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Los rugientes ceros

Kevin Kelly

Reproducción del ensayo del último libro de Kevin Kelly "Nuevas reglas para la Nueva economía: 10 estrategias radicales para un mundo conectado".

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Referencia

Kevin Kelly, “Los rugientes ceros,” accessed September 24, 2019, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/1526.

Dublin Core

Title

Los rugientes ceros

Subject

Nueva economía

Description

Reproducción del ensayo del último libro de Kevin Kelly "Nuevas reglas para la Nueva economía: 10 estrategias radicales para un mundo conectado".

Creator

Kevin Kelly

Source

Nueva Revista 070 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

Rights

Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

Format

document/pdf

Language

es

Type

text

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Los rugientes ceros El último libro de Kevin Kelly, editor honorario de Wired, titulado Nuevas Reglas para la Nueva Economía: 10 Estrategias Radicales para un Mundo Conectado (VikingPenguin, 1998) analiza las estrategias de negocio exigidas por la economía en red. Kelly pone patas arriba las teorías convencionales sobre la economía industrial. Utilizando estrategias para la implementación, casos reales, anécdotas y datos numéricos, detalla las implicaciones prácticas de la profunda revolución en un mundo «conectado». El concepto de «ultraprosperidad», que Kelly desarrolla en las líneas que siguen, serviría para definir la previsible situación económica, laboral y social que creará la economía en red. La buena noticia es que pronto serás millonario. La mala noticia es que también lo será todo el mundo. os tiempos de las vacas gordas nunca han sido tan buenos como ahora, pero se ve claramente el final. Comienza con un emaií de Lalguien en AOL: «Conviene que pongas la CN B C ». Una única expectativa incumplida ha sumido a la Bolsa de Nueva York en una caída libre. Ésta es La Grande. El mercado está cerrado al día siguiente para «restablecer la estabilidad», pero las granjas de servidores de las principales agencias de intermediación ya se han fundido. Al final de la primera semana, los brokers arruinados se marchan del país con pasaportes falsos, y las empresas de catering y de cruceros comienzan a recibir sus primeras anulaciones. En la segunda semana de la crisis, las bases de datos en línea quedan inundadas de currículos y empiezan a anunciarse despidos en el sector de «punto com». La frágil pirámide que sostenía las acciones se evapora y el Dow Jones se hunde en la miseria. Hemos dado muchas vueltas en la cabeza a un crack de este tipo. Todos tenemos sesudos amigos que murmuran cosas sobre la manía por los tulipanes y las locuras que cometen las multitudes. Cualquiera de nosotros puede añadir los sangrientos detalles. Es fácil imaginarse el Crack. ¿Y si en vez de eso tenemos una década o más de vacas gordas? ¿Y si la burbuja digital está hecha de Kevlar? ¿Y si el Dow Jones no cae a 3.000 y sube a 30.000 dentro de cuatro años? ¿Y si estamos justo al comienzo de un largo periodo de ultraprosperidad? Pensemos en veinte años más de pleno empleo, nuevas máximas de la Bolsa, y una continua mejora del nivel de vida. Dos décadas más de inventos tan rompedores como los móviles, la clonación de mamíferos e Internet. Veinte años más de Quake, fondos de inversión y anuncios de ofertas de trabajo. Prosperidad no sólo para los directores generales, sino también para los obreros, estudiantes de enfermería y asistentes sociales. ¿Cuántas veces en la historia de la humanidad hemos cableado el planeta para crear un solo mercado global? ¿Cuántas veces se han creado nuevos canales comerciales con tecnología digital? ¿Cuándo se ha convertido el propio dinero en miles de instrumentos de inversión? Es posible que en este momento concreto de nuestra Historia, la convergencia de una punta demográfica, un mercado global, enormes