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Tareas de Gobierno. La cuenta atrás

Felipe Santos

El autor nos relata las tareas a realizar por el sucesor del presidente José María Aznar,en las próximas elecciones presidenciales, por ejemplo la delincuencia, el terrorismo, la calidad de enseñanza, flexibilidad del mercado de trabajo y la unificación de los mercados financieros.

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Felipe Santos, “Tareas de Gobierno. La cuenta atrás,” accessed May 27, 2020, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/2772.

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Tareas de Gobierno. La cuenta atrás

Subject

Tareas de gobierno

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El autor nos relata las tareas a realizar por el sucesor del presidente José María Aznar,en las próximas elecciones presidenciales, por ejemplo la delincuencia, el terrorismo, la calidad de enseñanza, flexibilidad del mercado de trabajo y la unificación de los mercados financieros.

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Felipe Santos

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Nueva Revista 080 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

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es

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TAREAS DE GOBIERNO La cuenta atrás por FELIPE SANTOS a empiezo a tachar ios días en el calendario». Con estas palabras se Yexpresaba José María Aznar, presidente del Gobierno, en una reciente entrevista af semanario alemán Der Spiegel. Es difícil encontrar una expresión que refleje tan fielmente el espíritu que sin duda va a subyacer en la política española durante los próximos dos años, los que restan para concluir la presente legislatura. Los de una cuenta atrás que pondrá fin a ocho años de gobierno presidido por José María Aznar, un cambio en el que tanto los resultados de las elecciones anteriores como las encuestas que circulan hoy día invitan a pensar en que será más de personas que de signo político. Un cambio nada baladí, desde luego. Nadie duda de que la sucesión —tal y como se refieren políticos y periodistas al proceso que abrirá e! Partido Popular en otoño de 2003 para elegir al candidato que concurrirá a ¡as elecciones generales en ia primavera de 2004— va a planear durante todo este tiempo sobre la vida política española. Sobre todo, porque los tácitamente considerados candidatos a esa sucesión se encuentran en la primera línea política y será difícil sustraerse a observar y escrutar cada uno de sus movimientos, actos y opiniones. Todo un espectáculo de entretenimiento: quien gane será el candidato, como en ese concurso televisivo en el que quien gana se va a Eurovisión. El contexto en el que se va a desarrollar este peculiar concurso encierra una considerable amalgama de asuntos de grave interés, que van desde la Presidencia Española de la Unión Europea en curso hasta tas dos citas electorales previstas antes de las generales: las municipales y autonómicas de mayo de 2003, y las autonómicas catalanas, que si no hay convocatoria anticipada se afrontarán en otoño de ese mismo año. Eso, si no se produce una sorpresa de última hora en el siempre inestable panorama político vasco. Y todo en medio de un clima internacional marcado por las repercusiones de los atentados del 11 de septiembre. A mediados de marzo se producirá la primera gran cita de la Presidencia Española de la Unión Europea: el Consejo Extraordinario de Barcelona, que se plantea a priori como el gran momento para la puesta al día del proceso de liberalizaciones y reformas abierto en Lisboa hace dos años. Paralelamente, se pondrá en marcha la Convención que debatirá sobre el futuro institucional de la Unión Europea y cuyas conclusiones ya sueña con presentar el primer ministro Berlusconi, en lo que quiere que sea una reedición del Tratado de Roma, allá por el segundo semestre de 2003. La Presidencia Española también afronta el inicio de las negociaciones de la ampliación, que sumará diez países más a Europa en 2004 Para ello, las cosas deberían estar claras antes de fin de este año. España hila fino estos días para no cosechar otro Estocolmo 2001, el consejo extraordinario donde la oposición francoalemana a la liberalización de los mercados de la energía descafeinaron sus conclusiones y desinflaron las expectativas abiertas un año antes. Además de la apertura de los mercados del gas y la electricidad, a Barcelona se llega con la voluntad de la presidencia española de profundizar en la flexibilidad del mercado de trabajo, la unificación de los mercados financieros y la simplificación de los trámites administrativos. El objetivo consiste en sentar las bases para hacer de Europa la zona más competitiva del mundo. Este impulso liberalizador nació, precisamente, de un documento firmado por el primer ministro Blair y por el presidente Aznar, teóricos polos opuestos en el arco ideológico. El renovador de la izquierda británica y el líder del centro derecha europeo compartían objetivos con respecto al futuro económico de Europa. «Algunas de las viejas distinciones entre izquierda y derecha ya no tienen la validez que tenían hace treinta o cuarenta años», afirmaba Blair hace pocas semanas al presentar, junto a Silvio Berlusconi, un documento de las mismas características que el firmado entonces con Aznar y que será debatido en la Cumbre de Barcelona. Una afirmación que presagia cuál va a ser la orientación del debate ideológico que se puede producir en las elecciones que tendrán lugar este año en Francia (presidenciales, 21 de abril y 5 de mayo, y legislativas, 9 y 16 de junio), Alemania (22 de septiembre) o Portugal (17 de marzo), y también en las que están previstas en nuestro país. Sin ir más lejos, Lionel Jospin inició su campaña el pasado febrero con una afirmación contundente: «Yo soy socialista de inspiración, pero