Nueva Revista 131 > Gabriel Insausti

Gabriel Insausti

File: Gabriel Insausti.pdf

Referencia

“Gabriel Insausti,” accessed May 26, 2024, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/2601.

Dublin Core

Title

Gabriel Insausti

Source

Nueva Revista 131 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

Rights

Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

Format

document/pdf

Language

es

Type

text

Document Item Type Metadata

Text

Gabriel Insausti:(San Sebastián, 1969) ha escrito sobretodo poesía, ensayo, crítica y traducción.También aforismos, cuentos, novelas ydiarios, que empezarán a publicarse enlos próximos dos años. Tal vez de esemodo averigüe al menos por qué escribe,aunque probablemente la pregunta seamás bien cómo vivir sin hacerlo.150151gabriel insaustiMutatis mutandisAl despertar esa ma?ana, despu?s de un tranquilo sue?o,sinti? una extra?a pesadumbre en sus miembros. Se diocuenta de que, no obstante, pod?a levantarse y caminar sindiicultad. Qu? distinto se ve?a todo desde esa posici?nerguida: las ropas, los muebles, las escaleras de la casa porlas que baj? hasta la calle, el tranv?a que tom? hacia elcentro, el regio desayuno que se propin? en el Ritz, losdulces ojos color miel de la se?orita, sentada dos mesas m?sall?, con la que empez? a lirtear al tiempo que untaba uncroissant en mantequilla? ?Cu?nto mejor?, pens? mientrascon el peri?dico aplastaba un cole?ptero que se hab?aposado sobre la mesa, ?cu?nto mejor ser un hombre llamadoGregorio Samsa que un miserable insecto?. 152NUEVA REVISTA 131relatossInspiraciónLuego de llegar a su casa de la ronda que daba siempre porlas eras, comenz? a hacer memoria de la historia que lehab?a venido a las mientes al cruzar frente a las bardas de la hacienda vecina, y que bien cierto estaba habr?a decobrarle eterno honor y fama. Determin? escribirlaprontamente antes que se la hurtara alg?n tunante, poetaatribulado o historiador ar?bigo, pues m?s vale salto de mataque ruego de hombres buenos. Pero no lograba recordarla:con gran contrariedad iba de aqu? para all? por la alcoba,arranc?base las barbas y daba grandes pasos, que de vez envez terminaban con un puntapi? a una vieja adarga de subisabuelo, olvidada all? a?os ha, que empleaba cuando se afanaba en la huerta. ?Qu? historia era aquella, cu?l subusilis? ?Era una f?bula de asunto mitol?gico? No, pardiez.?Un libro de aventuras, de anchurosa peripecia y amenosepisodios? Tampoco. ?Acaso un ramillete de breves relatos,de acicalado aspecto unos y catadura m?s plebeya otros?No, no pod?a tratarse de nada semejante. ?Igual da?, se dijo,?comenzar? por cualquier frase y veremos ad?nde va a pararel sendero, que el abad de lo que canta, yanta?, y escribi?:?En un lugar de la Mancha??.NUEVA REVISTA 131153gabriel insaustiEl tratoQuerida Marie:Mientras escribo estas palabras yace a mi lado, todav?adormida, la joven Fran?oise. Quisiera que pudieses verla: lalarga espalda de odalisca, los muslos de insinuada morbidez,que el pliegue de la s?bana apenas logra ocultar, y laondulante cabellera extendida sobre la almohada como unmar rubio y encrespado.Ha sido presa f?cil: nunca una de mis v?ctimas escondi?dentro de s?, bajo tal aspecto de recato y modestia, un deseotan intenso de ser seducida. Una sutil insinuaci?n, una copade borgo?a, unas palabras que a cualquier coraz?n adular?an,y se arroj? en mis brazos con la resoluci?n de una mujerzueladel quai St Michel. Y qu? volc?n: piel sedienta de roce, labios hambrientos de placer, insaciable avidez de carne. Casi siento el orgullo dehaber participado en la iniciaci?n, en el descubrimiento, de tan prometedora iera del amor.Ma?ana todo transcurrir? como acostumbra. Se ver?primero obligada a sentir una digna verg?enza, y luego talvez cierta leve alicci?n por haber sufrido esa moment?neadebilidad. A los pocos d?as ser? tan s?lo una gota de remordimiento lo que turbe su ?nimo, y muy pronto aprender? arecordar esta noche en una vaga bruma, como el relato, o?doen labios de una amiga, de algo que le sucedi? a otra mujer. Has sido vengada, pues. Tu antiguo amante, Antoine, noencontrar? ya ante el altar a una ingenua doncella. Prontose percatar? de la transformaci?n obrada en su anta?oangelical Fran?oise: sin duda, cada vez que