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La inmigración extranjera en España

Vicent Gonzálvez

Artículo sobre la doble problemática que se genera a causa de la inmigración en los países de origen y destino de factores económicos y culturales.

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Vicent Gonzálvez, “La inmigración extranjera en España,” accessed November 12, 2019, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/2944.

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Title

La inmigración extranjera en España

Subject

La escasez de población activa solucionada por la inmigración

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Artículo sobre la doble problemática que se genera a causa de la inmigración en los países de origen y destino de factores económicos y culturales.

Creator

Vicent Gonzálvez

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Nueva Revista 111 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

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Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

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EL FUTURO, DESDE EL PRESENTE La inmigración extranjera en España VICENTE GOZÁLVEZ CATEDRATICO DE GEOGRAFÍA HUMANA os intercambios migratorios internacionales siempre han originaLdo elementos positivos para las sociedades implicadas, pero también inquietudes sobre todo en las áreas de destino. La inmigración internacional actual que recibe España, sin duda contribuye a paliar cierta escasez de población activa, especialmente en el futuro cuando entren en plena «colisión» un envejecimiento muy intenso y el déficit de mano de obra resultado de nuestra débil fecundidad, tal como se observa en la pirámide de edades. Esta «contabilidad» migratoria, tendemos a centrarla en las necesidadesexcedentes de mano de obra en los países desarrollados, mientras nos olvidamos del deterioro económico en los países de origen y su necesidad de acudir a la emigración internacional. Por otra parte, también valoramos de forma creciente las consecuencias y problemas en temas culturales que surgen entre las poblaciones que se desplazan y las que reciben esta inmigración. Estas dobles problemáticas, en los países de origen y en los de destino, por una parte, y de factores económicos y culturales, por otra, sin duda incrementan las preocupaciones de la sociedad receptora, sobre todo cuando la inmigración se produce generalmente de forma irregular, predominantemente con trabajadores a la búsqueda de empleo, y con volúmenes de inmigrantes muy superiores a las ofertas de acogida del país de llegada, como es el caso de España. Así, el barómetro mensual del Centro de Investigaciones Sociales (CIS) ya nos ha habituado a su referencia a la inmigración como uno de los principales «problemas» de España, ya el tercero después del terrorismo y del paro (febrero 2006). En efecto, incrementos de los extranjeros en España del orden de 1015% anual durante la última década, presencias relativas de inmigrantes que han crecido del 3,8% de la población total en 2001 al 9,3% en 2006, una bolsa de 1.405.000 extranjeros que a principios de 2006 residen en España aparentemente en situación irregular —diferencia entre los 4.144.166 extranjeros inscritos en el Padrón de Habitantes a 1 de enero de 2006 y los 2.738.932 a 31 de diciembre de 2005 con autorización de residencia en vigor—, los problemas de integración de los inmigrantes en la sociedad española, singularmente los africanos, son cuestiones actuales, entre otras, que nos inducen y obligan a reflexionar sobre el futuro de la población extranjera en España, cómo superar los posibles elementos de fricción en la convivencia diaria, y, a la postre, lo que es más importante, cómo solucionar el problema de las migraciones internacionales forzadas por motivos económicos, sociales o políticos. Es decir, cómo alcanzar el necesario compromiso internacional, incluidos los dirigentes de los países en desarrollo, para erradicar las carencias que obligan a la emigración internacional. DINÁMICA FORZADA EN LAS Las actuales desigualdades ecoMIGRACIONES INTERNACIONALES nómicas, sociales y de crecimiento demográfico entre los países desarrollados y los países en desarrollo son, entre otras causas, el motor básico para que se produzcan con carácter de necesidad las migraciones internacionales hacia los países desarrollados. La acelerada urbanización en los países en desarrollo —que es excelente plataforma para la emigración internacional—, el aumento del nivel de instrucción en estos países, las crecientes «posibilidades» para los desplazamientos internacionales, el conocimiento y valoración del nivel de vida en los países desarrollados que potencia la televisión, etc., también son factores determinantes «en origen» que se suman e inducen para que la población de los países en desarrollo se decida de forma exponencial a emigrar. CUADRO I Indicadores de África y Latinoamérica. Año 2005 Países Población Natalidad Mortalidad Crecimiento Población Hijos Menores PNB p.p.c.hab (millones) natural 2025 por 15 años en 2003 (%0) (%0) (%, anual) (millones) mujer (%) (dólares USA) Africa N. 194 26 6 262 3,3 36 3.850 2,0 Africa Occ. 264 43 18 404 5,9 44 1.160 2,5 Africa Or. 281 41 17 2,4 440 5,7 44 950 Africa Centr. 