Nueva Revista 071 > Lasso de la Vega, la novela de la poesia

Lasso de la Vega, la novela de la poesia

Enrique Andrés Ruiz

Reseña de la vida y obra de Lasso de la Vega, poesía.

File: Lasso de la Vega, la novela de la poesia.pdf

Referencia

Enrique Andrés Ruiz, “Lasso de la Vega, la novela de la poesia,” accessed August 17, 2019, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/1556.

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Title

Lasso de la Vega, la novela de la poesia

Subject

Literatura

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Reseña de la vida y obra de Lasso de la Vega, poesía.

Creator

Enrique Andrés Ruiz

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Nueva Revista 071 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

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Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

Format

document/pdf

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es

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Lasso de la Vega: la novela de la poesía enrique andrés ruiz Quest for Lasso. Pero eso será ya una Por fin y para siempre, el nombre y la novela de Bonet, a la caza, quizá, de obra de Rafael Lasso de la Vega tieuna presencia, y en la que una voz nen una especie de domicilio fijo, transitará entre filas de ecos ausentes, algo más cierto que el lugar del aire como si se tratara de un largo poema. propio de las leyendas errantes. El De momento tenemos algo que paresitio donde encontrar a Lasso es un ce ya eso, parecen poemas, poesía, y, cuadrilongo y compacto objeto ideasin embargo, ocurre como si el juego do por Andrés Trapiello que es pero —que no es una mera pejiguería clano es exactamente un libro; resulta sificatoria de géneros— se diera la más bien una suerte de caja cúbica vuelta y nos obligara a comprender que no hace falta abrir siquiera para que por muchos motivos estamos ya que uno se sienta inquietado por la ante algo parecido a la novela no doble mirada —especular y significaescrita, que la tenemos ahí, en la reutivamente invertida en cubierta y nión definitiva de las poesías, porque sobrecubierta— del negro autorreantes no existían la persona ni el pertrato que el supuesto Marqués de sonaje esquivo —que no siempre Villanova fechó en 1916 (aunque coincidió con aquélla— entre los que sólo sepamos de él en 1942, en la quedó diseminada, repartida, acaso «cuarta» edición de su libro Prestiderrochada, la intimidad de un alma gios, del que nadie, además, ha visto extraña a sí misma en la aventura a nunca ninguna de las ediciones que fue expuesta una identidad, tal y anteriores). como lo fue la de Lasso. Y esto podría Esta es, pues, la única seña de ese muy bien ser novela. errante enigma, al menos hasta que Juan Manuel Bonet entregue para Por lo pronto, la poesía de Lasso hacer compañía a su magnífica edide la Vega, leída entera, nos parece ción poética su prometida novela A verla avanzar, antes que nada, hacia el drama, y me refiero al drama moderno de la voz poética, una voz ajena para el propio poeta que a partir de un determinado momento ya no se reconoce en una única voz cantante. (Por eso, decir que Lasso no tiene voz será acaso entenderlo, pero no comprenderlo). César GonzálezRuano, uno de sus pocos fieles, pidió un día la novela de Lasso, pero en realidad estaba pidiendo sólo que alguien escribiera «su vida», novelesca, claro, como ninguna. Más que POESÍA de esa novela, deberíamos acordarnos de la que en el Libro del desasosieRafael Lasso de la Vega go Fernando Pessoa da poco menos [Edición de Juan Manuel Bonet que por perdida: «Soy los alrededores de una ciudad que no existe, el La Veleta, Granada, 1999 comentario prolijo a un libro que no 1.130 páginas se ha escrito. No soy nadie, nadie. (...) Soy una figura de novela por escribir, que pasa aérea, y deshecha había sido, al parecer, real. Y ésa es la sin haber sido...». «En este mundo verdadera novela de Lasso de la novela», como decía Pessoa, lo que Vega, una novela no escrita por quedaba de la voz cantante de Lasso nadie en la que la pregunta por la se preguntó muchas veces, con el identidad vaga sin cuerpo sobre el enorme portugués, «Dios mío, Dios fondo del teatro. Esa conciencia y mío, ¿a quién asisto? ¿Cuántos soy? ese guiñol recurren a veces en los ¿Quién es yo?», mientras su sombra mismos poemas, sobre todo a partir cruzaba el escenario del teatro de la de Prestigios, el libro donde hace su realidad, infinitamente añorante de aparición «Don Diego de Noche», un incierto y también apócrifo ayer un personaje, más apócrifo que hete(«en un tiempo no vivido», «en la rónimo, en el que desde luego se prociudad que no existe», en la «memoyecta Lasso. Es en ese libro donde la ria del futuro») donde el mundo