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Pro Ecclesia Alexandrina

Miguel Herrero de Jáuregui

Sobre las diferentes versiones de la muerte de Hipatia y la historia de la Iglesia Alejandrina.

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Miguel Herrero de Jáuregui, “Pro Ecclesia Alexandrina,” accessed May 28, 2020, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/1953.

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Title

Pro Ecclesia Alexandrina

Subject

Cultura en realidad

Description

Sobre las diferentes versiones de la muerte de Hipatia y la historia de la Iglesia Alejandrina.

Creator

Miguel Herrero de Jáuregui

Source

Nueva Revista 126 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

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es

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Pro Ecclesia AlexandrinaMIGUELHERRERODEJÁUREGUIUNIVERSIDADCOMPLUTENSEEn los últimos meses se ha puesto de moda el famoso asesinato de la filósofa Hipatia. Al hilo del cine cunden los estudios y divulgaciones, y es agradable la deriva de no pocas conversaciones hacia la Alejandría de la Antigüedad. No está de más repetircon la fuente más próxima, Sócrates Escolástico (Hist. Ecl. 7.15),que «este asunto constituyó un gran oprobio, no sólo sobre Cirilo, sino sobre el conjunto de la Iglesia alejandrina. Pues es totalmente ajeno a los que meditan las enseñanzas de Cristo elconsentimiento de masacres, luchas y asuntos de esta clase».Un oprobio que algunos se apresuran a extender a la religiónentera. Pero dejando a un lado la metafísica (y la crítica de cine,y los aspavientos), es claramente injusto que quede en la retina sólo esa imagen oscura de la más grande, más avanzada ymás civilizada de las Iglesias cristianas en la Antigüedad. Sirvanestas páginas para reivindicar, a vuela pluma, las luces de laIglesia alejandrina de los primeros cuatro siglos, cuyo talante ytalento distan mucho de la cerrazón monolítica con que nopocas veces se pinta.En las últimas versiones de la muerte de Hipatia, sobre la cual podemos remitirnos al estudio serio y ponderado de Maria Dzielska (Harvard UniversityPress, 1995), se toma la parte por el todo, lo accidental por sustancial, loanecdótico por regla, y se describe de modo explícito o por asociación todala Iglesia alejandrina como una comunidad fanática, analfabeta, apegada a lainterpretación literal de la Escritura, que no admite ninguna reinterpretación de la Revelación bíblica, y opuesta a todo lo que signifique griego o148NUEVA REVISTA 126helénico. Lo malo no es ya sólo falsear la poliédrica realidad del cristianisLo malo no es ya sólo falsear la pomo antiguo, en que convivían tenliédrica realidad del cristianismo andencias y orientaciones de muytiguo. Es que, de todo él, es precisadiversa laya. Es que, de todo él, esmente en Alejandría en donde mayorprecisamente en Alejandría en dondepeso tuvieron las escuelas más más peso tuvieron las escuelas másletradas.letradas, más proclives a la interpretación simbólica de las Escrituras ymás tendentes a la integración de la paideiagriega.Vaya por delante el carácter tumultuoso y conflictivo de una ciudadque es otro ejemplo más, como el Toledo medieval, de que la supuestatendencia natural de las religiones a la convivencia pacífica y fecunda nopasa de mito histórico bienintencionado. La Nueva York de hoy tiene pocoque ver con la realidad de los siglos pasados. El apogeo cultural de Alejandría sí se benefició de la coexistencia de distintas tradiciones religiosas, peroesta coexistencia no solía ser pacífica. Antes al contrario, fue una fuente incesante de conflictos que plantearon graves problemas a los gobernadoresptolemaicos, romanos y bizantinos, y también a los patriarcas cristianos. Lamisma ciudad en que la Biblia se tradujo al griego (siglo IIIa. C.) y en queFilón (siglo Id. C.) adecuaba el judaísmo a la filosofía platónica, vivió durante más de seis siglos múltiples choques violentos entre griegos, egipciosy romanos, y entre paganos, judíos y, desde el siglo IId. C., también cristianos. Las luchas étnicas, sociales y religiosas fueron constantes y no pocasveces los romanos se conformaron con imponer una paz frágil y provisional. Pero esta tendencia permanente al tumulto no fue obstáculo para queAlejandría se convirtiera, desde época helenística hasta el siglo Vd. C., enel gran faro cultural del Mediterráneo.Era lógico, inevitable incluso, que el cristianismo de Alejandría participase del carácter tumultuoso que impregnaba la ciudad; pero también, ycon mucha mayor fecundidad, de la gran tradición de estudio e investigación científica, textual y