oportunidades tecnológicas y una revolución financiera nos ofrezcan dos décadas ininterrumpidas de crecimiento. Este escenario de vertiginoso crecimiento promete una expansión económica acelerada, quizás en torno al 4% anual; un escenario que no entra siquiera en nuestras previsiones, algo tan insondable que nos hemos negado a considerar sus implicaciones. Somos el producto de casi medio siglo de verdades científicas, escepticismo de los medios de comunicación y relativismo posmoderno. Es decir, que ahora somos alérgicos a la idea de que podemos mejorar. Aceptamos el éxito cuando llega, pero con recelo. El pensamiento más prohibido en los últimos días del siglo XX es que el año que viene, la década que viene, el siglo que viene, las cosas irán mucho mejor. Sin embargo, la ultraprosperidad para los americanos parece cada vez más probable. Las cifras dan una pista: una Bolsa en auge, poca inflación, una continuada confianza de los consumidores, estabilidad de precios, bajos tipos de interés, sueldos en aumento, menos crimen y ninguna indicación de que todas estas cosas vayan a cambiar pronto. Aunque el «fin de la civilización tal y como la conocemos» puede ocurrir en cualquier momento (ya conoces el guión), el «comienzo de la prosperidad como la que nunca hemos conocido» parece igual de probable. ¿Por qué no ensayamos ambas? El comienzo de todos los periodos anteriores de crecimiento dio luz a profetas que decían que «esta vez será diferente». Inmediatamente después de que dijeran eso, el mercado se hundió. Pero a veces las cosas sí son diferentes. Ahora, por vez primera, la economía refleja estas cuatro cosas a la vez: A • PICO DEMOGRÁFICO La generación más grande, mejor educada y más próspera que jamás ha vivido está llegando a sus mejores años de productividad, ingresos y consumo. Esto es así en los Estados Unidos, pero también en la mayor parte del resto del mundo desarrollado. Este boom de productores y consumidores crea un enorme mercado para los productos, una enorme fuerza de creatividad, una gran pila de dinero y una gran demanda de inversión. B • ACELERACIÓN TECNOLÓGICA Tenemos en marcha ahora mismo un enorme despliegue de nuevos productos y servicios, máquinas que ahorran trabajo y técnicas que nos cambian la vida. Además, pronto comenzaremos a cosechar las mejoras de productividad de las tecnologías instaladas en las dos últimas décadas. Pero lo más importante es que la nueva tecnología está creando territorios de desarrollo económico totalmente nuevos (Internet y similares) que serán poblados con mucho beneficio en la próxima década. C • REVOLUCIÓN FINANCIERA El propio dinero está sufriendo una revolución. La velocidad del dinero —la velocidad con la cual cambia de propietario— sigue aumentando, los valores de la clase media siguen en auge en el mundo entero, y los inventos financieros siguen proliferando. Las innovaciones tales como los fondos de inversión, ofertas públicas, fondos de cobertura, tarjetas inteligentes, subastas invertidas y transacciones de compraventa de acciones en línea, han liberado los flujos de capitales y han estimulado un intenso crecimiento económico. Y la transformación del dinero y de los mercados no ha hecho más que empezar. D • APERTURA GLOBAL La expansión de la democracia, mercados abiertos, libertad de expresión y la posibilidad de elección de los consumidores del mundo entero acelera asimismo el crecimiento económico. La apertura global no sólo aumenta el posible mercado para cualquier invención a 5.000 millones de clientes, sino que crea una intensa rivalidad entre los gobiernos para crear entornos que alberguen el progreso. La prosperidad ya no puede segregarse en un rincón del planeta, y cuando hay prosperidad, se propaga rápidamente debido a las nuevas libertades. AVANCE RÁPIDO Tras dos décadas de ultraprosperiHASTA EL AÑO 2020 dad, los ingresos medios de un hogar en EE. UU. son de 150.000 dólares, pero la leche sigue costando sólo aproximadamente unos 65 