112 44 16 189 6,3 46 1.160 2,8 América Centr. 147 25 5 188 2,8 33 7.770 2,0 Caribe 39 20 8 47 2,6 29 1,2 América Sur 373 21 6 467 2,5 30 7.170 1,5 España 43,5 11 9 0,2 50,1 15 22.150 1,3 Fuente: INED, Population et Societés, n° 414, juilletaoüt 2005 Por todo ello, el desarrollo de los países «exportadores» de emigrantes es el único sistema eficaz —por duradero— para controlar esta migración internacional, que es forzada en los países de origen y necesaria en ciertos países desarrollados, aunque éstos siempre ofertarán cupos muy reducidos para inmigrantes, pues éstos son una inmensa masa de candidatos; las posibilidades del mercado de trabajo en los países desarrollados yo de la reagrupación familiar, suman cifras insignificantes respecto a la demanda de emigración producida por las causas señaladas al principio. En efecto, los indicadores demográficos y económicos que se incluyen en el cuadro 1 para África (785.274 inmigrantes empadronados en España a 1 de enero de 2006), Latinoamérica (1.500.785) y España, son bien expresivos de las actuales desigualdades explicativas de los flujos migratorios y su futuro, especialmente en África subsahariana, pero también en el norte de este continente, para el que la vecindad geográfica y el mutuo conocimiento sociocultural e histórico es un activo para la inmigración actual (564.000 marroquíes empadronados en España) y futura hacia España. Respecto a Latinoamérica, los niveles de renta que se indican en el cuadro deben ser matizados a la baja, pues en los países andinos, principales abastecedores de nuestros inmigrantes, el PNB es mucho más bajo, 3.440 dólares en Ecuador (461.000 inmigrantes), 2.490 en Bolivia (140.000 inmigrantes) y 6.410 en Colombia (265.000 inmigrantes). Las enormes ventajas de estos inmigrantes para su integración en la sociedad española (cultura, religión, lengua, etc.) se compensará con su lejanía geográfica. NÚMERO Y DISTRIBUCIÓN Aunque la oferta de empleo en España DE LOS INMIGRANTES para inmigrantes extracomunitarios sea limitada, sobre todo en cualificación económica —la mayoría trabaja en servicios en el hogar, agricultura, construcción y hosteleríacomercio—, aquélla resulta atractiva frente a las penosas situaciones económicas y de desarrollo social de los países emisores de estos inmigrantes, a lo que hay que sumar las relativas «facilidades» de entrada y de permanencia en España que encuentran estos inmigrantes en relación a otros países desarrollados. Además, cada vez son más decisivas las redes de inmigración creadas por los familiares y amigos previamente establecidos en España. La suma de estas causas, entre otras ya señaladas, han propiciado incrementos inhabituales de inmigrantes en España, sobre todo en estos primeros años del siglo XXI. Así, los inmigrantes desde países menos desarrollados eran poco más de un millón a finales de 2001 (Censo de Población a 1 de enero de 2001) mientras a 1 de enero de 2006 (Padrón de Habitantes) suman 3,2 millones (737.000 europeos del Este, 785.000 africanos, 1.501.000 latinoamericanos, 213.000 asiáticos), que sumados a los de países desarrollados, sobre todo de Europa occidental (873.000) hacen un total de 4.144.000 extranjeros, que equivalen al 9,3% del total de la población empadronada en España (44.708.964 habitantes). En consecuencia, en 2006 la distribución y volúmenes de los inmigrantes según sus nacionalidades muestran cómo España se ha convertido en una encrucijada para la inmigración internacional: ya son once países los que censan más de 100.000 inmigrantes (Marruecos, Ecuador, Rumania, Reino Unido, Colombia, Alemania, Argentina, Bolivia, Italia, China y Bulgaria). La distribución territorial de los extranjeros en España es muy contrastada (fig. 1), sobre todo a favor de la fachada mediterránea, pues aquí se superponen motivos de atracción que interesan a todos los colectivos: benignidad residencial, urbanización, economía variada y con frecuencia «propensa» al trabajo irregular, tan «necesario» para los que llegan a España en situación irregular (agricultura intensiva