filosófica que había comenzado con los Ptolomeos y en la que los judíos llevaban insertos ya cuatro siglos. El recientelibro de Attila Jakab, Ecclesia Alexandrina(París, 2001), da cuenta de laimplantación y desarrollo del cristianismo en la ciudad. En Alejandría se149DICIEMBRE 2009MIGUEL HERRERO DE JÁUREGUIformaron muchas de las grandes figuras de la teología y la patrística de lossiglos II al V, que irradió todo el Imperio con obras de gran calidad literaria y filosófica, fundamentales en la fijación de las doctrinas conciliares. Lallamada escuela catequética de Alejandría cuenta entre sus filas a Clemente, Orígenes, Dídimo, Atanasio, Cirilo, Sinesio. Incluso entroncan en la tradición alejandrina otras figuras del Asia Menor, como Eusebio de Cesarea,y los Capadocios (Gregorio de Nazianzo, Gregorio de Nisa, Basilio), quedescienden directamente de sus textos y métodos intelectuales. De muchos de ellos podrán discutirse determinadas posiciones intelectuales, yvarias acciones de quienes tuvieron mando episcopal. Pero si de algo nose puede tachar a las grandes figuras del cristianismo alejandrino es deanalfabetos iletrados o de enemigos de los libros. Sus obras ocupan muchos de los mejores volúmenes de la Patrología de Migne. En especial eltan denostado Cirilo es uno de los grandes maestros de la teología delsiglo V. Uno de los grandes proyectos de investigación europeos se dedica a la edición crítica de sus obras. Y no es por mero afán anticuario: unarevista internacional creada y editada en Bolonia, Adamantius(en honordel incansable Orígenes), se dedica en exclusiva a la investigación sobrela escuela de Alejandría, y crece cada año en número de artículos especializados sobre unos textos y métodos cuya profundidad aún ofrece muchassorpresas.Esta erudición alejandrina hace gala, además, de la mayor apertura demiras que podemos encontrar al estudiar el cristianismo antiguo. Lo quehoy llamaríamos diálogo de fe y razón se reflejaba entonces sobre todo enla interpretación de la Escritura. Otras escuelas de menor brillo, como la antioquena, mantenían una aproximación literalista a la Biblia y desconfiabandel método alegórico como una puerta abierta a la contaminación de la Revelación por la filosofía griega. En Alejandría, por el contrario, la orientación en favor de la alegoría es entusiasta. Clemente dedica parte del libroV de los Stromataa justificar la interpretación simbólica de la Biblia, con loque sigue en el cristianismo los pasos de Filón en ámbito judío. Y sin empacho alega en su favor los múltiples usos que los griegos hacen del simbolismo como explicación de pasajes difíciles de los poetas y filósofos, incomprensibles si se interpretan en su literalidad pura. Las críticas de laapologética anticristiana, como el Discurso verdaderode Celso, apuntaban150NUEVA REVISTA 126PRO ECCLESIA ALEXANDRINAal seguimiento ciego de la Escritura y,entonces como ahora, se deleitabanNo juzgamos la democracia de laen citar con tono acusador pasajesAtenas clásica por el juicio de Sóbíblicos de difícil cumplimiento litecrates, sino por los discursos de Peral. Orígenes, discípulo aventajado dericles. Ni la civilización romana porClemente, le responde punto porlas orgías de Heliogábalo sino por lapunto en el Contra Celso, interprepaz de Augusto.tando cada pasaje con el mismo método alegórico que los más respetables filósofos, desde el neoplatonismo a la Estoa, llevaban siglos aplicandoa los poemas homéricos y a los Diálogosde Platón. Lo mismo hará Ciriloen su Contra Juliano, que responde a su vez al Contra los galileosdel último emperador pagano. Se podrán reprochar, si se buscan, algunos erroresintelectuales a los alejandrinos: pero no precisamente el de la adhesiónciega a la letra del texto, ni la creencia de que la fe es incompatible con larazón. Al contrario, si los principios opuestos, es decir, la reinterpretaciónde la Escritura de acuerdo a criterios de racionalidad y adecuación al contexto cultural, han triunfado en la mayor parte de la tradición cristiana, esen buena medida gracias a la labor exegética alejandrina.El gusto por el estudio y la aplicación de la interpretación filosófica ala Escritura son en realidad manifestaciones de una actitud más amplia:elfilohelenismo, el afán por tender puentes con la civilización griega, detrenzarla con la bíblica en un solo tronco nuevo. Había, cierto es, sectores cristianos poco proclives al cultivo de los filósofos y poetas griegos,porque temían que el paganismo contaminase de errores humanos la Verdad revelada. El famoso dicho de Tertuliano «¿qué tienen que ver Atenasy Jerusalén, la Academia y la Iglesia?» es un clásico de