centavos el litro. Las televisiones con capacidad de conexión a Internet son gratis si te comprometes a verlas, pero un permiso de acampada en Yellowstone puede costar 1.000 dólares. Casi todo el mundo que trabaja se ha apuntado a un trabajo que no existe (hoy); la mayoría de los trabajadores tienen más de una tarjeta de visita, más de una fuente de ingresos. Los obreros de la construcción cobran tanto como los creadores de páginas de Internet, y los fontaneros cobran más por su visita que los médicos. Para los que tienen una buena educación, las diferencias de ingresos ya no son muy grandes. Es más, hay tan pocos trabajadores que las empresas «fichan» a los chicos que terminan el colegio y les pagan una carrera antes de que comiencen a trabajar. Lo que tienen los ricos en 2000, los demás lo tendrán en 2020: cocineros en casa, mamás que no trabajan, vacaciones de seis meses. La fundación privada personal se ha convertido en el símbolo de la riqueza. La revista Peopk nos ofrece su lista de los mayores donantes del mundo. Aunque se han reducido los impuestos, la cantidad de dinero del que disponen los presupuestos federales y de los estados es impresionante. La Seguridad Social nada en la abundancia y hay cientos de miles de nuevos hospitales, bibliotecas y colegios. Las obras públicas de gran envergadura están a la orden del día; hay un escándalo sobre los logotipos comerciales que aparecen en los trajes de la primera misión tripulada a Marte. La mayoría de los americanos ha invertido fuertemente en Bolsa, con lo cual las cotizaciones de Bolsa son tan ubicuas como la música. La gran abundancia de electrodomésticos y cachivaches baratos ha disminuido el valor de las pertenencias. Los consumidores más ricos se jactan de tener menos de esto o de aquello, pero al final gastan una mayor parte de sus ingresos en servicios y productos con los que intentan definir su identidad. En la época de la ultraprosperidad, es fácil ganar un dólar, pero difícil destacar. Así es, el dinero pronto aburre y el gran reto de la época de ultraprosperidad es conseguir que el dinero signifique algo o encontrar algún significado en algo que no tenga nada que ver con el dinero. Si manejamos correctamente la prosperidad, debería enfocar nuestra atención sobre los demás ingredientes de la riqueza: las amistades, las relaciones, los valores, el carácter, la caridad, la justicia, y pensar en el largo plazo. ¿Qué mejor utilidad de la prosperidad que preparar la riqueza de los que vendrán dentro de siete generaciones? Resulta complicado saber si realmente seremos responsables con nuestra prosperidad dentro de veinte años. Pero las siguientes son algunas de las detalladas consecuencias que pueden surgir si tiene lugar dicha ultraprosperidad. El Dow Jones a 100.000. El mercado fluctuará a diario, pero a finales de la década que viene el índice Dow Jones pasará de los 50.000. Salvo algún gran desastre, en el año 2025 el Dow Jones llegará al 100.000. EL VECINO MULTIMILLONARIO Hoy hay unos 300.000 americanos cuya fortuna se considera multimilionária. Y en el mundo entero, 465 personas consideradas billoriarias (en dólares). Pero esta cifra no se debe únicamente a la inflación. Ajustada en términos de dólares reales, hay más millonarios que nunca. La ultraprosperidad debe hacer aumentar el número de millonarios vecinos tuyos a unos 20 millones dentro de diez años, y a unos 50 millones en el año 2020. Eso produciría unas concentraciones tipo Microsoft: una de cada tres abejas adultas trabajadoras con un patrimonio superior a 1 millón de dólares. LOS ACCIONISTAS En el año 2010 una clara mayoría de SON MAYORÍA americanos será accionista, sobre todo si el mercado sube. Históricamente, las inversiones en acciones obtienen un mayor rendimiento que la renta fija (en un banco, por ejemplo), con lo cual este grupo prosperará más deprisa que sus antecesores. Además, la generación actual de trabajadores pide cada vez con mayor insistencia una participación