minifundista, construcción, servicio doméstico, atención a los mayores, turismo, hostelería). En las ocho provincias litorales entre Girona y Almería, en 2006 reside el 30% de la población total de España, pero los extranjeros residentes ascienden al 44% de su total; si la densidad media de España es de 89 habit.km2, en las provincias de esta franja litoral es de 214 habit.km2. Si para el conjunto de España la media de extranjeros es de 9,3% del total, en Alicante esta proporción sube al 21%, al 17% en Almería y en Girona, y al 14% en Castellón, en Murcia y en Tarragona. Como muestra el mapa, el resto de concentraciones de extranjeros se localizan en Madrid y su entorno, los archipiélagos y en parte del valle del Ebro, siempre en las zonas de mayor dinamismo económico. Las mayores concentraciones por grupos de nacionalidades se producen en Alicante para los europeos occidentales, en Madrid para los europeos del Este y para los latinoamericanos y en Barcelona para los africanos y los asiáticos. En cualquier caso, los inmigrantes que llegan por motivos de necesidad laboral (3,2 millones) se concentran de forma destacada en las grandes áreas urbanas: 23% en Madrid, 17% en Barcelona y 6% en Valencia, seguidas de Alicante (5%) y Murcia (5%). EDAD Y SEXO DE LOS INMIGRANTES La edad y el sexo de los inmigrantes que residen en España, referidas a los contingentes según grupos de nacionalidades y a su distribución geográfica en España, tienen alto significado respecto a la evolución futura de los inmigrantes y a sus repercusiones sobre la demografía y economía de las regiones españolas. La estructura por edad es dual por obvias razones de motivos de inmigración. Los que proceden de los países más desarrollados de Europa occidental tienen acusado envejecimiento, incluso superior al de la población española (16,7 % en 2006), pues son el 17,4% los que tienen 65 y más años de edad, aunque tal proporción sobrepasa el 20% entre los escandinavos, suizos, británicos o alemanes. Por el contrario, los 3,2 millones de inmigrantes que han llegado recientemente por motivos laborales, tienen proporciones de mayores sólo testimonial, sólo el 1,4% supera los 65 años de edad. Los extranjeros menores de 15 años de edad alcanzan proporciones superiores a la media de España (14,3% del censo total), pues se sitúan entre el 15% y el 17% (africanos) de sus respectivas colonias, pese al carácter muy reciente de esta inmigración —en 2001 los extranjeros menores de 15 años de edad eran 231.560, mientras en 2006 ascienden a 577.674— y a su baja reagrupación familiar, sobre todo entre los africanos que son el grupo con menor proporción de mujeres, pues éstas sólo son el 32% de esta colonia. Esta mayor proporción de niños entre los africanos pese al déficit de mujeres en su colonia, se explica por la mayor fecundidad de las mujeres africanas residentes en España, por su inmigración más antigua que ya ha permitido una notable reagrupación familiar y, sin duda, también porque son las mujeres extranjeras con mayor proporción de casadas y menor proporción de trabajadoras fuera del hogar. La generalizada religión y cultura musulmanas entre los africanos, la escasa proporción de mujeres entre ellos y la gran juventud de este colectivo —edad media de 28 años— demandarán en el futuro próximo mayor reagrupación familiar e inmigración femenina por motivos matrimoniales. Así, según lo indicado, la inmigración africana en España es la que por motivos de proximidad geográfica, por la inaceptable situación económica en los países de origen, por su altísimo crecimiento demográfico natural —superior al 2% anual— y por sus inestabilidades políticas, con frecuencia sangrientas en el África subsahariana, parece que tiene las mayores posibilidades de permanecer en el futuro con crecimiento alto. A estas causas se añaden el deseo mayoritario de estos inmigrantes de traer a España a sus familiares próximos y de permanecer definitivamente aquí, tanto ellos mismos como, sobre todo, sus hijos. LOS NACIMIENTOS DE Los nacimientos de madre extranjera en el MADRES EXTRANJERAS país de inmigración, cuando son abundantes, conllevan estabilidad de las colonias extranjeras, mayor posibilidad de integración de estos inmigrantes en la sociedad española —la escuela es apoyo básico para esta integración, no sólo de los niños sino también para los padres, sobre todo para las «aisladas» madres africanas— y aumento de estos extranjeros por saldo natural saneado (sus tasas de mortalidad son mínimas por la casi inexistencia de mayores de 65 años de edad). En 1996 nacieron en España 11.832 niños hijos de madre extranjera, que representaron el 3,3% del total de nacidos en el