Nueva Revista 089 > El publicista moderno

El publicista moderno

Juan Pablo de Villanueva

Sobre el viaje fin de carrera a Berlin acompañados por Antonio Fontán como profesor y tutor. Su vuelta a Madrid y sus inicios como periodista (los del autor del artículo).

File: El publicista moderno.pdf

Referencia

Juan Pablo de Villanueva, “El publicista moderno,” accessed October 20, 2017, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/148.

Dublin Core

Title

El publicista moderno

Subject

Tres puntos de apoyo

Description

Sobre el viaje fin de carrera a Berlin acompañados por Antonio Fontán como profesor y tutor. Su vuelta a Madrid y sus inicios como periodista (los del autor del artículo).

Creator

Juan Pablo de Villanueva

Source

Nueva Revista 089 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

Rights

Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

Format

document/pdf

Language

es

Type

text

Document Item Type Metadata

Text

NECESITA TRES PUNTOS DE APOYO El publicista moderno por JUAN PABLO DE VILLANUEVA «¡Bienvenido a Berlín, profesor Fontán!». Un hombre con sombrero tirolés me tendía jovialmente la mano para darme la bienvenida a la antigua capital alemana, al bajar la escalerilla del avión que acababa de aterrizar en el aeropuerto de Tempelhof. Le hice una seña para indicarle su error, informándole de que el profesor Fontán venía más atrás y empezaba en ese momento a salir del avión. Era el año 1962. Recién terminada nuestra carrera de periodismo en la Universidad de Navarra, un grupo de graduados realizábamos nuestro viaje fin de carrera acompañados por Antonio Fontán. Allí, aprovechó nuestra estancia en la ciudad cercada por el muro para dar una conferencia en alemán en la Universidad Libre de Berlín. Más que un profesor, Fontán era para nosotros un verdadero maestro. Ejercía su magisterio dedicando mucho tiempo a sus alumnos. En Pamplona era muy sencillo quedar con él en su despacho en la redacción de Nuestro Tiempo, de la que entonces era director, para charlar extensamente sobre cualquier clase de cuestiones, no necesariamente académicas. Conocía muy bien los periódicos y las revistas de Europa y América. Y no sólo porque leía los más importantes sino porque conocía personalmente a muchos de los periodistas más destacados. Pude comprobarlo en aquel primer viaje y en otros en París y en Fránfort. Sus seminarios hemerográficos incitaban a prepararse para un trabajo profesional serio y rezumaban respeto hacia la profesión periodística, algo llamativo cuando todavía estaba vigente en España la censura previa. Era todo un programa de acercamiento a la verdad y de conquista de la libertad lo que allí se enseñaba. Nos preparaba para cambiar en profundidad la Prensa. Al volver yo a Madrid para empezar a buscar trabajo me dio tarjetas de presentación para tres personas. El objetivo era que les fuese a ver para que me prestaran libros. Me había confeccionado una lista de obras importantes que yo tenía que leer. De Fontán he aprendido muchas cosas. Entre otras, le agradezco el hábito de leer libros y periódicos. Un libro a la semana; y siempre un diario extranjero además de los españoles. A uno de aquellos amigos tardé varios años en visitarle, porque vivía exiliado en Francia. Se trataba de Rafael Calvo Serer, quien me prestó muchos libros pero nunca más de dos al mismo tiempo. Nos veíamos en Pinar, en la entonces residencia del Consejo de Investigaciones Científicas. A pesar de la diferencia de edades, trabamos una excelente amistad. Rafael me dejaba libros en francés y algunos en castellano que no se vendían en las librerías españolas. Seguí de cerca su aventura política del diario Madrid, en la que me ofreció en cierta ocasión un trabajo de dirección que no acepté. Antonio Fontán dirigía el periódico, templando con talento empresarial el ímpetu imprudente de Calvo Serer pero sin menoscabo de una crítica sin fisuras al régimen político del tardofranquismo tecnocrático que mandaba en España. En el Madrid colaboraron firmas de todos los colores de la oposición al franquismo, desde democristianos a comunistas, pasando por liberales y socialistas: la práctica totalidad de lo que luego sería el espectro del arco constitucional de la monarquía parlamentaria. Fontán es monárquico y liberal. Su fidelidad a la causa monárquica se la he oído yo encomiar al propio don Juan de Borbón, pocos días después del golpe del 23F, en la Moraleja, en casa del conde de los Gaitanes. Después creó la Nueva Revista, en la que le acompañé desde el primer día con José María de la Cuesta como accionistas y consejeros. Pero sin dejar de estar presente en la vida política ni abandonar la Universidad Complutense. Porque ante todo Fontán es catedrático de Filología latina y cuenta con discípulos que han obtenido cátedras de Latín y de Griego tanto en la universidad como en los institutos de enseñanza media. Foritán reúne las condiciones propias de los grandes publicistas contemporáneos. La solidez que muchos de éstos mostraban (estoy pensando en Ortega y en Aron) se apoyaba en el plano formado por tres puntos cardinales de la cultura moderna: la universidad, la política y los medios de comunicación. En el caso de Fontán, se trata de una sabia mezcla de cultura humanística romana y de presencia activa en la vida pública y en los medios de comunicación. Pero con todo, si algo tuviera yo que destacar en Antonio Fontán, al contemplar su vida cuajada a lo largo de ochenta años de trabajo fecundo, es que es una gran persona. Un hombre cabal y generoso, siempre dispuesto a dedicar su tiempo a los demás. Un verdadero maestro. Un hombre.bueno. Y que, además, sabe latín. JUAN PABLO DE VILLANUEVA