en la empresa (algo que antes se limitaba a los principales ejecutivos), lo cual aumenta la riqueza de los trabajadores y amplía la demanda de participación. La cultura de las acciones también se extiende a Europa, donde la gente invierte por primera vez sus ahorros en fondos de inversión y pide participaciones en empresas de nueva creación. La ultraprosperidad es un caldo de cultivo para esta emergente cultura accionarial y enriquece a esta mayoría de accionistas. Por otra parte, el sueldo neto medio anual del 20% superior de asalariados subirá en el 2020 hasta unos 500.000 dólares. El sueldo medio también subirá, pero no tanto. En un sondeo, casi la cuarta parte de los trabajadores en las escalas inferiores tuvo mayores sueldos el año siguiente y ya no se los redujeron nunca más. Tres de cada diez trabajadores con sueldos bajos en 1975 subieron por el ascensor salarial hasta encontrarse en 1991 entre ese 20% de personas más remuneradas. La prosperidad permitirá, además, que el 75% de los ingresos de un hogar se puedan dedicar a gastos no esenciales, tales como viajar, la realización personal, la caridad, una sanidad de lujo, reducción de riesgos (seguro), animales domésticos, ocio, inversiones y muchos chismes nuevos. Otra manera de verlo es que el ciudadano medio sólo necesitará trabajar tres meses al año para cubrir sus necesidades básicas (sin contar los impuestos), mientras su trabajo el resto del año servirá para pagar esas cosas que trae la prosperidad. CONSUMISMO Según el economista Paul Krugman, «el gasto de los consumidores suele ir por detrás de la economía en su conjunto, en épocas de vacas gordas. Sin embargo, esta vez son los consumidores los que tiran del carro. Aunque la economía creció a una tasa impresionante del 4%, el consumo creció un 55%». ¿Pero puede seguir este voraz apetito por nuevos bienes a este ritmo durante otros veinte años? ¿Será posible que compremos y disfrutemos de diez veces más cosas que ahora sin caer rendidos de cansancio? La respuesta es que sí. Como dice Jay Ogilvy, de Global Business Network, quizás al principio bebemos muchas botellas de vino, pero al final bebemos menos botellas de vino más caro. Un alto grado de consumismo y de necesidades baratas hará que salte por los aires el tema de bienes de lujo. Habrá gran competencia entre las versiones de lujo de todos los artículos, y cada bien y servicio tendrá su modelo de gran lujo. Es más, las boutiques no podrán absorber toda la riqueza disponible. El shock de una riqueza tan extrema (y de precios tan extremos) se hará sentir en toda la economía. Al llegar la ultraprosperidad al corazón de América, el estilo de vida de los ricos trabajadores se convertirá en modelo para todos los demás. ¿Qué es lo primero que hacen los ricos de hoy? Contratan a Bautista. El tiempo es el bien más escaso, con lo cual, al generalizarse la riqueza, el tiempo se comprará contratando servicios personales. Las empresas que ahorren tiempo a sus clientes serán las que prosperen. La ultraprosperidad aumenta nuestro tiempo de ocio —más o menos—. En el año 2010, por cada hora de nuestra vida que dediquemos al trabajo (incluyendo el trabajo en casa), tendremos ocho horas de ocio. Este aumento de horas de ocio a lo largo de la vida ocurrirá porque empezaremos a trabajar más tarde, nos jubilaremos antes y viviremos más. Nuestro tiempo de ocio está concentrado en la juventud y en la vejez, y el tiempo de trabajo concentrado intensamente en los años centrales de la vida. En veinte años más, podría haber unos 40 millones de empresas, es decir, una por cada tres trabajadores. Esto será posible no tanto porque el tamaño medio de las empresas se reduzca hasta tres personas, sino porque muchos trabajadores tienen dos o tres trabajos, trabajan a tiempo parcial, hacen consultoria o montan una empresa en sus garajes. Todo el mundo hace negocios y, además, más de uno. En vez de ir hacia el paro, vamos hacia el multiempleo. En un maravilloso círculo sin