país (362.626), mientras en 2005 estas cifras han crecido a 70.259 nacimientos y al 15,1% del total de nacidos en España (466.371). La juventud de las madres extranjeras explica que los nacimientos representen una proporción mayor que la que alcanzan los extranjeros entre la población total de España (9,3%), además de la mayor fecundidad de las mujeres extranjeras no europeas respecto a las españolas. Así, en 2005 la fecundidad de las españolas es de 1,27 hijos por mujer, mientras el conjunto de las extranjeras que residen en España proporcionan 1,59 hijos por mujer, pero aún lejos del 2,1 necesario para asegurar el reemplazo generacional; entre las extranjeras que residen en España, sólo las africanas, con una fecundidad de 3,04 hijos por mujer, recuerdan la fecundidad de sus países de origen, pues las latinoamericanas proporcionan 1,24 hijos y las europeas 1,10. La juventud de los extranjeros residentes en España —excepto los de los países del noroeste de Europa—, su natalidad y su desigual reparto geográfico en España (fig. 1), sin duda contribuyen a resaltar los contrastes por edades que ofrecen los mapas provinciales del envejecimiento (fig. 2) y de la juventud (fig. 3), aunque estos acusados contrastes interprovinciales se deban fundamentalmente a la desigual natalidad regional de los españoles y a la historia reciente (posterior a 1960) de las migraciones interiores de España. Como se observa en la «pirámide» de edades y sexo de la población española en 2006 (fig. 4), la ligera recuperación de la base de la pirámide en modo alguno es suficiente para FIG I Proporción de extranjeros sobre la población total de las provincias, 2006 Fuente: INE, Padrón municipal de habitantes a 1012006 compensar el cambio brusco que se produce entre las abultadas generaciones que ofrecen los que ahora tienen desde 28 a 50 años de edad y las menguadas generaciones más jóvenes, lo que podrá generar problemas de bienestar cuando estos adultos sobrepasen los 65 años de edad —sobre todo entre 2020 y 2040—, pues el aumento de esperanza de vida —77 años para los varones, 84 para las mujeres, en 2005— hará posible que los adultos sobrepasen en alta proporción la barrera laboral de los 65 años de edad y permanezcan más tiempo en situación de jubilados. Como suele ser habitual en las mujeres que inmigran a países de Europa occidental, las mujeres extranjeras que residen en España también han recortado su fecundidad, tanto respecto a sus países de origen —como FIG 2 Proporción de jóvenes (019 años de edad) sobre la población total de las provincias, 2006 España= 19,5 Fuente: INE, Padrón municipal de habitantes a 1012006 ya se ha apuntado— como en sus previsiones de futuro, a través de sus hijas. Así, según una encuesta realizada en 20032005 por profesores del Departamento de Geografía Humana de la Universidad de Alicante a 305 mujeres africanas y a 330 latinoamericanas residentes en las ocho provincias entre Girona y Almería, la fecundidad que desean las encuestadas para sí mismas y para sus hijas es la siguiente: desean tres hijos el 42% de las inmigrantes subsaharianas, el 27% de las marroquíes y el 24% de las latinoamericanas, pero para sus hijas sólo desean tal número de hijos el 13% de las africanas y el 9% de las latinoamericanas, lo que supone reducir la fecundidad «alta» más de la mitad; reducciones más importantes se desean en el supuesto de cuatro hijos. FIG 3 Proporción de población de 65 años de edad sobre la población total de las provincias, 2006 LA PERMANENCIA EN ESPAÑA De la encuesta citada, se deducen previsiones sobre la permanencia en España de estas inmigrantes y de sus hijos, así como sobre su integración en la sociedad española. Resaltamos sólo algunos indicadores. La permanencia indefinida en España de las inmigrantes encuestadas es su deseo mayoritario, sobre todo para las magrebíes: piensan permanecer en España «para siempre» el 44% de las magrebíes, el 23% de las subsaharianas y el 25% de las latinoamericanas, a los que habría que añadir una gran parte de las que responden «hasta que se jubile», «depende de la familia» o «no lo sabe». Por el contrario, la inmigración de corta duración —hasta tres años— es casi rechazada por las africanas (2%), pero sí la desea el 12% de las latinoamericanas. FIG 4 España 2006. Población según la edad y el sexo (cifras absolutas) Año de nacimiento Las respuestas indirectas a la permanencia de las inmigrantes en España se deduce de los deseos que muestran respecto a sus hijos: la permanencia de éstos en España a medio o largo plazo es deseada por el 47% de las magrebíes, el 25% de las subsaharianas y el 38% de las latinoamericanas, mientras desean que sus hijos vuelvan