de una «Las personas son nueva Europa multicultural. ¿Cómo personas, no hay por qué ve esa idea? encasillarlas en primer T. T. • No creo que el multiculturalismo tal como se vive en Europa lugar como miembros sea una idea positiva. Las personas de grupos, como pretende son personas, no hay por qué encael multiculturalismo. sillarlas en primer lugar como Esa idea muestra miembros de grupos, como pretende el multiculturalismo. Esa idea conexiones negativas con muestra conexiones negativas con las ideologías totalitarias». las ideologías totalitarias. Formar conjuntos de personas según su cultura es algo arriesgado aun cuando fuera hecho con intenciones confesables. El multiculturalismo se basa en la idea de que las personas son diferentes, que la diferencia puede explicarse por la pertenencia a diferentes grupos, y que el grupo y no el individuo tiene derecho a decidir qué es lo que le conviene al individuo. De esta manera se encierra a las personas en su grupo condenándolas en cualquier situación a definirse por sus diferencias heredadas, no por sus capacidades, por lo que el sistema acaba operando en contra del desarrollo personal; es una idea antihumanista y antidemocrática. Tal vez sea por eso que muchas personas que han apoyado a diferentes movimientos totalitarios se han sentido atraídas por esta nueva ideología que reabre la posibilidad de que tendencias totalitarias desprestigiadas puedan volver a organizarse, difundir su credo e incluso presentarse como democráticas y obtener subvenciones en el seno de las sociedades abiertas. El avance del multiculturalismo me recuerda el affaire Dreyfus de hace un siglo, sólo que ahora el resultado es al revés. Ahora llevan la delantera los antidreyfus. En conexión con el multiculturalismo, hay que mencionar la xenofilia, un concepto menos conocido que el de xenofobia. La xenofilia es aceptar indiscriminadamente la cultura de otros como si fuera mejor que la propia. En la Bulgaria de mi juventud era bastante común pensar que los franceses eran más sofisticados y por eso «mejores» que los búlgaros. Otra idea similar es pensar que los pueblos «primitivos» son mejores que los más desarrollados por encontrarse menos «contaminados» por la civilización, reciclando un tanto la idea del «buen salvaje» de Rousseau. I. E. ¿Le parece positiva la incorporación de los países de Europa oriental a la Unión Europea? T. T. • Sí, porque los nuevos miembros están ansiosos por mejorar su vida, son trabajadores y podrían revitalizar a la Unión. Sin embargo, no creo oportuno que Turquía sea miembro porque su incorporación supone algo muy distinto a la de un país de Europa oriental. Con más de setenta millones de habitantes y una población que crece más rápido que la de los demás países de la Unión Europea, Turquía tendrá automáticamente más votos que cualquier país de los que son miembros actualmente y antes de haber demostrado su capacidad de integración. Tampoco le conviene a la Unión Europea tener frontera directa con países tan preocupantes como Siria, Irak e Irán sino más bien lindar con países culturalmente afines, como Turquía, pero menos comprometidos con la ideología de aquellas naciones. Además, las diferencias de nivel cultural y económico son demasiado grandes. Una alianza como la Unión Europea es como un matrimonio. Las dos partes tienen que compartir mucho y estar convencidas de que la alianza resultará beneficiosa para ambos a fin de que la relación sea exitosa y estable. Por todo esto, me declaro turcoescéptico y prefiero un tratado de colaboración. INTELECTUALES LÚCIDOS I. E. • ¿Cómo ve el lugar de los intelectuales en la sociedad? (Esta es la pregunta favorita de los intelectuales franceses, cuya respuesta suele permitir medir la vanidad de los entrevistados). T. T. • Quiero evitar la palabra «intelectual». Prefiero hablar de personas cuya profesión es estudiar y que reciben un salario de la sociedad para ocuparse de que otros puedan entender a la sociedad y a sí mismos. Una persona con este cometido tiene un deber moral de no repetir automáticamente las verdades aceptadas del momento sino tratar de ser «lúcido», una palabra que me gusta más que la palabra «intelectual». Agradeciéndole su tiempo a Todorov, salgo al boulevard Raspail con nuevos ánimos. Para quienes trabajamos en el campo de las humanidades y las ciencias sociales, conocer a Todorov y su obra tiene este efecto: que infunde ánimo. Todorov no sólo ha conseguido un gran caudal de conocimiento sino que lo pone al servicio de la sociedad. En gran medida puede hacerlo porque no habla sólo el búlgaro sino ruso, alemán, francés, inglés y algo de español, lo que le ha permitido leer en su lengua original los documentos utilizados en su investigación. Sus estudios le han dado una comprensión profunda de numerosas culturas y sus conclusiones son útiles en cualquier nación, pues ha elegido temas relevantes, consistentes, importantes no sólo desde el punto de vista de su propia existencia sino de la sociedad moderna en general. Todorov ha hecho un viaje en más de un sentido, y con mucho sentido. «* INGER ENKVIST