esta actitud. Perode nuevo, el cristianismo alejandrino no participa en general de tal cerrazón, sino que estuvo en la vanguardia de la helenización que habíade triunfar y convertir al cristianismo en transmisor de la cultura clásicahasta la modernidad. Clemente o Sinesio no sólo conocen a la perfección a Homero, Platón y a los demás grandes autores antiguos y contemporáneos. No sólo los citan y transmiten. Además, aplican sus métodos ypresentan el cristianismo en moldes griegos, para adecuarlo a unos pa trones culturales cuya superioridad era indiscutible. En el Protréptico,151DICIEMBRE 2009MIGUEL HERRERO DE JÁUREGUIuna exhortación a la conversión que adapta al cristianismo un género literario cultivado, entre otros, por Aristóteles, Cicerón y Jámblico, Clemente de Alejandría presenta al Logos con el mito del canto de Orfeoquearrastraba con sus sones a la naturaleza, y acaba exhortando a seguir los misterios del Logos con imágenes tomadas de Eleusis y de lasBacantesde Eurípides. Entre medias, doce capítulos que, al hilo de larefutación del paganismo, transmiten preciosos fragmentos de poetas trágicos y filósofos presocráticos que de otro modo no conservaríamos.¿Dónde está el desprecio por Atenas y por la sabiduría de Grecia? No,desde luego, en Clemente, ni en la tradición que continúa su actitudabiertamente filohelénica. En el proceso de inculturación cristiana en lapaideiagriega que han descrito con brillantez, entre otros, Werner Jäger(Cristianismo primitivo y paideia griega, trad. esp. Madrid 1995) y HenryChadwick (Early Christian Thought and the Classical Tradition, Oxford1966), el motor fundamental es precisamente alejandrino. Los Capadocios no lo habrían podido llevar a su plenitud sin las raíces que los sustentaban.Claro que todo apogeo tiene sus puntos oscuros y su decadencia.Desde mediados del siglo V, esta orientación perdió su primacía y Alejandría se fue sumiendo en un aislamiento cada vez mayor. La rivalidad conConstantinopla y el declive de la situación fomentaron las tendencias disgregadoras. El idioma nacional egipcio, el copto, se fue imponiendo al griego, y el pensamiento acompañó a la lengua. El sucesor de Cirilo, Dióscoro, heredó el carácter de su antecesor, pero no su sutileza teológica y finuraconceptual, y al cabo las posiciones alejandrinas fueron derrotadas en elconcilio de Calcedonia del 451, que marca la separación formal del Patriarcado de Alejandría de la Gran Iglesia. Precisamente cuando se impusoel talante simplista y agresivo que está en la raíz de la muerte de Hipatiaempezó el declive de tan gloriosa escuela. El testigo de la apertura y el filohelenismo alejandrinos fue recogido por Constantinopla. El monacato,surgido precisamente en Egipto a fines del siglo III, y muy favorecido comonuevo modelo de santidad por los patriarcas de Alejandría, parecía decaerbajo Dióscoro hacia un instrumento de presión política. Pero fue domeñado en Calcedonia y se convirtió inmediatamente en la gran vía de transmisión de la cultura clásica a lo largo de todo el Medioevo, mediante la copia152NUEVA REVISTA 126PRO ECCLESIA ALEXANDRINAcontinua y conservación de manuscritos que han preservado las grandesobras de la Antigüedad (Nigel Wilson, Copistas y filólogos, trad. esp. 1986).Los monjes fueron, en su gran mayoría, exactamente lo contrario de losvesánicos destructores de libros a quienes se quiere culpar de la pérdidade las obras clásicas. Mutatis mutandis, en la Alemania de los años treinta,y en otras épocas y lugares también hubo profesores, los menos, que participaron en depuraciones, censuras y quemas de libros. Y no faltan películas que los retraten. Pero, más allá de las boutades, nadie sostiene quelos profesores se dediquen sobre todo a destruir la cultura y quemar libros. Tampoco los monjes. Es casi una obviedad, pero cumple repetirlocuando está de moda decir alegremente lo contrario.El final de la época de gloria del Patriarcado alejandrino es, como todocierre, un espectáculo de decadencia que contrasta con el pasado esplendor. Pero su gran obra histórica estaba ya cumplida, y no es por el estertor de la agonía como se debe juzgar la vida anterior del moribundo. Nojuzgamos la democracia de la Atenas clásica por el juicio de Sócrates, sinopor los discursos de Pericles. Ni la civilización romana por las orgías deHeliogábalo sino por la paz de Augusto. Del mismo modo, ninguno de losepisodios desgraciados que jalonan la historia de la Iglesia alejandrina, pormucho que se agiten, empaña un logro intelectual clave en la Historia occidental: la unión de lo mejor de la Revelación bíblica con lo mejor de latradición griega.153DICIEMBRE 2009