al país de origen sólo el 10% de las africanas y el 13% de las latinoamericanas. Los estudios que cree la inmigrante encuestada que alcanzarán sus hijos, sin duda expresan sus deseos de superación, así como de permanencia en España. En efecto, creen que sus hijos estudiarán en la universidad el 63% de las latinoamericanas, el 56% de las magrebíes y el 43% de las subsaharianas. Casi todas las madres encuestadas creen que sus hijos realizarán sus estudios en España: 88% de las latinoamericanas, 84% de las subsaharianas y 96% de las magrebíes. La red de inmigración creada por familiares y amigos, tan decisiva para la inmigración de las mujeres encuestadas, continuará creciendo para futuras inmigraciones. En efecto, la mitad de las encuestadas tiene la intención de hacer llegar a España a sus familiares, sobre todo a sus hijos (36% de las latinoamericanas), a sus padres (41% de las magrebíes) y a sus hermanos (25% de las africanas, 19% de las latinoamericanas), con lo que estas reagrupaciones familiares sin duda reafirmarán las permanencias definitivas en España. Por otra parte, para las inmigrantes encuestadas, España es país de emigración definitivo, pues cuando abandonen España, casi dos tercios piensan «volver» y «establecerse en su país de origen». Entre los muy variados indicadores negativos para la integración de las inmigrantes africanas encuestadas, hay que resaltar su deficiente instrucción y su escaso dominio del idioma español, lo que acrecienta el aislamiento social de estas mujeres, que además son las que tienen menor tasa de actividad entre las mujeres inmigradas y mayor tasa de paro. Así, entre las encuestadas poseen cero años de escolarización el 20% de las africanas frente al 7% de las latinoamericanas. Las que no poseen diploma son el 40% y 14%, respectivamente. Las africanas que comprenden «poco o nada» el español son el 23%, las que lo hablan poco o nada el 33%, las que lo leen poco o nada el 41% y las que lo escriben poco o nada el 44%. Por consiguiente, el bajo nivel de instrucción de las mujeres africanas, así como sus dificultades con el idioma español colocan a una parte muy elevada de estas inmigradas en situación de notable marginalidad para conseguir una adecuada integración en la sociedad española, para sus posibilidades laborales, además de repercutir negativamente en la educación de sus hijos menores. Conseguir que estas inmigradas alcancen un dominio suficiente del idioma local debe ser un objetivo prioritario para estas inmigradas, para sus familias y también para la sociedad española, ya que son un colectivo que, en alta proporción, desea permanecer en España a largo plazo. CONCLUSIONES La ya cuantiosa inmigración extranjera en España continúa con fuertes incrementos a través de sus tres fronteras: la aérea para los latinoamericanos, la marítima para los africanos y la terrestre de los Pirineos para los europeos del Este. Se impone, pues, una mayor eficacia en el control de fronteras que anule la inmigración irregular, pues los candidatos forzados a la inmigración son excesivamente cuantiosos para las posibilidades económicas, sociales y geográficas que tiene España u otros países europeos vecinos. Asimismo, urge un consenso internacional de los países desarrollados para mejorar sustancialmente las condiciones económicas, sociales y políticas de los países emisores de emigrantes, aunque la cooperación leal de los dirigentes de los países menos desarrollados sin duda será decisiva para el éxito de dicha cooperación internacional para el desarrollo, especialmente necesario y urgente en los países de África. Dentro de España, la necesaria integración de los inmigrantes extranjeros tiene una clara prioridad en los africanos, cuya segregación respecto a la sociedad española es alimentada tanto por la población española como por los mismos inmigrados. Las encuestas analizadas resaltan las profundas carencias de instrucción que tienen las mujeres africanas que residen en España; estas carencias contribuyen a su aislamiento en la sociedad española y son origen de otras muchas discriminaciones, especialmente en el trabajo y en la educación de sus hijos. Entre las políticas de integración de España, las inversiones en instrucción, en enseñanza del idioma local y en formación profesional deben incrementar su intensidad y su eficacia. La inmigración de reagrupación familiar y por motivos matrimoniales sin duda se incrementará mucho, hasta doblar la inmigración laboral, que es la más cuantiosa hasta la actualidad. La permanencia definitiva en España de los inmigrantes, especialmente de los magrebíes, subraya el interés de todos en facilitar la integración. o« VICENTE GOZÁLVEZ