comedia del parque, el carnaval y sus desfiles, tan caros al modernismo, luego de un estrafalario afiliado al dan un paso más allá en la ficción ultraísmo y al cubismo poéticos, y que acabará por ocupar la realidad ahogar, en suma, al poeta en el entera. «Día», un poema dedicado a retrato de un bohemio más, de un Cádiz, comienza así: «La seducción falsario o de un raro. Y Lasso, a la del mundo proyecta su aparato de lectura de la obra entera y verdademagias verdaderas — El día es un ra (si la verdad no resultara en su teatro». Y en Oaristes (Venecia, caso, como resulta, un episodio de la 1940), repite: «un recinto me ciñe imaginación, claro), no es un raro con constante insistencia— yo más, anegado por el gas letal de la mismo circundado de mi propia preburbuja bohemia. Esos libros consencia», «cuál de mis vidas fue más tienen poemas de encantadora percierta.7»; pero ese asunto está ya inesuasión, pero más parecen, vistos en vitablemente unido al otro, al del la novela entera, una suerte de espacio imaginario de la voz funám«borradores silvestres» del poetabula: «Y yo soy un teatro de actos síntoma, del poeta ni mayor ni desconocidos». Así que el teatro de menor sino todo lo contrario, que lo la realidad y el de la identidad persofue, precisamente, por ser el borronal —y eso si los dos no fueran el so, el falso, si se quiere, protagonista mismo para Lasso— terminarán por de algo más parecido a una Ufe in constituirse en espacio de la poesía, progress que a un work in progress bien que inverso al que en la tradijuanramoniano. En esos libros hay ción poética hacía del poema lugar fontanas eternales, deliquios, unsignificante, capaz de servir de alojaciones de aromas, y también hay miento al sentido. otras gotas epocales de teosofía y de esa clase de espiritismo frecuente en Otra novela mientras tanto otros que, como el propio Pessoa, —otra ficción—, la de la historia desdeñaron por entonces la mera literaria, ha preferido fijarse hasta experiencia de la subjetividad intiahora exclusivamente en el autor de mista a la búsqueda de algún infinidos libros de estela modernista, to anamnésico, no vivido y sin Rimas de silencio y soledad (1910) y embargo recordado, de una quimera El corazón iluminado y otros poemas anterior a lo anterior que, platónica (1919), sus dos únicos libros de o no, pudiera dar visos de una objefirma y fecha normales, es decir, tividad natural, allí donde «todo manejables, encasillables; y hablar nombre es vano» (y ésta es la huida tiene su eco («Yo sé un himno de la ilusión del lenguaje y del conogigante y extraño...»), acoplado a cimiento a la que, moderna y a treveces al de Darío, en versos que chos mallarmeanamente, parece hacen dimitir al poeta de la vieja aspirar Lasso). condición en la que el lenguaje daba muestras suficientes de su Ocurre, por tanto, como si aquepoder apropiatorio de la realidad. lla subjetividad romántica y simbo«Yo conozco el poema que no se ha lista se fuera mostrando también escrito nunca», dirá en Presencias; insuficiente, se fuera multiplicando, pero bien sabe ya que ese sentimienque es lo que sucedió en el caso del to de la divina armonía sobre su drama pessoano. Sea como fuere, en pecho no tendrá palabras justas, la poesía de Lasso se asiste desde exactas, no podrá ser encerrado en entonces a la desposesión moderna un «rebelde, mezquino idioma». Y y a la pluralidad de la conciencia no lo podrá ser porque la voz está ya poética (en las Rimas... se encuendisuelta en una multiplicidad de tra, por ejemplo, ese poema, «El ecos. Esto es tan evidente en Lasso espía»: «—¿Qué espíritu a mi lado que su vida en marcha terminará me persigue y me nombra?»). Y se quedando reflejada en una obra que puede decir que, de Bécquer, a viene a ser, como decíamos, novela quien está dedicado El corazón ilutotal de la poesía, de sus ecos, desde minado..., a Juan Ramón, ese traluego que sin voz (eso es, precisayecto de la consciência poética apemente, más que una carencia de nas cuenta con apeaderos por los poeta menor, su hecho significante que la poesía de Lasso no pasara positivo). En los versos de Lasso alguna vez. Es como si leyendo sus podemos oír también a Antonio versos nos pareciera estar leyendo, Machado («la sombra vaga de una como en una cartografía completa, sombra vieja»). Y, más adelante, ya toda la poesía, o mejor, como si nos en la plena ficción bibliográfica y fuera dado leer la novela entera de existencial que el poeta fue construla poesía, una novela sincrónica en yendo a partir de Pasaje de la poesía la que poco importa ya qué precede (planteado en 1936 como antología o sucede a qué, una novela acaso no de lo escrito entre 1911 y 1927, en escrita en realidad por ningún autor la que el autor «demuestra» sus personal. Bécquer, en