tenga que154NUEVA REVISTA 131relatossausentarse se preguntar? si no debe vigilar la virtud de suesposa. Y, mientras tanto, ella conocer? los medios parasaciar una sed que ?l no podr? aplacar nunca. Tu venganzaes completa. Puedes ya cumplir tu parte del trato e iniciarla seducci?n del editor Legrain, para as? mejor persuadirlede aceptar el manuscrito que conoces.Tuyo,Pierre Choderlos de Laclos NUEVA REVISTA 131155gabriel insaustiEscila y CaribdisSe detuvo en la puerta, palp?ndose los pantalones. No, nohab?a olvidado la llave. Estaba en el bolsillo de la chaqueta,no en el del pantal?n. La cog? justo al salir, ya recuerdo. Enla alacena que hay al inal del corredor, frente a la entrada.La llave plateada y grande. Como la de un port?n siniestrode un castillo. Mejor, una fonda en Connemara o enKillarney. Niebla en la noche. Un viajero se acerca, el rostroinclinado, los hombros encogidos de fr?o, casi como ungiboso. Buen principio para un cuento. Tendr?a que haberalg?n personaje femenino. Acaso la posadera, o su hija. Elviajero podr?a ser el albacea de un pariente lejano que hadejado una suculenta herencia. Veremos. Ahora. S? que pesa. Cansancio, casi sensaci?n de mareo.Demasiadas pintas en Doogan?s. Nunca m?s hacer caso delbueno de Barry. La ?ltima es la ?ltima. Acerc? la llave a lacerradura. No acertaba a introducirla. Se inclin? para vermejor en la penumbra. Traspi?s. Maldici?n. N?usea. Seincorpor? con trabajo, apoy? una mano en la puerta, descansando su peso sobre ella. Este Barry. Ahora s?. Como uncirujano enfrascado en su tarea, el rostro adelantado sobre laoperaci?n, logr? ensartar la llave. Gir? en el sentido de lasagujas del reloj. Barry. La pr?xima vez me largo y lo dejo soloen la barra. Por in. Entr?.Dej? el abrigo sobre el div?n. Fr?o. Las clases enClongowes Wood, con el padre Arnall dando la tabarra. Quesi san Atanasio, que si Or?genes. Dio unos pasos hacia lapuerta del dormitorio. Aqu? hace a?n m?s fr?o que enaquellas clases. Cuidado con la mesilla del rinc?n. Casi nose ve en esta oscuridad. Podr?a despertar a Molly. Pero ojo156NUEVA REVISTA 131relatosstambi?n con el arc?n del otro lado. Hay que pasar por enmedio, con precisi?n, sin tocar nada. Se puso de lado. Poren medio, como entre Escila y Caribdis. Alg?n d?a, recorreras? las calles de la ciudad. Andar a ciegas e intentarorientarse entre los ediicios. Sortear de memoria losquioscos, los buzones, los ?rboles. Quiz? sentarse adescansar un rato en Stephen?s Green. Hacer burla a losclientes del Merrion, que me estar?n mirando a trav?s de lagran cristalera del bar. Continuar as?, con los ojos cerrados,sintiendo el aire en la cara. Bosquejar en mi mente un mapacompleto, exhaustivo, de la ciudad. Recorrerla de punta acabo, acariciando las paredes sobre las que se apoyan losmendigos a la salida de misa de doce. Escuchar el sonido de los tranv?as, los cascos de los caballos, el silbato delpolic?a, los gritos de los vendedores. Llegar tal vez hasta elTrinity. Asquerosos lechuguinos. Aquella vez en que a uno sele cay? el birrete sobre el barro. Lechuguino asqueroso, ah?te jodas. Pasear entre los colleges con aire de desprecio.Seguir por O?Connell. Doblar por? Dios, la mesilla. Lahab?a olvidado. Ruido de cristales. La l?mpara, maldita sea. Tras la puerta, Molly en camis?n. Cara de cabreo. Pelosobre el rostro, como una bruja. Si no la conociera, me dar?amiedo. Una bruja. Las historias de brujas que contabaMacDuff en el colegio. Ollas hirviendo. Conjuros. Cosas as?.Diablos, qu? haces. ?Qu? horas son ?stas? Hola, cari?o.?Pero t? qu? te has cre?do? El autor es contigo, bendita t?entre todas las mujeres. Ya estoy harta de aguantar esto todaslas noches. Y encima seguro que te has cepillado una coronaen Doogan?s. Un cristal en la suela del zapato. Perdona. Untropez?n. No volver? a. Te lo juro. Ya. Al acostarse, las s?banas heladas. La espalda de Molly,echada de lado. Buidos de enfado todav?a. Y el caso es queNUEVA REVISTA 131157no era mala idea. Andar por toda la ciudad. Como un Ulisesmoderno en una odisea trivial, urbana y sin sentido. Eso es:como un nuevo Ulises. Pero a qui?n va a interesarle nada deesta maldita isla. Y menos de esta maldita ciudad. Sue?o.Demasiadas pintas. Ya veremos ma?ana. Qui?n sabe si. 158NUEVA REVISTA 131