fin, las OPA que tienen éxito generan enormes cantidades de dinero que busca aún más empresas accesibles al público. Se tiende a maximizar el número de oportunidades de invertir en acciones, ya que la renta variable rinde más que la renta fija. Lo cual aumenta el número de posibles inversores. AUTÉNTICAMENTE VERDE Una vez resueltas las necesidades básicas de la vida, a continuación vienen los servicios que dan calidad de vida —menos pesticidas en los alimentos, más dinero para el medio ambiente—. Al aumentar la extensión del mundo industrial, las zonas vírgenes aumentan de valor. Se protegerá más extensión de terreno en las dos próximas décadas que en las dos anteriores. Irónicamente, las tecnologías que reducen el impacto sobre el medio ambiente ganará mucho dinero y generarán aún mayor prosperidad. Antiguamente, la riqueza extrema se acumulaba despacio y la gente (principalmente hombres) la disfrutaba en la última parte de su vida. Ahora la mayor riqueza del planeta se concentra en un grupo cada vez más joven y que incluye cada vez más mujeres. Los trabajadores se hacen más ricos a una edad más temprana, y los jóvenes ricos no gastan su dinero igual que los viejos ricos. La principal diferencia es que los jóvenes siguen trabajando. Y puesto que siguen trabajando, se arriesgan más y después de comprarse una casa grande y coches veloces invierten agresivamente, quieren acciones antes que dinero y siguen fomentando un gran crecimiento económico. Al aumentar la prosperidad crece el problema de los donativos. Ya no basta con los hospitales y las compañías de ópera. Hace falta una filantropía creativa, búsquedas idiosincrásicas. Dar mucho será un símbolo de prestigio. Como dice Paul Saffo, del Instituto del Futuro: «El BMW de la próxima década será la fundación personal caritativa». En el año 2020 podría haber un superávit presupuestario de cientos de miles de millones de dólares. Como dice Matthew Miller, del Centro de Política Pública Annenberg: «Esto significa que podemos tener cañones y mantequilla, un sistema defensivo de misiles balísticos, seguro médico para todos, fuertes recortes de impuestos y un plan Marshall para Kosovo». Peter Schwartz, del Global Business Network, sugiere que un presupuesto alimentado por la prosperidad significa que «nos pondremos a hacer las Grandes Obras, como mejorar los colegios o enviar una misión tripulada a Marte». En la zona de ultraprosperidad hay millones de ideas, un millón de dólares para apoyar cada idea, y nadie para llevarlas a cabo. La gente es el factor que limita la expansión de la prosperidad. Esto potencia a las personas, convirtiéndolas en la aplicación «chachi». Pero también convierte la escasez de trabajadores en un reto. La inmigración puede ayudar. Los jubilados que nunca se jubilan también. La ultraprosperidad implica carteles de «se busca» en perpetuidad. EL TORNADO DEL CAPITAL Walter Wriston, ex presidente de Citibank, dice bromeando que en la nueva economía «el dinero va hacia donde es necesario y se queda donde le tratan bien». Si tenemos ultraprosperidad, seguirán afluyendo enormes cantidades de dinero hacia las Bolsas y las nuevas empresas americanas, al ser las más rentables de la Tierra. La economía americana se convertirá en un tornado, creando enormes ganancias para las inversiones. Ese ruido de absorción que se oye es todo el dinero del mundo que fluye hacia la economía más boyante. En el torbellino, al dinero se le trata bien, se multiplica rápido, lo cual absorbe aún más dinero. Lo cual deja un gran vacío árido de capital en el resto del mundo. Con lo cual una de las consecuencias no deseadas de la «ultraprosperidad» puede ser la concentración del capital mundial en un sólo mercado. Por otro lado, la competencia por este dinero será tan feroz que muchas otras zonas del mundo harán todo lo que puedan para conseguir que llueva y surjan tornados. Lo más probable es que haya varios tornados de capital a la vez, azotando al mundo... KEVIN KELLY