quien Juan hechuras de adelantado al ultraísmo Ramón, como se sabe, veía el origen, de Huidobro, al coloquialismo de al silencio, el Lasso de la «impostura» Moreno Villa o al popularismo de vanguardista toma conciencia de la Alberti), nos podemos encontrar agotada subjetividad del «yo» con un eco de Guillén («...la vida romántico. El Lasso que asevera que en clara escultura; el mundo en «la turbamulta romántica se lamenta redondo fin»), con alguno de Cerde pasiones que no sintió nunca» nuda («La soledad se llena de mí viene a ser un nuevo personaje que se mismo...»), con uno de Alberti vuelve contra su propia tesitura ante(«Desde la orilla del mar he visto rior, persuadido del nietzscheanismo un barco pasar Quién fuera su capique se hace transparentemente en tán»), con uno de Lorca («Y yo qué «Universos», el poema que habla de extraño en toda esta presencia»), cantos «claros, ligeros y diáfanos», de con otro de Bergamín («Este nuespureza, de agilidad, de juventud, de tro no decirnos nada de lo que nos que «la vida es voluntad alegre y decimos dentro»)... Pero esos ecos bella». Podría haber sido, quizá, una no son, sin embargo, préstamos poésalida para su poesía; ésa fue en un ticos, faltas; para que lo fueran haría determinado momento su lectura de falta una voz central que los hiciera lo vanguardista, más allá de la propiasuyos. No dejan nunca de ser eso, mente decorativa; una lectura propiecos, porque en el personaje ya desiciada por su de siempre inclinación dentificado tienen ellos más verdad hacia lo no manchado de excesiva que la voz, más la sombra que la humanidad. Sin embargo, no lo fue; figura, más la niebla que la clara y fue otro episodio, que no deja de arrofalsa luz con la que una conciencia jar luz, como siempre, sobre la novela única se apropia de una imagen del entera de la poesía, y desde el que mundo. —leyendo «Alas» y, sobre todo, «Enigmas»— podríamos, a lo mejor, A comienzos de los años veinte, mitigar, por ejemplo, la originalidad Lasso colaboró muy asiduamente en de los poemas enumerativos de Borlas revistas ultraístas, entre ellas en ges, probablemente en deuda secreta Grecia, que dirigía el Isaac del Vandocon su aventura vanguardista; evocar Villar corresponsal de Pessoa. De esos —a la luz de ese verso: «Mientras poemas podríamos decir que si el vago mis ángeles trabajan»— la muy Lasso becqueriano y modernista llegó conocida frase de Bretón acerca del a tener bastante clara la insuficiencia sueño laborioso de los poetas, sobre de las palabras y su última aspiración todo cuando un postrero poema de que su salvación, en el amor. Sólo 1957, precisamente titulado «Pasos allí —si el amor fuera un lugar— perdidos», comienza diciéndonos de todos aquellos ecos serán voz, todos «El paraguas abierto en el vestíbulo aquellos nombres serán persona, y el par de guantes negros en la todas aquellas mentiras múltiples silla...»; y más acá, pero en la misma serán única verdad. En «Pantomime novela, podemos comprender mejor des étoiles», uno de los poemas por qué Valente llamaba neode«modernos», él mismo pronosticacadente a Gil de Biedma; constatar el ba: «Y ser en lo demás para siempre poso de un Cernuda de modernismo uno mismo y distinto». Se trata inconfesado entre las advocaciones desde luego de la eternidad distinta veladas de los novísimos; pensar en hallada ante un «tú» capaz de romBaudelaire y en Aloysius Bertrand per la galería de espejos de la cárcel cuando volvamos a leer —a la luz de personal. Fortuna y lástimas de amor ese poema en prosa, «Fischer», de es el desnudo, leve, verdadero diario Hotel del Universo— Diana y el mar poético que LassoLasso dedicó a su muerto, de Juan Perucho; pensar, en amor y que por primera vez edita fin, no sin vértigo, en la sincronía de Bonet. Sólo allí los ecos pueden la novela sin autor ni fecha de la remontar al fin hacia la voz primera, poesía... antenatal —«Te conozco desde antes que nacieras»—. Sin el amor, la La salida —salida del laberinto conciencia vuelve a ser la de un desde la ficción— no fue, sin embargo, conocido. Con él, «el mundo es aquella sobrehumanidad, sino, casi mundo el hombre es hombre», y la fuera de la novela y de. la poesía, el novela, al fin, se niega a sí misma. amor. Lasso, el Marqués de Villanova, Don Diego de Noche, el Espía, Y sólo espero que todo esto no sea quien fuere, se enamoró de Anna sea confundido con el elogio de un Bonetti, la hija del dueño del hotel autor, sino de una edición que roza de Florencia en el que desde 1942 se el prodigio de las mentiras verdaalojaba el poeta con su mujer. Y a lo deras. mejor tenemos que pedir perdón ENRIQUE ANDRÉS RUÍZ porque no nos interese demasiado lo biográfico de Lasso, sino el itinerario de esa novela que únicamente encuentra su conclusión, digamos