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Extraña y fiel amistad

Alberto Míguez

De la extraña amistad que unía al autor con Antonio Fontán, de cómo lo conoció en el Diario Madrid y fue invitado en su boda, del exquisito respeto con el que trataba a sus allegados.

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Referencia

Alberto Míguez, “Extraña y fiel amistad,” accessed December 17, 2017, http://repositorio.fundacionunir.net/items/show/135.

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Title

Extraña y fiel amistad

Subject

Entre el júbilo y la nostalgia

Description

De la extraña amistad que unía al autor con Antonio Fontán, de cómo lo conoció en el Diario Madrid y fue invitado en su boda, del exquisito respeto con el que trataba a sus allegados.

Creator

Alberto Míguez

Source

Nueva Revista 089 de Política, Cultura y Arte, ISSN: 1130-0426

Publisher

Difusiones y Promociones Editoriales, S.L.

Rights

Nueva Revista de Política, Cultura y Arte, All rights reserved

Format

document/pdf

Language

es

Type

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ENTRE EL JÚBILO Y LA NOSTALGIA Extraña y fiel amistad por ALBERTO MlGUEZ Igunas veces me han preguntado —y yo mismo me lo planteé— cómo era posible que un tipo como yo fuese amigo de un señor como él —quiero decir como Antonio Fontán, naturalmente, cuyos ochenta años se cumplen ahora, entre el júbilo y la nostalgia—. Aparentemente nada nos unía cuando nos conocimos en 1966 al iniciarse aquella aventura del diario Madrid, que terminó entre tracas y reproches, como acaba todo en este país. Fontán era entonces un señor de derechas, conservador, católico y monárquico. Yo creía que era agnóstico, más o menos marxista o marxiano y desde luego, republicano aunque sólo fuese por tradición familiar y coherencia moral. Han pasado más de treinta años y Fontán sigue siendo lo mismo que era entonces. Y yo, también, aunque el tiempo matice muchas cosas. El primer encuentro fue en su holgado despacho del diario Madrid, segunda planta de aquel bodrio, un escorialito inventado por el fundador del rotativo, don Juan Pujol, cuya sombra recorría los pasillos del caserón hasta que lo derribaron en un jugoso negocio inmobiliario aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid y que García Trevijano circulaba por las proximidades: no fue Franco ni siquiera Sánchez Bella quienes hicieron saltar aquella esquina, fue la avidez del suelo, ahora tan de moda. Alguien se llevó la pasta y corrió: algún día o algún siglo sabremos quién fue y cómo fue la cosa. Hoy, sigue siendo un misterio. Fontán no me preguntó de dónde venía —lo sabía, claro— ni a dónde quería ir. Simplemente, como a otros, nos abrió las puertas de aquella aventura singular, mezcla de escuela y de alacena. No vale la pena describir lo que fue aquel proyecto, se han publicado varios libros académicos en los que, por cierto, me cuesta reconocer lo que de verdad pasó aílí—en esto sucede como con los maridos cornudos, son siempre los últimos en enterarse—. Baste saber que, como yo, la mayoría no coincidíamos con todas las ideas y creencias del director. Ni falta que hacía. El, ni lo pidió ni lo exigió. Meses después de aquella primera entrevista, Fontán tuvo un gesto inolvidable: aceptó ser testigo {en Francia, el testigo y el padrino son la misma cosa) de mi matrimonio católico, impuesto por el entonces celoso régimen franquista. Digo impuesto porque intenté casarme por lo civil en España pero se me exigía un acto de apostasia (sic) ante un notario eclesiástico (sic) ai que debería gratificar con diez mil pesetas, una suma inalcanzable entonces para un joven periodista. El párroco de San Antonio de la Florida se quedó de una pieza cuando ante aquel Los libros del Madrid La corta y sencilla historia profesional del diario Madrid ocupa un lugar de honor en el panorama del periodismo español del último tercio del siglo pasado. Los cinco años que logró sobrevivir en el régimen de Franco han hecho de él un episodio notable de la lucha por la libertad de prensa y de opinión, y su influencia se ha proyectado de algún modo sobre importantes aspectos de la vida política española posterior. Cuando ei periódico cerraba por orden del Ministerio de Información, en noviembre de 1971, eran ciento ochenta las firmas diferentes que habían escrito para [as páginas editoriales del periódico. El Madrid se había convertido en una plataforma de convergencia pata periodistas, escritores, políticos y profesionales disparate le dije que quienes imponían a los no creyentes ese tipo de comportamientos simplemente no creían en Dios, porque permitían que un sacramento se celebrase sin que los participantes aceptasen su carácter. Al buen clérigo por poco le da un vahído. Fontan compartió firma y testimonio con un amigo francmasón, rama Gran Oriente de Francia, y el cura oficiante era de la orden Freres du Mtíruií obrero y revolucionario, en mi doble matrimonio francés... Tuvimos que casarnos dos veces porque el matrimonio civil en otro país tampoco servía en España sin el complemento de otro matrimonio católico: un lío indigno del que, por cierto, nadie se ha arrepentido todavía. Días antes de la doble ceremonia fui convocado a la prefectura Je Burdeos donde un inspector sonriente me entregó el informe enviado por la Brigada políticosocial de Madrid donde informaba sobre mis tendencias «socializantes» (sic) y eventualmente disolventes. El inspector galo me de significación democrática, de los cuales, no pocos resultaron luego destacadas personalidades de la democracia: tres presidentes parlamentarios (dos socialistas