el proyecto que propongo al país no es un proyecto socialista. Es una síntesis de lo que es necesario hoy, es decir, la modernidad». En España, también se adelantaban las bases del debate que tendremos este año sobre la reforma del IRPF que planteará el Gobierno y la contrapropuesta que presentará el PSOE. Un debate impensable hace algunos años y que enfrentará dos visiones distintas pero que coinciden en rebajar la carga impositiva a los ciudadanos. Y así podríamos referirnos también a la bandera de las políticas de familia esgrimida por el secretario general de los socialistas, Rodríguez Zapatero, en el último Debate sobre el Estado de la Nación, o la propuesta más reciente de aumentar los efectivos policiales ante el aumento de la delincuencia. «La izquierda pide más policía» titulaba divertido un diario madrileño. La seguridad va a ser otro de los grandes debates de los dos próximos años. Al aumento de la delincuencia en España se suma el problema, ya viejo conocido de Europa y de nuestro país, del terrorismo. Hace unas semanas conocimos lo que, sin duda, será uno de los éxitos de la Presidencia Española de la Unión Europea: siete países (España, Francia, Alemania, Reino Unido, Portugal, Bélgica y Luxemburgo) adelantaban a enero de 2003 la entrada en vigor de la euroorden, un sistema de reconocimiento mutuo de resoluciones judiciales para una lista de 32 delitos reconocidos y que lleva aparejada una orden de entrega de detenidos en un país a otro en el que se haya cometido el delito en un máximo de 90 días. El resto de países, que deben pasar por un proceso de reforma constitucional para adaptar este acuerdo, comenzarán a aplicarlo en enero de 2004. La guerra contra el terrorismo continuará contra los Estados considerados «peligrosos» y sospechosos de cobijar y apadrinar terroristas. Después de Afganistán, Estados Unidos ha puesto sus ojos en Irán, Irak y Corea del Norte, países que el presidente Bush ha denominado «el eje del mal». Pero estas campañas, que pueden ser tan rápidas como la de Afganistán, contarán con la primera fisura en la alianza multinacional tras los atentados del 11 de septiembre. El recelo en Europa ha aumentado al comprobar que Estados Unidos puede arreglárselas solo. El «pigmeo» europeo, como lo ha denominado el secretario general de la OTAN, corre el riesgo de serlo más todavía tras la aprobación de un presupuesto de defensa sin precedentes en Estados Unidos. La nueva situación, a buen seguro, hará que Europa se plantee más rápido de lo que se querría su modelo de defensa. Mientras, Bin Laden sigue sin aparecer y una vez derrotado el «eje del mal» existen indicios de que la amenaza seguirá latente: según cita el Financial Times, expertos en inteligencia calculan que más de 4.000 terroristas «durmientes» pueden estar reorganizándose. ¿Dónde? En Europa Occidental, de los que 100 se estima que pueden estar en el Reino Unido. En España, en medio de un hervidero de rumores sobre una posible tregua de ETA, se afronta la convocatoria municipal con gran preocupación. La dimisión de un buen número de ediles en los últimos meses hace presagiar una convocatoria electoral mediatizada por la amenaza terrorista. A esta situación parecen haber vuelto su atención los responsables del nacionalismo vasco, con una reunión entre todos los partidos, (acontecimiento que no se producía desde hace cuatro años) el pasado 22 de febrero. Una reunión que traerá cola. Primero, por su posible influencia en el Congreso del Partido Socialista de Euskadi (23 y 24 de marzo). Y segundo, porque lo que parecía al principio se ha ido desvaneciendo: en una entrevista posterior, el lehendakari afirmaba que esta reunión era parte del «compromiso ético», pero que a la vez se abriría en el Parlamento Vasco el debate sobre las potencialidades del Estatuto de Autonomía. «Que ETA no nos marque la agenda», decía. No parece que el nacionalismo quiera solucionar primero el problema de la violencia, que no es otro que un problema de libertades, antes que el tan traído y llevado «conflicto histórico». ¿Tiene una teoría? le preguntaban a José María Vizcaíno, presidente del Circulo de Empresarios del País Vasco, en El País Semanal. «La mía es que empieza la tregua y nos olvidamos de los viejos problemas, de la violencia y el terrorismo, y nos concentramos en los que son comunes a todos los ciudadanos españoles [...] Y resulta que de ese problema tan grande que dicen que existe, la autodeterminación, es que no se habla. Mi interpretación personal es que se dan cuenta de que ellos no mandan nada si nadie se acuerda de esos temas [...]». La situación del País Vasco, como es habitual, seguirá marcando gran parte de la agenda política en los dos próximos años. Paralelamente, irán apareciendo los debates sobre reformas legislativas planteados recientemente: la Ley de Calidad de la Enseñanza, el Pacto Local, la ponencia sobre Cooperación Autonómica que empezará en el Senado o la Ley de Servicios de Inteligencia. Reformas que en principio se plantean sobre el diálogo, pero que a medida que se aproximan las futuras citas electorales, tienen pocos visos de cristalizar como cristalizaron, por ejemplo, el Pacto de Estado sobre la Justicia o el Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo. En estos escenarios será donde podamos ver al que será futuro candidato a la Presidencia del Gobierno y principal contendiente de Rodríguez Zapatero en las próximas elecciones generales. ¿Quién puede ser? Lejos de aventurar un nombre, sí podemos tener una leve certeza sobre las características que deberían significarle y que a mi juicio son dos: que sea capaz de ganar las elecciones, es decir, que es difícil pensar en nadie que no esté en primera línea política, y que sea capaz de aglutinar al Partido Popular en la misma o parecida dimensión a como lo ha conseguido José María Aznar. La cuenta atrás ha comenzado. 0o FELIPE SANTOS