y el tercero, Fontán); seis ministros y quince diputados o senadores (de UCD, socialistas, andalucistas, etc.); más intelectuales y comentaristas políticos de diversas y contrapuestas significaciones ideológicas, que tenían en común sus convicciones democráticas. No es de extrañar que, desde su desaparición hasta nuesMADRID, PÁGINA 3 tros días, hayan aparecido media docena de libros Antonio Fontán, Francisco dedicados al fenómeno MÍ (¿ind. de P. Bruguera, Amando El primero de ellos se titulaba Madrid página 3, de Miguel y tenía por autores a Antonio Fontán, Francisco Seminarios y Ediciones S.A., F. de Bruguera y Amando de Miguel. Aparecido Madrid, L97Z, 284 peinas aclaró que la legislación francesa exigía que, cuando un extranjero iha a casarse con una indígena, se solicitase al país de origen un informe policial sobre el contrayente. «No han entendido nada —comentó el inspector de Burdeos—: les pedimos un informe sobre si usted era narcotraficante o si había estado en la cárcel [*>r estafa, y nos mandan esta nota idiota». Trece años después, y ya en plena democracia, el CES1D, entonces dirigido por Emilio Alonso Manglano, utilizó las mismas artes (es decir, la manipulación de las fichas elaboradas por la ya difunta policía políticosocial franquista) para informar a [a Alianza Atlántica de que yo no era de fiar. Cuando el entonces secretario general de la OTAN, Joseph Luns, me mostró aquel informe indecente, hizo un comentario terrible: «Tienen ustedes unos espías dignos de Ceaucescu». El tiempo probó aquella profecía. Se quedaba corto el amigo Luns: hace unos años los tribunales condenaron a Alonso Manglano por delitos perfectamente definidos en el en 1972, fue el primer ensayo de aclaración de las dificultades de gestión de la sociedad editora y del diario con el Gobierno, así como una recopilación de los escritos aparecidos en la página 3 del Madrid, bajo el epígrafe «Tendido de sol», que compartían Bruguera y Dé Miguel. No hubo otra publicación sobre el Madrid hasta 1992, cuando, con ocasión de la capitalidad cultural de Madrid, se organizó una exposición y unas jornadas de estudio, comisar i adas ambas por DIARIO MADRID (19391971). Miguel Ángel Gozalo, en el Centro de la Villa DE LA INDEPENDENCIA de Madrid, A ellas acompañó un dossier que A LA LIBERTAD incluía una larga colaboración de Antonio Fontán, y otras más breves de María Cntz Seoane, José Centro Cultural de l.i Villa Montero Alonso, Amando de Miguel, José Oneto, de Madrid. Madrid. 1741 de noviembre de 1992, 66 páginas código penal y desde luego incompatibles con sus altas responsabilidades. Pero naturalmente, no pisó el calabozo porque a la cárcel en España van los ladrones de gallinas, los carteristas del metro y los gitanos. Los «Albertos» y Alonso Manglano están exentos. (A propósito, Manglano era o es amigo de Fontán como lo era de otras gentes del Madrid. Por aquellas épocas escribía inspirados editoriales sobre la democracia y el Estado de Derecho con la ayuda de quien sería su sucesor en la «Casa» (CESID), Javier Calderón. También asistía a unas divertidas cenas en «Casa Sixto, Gran Mesón», donde se hablaba de lo divino y de lo humano y se pagaba a escote. «¿Nunca os preguntasteis qué hacía un joven y ambicioso militar de tendencia monárquica en aquellas reuniones y a quién rendía cuenta de ellas?», inquirió un día el coronel Juan Alberto Perote, antiguo colaborador de Manglano y también condenado por delitos semejantes. Buena pregunta.) Juby Bus na man re, José Vicente de Juan y Miguel Ángel Aguijar. Fn 1995, Carlos Barrera, profesor de Hisroria del periodismo español en la Universidad de Navarra, publicó la que es hasta la fecha la investigación más exhaustiva sobre la historia del periódico, con documentación hasta entonces inédita obtenida en los archivos de Calvo Serer, Pérez Emhid, Valls Taberner, Herrero Losada, JoséVicente de Juan, Sánchez Bella, etc. EL DIARIO MADRID. En el año 2001, el Madníí seguía dando muesREALIDAD Y SÍMBOLO tras de vitalidad. Con ocasión del trigésimo aniDE UNA ÉPOCA versario del cierre del periódico, la Fundación DiaCarlos Barrera rio Madrid organizaba una exposición en su sede, Eunsa, Pamplona, 1995. e invitaba, con éxito, a más de ciento treinta 595 páginas El exquisito respeto con que Antonio Fontán trató a cuantos ni pensábamos entonces como él ni era probable que pensásemos nunca, es una de las razones por las que ha tenido amigos en las más diversas geografías políticas y facilitaron que durante la transición democrática jugase un papel significativo. No fue un político en el sentido estricto o literal, sino más bien un promotor y, desde luego, un maestro. Otra cosa distinta son sus discípulos y seguidores, algunos de ellos comprometidos hasta el corvejón en el aznarato triunfante —versión felpudo o florero, a escoger—. Cada palo que aguante su vela. Dicen que la amistad es un fruto tardío y efímero, que conviene cuidar con mimo porque encoge y se pudre con el tiempo. A lo largo de todos estos años (casi cuarenta) fue muy fácil ser amigo de Antonio Fontán. Una amistad extraña y fiel, nada convencional ni sacrificada. Ojalá siga muchos años. ALBERTO MIGLIEZ personas a colaborar en el catálogo editado entonces: más de cuarenta antiguos colaboradores del diario, así como casi un centenar de personalidades de la vida pública española, quisieron dejar constancia de lo que significó para ellos ese periódico. La edición fue prologada por el presidente del Gobierno, José María Aznar, y presentada por Antonio Fontán. NR 30 AÑOS DEL CIERRE DEL DtARIO MADRID. AA. W. Fundación Diario Madrid Madrid, 2001,2S9 páginas